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El Vaso Medio Vacío
Por Gerardo Esquivel
Economista. Profesor-Investigador de El Colegio de México. Síguelo en Twitter: @esquivelgerardo... Economista. Profesor-Investigador de El Colegio de México. Síguelo en Twitter: @esquivelgerardo (Leer más)
El Presidente tesista
Enrique Peña Nieto padece el síndrome del tesista: “la mejor reforma es la reforma concluida” parece ser su lema. No importa cómo ni en qué forma se logren las reformas, quizá después habrá tiempo para mejorarlas. Lo que importa ahora es aprobarlas. Y mientras más rápido, mejor.
Por Gerardo Esquivel
9 de diciembre, 2013
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Hay una expresión que se oye frecuentemente entre los asesores y los universitarios que están en proceso de titulación: “la mejor tesis es la tesis concluida”. La idea básica es que lo importante es terminar; que no importa que el trabajo no sea perfecto y que en un futuro quizá haya oportunidad para mejorarlo; que lo importante, por ahora, es graduarse. Nuestro Presidente, quien aspira al título de El Presidente Reformador, padece el síndrome del tesista: “la mejor reforma es la reforma concluida” parece ser su motto. No importa cómo ni en qué forma se logren las reformas, quizá después habrá tiempo para mejorarlas. Lo que importa ahora es aprobarlas. Y entre más rápido, mejor.

Al igual que el tesista que está dispuesto a cualquier cosa con tal  de titularse, el Presidente no tiene empacho en modificar el índice, algunos capítulos, la metodología, la hipótesis e incluso las conclusiones fundamentales de su trabajo. Si originalmente el índice del trabajo planteaba empezar con un par de capítulos sobre Transparencia y Comisión Nacional Anticorrupción, no hay ningún problema en desecharlos y cambiarlos por otros que se refieran al tema de la reforma laboral del sector educativo y de la competencia en telecomunicaciones. Que si originalmente se pensaba escribir un capítulo sobre “El papel del déficit cero como garante de la estabilidad y la prosperidad económica”, tampoco hay inconveniente alguno en cambiarlo, a recomendación de uno de los asesores, por otro titulado “El papel del déficit público como promotor del crecimiento y la recuperación económica”. Que si originalmente se había programado un capítulo sobre “Los contratos de utilidad compartida, lo que el General Cárdenas hubiera querido”, es factible cambiarlo por otro titulado “Los contratos de producción compartida y las concesiones, lo que el PAN y las empresas petroleras hubieran querido”. Que si antes de escribir un capítulo sobre la Reforma Energética un asesor recomienda escribir un capítulo sobre Reforma Política, adelante, ¿cuál es el problema?

El Presidente, como el tesista apresurado, es sumamente flexible. Se acomoda a lo que le soliciten y a lo que le recomienden sus asesores. Lo importante es titularse o conseguir las reformas. No importa que la tesis se desdibuje, que el marco teórico no coincida con la metodología o que las conclusiones contravengan el diagnóstico. Eso es lo de menos. Lo importante es alcanzar el objetivo. Tampoco parece importarle que un capítulo no embone con el otro, que incluso sea su opuesto o que plantee hipótesis excluyentes. Lo importante es que el asesor esté contento, que no le regatee la firma para el examen profesional y que no le impida festejar con familiares y amigos.

Por supuesto, siempre habrá quienes alaben la flexibilidad y versatilidad del tesista, su capacidad de adaptación, el que no esté sujeto a esquemas rígidos o que no esté atado por un marco ideológico o metodológico único. Habrá incluso quienes alaben su enfoque ecléctico. Y quizá tengan razón. Es posible que la flexibilidad del tesista no sea una debilidad sino una fortaleza. Es quizá lo que le permite avanzar y no estancarse. Es lo que le permitirá graduarse, a diferencia de algunos de sus compañeros, obstinados quizá en seguir un marco analítico demasiado rígido y que les impide acomodarse a las recomendaciones de sus asesores. Es por ello que la adaptabilidad en sí misma no es necesariamente algo negativo. Y es por ello también que lo importante será juzgar y evaluar al producto terminado y no sólo la forma en la que se logró éste. Aunque, evidentemente, la forma en la que se procedió durante la elaboración del trabajo puede ser determinante para explicar las características del producto final.

Por eso, a la hora de juzgar las reformas, como las tesis, habrá que evaluarlas en sus propios méritos y no sólo en el hecho de haberse concluido. Habrá que evaluarlas en lo que pueden y no lograr. En su capacidad para alcanzar los objetivos buscados. A la fecha, lo que se ve es un mazacote de reformas concluidas, con problemas en la implementación como la reforma educativa o sin leyes secundarias como en el caso de las telecomunicaciones.

Tenemos, por otro lado, un adefesio llamado reforma político-electoral que ha dejado satisfecho a casi nadie y una reforma fiscal de alcance muy limitado, con un cierto carácter redistributivo, pero que queda muy lejos de lo requerido si lo que se deseaba era una verdadera reforma estructural de la hacienda pública. En el aspecto energético tenemos que la nueva propuesta que se está manejando, una que plantea la apertura total al sector privado, es absolutamente incompatible con la reforma fiscal aprobada. Por el tipo de reforma que se está discutiendo, es evidente que no habrá aumento de la renta petrolera en el corto plazo y los ingresos se quedarán muy cortos de lo previsto en la reforma fiscal. El capítulo 5 contradice al capítulo 3. El capítulo 4 no tiene ni pies ni cabeza. La conclusión no se deriva del análisis previo. El diagnóstico no coincide con las recomendaciones de política. Las reformas, como algunas tesis, están contrahechas. No siguen un esquema lógico y un marco conceptual apropiado o bien integrado. En este caso, la flexibilidad del tesista ha debilitado y desdibujado el trabajo.

Sin embargo, y a pesar de todo, una vez llegado el momento de la evaluación, el aspirante muy probablemente no será reprobado por los sinodales. Finalmente, habrá entregado un producto terminado. Flojo, pero completo. Quizá incluso bien empastado y con el escudo institucional al frente.  Sería muy difícil reprobarlo. Habrá cumplido con parte de lo que prometió y se tendrá que valorar las dificultades enfrentadas, el hecho de que los asesores tuvieran diferencias significativas en temas cruciales del trabajo presentado. El aspirante Peña Nieto será Licenciado. Nadie querrá reprobarlo. Pero nadie abogará tampoco por una mención honorífica. Quizá haya tiempo para mejorar el trabajo en un futuro. O quizá no.

 

@esquivelgerardo

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