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¿Quién cuida a quienes cuidan? Los desequilibrios del trabajo de cuidado en México
A pesar de ser una parte imprescindible para garantizar la salud y bienestar de toda la población, los trabajadores y trabajadoras de cuidado hoy perciben salarios medios o bajos, prestaciones laborales limitadas y enfrentan una segunda jornada laboral de cuidado en el hogar que recae principalmente en las mujeres.
Por Alicia Franco y Adrián Lara
18 de junio, 2020
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Todas las personas hemos necesitado ser cuidadas en algún momento de nuestras vidas: cuando éramos pequeñas, cuando nos hemos enfermado, cuando hemos recibido ayuda en casa o tal vez al sufrir un accidente o enfrentar alguna discapacidad. Cubrir todos estos cuidados ha necesitado del esfuerzo de muchas personas; a veces de nuestras familias, a veces de quienes trabajan en nuestras casas y en ocasiones del personal médico que nos brinda cuidados especializados. Sin embargo, a pesar de representar una necesidad generalizada que requiere del esfuerzo de muchas personas, las labores de cuidado han sido frecuentemente invisibilizadas y precarizadas. Históricamente estas labores ni siquiera han sido tomadas como trabajo, sino que se han convertido en una carga invisible que ha recaído en las mujeres de manera desproporcionada.

Hoy en día la invisibilización del trabajo de cuidados parece contradictoria, ya que la contingencia actual por COVID-19 ha atraído una atención inusitada a las labores realizadas por el sector hospitalario, el cual se ha convertido en la primera línea de defensa para enfrentar esta pandemia. No obstante, en Data Cívica reconocemos que, además del personal médico, existen muchas otras personas que contribuyen a las tareas de cuidado en nuestro país. Además, creemos que el cuidado del hogar y la familia forma parte de estas tareas y que debe ser reconocido como lo que es: un trabajo imprescindible que en una sociedad justa debería ser remunerado.

Por ello decidimos explorar la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) con el fin de analizar las condiciones laborales que enfrentan los distintos trabajadores de cuidado que hoy operan en México, así como los desequilibrios que este tipo de trabajo, sea remunerado o no, presenta a nivel nacional.

El desequilibrio de los gremios de cuidado remunerado

A partir de los datos de la ENOE, es posible agrupar a la población económicamente activa en el país según su tipo de ocupación. Lo anterior nos permite identificar por lo menos cuatro grandes gremios de cuidado remunerado: 1.- Lxs médicxs (médicos y médicas), 2.-Lxs enfermerxs (enfermeros y enfermeras), 3.- Lxs cuidadorxs particulares de niños, ancianos y personas discapacitadas (cuidadores y cuidadoras), y 4.- Lxs empleadxs domésticos del hogar (empleados y empleadas domésticos). Gracias esta clasificación – y al resto de las variables que la ENOE captura – es posible observar las diferencias sociodemográficas, educativas y económicas que existen entre los gremios mencionados.

En este sentido, lo primero que la ENOE nos permite observar son las grandes diferencias educativas que existen entre cada uno de los gremios de cuidado, pues mientras que el 100% de lxs médicxs reporta contar por lo menos con una licenciatura, solo el 17% de lxs enfermerxs, el 11% de lxs cuidadorxs particulares y el 1% de lxs trabajadorxs domésticxs declaran contar con un nivel educativo similar.

El sexo de los trabajadores continúa siendo un factor clave para identificar estas diferencias educativas, ya que las ocupaciones de cuidado en donde las mujeres representan una mayoría son las mismas en las que se reporta un nivel educativo más bajo.

De esta forma, las mujeres en nuestro país representan menos de la mitad de lxs médicxs a nivel nacional -por mucho el gremio de cuidado más educado-, pero a la vez conforman el 97% de lxs cuidadorxs particulares y lxs trabajadorxs domésticxs, gremios en donde la mayoría de las personas reporta contar exclusivamente con estudios primarios o secundarios. Solo en el caso de lxs enfermerxs, en donde las mujeres representan el 66% del gremio, es posible observar una proporción significativa de trabajadorxs con estudios técnicos.

Las diferencias en los niveles educativos de cada gremio se agudizan en las disparidades salariales que se registran entre estos grupos. Por ello, mientras casi el 60% de lxs médicxs se localizan en la parte más alta de la escalera salarial percibiendo por lo menos tres salarios mínimos mensuales, solo el 27% de lxs enfermerxs y cerca del 1% de lxs cuidadorxs particulares o trabajadorxs domésticxs alcanzan un salario similar. Lo anterior representa un nivel salarial que solo el 11% del resto de la población económicamente activa en México posee.

Por su parte, prácticamente todxs lxs cuidadorxs particulares y lxs trabajadorxs domésticxs se ubican en la parte más baja de la escala salarial, ya que más del 50% de estos trabajadores recibe un ingreso igual o menor a un salario mínimo mensual, un monto que solo el 26% del resto de la población económicamente activa percibe.

Sin embargo, las diferencias salariales de lxs trabajadorxs de cuidado no necesariamente se reflejan en un mayor nivel de prestaciones laborales. A pesar de contar con salarios medios o bajos, más de 2/3 de lxs enfermerxs en nuestro país disponen de atención médica, vacaciones pagadas y aguinaldo; prestaciones que menos de la mitad de lxs medicxs alcanzan. Asimismo, si bien ambos gremios cuentan con niveles salariales bajos, por cada dos cuidadorxs particulares con vacaciones pagadas hay un solo trabajador o trabajadora doméstico con esta misma presentación, y por cada cuatro cuidadorxs particulares con servicio médico hay menos de un trabajador o trabajadora doméstica con un servicio similar.

Los desequilibrios de la segunda jornada laboral

Además de recibir dinero por cuidar a otras personas o por ocuparse de administrar hogares ajenos, las y los cuidadores frecuentemente también realizan tareas de cuidado al interior de sus hogares, lo que implica una segunda jornada laboral. Los gremios de cuidado reportan una jornada completa de trabajo de entre 45 y 76 horas semanales al tomar en cuenta las horas de cuidado que dedican a sus hogares.

Sin embargo, la repartición de esta segunda jornada de trabajo no se realiza de manera equitativa entre hombres y mujeres. Las mujeres dedican más horas al cuidado de sus hogares, lo cual provoca que sus jornadas completas de trabajo sean más grandes que la de los hombres de su mismo gremio. De hecho, si solo comparáramos las horas de trabajo remunerado, los hombres tendrían jornadas más largas que las mujeres de sus gremios en todos los casos; pero al contabilizar las horas de cuidado en el hogar, esto se invierte.

Tomemos el caso de lxs enfermerxs. A pesar de que tanto hombres como mujeres tienen una jornada de trabajo remunerado de entre 35 y 48 horas semanales, al contabilizar las horas de cuidado en el hogar las mujeres reportan una jornada completa de entre 52 y 77 horas a la semana, mientras que los hombres solo reportan una jornada de entre 42 y 66 horas. Estas diferencias no solo se reproducen en los gremios analizados sino también entre el resto de la población económicamente activa, con la única excepción de lxs cuidadorxs particulares, en donde los hombres desempeñan jornadas laborales más grandes incluso al contabilizar las horas de cuidado.

Las desequilibrios en la repartición del cuidado en el hogar

La discrepancia entre las horas laborales de hombres y mujeres se generaliza a nivel nacional, donde las mujeres, sin importar su ocupación o actividad económica, continúan absorbiendo gran parte de las labores de cuidados al interior de los hogares sin remuneración alguna.

Al tomar el total de horas de trabajo en el hogar realizadas a nivel nacional y desagregarlas por el sexo y edad de quienes las trabajan, vemos que sin importar el sexo, estas horas se concentran en los grupos más jóvenes del país. No obstante, independientemente su edad, las mujeres realizan el 76% de las horas trabajadas en casa.

Si a las horas de trabajo en el hogar le agregamos las horas de trabajo remunerado, vemos que de cada 100 horas trabajadas en México, 60 las han trabajado mujeres. Más aún, pese a que las mexicanas entre 15 y 45 años constituyen un tercio de nuestra población, éstas cargan con 40 de cada 100 horas trabajadas a nivel nacional.

A pesar de que las mexicanas asumen la mayoría de las horas de trabajo en el país, es importante señalar que solo el 33% de sus horas trabajadas son remuneradas. Lo anterior representa una gran diferencia respecto a lo que los hombres registran, ya que el 75% de las horas que los hombres trabajan son horas de trabajo remuneradas. Esto significa que, por cada 10 horas de trabajo, los hombres tienen 4 horas más de trabajo remunerado que las mujeres.

Por su parte, mientras que la gran mayoría de los hombres (77%), pertenecen a la población económicamente activa (PEA) que trabaja por un ingreso remunerado o está interesado en hacerlo, menos de la mitad de las mujeres forman parte de dicha población, ya que el 55% de ellas pertenece a la población no económicamente activa (PNEA) que no trabaja ni está interesada en hacerlo.

Sin embargo, formar parte de una población u otra tiene implicaciones distintas para hombres y mujeres. En el caso de la PNEA, se observa que a pesar de formar parte de esta población, 8 de cada 10 mujeres se dedican a los quehaceres del hogar, mientras que sólo 4 de cada 10 hombres se dedican a lo mismo. Una parte similar de los hombres de la PNEA se dedica predominantemente a estudiar, pero solo una de cada 10 mujeres hace lo mismo. De manera similar, mientras que uno de cada 5 hombres reporta dedicarse únicamente a ser población económicamente activa o inactiva, solo 3 de cada 100 mujeres declaran hacer lo mismo.

El trabajo de cuidados en todas sus formas nunca había sido tan importante en México como lo ha sido durante esta pandemia. Sin embargo, la información que la ENOE ofrece nos permite observar que mucha de esta labor sigue recayendo en las mujeres de nuestro país, quienes aun enfrentan cargas de trabajo desproporcionadas y mal remuneradas. Tomemos esta coyuntura para reconocer el sacrificio sistemático que el cuidado implica para las mujeres y reconsideremos el reparto de obligaciones y retribuciones que hoy se sostiene en nuestros hogares. Equilibrar las desigualdades que aún persisten entre hombres y mujeres, así como entre los distintos gremios de cuidado remunerado, es un elemento imprescindible para avanzar en la reducción de las desigualdades de género en México y fortalecer nuestro Estado de Derecho.

@datacivica

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