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El ronroneo
Por Gatitos Contra la Desigualdad
Gatitos Contra la Desigualdad es uno de los diversos proyectos del INDESIG (Instituto de Estudios... Gatitos Contra la Desigualdad es uno de los diversos proyectos del INDESIG (Instituto de Estudios Sobre Desigualdad, A.C.). La iniciativa tiene por objetivo modificar las representaciones sociales que existen sobre las desigualdades y la justicia, comúnmente sustentadas en premisas erróneas, mediante comunicación de datos sencillos, verificables y de una manera divertida: Con muchas fotos de Gatitos. Miau. (Leer más)
La crisis ya estaba ahí
El privilegio de poder parar durante la cuarentena ha sido un tema constante en las discusiones: mientras algunas personas pueden permanecer en sus casas, una gran mayoría de la población necesita salir de su hogar para poder subsistir. Sin embargo, el tema de las amplias desigualdades en México lleva mucho tiempo sin atenderse.
Por Gatitos Contra la Desigualdad
10 de abril, 2020
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Miau. Una de las consecuencias más inesperadas de la crisis sanitaria, social y económica generada por la pandemia del COVID 19 ha sido la transformación del discurso público sobre el papel del Estado en la economía nacional: pasamos de “las dádivas del gobierno sólo hacen que la gente se vuelva floja” al “necesitamos apoyo del gobierno para poder continuar con nuestros negocios”1, incluso en las redes sociales se hace una crítica constante al privilegio que significa poder pasar la cuarentena en casa rodeado de amenidades, mientras que hay personas que dependen de su trabajo diario en la calle para poder subsistir.

 

Aunque anteriormente nos hemos posicionado sobre qué medidas se deben de tomar para combatir la desigualdad durante esta crisis, sería muy aventurado tratar de predecir qué es lo que sucederá durante y después de la pandemia; tampoco pretendemos explicar a las causas del cambio en el discurso de muchas personas, es muy probable que se deba a que ahora muchos nos sentimos vulnerables. Lo que si queremos —y debemos hacer— es escribir sobre un problema muy grande, incluso le da nombre a nuestro proyecto y que es anterior a la aparición del COVID19: la crisis de la desigualdad.

Al hablar de desigualdad, la mayoría de nosotros solemos pensar sólo en las diferencias en los ingresos de cada hogar. Si ordenamos los hogares según los ingresos mensuales por persona reportados, y los dividimos en diez grupos (llamados deciles), encontramos que el ingreso del 80% de los hogares mexicanos se encuentra por debajo del promedio nacional ($9,230 pesos). Al observar el decil X (el más rico), nos damos cuenta de que sus ingresos promedio son cinco veces los del decil IX y 44 veces respecto del decil I, que corresponde al 10% de los hogares con menos ingresos.

Elaboración propia con datos de la EVALÚA CDMX, 2020.

Las dimensiones de la desigualdad son múltiples, y diferentes mediciones logran reflejarlo. Por ejemplo, la medición multidimensional de la pobreza de CONEVAL (vigente desde 2010), permite visualizar amplias diferencias en otras dimensiones como acceso a servicios básicos, salud, seguridad social, educación, entre otros. Sólo por mencionar un ejemplo: el acceso al agua no es igual para todos. Mientras en el poniente de la Ciudad de México se siguen construyendo conjuntos habitacionales con albercas propias, en Iztapalapa hay hogares que llevan años sin recibir una sola gota de agua. Además, les resulta más caro conseguir agua a los hogares de bajos ingresos: mientras una familia rica puede pagar sólo el costo de un garrafón de agua por el consumo de 1,000 litros, las familias pobres deben pagar hasta $1,350 por una pipa con 5,000 litros.

Otro de los datos más relevantes y preocupantes es el acceso a la alimentación: al mismo tiempo que en México se desperdician 20.4 millones de toneladas de alimentos al año, existen 7.5 millones de personas con hambre crónica. A lo anterior, hay que agregar la calidad de la alimentación: 24.6 millones de personas en México presentaron inseguridad alimentaria severa y moderada2, de los cuales los niños y las niñas menores de cinco años constituyen uno de los grupos más vulnerables ante dicha situación.

Sin embargo, la desigualdad se manifiesta aún en otras múltiples formas: el costo de servicios básicos, la estabilidad laboral, el tiempo de traslado al trabajo, el acceso a espacios públicos y al arte, la cantidad de árboles que hay en tu entorno, incluso existen desigualdades en las opciones para la recreación.

La situación se agrava cuando las diferentes formas de desigualdad interactúan (o se intersectan) entre sí. Imaginemos la siguiente situación: eres mujer, vives en un municipio del Estado de México. Para llegar a tu trabajo de medio tiempo (6 horas) tienes que levantarte una hora antes de salir de casa para bañarte y desayunar; te trasladas durante dos horas hasta el centro de la Ciudad de México, usar bicicleta no es opción por la distancia y el peligro que representa, el costo de la combi es de $12 más un boleto de metro $5. Después de tu trabajo, vas a la universidad porque “quieres salir adelante” (por alguna extraña razón, alcanzaste a entrar a la UNAM y sólo pagas $0.2 de colegiatura al año), la escuela te queda de camino a tu casa e inviertes otra hora de viaje y $5 más. Luego de una jornada de 6 horas y una comida de $35, debes llegar a tu casa, por lo que gastas otros $17 de combi y metro. Finalmente, otra hora de viaje y… llegas a realizar trabajo no remunerado en casa porque te enseñaron que “es tu deber” como mujer (te toma otra hora); realizas tus tareas escolares en dos horas, antes de ir a dormir para levantarte al día siguiente y repetir la misma rutina. En un solo día tendrías que invertir 20 horas, lo que te dejaría 4 horas de sueño; además de que en transporte y una comida habrías gastado $74 por día, lo que suma $1,480 al mes, sin contar otros gastos como materiales escolares, renta, gas, agua, luz, ropa y los otros alimentos del día.

Es bastante evidente que todo el párrafo anterior es mera ficción para los deciles más pobres del país, que tienen ingresos mensuales por persona de $1,216 al mes. Sin políticas públicas de redistribución de la riqueza, sin infraestructura ni servicios de calidad, sin un sistema de protección social amplio, la posibilidad de que las personas en pobreza dejen tal situación es casi nula.

A pesar de los datos, aun hay quien defiende la “legitimidad” de la gran brecha socioeconómica que hay en México, de acuerdo con diferentes justificaciones. Algunas de las frases más comunes (y sus respuestas rápidas) son:

  • Los pobres son pobres porque quieren o “deberían trabajar y esforzarse más”. Al respecto, cabe decir que 4 millones de personas (78% de trabajadores) laboran más de 48 horas a la semana, así como otros tantos que no cuentan con seguridad social o prestaciones, ni tienen un ingreso suficiente.
  • Para mejorar los salarios, hay que aumentar la productividad”. Aquí cabe mencionar que México se caracterizó porque desde hace 35 años, los aumentos en productividad no fueron acompañados de aumento correspondiente en los salarios. Además, las largas jornadas laborales en el país desgastan a los trabajadores, y disminuyen su productividad.
  • “Para distribuir riqueza, primero hay que generarla”. En 2018, Carlos Slim tenía la misma fortuna que los 65 millones de mexicanos más pobres. Eso nos lleva a señalar un dato importante: dentro de “los ricos”, también hay unos que son mucho más ricos que otros: por ejemplo, podemos analizar el grupo conocido como top 1% (correspondiente al 1% de la población más rico del país), quienes se han quedado con casi un tercio de los ingresos generados en los últimos diez años.

Además, cuando referimos a “los más ricos”, no nos referimos al pequeño empresario que tiene 2 o 3 negocios, sino a este selecto grupo de personas que aparecen dentro de los más ricos del mundo y quienes acaparan la producción de la riqueza, sin distribuirla. Ese grupo de personas se ve ampliamente beneficiado por el Estado. Por poner un ejemplo, entre 2013 y 2014 se le condonaron $6.8 mil millones de pesos a Ricardo Salinas Pliego, empresario multimillonario que apenas el año pasado decía que no había que repartir dinero “entre los pobres, pues son incapaces de generar riqueza”.

Al observar cómo ha variado el ingreso de los sectores poblacionales desde 1996 hasta 2016, podemos darnos cuenta que el grupo más beneficiado ha sido el top 1%, especialmente de 2006 a 2016, periodo en el que todos los otros grupos económicos tuvieron una disminución real en el ingreso por hogar. Esto se debe principalmente a la precarización del trabajo y a políticas que favorecen a las personas con más riqueza, por lo que la desigualdad en México no ha hecho más que crecer.

Oxfam, 2018.

Los problemas de desigualdad en múltiples dimensiones existen en México desde hace décadas. La pandemia de COVID-19 sólo hizo que fuera más claro para muchas personas, y sin un cambio de rumbo, la desigualdad seguirá creciendo constantemente. Aunque existen otras razones económicas y políticas (de las cuales hablaremos en otra entrega), el principal motivo para combatir la desigualdad siempre debe ser el enfoque de derechos: No podemos permitir que mientras hay gente que acumula más riqueza de la que podría gastar durante muchas vidas, hay otros seres humanos que sufren por obtener el alimento de cada día.

Y ese es el motivo por el que existe Gatitos contra la Desigualdad.

@GatitosvsDesig

 

1 En realidad, no es inesperado, estos cambios discursivos suceden en cada crisis económica.

2 De acuerdo a CONEVAL, con datos de 2016. Recomendamos revisar este texto.

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