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El ronroneo
Por Gatitos Contra la Desigualdad
Gatitos Contra la Desigualdad es uno de los diversos proyectos del INDESIG (Instituto de Estudios... Gatitos Contra la Desigualdad es uno de los diversos proyectos del INDESIG (Instituto de Estudios Sobre Desigualdad, A.C.). La iniciativa tiene por objetivo modificar las representaciones sociales que existen sobre las desigualdades y la justicia, comúnmente sustentadas en premisas erróneas, mediante comunicación de datos sencillos, verificables y de una manera divertida: Con muchas fotos de Gatitos. Miau. (Leer más)
Los mundos paralelos de la CDMX
En la Ciudad de México coexisten diversos mundos paralelos, estratos sociales que nunca conviven a pesar de vivir en la misma ciudad. Este distanciamiento entre los grupos sociales tiene diversas consecuencias en términos de solidaridad y apoyo de políticas redistributivas.
Por Gatitos Contra la Desigualdad
26 de agosto, 2020
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Miau. Dentro la CDMX, así como en muchas otras ciudades de México y el mundo, habitan diversos mundos paralelos, es decir, distintos estratos sociales, distantes entre sí, que coexisten sin necesariamente convivir, sin reconocerse. Dicho distanciamiento social genera, a lo largo de los años, lo que se conoce como “otredad” (reconocer a individuos como diferentes, que no forman parte del propio grupo), además de que evita la formación de solidaridad y apoyo a políticas redistributivas.

Según la investigación de Oxfam México, existen espacios educativos, sociales y de consumo exclusivamente habitados y apropiados por las personas de estrato alto, así como otros donde sólo acuden personas de estrato bajo. Son diversos los procesos sociales que generan esta separación, pero podría resumirse en que hay barreras económicas, sociales, territoriales y simbólicas, que impiden el acceso a los espacios de estratos altos a cualquier persona. Por su parte, otros procesos (estigmas, imaginarios sobre violencia, etc.) resultan en que muchos de los espacios de estratos bajos sólo son frecuentados por este grupo de la población.

En este sentido, la citada investigación encuentra que, mientras el espacio territorial en que habita el estrato alto en la CDMX es acotado y restringido (ubicado prioritariamente en la parte noroeste de la ciudad), el correspondiente al estrato bajo es amplio, abierto (según los términos utilizados por esta otra investigación de Gonzalo Saraví) e implica largos y sinuosos traslados dentro de la ciudad.

De este modo, la separación territorial y simbólica de los diferentes estratos sociales en la ciudad evita la convivencia con otros estratos, fomenta el clasismo y “polariza” a la sociedad. ¿Por qué? Si no logramos entender y empatizar con el “otro social“, si no conocemos realmente cómo vive alguien de un estrato social diferente al propio, no nos preocupará su situación, y no habrá razones solidarias para exigir mayores políticas redistributivas.

La investigación profundiza en la amplia separación existente entre estos mundos paralelos, respecto del espacio educativo. Por ejemplo, en cuanto al nivel de educación primaria, se identifica a éste como uno de los primeros espacios de formación del imaginario sobre justicia y del entendimiento de la estructura social, así como del lugar que ocupamos en ella. Ahí entendemos la desigualdad y la naturalizamos en cierta medida. De hecho, otras investigaciones, con experimentos naturales, han encontrado que la integración de niños de hogares ricos y pobres en un mismo espacio educativo fomenta su sentido de solidaridad y disminuye la discrminación.

Este espacio de educación primaria está permeado por procesos sociales tales como la exclusividad y la exclusión: mientras que 8 de 10 niñas y niños de los hogares de estrato alto acuden a escuelas privadas, 97% de aquellos pertenecientes a hogares en situación de pobreza muy alta van a escuelas públicas1. El rechazo y estigma del estrato alto hacia las escuelas públicas, y lo inaccesible que muchas escuelas privadas son para el estrato bajo, trazan rutas educativas y realidades distintas para las niñas y los niños en México. Y esas rutas nunca se encontrarán.

Pero aún si nos centramos sólo en las escuelas primarias públicas, encontramos desigualdades importantes. Por ejemplo, respecto de los recursos gubernamentales inequitativos que reciben, asociados con su localización territorial. En este sentido, la evidencia prueba que se destina más presupuesto para la educación de primarias públicas del pertenecientes en el “mundo del estrato alto”. Por ejemplo, en el “mundo” del estrato bajo (en las alcaldías Iztapalapa, Xochimilco y Tláhuac, según la investigación citada) hay una escuela pública de educación básica por cada 227 niñas y niños en edad normativa. Por su parte, en el estrato alto (alcaldía Miguel Hidalgo) hay una por cada 1242.

Pero también es necesario señalar las diferencias en términos de la calidad de la educación. Por consecuencia de todo lo ya mencionado, es menor la calidad de la educación a la que accede el sector de menores ingresos, lo que determinará el (in)acceso a diferentes escuelas de educación media superior y, en general, sus resultados de vida futuros. La educación primaria contribuye a aumentar las desigualdades que supuestamente debería igualar. El documento de Oxfam México citado, muestra los datos de la escuela “Gaudencio Peraza” en San Miguel Teotongo, Iztapalapa, apropiada por estudiantes de estrato bajo, tiene un porcentaje de 32% en “Lenguaje y Comunicación”, según resultados de la prueba PLANEA; mientras que la escuela “14 de Abril”, en la colonia Escandón, de la alcaldía Miguel Hidalgo, tiene un resultado de 94%. En general, los resultados educativos son mejores en las escuelas ubicadas territorialmente en zonas de la ciudad de estrato alto.

Algo importante que no podemos olvidar es que, al contrario de lo que difunden algunos mitos, no hay diferencia alguna en los genes que pueda explicar el resultado educativo alto para los hijos de hogares ricos, y bajo para hijos de hogares en pobreza. Al contrario, la evidencia muestra simplemente que es mejor nacer en un hogar rico, que con “talento”. De ahí que decimos que “el talento” son los papas.

El espacio educativo de educación superior es aún más desigual. Lo primero a señalar es que a la universidad llegan mayoritariamente los ricos: de las y los jóvenes cuyos padres tienen ingresos del 1% más rico de la CDMX, 63% llega a la universidad. En contraparte, sólo 8% de los más pobres (quintil I, es decir, el 20% más pobre) llegan a ese nivel educativo. Esto quiere decir que es casi 8 veces más probable acceder a educación superior si naciste en un hogar del llamado top 1%, frente a haber nacido en uno de los hogares más pobres de la ciudad3.

El acceso desigual a la educación superior, implica también la desigual distribución del presupuesto público dedicado a universidades. Así pues, mientras que entran a la UNAM sólo 2% de quienes tienen menos ingresos, llegan ahí 18% de los más ricos. Esto implica que 7 de cada 10 pesos invertidos en la UNAM se terminan dirigiendo al 40% más rico de los jóvenes.

 

Por otro lado, los mundos paralelos se mantienen así, sin tocarse, debido a que algunas universidades privadas de élite, las cuales otorgan las mejores credenciales según la valuación del mercado de trabajo, son inaccesibles para la mayoría. Por ejemplo, la carrera de medicina en la UP cuesta $1.1 millones de pesos, según los datos que muestra la investigación de Oxfam. Otras carreras caras en universidades privadas, accesibles sólo para sectores privilegiados, son Odontología, Arquitectura y Diseño Gráfico.

El acceso a las universidades públicas de manera igualitaria se ve obstaculizado por diversas barreras, entre las cuales las más destacables son los exámenes de admisión y las cuotas. Los exámenes de admisión dejan fuera a 9 de 10 aspirantes en la CDMX. Sólo el año pasado fueron rechazados 137 mil estudiantes. Claramente, eso afecta más a los estratos más bajos, perjudicados con educación de peor calidad durante toda su carrera educativa previa. Además, las cuotas en algunas universidades públicas pueden ser altas para algunos estratos, si pensamos que el ingreso por persona del decil I (10% más rico) es cercano a $44 pesos diarios.

Al final de cuentas, la separación entre el estrato alto y bajo en la Ciudad de México termina legitimando la desigualdad, una vez que se ha generado el distanciamiento social y la percepción de otredad suficiente para que no haya empatía y solidaridad entre clases sociales. No hay forma de poner en duda la narrativa meritocrática, si ni siquiera se conoce al otro social. Si los diferentes mundos que habitan la ciudad no logran nunca encontrarse, no podemos esperar amplio apoyo a las políticas redistributivas. Si queremos luchar contra la desigualdad, algo al respecto tendrá que cambiar.

@GatitosVsDesig

 

1 Cálculos con nuestras garritas con base en la ENIGH 2018 y los cálculos de estratificación (pobreza muy alta, estrato alto, etc.) del EVALÚA CDMX, disponibles aquí.

2 Datos provenientes del informe “Ciudad de México 2020. Un diagnóstico de la desigualdad socio territorial”, disponible aquí.

3 Cálculos con nuestras garritas con base en los datos de la ETEL, del INEE. Diversos análisis resultado de esta encuesta pueden ser encontrados acá.

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