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Aprender de la historia: “Pandenomics” y las pandemias del pasado
Las pandemias rara vez tienen un efecto homogéneo en el mundo, las diferencias geográficas, culturales, políticas e institucionales le dan forma a estos sucesos.
Por Alice Krozer
13 de mayo, 2021
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Hasta comienzos del 2020 nos sentíamos casi invencibles como especie, imaginando que controlábamos males corporales, enfermedades y muerte gracias a nuestra inigualable capacidad biomédica moderna. Es una ironía de la historia que, cuando prácticamente de un día para otro colapsó nuestra ilusión colectiva al verse confrontada con una pandemia global causada por un minúsculo invasor posteriormente bautizado covid-19, nos viéramos en la situación de salvar nuestras vidas y aquellas en nuestro entorno con las mismas herramientas que se usaron ante las crisis sanitarias en la Edad Media: mantenernos físicamente separados de otros humanos, y lavarnos las manos.

La Historia, a veces burlona y a veces seria, dura pero también reconfortante, imprevisible aun cuando nos regresa a las mismas encrucijadas, es la protagonista del nuevo libro Pandenomics, de Diego Castañeda, que acaba de publicar Malpais Ediciones (en coedición con la UNAM). Rara vez un libro ha sido más oportuno. Atravesando varios milenios, Diego nos navega seguros entre las olas de plagas biológicas diversas y tenebrosas que afligieron a nuestros antepasados, desde la viruela entre los romanos del siglo II, pasando por la muerte negra de la edad media, y terminando en la actualidad covidiaca. Usa la historia para volcar el foco hacia nuestro presente, ya que en su momento nuestros antepasados se habrán sentido igual de perdidos, asustados, soberbios e ignorantes alternativamente que nosotros hoy.

 

 

¿De qué nos sirve una mirada histórica para nuestra situación actual? Como explica Diego en su libro, “en momentos de incertidumbre, nuestra especie encuentra en la historia uno de los refugios más confiables, pues aunque no se repita, siempre tiene lecciones sobre lo que antes era inesperado” (p.16). Claro que la historia no es una guía perfecta, en muchos sentidos nuestras circunstancias hoy difieren de la realidad de romanos y feudales europeos; sin embargo, constituye “una buena guía para la reflexión porque las fuerzas principales que determinan los resultados de estos fenómenos son las mismas: nuestra política, nuestras instituciones, nuestra estructura económica. Hoy como hace dos mil años o hace un siglo seguimos siendo muy humanos y como tal seguimos tropezando con las mismas piedras” (p.34). Tanto así que, a pesar de siglos de avance tecnológico y biomédico, cuando aparece el nuevo virus SARS-CoV-2 en las consciencias mundiales hace poco más de un año, “frente a un patógeno desconocido, nuestras mejores herramientas siguen siendo aquellas que se usaron en la Edad Media: la distancia y la higiene” (p.87).

El libro traza la historia económica, política y social de las grandes pandemias siguiendo el objetivo de “la reflexión del presente bajo la luz del pasado” (p.17). El principio rector detrás de las historias particulares dentro de la historia general es que, “como sociedades tenemos el poder, a través de la acción colectiva, de darle forma a nuestro futuro, de aminorar el sufrimiento y mejorar nuestra calidad de vida” (p.19). Siempre ha habido debates políticos entre gobernantes y expertos de diferente índole sobre las medidas adecuadas a seguir en estos casos, si por ejemplo cerrar fronteras y medios de transporte, o restringir el comercio. Lo que el libro evidencia ampliamente, es que las acciones que (no) se toman, tienen consecuencias tangibles—de inmediato y también de largo plazo—en términos de moldear los contextos y las condiciones, dejándonos más preparados o más vulnerables ante las crisis por venir.

Un ejemplo ilustrativo de esta disyuntiva es el caso de Marsella en el siglo XVIII. Cuando la peste bubónica reaparece en sus costas, el gobierno francés toma la decisión drástica de cercar el área con un muro de dos metros de altura, protegido por el ejercito con orden de disparar a quien intente cruzarlo. La pronta implementación de esta política sanitaria le ahorró al continente Europeo una repetición de su historia del siglo XIV con la muerte negra. También le costó la vida a una tercera parte de la población de Marsella (y hasta el 50% de algunas otras ciudades afectadas. Mejoras en los sistemas de salud e higiene surgen a partir de estas experiencias. Las autoridades del momento mostraron así que cuando “el Estado tiene la capacidad y la voluntad de actuar con sentido de urgencia” (p.69) las pandemias se pueden parar; las instituciones que creamos son capaces de mediar el impacto que estos eventos tendrían en las sociedades. El ejemplo también muestra que los costos asociados a reaccionar (versus prevenir) pueden ser inmensos. Ponerse un cubrebocas para salir en el transporte público pierde radicalismo ante tal escenario.

Uno de los puntos más importantes a resaltar aquí es que “las pandemias rara vez tienen un efecto homogéneo en el mundo, las diferencias geográficas, culturales, políticas e institucionales le dan forma a estos sucesos” (p.50). Si bien la Muerte negra del siglo XIV (todavía) “era un asesino universal” quien “no distinguía entre clases sociales” (p.52), esto no es un resultado generalizado de las plagas. Como observamos en nuestra situación actual, no sólo las épocas y latitudes definen los resultados, sino que “la riqueza y la pobreza importan cuando pensamos en los efectos de enfermedades infecciosas. El acceso a recursos, el acceso a bienes y servicios públicos, y el estatus socioeconómico de las personas regulan en muchas ocasiones los resultados de salud.” (p.81) Hoy vemos “que lo que era cierto con el cólera, sigue siendo cierto con el Covid-19, que los más ricos en las sociedades pueden escapar con mayor posibilidad de éxito de la enfermedad; por su lado, los pobres corren mayor peligro” (p.83).

No es fácil contar una historia a lo largo de tantos siglos sin caer en clichés, lugares comunes o superficialidades. Pandenomics logra esto, además de leerse cautivador como una novela, informativo como un reporte científico, y a la vez ligero y entretenido. El libro esta escrito en un estilo elegante, donde frases poéticas como “En la Antigüedad la velocidad de transmisión estaba dictada por la velocidad a la que podía caminar un hombre, cabalgar un caballo o qué tan fuerte soplaba el viento en las velas de un barco” se intercambian con reporte seco y factual: “La pandemia segó la vida de entre 15% y el 25% de la población del imperio” (en la Roma del siglo III (p.31) y joyas macabras como “Con los ejércitos marchaba la muerte, el hambre y la peste” (p.54).

No promete más de lo que cumple: ser una introducción a temas grandes de la humanidad: salud, bienestar, guerras y cambio estructural. No pretende tampoco simplificar eventos complicados, y su lectura enriquecedora despierta ganas de adentrarse más en estos temas (también gracias a las bellísimas ilustraciones de Pamela Medina).

Cuenta Diego que “las pandemias suelen acelerar las ruedas de la historia y transformar a las sociedades de forma inesperada” (p.34). La larga línea de pandemias descritas aquí nos puede reconfortar al recordarnos de que ha habido situaciones similares históricamente. Así como las hubo en el pasado, las pandemias seguirán ocurriendo en el futuro. Aprender de la historia por lo tanto nos puede ayudar a entender mejor nuestro presente, pero también prepararnos para un porvenir incierto. Sin caer en la trampa de la adivinación, hemos aquí una apelación a la ciencia y razón, en contra de las conspirocracias. En ese sentido es un tanto terapéutico este libro, o catártico: nos regala un poco de perspectiva en el vistazo que echamos al mundo exterior desde nuestro confinamiento, diciéndonos: ¡aguanten! no va a ser para siempre. Leerlo seguirá siendo relevante y útil para las pandemia por venir, o en lo mínimo entender lo que nos esta pasando ahora que estamos demasiado cerca todavía como para ver con claridad.

@GatitosVsDesig

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