El impuesto a las grandes herencias y las élites de siempre
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Por Gatitos Contra la Desigualdad
Gatitos Contra la Desigualdad es uno de los diversos proyectos del INDESIG (Instituto de Estudios... Gatitos Contra la Desigualdad es uno de los diversos proyectos del INDESIG (Instituto de Estudios Sobre Desigualdad, A.C.). La iniciativa tiene por objetivo modificar las representaciones sociales que existen sobre las desigualdades y la justicia, comúnmente sustentadas en premisas erróneas, mediante comunicación de datos sencillos, verificables y de una manera divertida: Con muchas fotos de Gatitos. Miau. (Leer más)
El impuesto a las grandes herencias y las élites de siempre
Es clara la justificación, legitimidad, utilidad y urgencia de restablecer el impuesto a las herencias en México. Su potencial recaudatorio es importante, especialmente para un país que no grava lo suficiente al capital.
Por Máximo Ernesto Jaramillo-Molina
9 de febrero, 2022
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Los ricos son (casi) siempre los mismos. Y (casi) siempre se hacen más ricos. Según un interesante estudio sobre Florencia (Italia), las familias más ricas de la actualidad son las mismas que fueron las más ricas hace 600 años. Casos similares se han documentado en Suecia, Inglaterra, y prácticamente podría demostrarse donde quiera que hubiera datos disponibles 1. Estas investigaciones muestran una de las características del capitalismo ya ampliamente conocidas: la desigualdad se reproduce en el tiempo en gran medida por las herencias entre familias.

¿Qué tiene que ver esto con México? Hace unos días murió el empresario Alberto Bailleres, quien era la 4ta persona más rica de México. Alberto fue el heredero de Raúl Bailleres, empresario de la primera mitad del siglo XX, cercano a los presidentes de México, participante en mercados oligopólicos y dependiente de las concesiones gubernamentales, como la minería. Ante tal noticia, al igual que con la muerte en 2020 de otro millonario mexicano en la lista de Forbes, Jerónimo Arango, se avivó nuevamente la pregunta: si en nuestro país, al igual que en el resto de los países, las élites de hoy son en gran medida las mismas élites del pasado, ¿por qué en México no existe el impuesto a las herencias, como sucede en muchos otros países?

¿Por qué un impuesto a las herencias?

La justificación del impuesto a las herencias es simple. Como se mencionaba arriba, uno de los principales mecanismos reproductores de la desigualdad son las herencias de la riqueza acumulada. Por tal razón, el impuesto a las herencias es un mecanismo clave en las sociedades que buscan igualdad y la justicia entre generaciones, y tiene como objetivo acotar el grado de las excesivas ventajas que ganan algunas personas cuando incrementan su patrimonio de manera extraordinaria al recibir una herencia. Dichas “ventajas” se heredan sin que haya mayor legitimidad de “esfuerzo”, “talento”, o cualquier otra excusa por parte del heredero, más que haber sido elegido para heredar (recuerden que ni siquiera los herederos tienen que ser parte de la familia nuclear necesariamente). Además, el espíritu del impuesto es utilizar el monto recaudado para generar un sistema de protección social más robusto, que pueda emparejar aún más el terreno entre la población.

Es necesario recordar que este incremento extraordinario en la riqueza de los herederos es ganado sin ningún mérito mayor que haber sido elegido como persona heredera. Es por esto que, desde una lógica meritocrática y de igualdad de oportunidades 2, el impuesto a las herencias es totalmente necesario: generar un terreno más igualitario, un punto de arranque parejo ante la competencia de la vida.

Hay que poner atención a un tema importante, que más adelante se aborda con mayor profundidad: se habla de las herencias que generan “incrementos extraordinarios” en el patrimonio de los herederos. Es por esto que, comúnmente, el impuesto suele cobrarse a partir de sumas importantes de riqueza heredada. No busca minar la transmisión de pequeños patrimonios que no representan una amenaza para la igualdad y la justicia. Por tal razón, también suele ser conocido como “impuesto a las grandes herencias”. De hecho, muchas veces las propuestas de diseño de impuestos a las herencias van acompañadas de un plan redistributivo de la riqueza, que justo busca socializar herencias para las personas jóvenes. En apartados posteriores se explican detalles al respecto.  

Los mitos del impuesto a las grandes herencias

A pesar del objetivo y la justificación obvia el impuesto a las herencias, existen muchos mitos alrededor del mismo, los cuáles son aún más comunes en países como México, donde por años ha sido generalizado el rechazo a los impuestos, ya sea por percepciones de corrupción, porque el gobierno históricamente no ha logrado fortalecer el sistema fiscal, o por influencia de las narrativas individualistas promovidas por las élites. 3

De entre esos mitos, podemos citar al menos cuatro. El primer mito, tal vez el más común, es que “el impuesto a las herencias se relaciona con el comunismo”. Esto es claramente falso. El impuesto es una herramienta fiscal utilizada en cerca de 24 países de la OCDE (grupo de países que se supone aglutina a algunos de los países capitalistas más ricos del mundo) y en al menos 44 países a nivel mundial. En algunos de estos países, como Francia o Bélgica, recaudan anualmente casi 1% del PIB. En otro ejemplo, el impuesto existe prácticamente desde la independencia de los Estados Unidos, un país capitalista por excelencia. Como se puede ver, no se relaciona sólo con países comunistas o socialistas, sino que es el común denominador en países de ingresos altos.

El segundo mito es que “el impuesto a las herencias se cobra a los muertos” 4. De hecho, en respuestas a la publicación que hicimos hace unos días, nos decían: “¿Por qué no dejan en paz a los muertos? Qué falta de ética”. La realidad es simplemente distinta: Es un impuesto que se cobra a las personas que heredan grandes sumas de riqueza y, por esto, es totalmente justificable. Un impuesto a los vivos que se hacen más ricos. Si hacemos un experimento mental, y la riqueza de un fallecido multimillonario quedara en el limbo en un país que cobra el impuesto a las herencias, no se gravaría ninguna suma a nadie. Porque, nuevamente, es un impuesto a los herederos, no a las personas que lamentablemente fallecen.

El tercer mito dice que “el impuesto a las herencias grava nuevamente a un dinero que ya pagó impuestos”. Nuevamente, es falso. La riqueza que hereda alguien al fallecer puede venir de innumerables fuentes: salarios fruto del trabajo, ganancias de un negocio con esfuerzo, explotación de trabajadores, ganancias excesivas por outsourcing o participar en mercados oligopólicos, evasión de impuestos, corrupción, o hasta que se encontraron el dinero tirado en la calle. En resumen, puede ser un patrimonio generado por alguna actividad económica que en algún momento pagó impuestos, o no… pero no importa. Porque no es “un mismo dinero el que paga impuestos”. ¿A qué se referirán con esa expresión? Seguramente no es siquiera el mismo billete ni la misma moneda (¿?) que “ya pagó impuestos”. El impuesto se cobra a la transmisión de la riqueza de una persona que fallece a los herederos. La transmisión es la que paga impuestos. Es una acción totalmente distinta a la actividad económica o la razón por la que hayan acumulado dicha riqueza. El aumento extraordinario de la riqueza de los herederos es lo que paga impuestos.

El cuarto mito es que “si se aprueba un impuesto a las grandes herencias afectaría a la clase media”. De ahí el énfasis en hablar de que es un impuesto a las GRANDES herencias. En la mayor parte de los países donde se cobra este impuesto, el nivel de exención (es decir, el límite de herencias hasta el cual no se cobra impuesto alguno) suele ser lo suficientemente alto como para no gravar a la clase baja ni media. El claro objetivo del impuesto a las grandes herencias es gravar a quienes tienen capacidad de pago, y no suele afectar a las clases medias. Con un diseño correcto en México, el impuesto no gravaría a las clases medias. En el siguiente apartado se desarrolla tal posibilidad.

De hecho, el tema del establecimiento del umbral de exención es complejo y a debate. En Estados Unidos, por ejemplo, el nivel pasó de 2 millones de dólares en 2008 con una tasa mínima cobrada de 18% a más de 11 millones de dólares en 2018, sin modificaciones a la tasa cobrada. ¿El impuesto debería también cobrarse a la clase alta (pero no necesariamente multimillonaria) que tiene capacidad de pago? ¿O sólo a los más ricos de la sociedad? Una opción que utilizó ese país durante casi cuarenta años es incluir también en la base de contribuyentes a las clases altas o medias altas (dependiendo la definición), pero con tasas de contribución sumamente bajas. Así, entre 1942 y 1976, el nivel de exención era de 60 mil dólares, equivalente a 300 mil dólares de la actualidad, pero la tasa que se les cobraba era sólo de 3%, y aumentaba de manera progresiva hasta llegar a 70% para quienes heredaban más de 10 millones de dólares. Esta aproximación de incluir a un mayor número de personas en el compromiso cívico de contribuir con impuestos, con una estructura sumamente progresiva, también me parece acertada. Pero no es el común denominador hoy en día, hoy más bien es común el impuestos a las grandes herencias.

El impuesto a las herencias en México: historia y oportunidades

Efectivamente, en México cada vez crece más en la ciudadanía la exigencia de aumentar los impuestos a la riqueza, al patrimonio. Pero no es exclusivo de nuestro país. A nivel mundial, desde el inicio de la pandemia y la crisis económica que hizo más ricos a los ricos y más pobres a los pobres, la exigencia de “Que los ricos paguen” es cada vez más común: aumento de personas a favor de impuestos a la riqueza neta, a las herencias, impuestos especiales a las ganancias extraordinarias de las empresas durante la pandemia, etc. 5. De hecho, a partir de la crisis financiera de 2008-2009, aumentó más la atención a los temas de desigualdad y a la urgencia de aprobar impuestos que gravaran más al capital (por ejemplo, la propuesta de herencias universales de Piketty o la de herencias mínimas de Atkinson).

Dentro de las distintas posibilidades que México tiene para aumentar los impuestos de forma progresiva (pueden revisar un resumen de estas en la publicación #ImpuestosParaElBienestar), el impuesto a las herencias es una de las mejores opciones. De hecho, el impuesto a las herencias existió en México en el pasado, y fue cobrado con distintos diseños desde 1843 hasta 1961, cuando finalmente se abrogó. Su eliminación se dio dentro de un contexto de años de fuerte debate sobre la estructura fiscal del país, que terminó ganando el grupo a favor de no aumentar los impuestos a los más ricos, por lo cual estos autores le llaman “el fracaso de la reforma fiscal de 1961”.

El diseño del impuesto puede debatirse. Un primer saque sumamente ilustrativo es la propuesta desarrollada por Fundar, contenida en el documento “El caso de la exención a las herencias multimillonarias”. La propuesta es sencilla, tasas progresivas sin gravar a la clase media: toda herencia menor a 8 millones de pesos seguiría quedando exenta del impuesto a las herencias. A partir de este monto, se comenzaría a pagar una tasa de 10%, que iría aumentando progresivamente hasta llegar a una tasa marginal máxima de 35% para herencias superiores a 68 millones de pesos.

En un país donde, según datos del INEGI y Banco de México, el 5% de la población más rica tiene apenas un patrimonio neto de 3 millones de pesos, la propuesta mencionada parece sumamente legítima, y claramente no tocaría a las clases medias y bajas en México. Incluso multiplica seis veces el costo de una vivienda media a nivel nacional o hasta tres veces una vivienda media en la Ciudad de México 6, entidad con los valores más altos en vivienda 7. De hecho, el umbral de 8 millones de pesos para comenzar a cobrar impuesto a las herencias es sumamente apoyado en el país. De acuerdo con una encuesta que realizamos, 7 de cada 10 personas están a favor de cobrar un impuesto con tal diseño. 

De existir un impuesto a las grandes herencias como el propuesto por esta institución, los herederos de Alberto Bailleres tendrían que pagar una suma de 73 mil millones de pesos, respecto del patrimonio al morir del empresario, estimado en 210 mil millones de pesos. Incluso, la capacidad recaudatoria sólo de los herederos potenciales de las 10 fortunas más grandes de México sería prácticamente de un billón de pesos (ver cuadro 1), equivalente a 10% de todo el presupuesto de egresos del país.

Cuadro 1: Capacidad recaudatoria sobre las más grandes fortunas en México de propuesta del impuesto a las herencias propuesto por Fundar

Nota: Calculado tomando en cuenta una tasa de impuesto marginal máxima de 35% (por encima de 3.4 millones de dólares).

 

Fuente: Elaboración con datos de Forbes y de aquí.

Este tipo de cobro a herederos multimillonarios no es nada descabellado. Incluso apenas en 2021 hubo un caso similar a nivel internacional, sumamente conocido: los herederos del expresidente de Samsung, Lee Kun-hee (a su vez heredero del fundador de la empresa, Lee Byung-chul, quien también fue hijo de una acaudalada familia terrateniente), pagarán una suma de 11 mil millones de dólares (casi 220 mil millones de pesos) para acceder al patrimonio heredado (el impuesto existe en Corea del Sur y grava una tasa marginal máxima 50%), bajo un plan que involucra venta de acciones de la empresa, donaciones de mil millones de dólares para construcción de hospitales y laboratorios, así como la donación de decenas de miles de piezas de arte. “Es nuestro deber cívico y nuestra responsabilidad pagar todos los impuestos”, mencionó la familia en un comunicado, quienes por cierto se han visto envueltos en escándalos de corrupción en los últimos años, una razón más para construir la legitimidad de la urgencia de cobrarles altas tasas de impuestos.

Volviendo a México, Alberto Bailleres y sus empresas han estado involucradas en escándalos recientes como estar dentro de los personajes listados los “Pandora Papers” por la utilización de paraísos fiscales, así como los asesinatos de activistas opuestos a las mineras subsidiarias de Peñoles, responsable de la mayor parte de sus ganancias. Así que, imaginar que sus herederos consideran también un deber cívico el contribuir a la igualdad del país, no sonaría nada raro.

En conclusión, es clara la justificación, legitimidad, utilidad y urgencia de restablecer el impuesto a las herencias en México. Su potencial recaudatorio es importante, especialmente para un país que no grava lo suficiente al capital. Si queremos un país más igualitario y, especialmente, más justo, no podemos seguir ignorando la exigencia popular del impuesto a las grandes herencias.

@GatitosvsDesig

 

 

 

 

 

1 Curiosamente, la ortodoxia de los años ochenta argumentaba lo contario, que casi todas las ventajas y desventajas heredadas se borraban dentro de tres generaciones. Pero las otras investigaciones citadas muestran lo contrario.

2 En otras ocasiones (por ejemplo, aquí) se ha mencionado que el ideal meritocrático es imposible de alcanzar, y que pensar en términos de “igualdad de oportunidades” y no de “igualdad de resultados” oscurece y reproduce las desigualdades. Más sobre el tema acá.

3 Hablamos más de eso en “(In)justicia fiscal en México”, producto de una investigación para CLACSO.

4 Acá un ejemplo de tales tuits.

5 Acá una revisión de muchas de estas preferencias redistributivas a nivel mundial durante 2020.

6 Según datos de la Sociedad Hipotecaria Federal, disponible aquí.

7 Valores de los precios de la vivienda que, por cierto, deberían regularse, pues se deben a una burbuja inmobiliaria causada por la financiarización de la vivienda y la especulación de precios en la ciudad.

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