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El sabueso sibarita
Por Antonio Rosique
Es periodista deportivo, autor de los libros “La Isla del Futbol” y “El Día de mi Vida”;... Es periodista deportivo, autor de los libros “La Isla del Futbol” y “El Día de mi Vida”; MBA in Football Industries por University of Liverpool; viajero irreductible; y fanático de los vinos y la cocina del mundo. Para comentarios y sugerencias: [email protected] y www.antoniorosique.com (Leer más)
¡Otra vez esta maldita felicidad… “Pierde Almas”!
Por Antonio Rosique
20 de enero, 2011
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“Es malo beber con el estómago vacío, pero es peor hacerlo con la mente vacía”.

– Roger Scruton, fílosofo inglés, autor del libro “I drink, therefore I am”.

Decía el escritor Manuel Vázquez Montalbán, famoso por sus novelas policiacas pero también avezado gastrónomo, que “un pueblo que no bebe su vino, tiene un grave problema de identidad”. Es por eso que este Sabueso Sibarita se ha dedicado -los últimos años- a explorar los misterios del mezcal; esa bebida milenaria y pura, ése destilado “cultural” fruto del encuentro entre dos visiones monumentales, la de los antiguos mexicanos que aportaron su planta sagrada, el maguey, y sus técnicas de fermentación rudimentarias; y la de los españoles, conquistadores y misioneros, quienes trajeron consigo el alambique y la destilación.

En esas aventuras mezcólatras, me encontré -una noche afortunada- con “Pierde Almas”, mezcal de autor, firmado en San Baltazar Chichicapam; donde sus creadores han rechazado la industrialización, para mantener un respeto indeclinable por lo artesanal, por lo familiar, porque “en Oaxaca, el arte y el mezcal son inextricables”.

Se le atribuye a Platón la idea de que “nada más valioso que el vino fue obsequiado por los dioses a los hombres”. Por eso, soy de los que sostienen que si se toma vino, o en este caso mezcal, con verdadera consciencia y auténtica disposición espiritual, este acto se convierte en un llamado, una invocación a los misterios del ánima. Por eso, para encontrarse con Pierde Almas hay que hacerlo de manera ritual, como dice su fundador, el pintor estadounidense, Jonathan Barbieri, porque: “es una llave que puede abrir los cofres más secretos de los sótanos del alma”; ahí donde están los daimones del tiempo, quienes nos regalan su maravillosa sensación de lo perenne; los demonios de la lengua, con sus relámpagos de erudición y gracia; “porque lo que busca un buen bebedor de mezcal, es la hiperensibilidad, no el aturdimiento de los sentidos”, como sugiere esta joven, pero apasionada casa mezcalera, enraizada en lo más añejo de la tradición oaxaqueña y que, en cada etapa del proceso, sigue rindiendo culto a Mayahuel, diosa del Maguey.

En sus variantes (Espadín, Pechuga, Tobalá y Dobadaán, éste último mi predilecto) Pierde Almas ofrece –si ponemos mucha atención- pruebas fehacientes de que los pequeños dioses existen y que muchos de ellos viven, plácidamente, en los cielos y tierras oaxaqueñas, en espera de que alcancemos un cierto estado de gracia para pagarnos una inolvidable visita.

Con el paso del tiempo, he comprobado lo que había leído: un auténtico mezcal es un aliado fiel en el ejercicio de la amistad, pero un mejor compañero de las ideas. Naranja, toronja, lima, sal de gusano… “Pierde Almas”…¡Otra vez esta maldita felicidad!”. No se equivoca ésta leyenda que reza en cada una de sus botellas.

Si quieres disfrutar más, visita: www.mezcalpierdealmas.com

*Sígueme en Twitter: @Antonio_Rosique

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