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Por Gatitos Contra la Desigualdad
Gatitos Contra la Desigualdad es uno de los diversos proyectos del INDESIG (Instituto de Estudios... Gatitos Contra la Desigualdad es uno de los diversos proyectos del INDESIG (Instituto de Estudios Sobre Desigualdad, A.C.). La iniciativa tiene por objetivo modificar las representaciones sociales que existen sobre las desigualdades y la justicia, comúnmente sustentadas en premisas erróneas, mediante comunicación de datos sencillos, verificables y de una manera divertida: Con muchas fotos de Gatitos. Miau. (Leer más)
Los mitos del gobierno mexicano sobre la pandemia III: sobre las pruebas
Una tasa alta de positividad es evidencia de que no se hacen pruebas suficientes y/o que los contagios no están reportados ni controlados.
Por Eugenio Sánchez
26 de noviembre, 2020
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Este espacio está dedicado a refutar las narrativas que ha difundido el gobierno para defender sus decisiones ante la crisis del COVID-19. En entregas anteriores se demostró que, contrario a lo que afirma el gobierno federal, la pandemia ha causado muchas más muertes por habitante que países como Estados Unidos, España, Italia, Chile o Brasil, y que las condiciones previas de salud de los mexicanos, a pesar de que son un factor importante, no explican en su totalidad la alta cantidad de muertes en comparación con el resto de los países. En esta ocasión hablaremos sobre las pruebas.

Relativo al tamaño de su población, con corte al 27 de Septiembre, México había hecho 1.4 veces menos pruebas que Guatemala, 1.7 veces menos que Ecuador y Bolivia, 3.12 veces menos que Paraguay, 5 veces menos que Colombia, 13 veces menos que Chile y 26 veces menos que Estados Unidos. Su tasa promedio de pruebas positivas es la tercera más alta del mundo y su elevada cantidad de muertes respecto al tamaño de su población nos indica que a pesar de que existe un contagio prolongado y extendido, no se hacen pruebas suficientes. ¿Por qué va México contra el aparente consenso internacional respecto a la importancia de hacer pruebas?

Mito: “no hay nada que indique con claridad la relación entre el número de pruebas y la calidad del control de los contagios”

El 14 de Septiembre, Hugo Lopez-Gatell en su entrevista con La Jornada1 afirmó que “no hay nada que indique con claridad la relación entre el número de pruebas y la calidad del control de los contagios”, para descalificar las críticas de diversos grupos de oposición respecto a la negativa de México a realizar más pruebas. Su afirmación no se sostiene.

Las pruebas por sí mismas no evitan la transmisión del virus, pero son necesarias para detectar oportunamente a quienes han sido contagiados, ponerlos en aislamiento y romper las cadenas de contagios. No basta con aislar a quienes presentan síntomas ya que es posible transmitir el virus sin que la persona que lo transmite sepa que lo tiene. Por eso es indispensable una política activa de pruebas, rastreo de contactos y aislamientos. Ha habido evidencia sobre la transmisión asintomática y presintomática2 desde inicio de año y ha motivado recomendaciones específicas sobre aplicación de pruebas: “Limitar las pruebas solamente a quienes presentan síntomas nos lleva a ignorar a más de la mitad de los individuos infectados que están contribuyendo a la transmisión comunitaria”.3 Al menos desde el 16 de Marzo, la Organización Mundial de la Salud hizo énfasis en la importancia de hacer pruebas, aislamiento y rastreo de contactos: “Tenemos un simple mensaje: pruebas, pruebas, pruebas” 4.

Además de la evidencia temprana sobre la importancia de hacer pruebas, el caso de diversos países sirve como ejemplo sobre su utilidad. En la Gráfica 1 podemos ver cómo Corea del Sur e Italia iniciaron la epidemia con una trayectoria de contagios similar, pero en Corea se inició una operación extensiva de rastreo de contactos que le permitió contener la epidemia y controlar la transmisión del virus. “Al 20 de marzo, Corea hacía 100 pruebas por cada positivo que detectaba, el día en que registró su muerte número 100. A Italia le tomó 3 meses y 34,000 muertes llegar a los mismos niveles5.

Aún habiendo pasado 100 días desde que comenzó la epidemia, México hacía 4 veces menos pruebas por habitante que las que hacía Corea del Sur al inicio.

La proporción de pruebas que son positivas nos ayuda a entender qué tan difícil es encontrar un caso, lo cual está en función tanto a la cantidad de pruebas como también a la intensidad de la transmisión comunitaria. Una tasa alta de positividad es evidencia de que no se hacen pruebas suficientes y/o que los contagios no están reportados ni controlados. Se puede apreciar que en México ni siquiera existió un intento de hacer suficientes pruebas y que después de los primeros 100 días, el porcentaje de positividad superó el 50%. Es decir, una de cada dos pruebas son positivas, de lo cual se intuye un nulo rastreo de contactos y ningún esfuerzo por parte del gobierno para detener las cadenas de transmisión.  La Organización Mundial de la Salud mencionó como un parámetro deseable obtener 10 pruebas negativas por cada positiva (es decir, no superar el 9% de positividad).6

El Centro Europeo para el Control de Transmisión de Enfermedades identifica cinco motivos para realizar pruebas: controlar la transmisión, monitorear la tasa de transmisión, mitigar el impacto para las personas que se dedican al cuidado para la salud, detectar brotes y grupos de contagio específicos, y mantener el virus eliminado una vez que se logre.7

De lo anterior también se intuye que hay una fuerte subestimación de casos en México, por tanto, no son comparables con los detectados en Corea del Sur, Italia o los de la mayoría de los países. La verdadera pendiente de casos por millón de habitantes en México es más empinada de lo que se aprecia en la Gráfica 1 y realmente hay muchos más casos de los que se muestran y eso se ve reflejado en las muertes que son difíciles de ocultar.

En la Gráfica 2 se puede apreciar la relación entre muertes en exceso por habitante durante la pandemia y el promedio de la tasa de positividad en el transcurso de la epidemia.8 Es sencillo observar que hay una relación entre una persistente y alta tasa de positividad y la mortalidad durante la epidemia. No se pretende demostrar causalidad entre la alta tasa de positividad por sí misma y la mortalidad durante la epidemia9, pero se puede concluir que una alta tasa de positividad implica una cantidad insuficiente de pruebas y/o una transmisión comunitaria extendida. Es sencillo concluir a partir de eso que hay muertes asociadas con la transmisión comunitaria extendida. Hay que destacar que de todos los países del mundo (para los que se cuenta con datos de tasa de positividad), México es el tercero —después de Bolivia y Omán— con mayor positividad promedio en el transcurso de la epidemia.

Es importante mencionar que además de controlar la epidemia, las pruebas tienen como propósito el monitoreo de la tasa de transmisión para la elaboración de pronósticos para la planeación. Los datos de movilidad no sustentan el argumento de que el fracaso en los pronósticos presentados por Hugo Lopez-Gatell se debe a cambios en la conducta social; el gobierno no ha atendido la hipótesis de que se pueda deber a que el modelo fue alimentado con datos erróneos causados por una política inapropiada para aplicar pruebas.10

Contrario a lo que afirmó el subsecretario, las pruebas son un componente indispensable para las acciones de mitigación de la epidemia que recomiendan los organismos de salud internacionales. Además, hay suficiente evidencia empírica y casos de éxito que lo demuestran.

Mito: no hay dinero para hacer pruebas

Otro discurso que prevalece es que México no ha hecho más pruebas por falta de recursos económicos. En la Gráfica 3 podemos ver que países con niveles similares o menores de producto interno bruto per cápita —como Chile, Uruguay, Colombia, Sudáfrica, Paraguay, Guatemala o El Salvador— hacen más pruebas por habitante que México.

Por ejemplo, el PIB per cápita de México es más del doble que el de Guatemala, sin embargo, Guatemala hace 1.4 veces más pruebas (por habitante) que México. El PIB per cápita de México es 34% mayor al de Colombia, pero Colombia hace 5 veces más pruebas (400% más). Por último, el PIB per cápita de Chile es 31% superior al de México, pero Chile hace 13 veces más pruebas por habitante (1,272% más). En la Gráfica 3 también se puede apreciar la proporción de pruebas positivas. Mientras que en general, la mayoría de los países se encuentran en un rango de positividad cercano al 15%, México, junto con Omán y Bolivia destacan por ser los países del mundo con la positividad más alta (superior al 30%).

¿Qué sucede con los países que llevan una menor cantidad de pruebas acumuladas por habitante que México? Al haber hecho suficientes pruebas desde el inicio, en general, han sido más exitosos que México en el control de los contagios. Eso se puede apreciar en el porcentaje de positividad. En la Gráfica 4 se observa que todos los países han hecho más pruebas que México en proporción a la magnitud de la epidemia. Países como Senegal, Nigeria, Malawi o Pakistán han llegado a hacer más de 25 pruebas negativas por cada positivo que encuentran.

A estas alturas es difícil saber cuántas pruebas diarias serían necesarias en México para garantizar un efectivo sistema de rastreo de contactos y aislamiento ya que no se cuenta con datos certeros sobre la cantidad real de contagios. Actualmente, los países europeos hacen alrededor de entre 3 y 4 pruebas diarias por cada mil habitantes, Chile 1.7, Colombia 0.62 y México únicamente 0.08. Para igualar los niveles relativos de los países europeos haría falta hacer alrededor de 515,000 pruebas diarias, 45 veces más que las 11,257 que se hacen actualmente. Sostener el nivel de 515,000 pruebas diarias durante 60 días costaría 0.07% del PIB.11 En perspectiva, este número es más de 11 veces menor que el programa de inversión para Pemex contemplado en el proyecto del presupuesto del 2021.12

Además, hay evidencia empírica13 que demuestra que hacer pruebas únicamente a pacientes graves (como lo hace México) no es eficiente en términos de costo. Expandir las pruebas para detectar casos asintomáticos representa ahorros al causar que las hospitalizaciones y contagios disminuyan y por ende los costos asociados a realizar más pruebas en el futuro. Además, varias recomendaciones de política14 consideran que las pruebas son indispensables para poder levantar el confinamiento y evitar los costos económicos asociados. En la Gráfica 5 se aprecia claramente que los países que han mantenido un bajo porcentaje de positividad, en general han hecho muchas pruebas relativas al tamaño de su población, han tenido menos muertes y menor impacto económico asociado a la restricción de actividades.

En conclusión, gastar lo necesario en preservar la vida de las personas y evitar los contagios generó ahorros a largo plazo. En el contexto de 100 mil muertes confirmadas en México, y un exceso de muertes de al menos 193 mil (al corte del 26 de septiembre), cabe preguntarse: ¿Valía la pena haber gastado una mínima parte del presupuesto en México para pagar un número suficiente de pruebas en el primer semestre del año, ya sea deteniendo unos meses proyectos llamado “prioritarios” o por otra vía de financiamiento fiscal, a cambio de salvar decenas de miles de vidas? No tenemos duda de la respuesta: claro que valía la pena. Es una responsabilidad del gobierno salvar el mayor número de vidas posibles, y la evidencia muestra que este objetivo se abandonó hace mucho.

Aún suponiendo que no existiera evidencia a favor de la aplicación de pruebas como una medida necesaria para el control de la epidemia, estas no dejan de ser un derecho para las personas. Las personas tienen derecho a la salud y en este contexto, tienen derecho a tener información certera sobre si tienen una enfermedad que puede ser potencialmente mortal para ellas o para sus allegados. Quienes tienen suficientes recursos económicos pueden pagar una prueba en un laboratorio privado, alertar oportunamente a sus contactos y tomar medidas preventivas para ellas mismas, salvando vidas en el proceso.

En cambio, una prueba, en su versión más barata15 equivale a 74% de los ingresos mensuales por persona de una persona en situación de pobreza extrema, y 100% de los ingresos de alguien que se encuentre en el decil I. Es decir, una persona que pertenece al 10% con menos ingresos en el país se vería obligada a dejar de comer y efectuar casi cualquier gasto sólo para poder pagar una prueba. Claramente esto es imposible, y en la realidad, la gran mayoría de estas personas simplemente nunca podrán pagar una prueba privada.

El derecho a la salud no debe estar condicionado por la situación económica de los individuos. En la próxima entrega se profundizará más sobre la desigualdad en el acceso al diagnóstico en distintas regiones del país. Es equivocado asumir que las pruebas en México no son un privilegio.

@GatitosvsDesig

 

 

 

1 Disponible aquí.

2 Disponible aquí.

3 Disponible aquí.

4 Disponible aquí.

5 Disponible aquí.

6 Disponible aquí.

7 Disponible aquí.

8 Es importante destacar que no todas las muertes en exceso están directamente relacionadas a una infección por COVID. En el contexto de la pandemia pudieron haber muertes causadas indirectamente por la saturación hospitalaria asociada a la pandemia. Esto puede variar entre países.

9 Disponible aquí. Una tasa de positividad baja, en principio, no implica otra cosa más que el hecho de que se hacen pocas pruebas negativas por cada positiva. Es posible un escenario en el que se haga una cantidad masiva de pruebas y de todas maneras aumente el ritmo de contagio.

10 Disponible aquí.

11 Considerando un costo unitario de 51 dólares. 4 pruebas por 128,932 millares de habitantes a 51 dólares a un tipo de cambio de 20 durante 60 días, equivale a 1,578 millones de dólares. Fuente del costo aquí.

12 Fuente del presupuesto Pemex aquí.

13 Disponible aquí.

14 Disponible aquí.

15 Sólo en los laboratorios Salud Digna, el costo de la prueba es de $1,300 pesos. En el resto de laboratorios, el costo va desde los casi dos mil hasta los cuatro mil pesos.

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