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Las dos caras de la crisis del agua; más personas en riesgo por sequías e inundaciones
En México los problemas sociales que llegan junto con las sequías e inundaciones son cada vez más evidentes, al igual que el hecho de que los municipios no están preparados para resistir sus efectos. Desde el 2019, más de 1.8 millones de personas han sufrido por catástrofes naturales, y el cambio climático puede agravar todavía más la situación de estas personas.
Por Jorge Castillo Alejandra Guillén, Fabio Gaytán e Iván Zamorano
28 de octubre, 2021
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En mayo de 2021, la zona conurbada Tampico-Madero, Tamaulipas, sufrió una crisis de agua. Contrario a lo que se pudiera creer, a pesar de ser una zona costera y tener un amplio sistema lagunario, los problemas no fueron por inundación, sino por una sequía que afectó su sistema de abastecimiento, similar a otros casos en el país.

En esta región, el agua potable proviene de un sistema lagunario, que separa el agua dulce de la salada gracias a una serie de diques. Pero en aquel mes, el dique denominado como “El Camalote” se rompió porque los bajos niveles de agua dulce no pudieron contrarrestar la presión del agua del mar, que entró a la fuerza y aumentó los niveles de sal de la laguna.

La Comisión Municipal de Agua Potable y Alcantarillado (COMAPA) no pudo hacer una desalinización del agua por falta de infraestructura, dado que no se esperaba un fenómeno así. Los habitantes e industrias de la zona no tuvieron otra opción más que usar el agua salada en sus domicilios y contaminar sus tinacos y tuberías en el proceso.

Para evitar su consumo, la población comenzó a comprar más garrafones de agua, siempre y cuando la purificadora no hubiera cerrado ante el riesgo de dañar su equipo a causa de los altos niveles de sal. Las compras de pánico no tardaron en aparecer ante el temor de un posible desabasto y el garrafón pasó de costar 18 pesos a 26 en cuestión de días.

Algunos efectos fueron más tangibles en unos sectores que en otros. Entre ellos destacan el consumo en los hogares, la industria y en particular la agricultura. En este último, el riego de cultivos con agua que contiene altos niveles de sal significa desgastar la calidad de la tierra e incluso cambiarla por completo. “Cuando nos percatamos de cómo estaba el agua del suministro, dejamos de usarla”, menciona Mercedes Arias, fundadora de Puerto Vivo, un huerto urbano que crece a las orillas de la Laguna del Chairel.

“Compramos dos pipas de agua purificada para regar solamente lo más indispensable”, lamenta, ya que significó el abandono de cultivos que de otra manera hubieran sido rentables. “El gasto no fue tanto en las pipas que tuvimos que comprar, sino más bien en lo que dejamos de producir, perdimos casi veinte mil pesos por mes durante los tres meses que duró la sequía”. Como resultado, Puerto Vivo tuvo que reducir más su gasto y nómina, ya de por sí golpeada por la pandemia.

José Pérez del Ángel se dedica a repartir agua en el municipio vecino de Pueblo Viejo, Veracruz. La sequía también afectó a la laguna Mayorazgo del cual se abastece. “Cerré la llave de paso por dos meses para que las tuberías no se dañaran”. Sin embargo, tomaron otro enfoque ante la situación. “Empezamos a tener más trabajo para repartir en casas y en las empresas a lo largo del río, pero no subimos los precios. No nos aprovechamos de la necesidad de la gente como las purificadoras”. Aún con el aumento de la demanda de agua, no se les permitía cruzar el río Pánuco para repartir en los municipios de Tamaulipas para evitar problemas con grupos criminales.

Más sequías de mayor duración a nivel nacional

Ante todo, lo sucedido en Tampico no es un acontecimiento aislado, sino un reflejo de lo que sucede a nivel nacional. En los primeros nueve meses de 2021, un total de 1481 municipios registraron sequía. De ese número, el 63.67% registraron alguna sequía larga, es decir, una sequía que duró más de seis meses. En niveles, esta es la cifra más alta en los últimos quince años. Cabe mencionar que apenas hace dos años se había roto ese mismo histórico del periodo contemplado.

Durante los últimos años, más municipios que antes no acostumbraban a reportar sequías de largas, como Tampico, ahora la presentan. Un caso ejemplar es el de Matías Romero Avendaño, Oaxaca. De 2005 a 2014 no registró ninguna sequía larga. Sin embargo, en los siguientes años, salvo 2017, siempre reportó alguna sequía de este tipo. Y por si fuera poco, llegó a tener una de las sequías más largas del país en los últimos quince años, con una duración de treinta y siete meses, lo equivalente a poco más de tres años.

También más sequías excepcionales

Además del tiempo de duración de una sequía (que entre más largo sea peor), existen niveles de sequía. El nivel de sequía más grave es la sequía excepcional que implica escasez de agua total en embalses, arroyos y pozos, así como un riesgo alto de incendios. Muchas de las sequías de larga duración de las que ya hablamos no llegan a ser de grado excepcional, de lo contrario episodios como el de Tampico hubieran sido más graves. Sin embargo, esto podría estar cambiando en años venideros. En los últimos tres años, cuarenta municipios experimentaron por primera vez desde 2005 sequías excepcionales. Entre ellos hay algunos destacables como Ciudad Valles, San Luis Potosí, un sitio atípico por estar rodeado de cascadas y cuerpos de agua. Además, en el país ya tenemos lugares donde hay una escasez total de agua por al menos un periodo de seis meses consecutivos. En 2021, se alcanzó el nivel más alto en quince años con un total de 10 municipios con sequía excepcional larga.

Sin duda, esto nos habla de lo extremo que está llegando a ser el fenómeno en varios municipios conforme avanzan los años y cómo está llegando a aparecer en lugares poco acostumbrados a ello, independientemente de si existe temporada de sequía o no. Tampico, a pesar de no ser una de las zonas más perjudicadas por las sequías, es uno de los tantos lugares donde se ejemplifica esta crisis. Nos demuestra que no es necesario llegar al peor de los escenarios para agobiarse y que se es vulnerable sobre todo, si no se desarrolla la infraestructura adecuada para afrontar este tipo de eventos meteorológicos, aunque las apariencias digan lo opuesto.

 

A pesar de eso, hay más inundaciones y esas están cambiando de temporalidad

Irónicamente, el hecho de que un territorio tenga sequías no lo exime de tener inundaciones ni viceversa y esto lo saben muy bien los habitantes del puerto de Tampico, ya que también deben preocuparse por posibles inundaciones. De acuerdo con los últimos estudios de Protección Civil, hay alto riesgo de inundación por desbordamiento y por problemas en el sistema pluvial. Esto corresponde a daños en aproximadamente 1,189 viviendas en la zona conurbada, la mayoría en colonias de escasos recursos. De nuevo, Tampico es sólo un reflejo del resto del país; desde el 2019, hubo 24 municipios en México que han declarado emergencia climática tanto por sequías como por inundaciones, llegando a ambos extremos de la crisis de agua1.

Considerando lo anterior, el total de personas de estos municipios afectados en los estados de Durango, Veracruz, Quintana Roo y Chiapas asciende a 1,813,113, lo equivalente a casi la población de Iztapalapa. A ello falta agregar la población de los 120 municipios que declararon emergencia meramente por inundaciones y de los 250 que reportaron sequías desde 2019.

Además, del número de declaraciones de emergencia, las declaraciones también empiezan a mostrar un comportamiento atípico respecto a años pasados, posiblemente por el cambio climático, como veremos en las siguientes gráficas. Los periodos de inundaciones con más declaratorias de emergencia suelen ser los meses de agosto a octubre, como se puede apreciar en la gráfica. El periodo del 2007 al 2009 fue cuando hubo más desastres registrados como emergencias. Sin embargo, en la gráfica se puede apreciar que en los últimos años han surgido más inundaciones fuera de los meses más comunes (véase la línea verde). En particular, en 2020 se vieron de forma atípica en noviembre, cuando normalmente se concentran entre agosto y septiembre.

Esto es preocupante porque en lugar de concentrarse en una sola temporada, sus efectos se distribuyen en un lapso mayor de tiempo, algo para lo que no se está preparado.  De acuerdo con cifras del Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED), del total de la estimación de pérdidas y daños reportada por eventos extremos a nivel nacional, el 62% (10 mil 678 millones de pesos) correspondió solamente a lluvias e inundaciones.

Además, comparando los periodos 2016-2018 y 2019-septiembre 2021, el número de municipios que presentaron inundaciones y sequías aumentó 8 veces respecto al periodo anterior. Los municipios que solo reportaron inundaciones aumentaron en un 70%, los que reportaron solamente sequías aumentaron 7 veces mientras que los que no presentaron ninguno de los fenómenos se redujeron en un 12%.

La falta de datos para enfrentar la emergencia

No todos los municipios vivirán igual los estragos del cambio climático. Algunos municipios pueden ser más perjudicados que otros, ya sea que son más vulnerables por sus características naturales, o por su capacidad de adaptación a la variabilidad del clima por su infraestructura y recursos disponibles. Para poder medir y hacer predicciones sobre los desastres, existen los atlas de riesgo. Estos son esenciales para el análisis y la simulación de escenarios, así  como  para la estimación  de  pérdidas  por  desastres.

Sin embargo, en la página web del Atlas Nacional sólo hay información disponible para el 20% de los municipios de la república. Existe también un atlas de vulnerabilidad por inundaciones elaborado por el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC) en 2019, el cual contiene muy buenos análisis sobre la exposición a desastres, sensibilidad y capacidad adaptativa, dejando una guía de recomendaciones para los municipios. No obstante, sus datos no se han actualizado desde el 2010 y sólo el 45% de los municipios tiene esta información disponible para consulta.

Por ejemplo, uno de los municipios que no tiene datos es Guadalajara. Si bien existe información sobre el municipio en el atlas de riesgo de su estado, esa es información incompleta. Incluye solamente las áreas inundables y de afectación, dejando a un lado el análisis sobre su capacidad adaptativa y de la vulnerabilidad proyectada por el cambio climático.

Los datos dan cuenta de una evidente crisis climática que ya está afectando a buena parte de los municipios del país. En este texto nos enfocamos en inundaciones y sequías, pero la lista de desastres incluye también deslaves, heladas, olas de calor y erupciones. Quizá no podamos pronosticar con exactitud la magnitud de los desastres, pero sí se pueden generar más datos confiables sobre qué tan vulnerables son los municipios y las regiones, y así destinar recursos a obras que nos den un margen de respuesta ante ellos para que menos gente resulte afectada.

Nota metodológica

Todos los códigos y bases de datos para replicar este análisis están en esta carpeta.

Este artículo fue asesorado por el Programa de Mentorías y Capacitación Periodística realizado por Data Cívica A.C. con el apoyo del Consulado General  de los Estados Unidos en Monterrey. Agradecemos la labor del Programa así como el apoyo brindado en esta investigación por Óscar Elton (@OscarElton88).

 

 

 

 

1 No toda sequía o inundación entra como emergencia climática. Para que se declare como tal, la Secretaría de Gobernación debe reconocer que uno o varios municipios o estados tienen una alta probabilidad de peligro por algún fenómeno natural, por ejemplo, sequías o inundaciones, y deberá emitirla en el Diario Oficial de la Federación.

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