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El Vaso Medio Vacío
Por Gerardo Esquivel
Economista. Profesor-Investigador de El Colegio de México. Síguelo en Twitter: @esquivelgerardo... Economista. Profesor-Investigador de El Colegio de México. Síguelo en Twitter: @esquivelgerardo (Leer más)
El vaso medio vacío
Por Gerardo Esquivel
2 de diciembre, 2010
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Elija usted algún tema de política pública o de coyuntura nacional. Ahora lea o escuche a los múltiples opinadores, analistas, intelectuales o académicos que usualmente comentan este tipo de temas en la prensa, la radio, la televisión o internet. Estoy seguro de que se encontrará usted con una muy variada gama de opiniones, usualmente contrapuestas, que pueden dejarlo tan o más confundido que antes. Eso sí, usted casi nunca leerá o encontrará una cifra para sustentar una opinión y, en los muy contados casos en los que llegue a encontrarla, siempre habrá una cifra o un indicador que se le contraponga y que sugiera una conclusión contraria.

Lo anterior es, hasta cierto punto, normal. Lo que es menos normal es que, independientemente del tema del que se trate, uno tienda a encontrarse casi siempre a los mismos analistas en uno de los dos extremos de las opiniones. Y no, no se trata de cuestiones ideológicas (o no sólo), lo cual quizá podría explicar esa especie de alineamiento en torno a ciertas posiciones. No, en uno de esos extremos podemos encontrar a analistas que se autodefinen ya sea como liberales, conservadores, de izquierda o de derecha. Este grupo, relativamente mayoritario en los medios de comunicación mexicanos, es el de aquellos observadores de la realidad que suelen analizar casi cualquier tema con una perspectiva que yo llamo “del vaso medio lleno”.

Este grupo de “opinadores del vaso medio lleno” son aquellos que siempre están dispuestos a ver lo positivo de una cifra, los que siempre le dan el beneficio de la duda al gobierno, son aquellos para los que “todo tiempo presente es mejor” y que, incluso cuando es muy difícil sostener lo anterior, suelen recurrir al análisis contrafactual: “si no se hubiera actuado así o asá estaríamos peor” o “está mal, pero con otro gobierno estaríamos peor”. Los “opinadores del vaso medio lleno” son los que acaparan espacios, sobre todo en los medios electrónicos e impresos, son los que dominan el circuito de los foros y las conferencias (con muy honrosas excepciones), son aquellos a los que suele escuchar el grupo en el poder, los que les reconfortan, los que les entienden y son los que suelen justificar y explicar mejor que nadie sus políticas. Son los mismos que juran que México es un país con una amplia clase media, los defensores a ultranza de la estrategia anti-narco, los que insisten una y otra vez que la crisis vino de fuera (como si la recuperación viniera de adentro), los que nunca cuestionan si se pudo hacer otra cosa en materia de política económica, los que suelen repetir las explicaciones oficiales casi como si se tratase de un boletín de prensa. Todos ellos, también, suelen estar muy preocupados por la falta de una izquierda moderna en México e incluso han llegado a acuñar un cliché al respecto: “ah, si tuviéramos una Bachelet o un Lula, yo con gusto votaría por esa izquierda”.

Por otro lado, tenemos a un grupo de opinadores que simplemente se niega a ver el vaso. Estos son los que consideran que el vaso y cualquier contenido que éste pudiera tener son espurios. Son los agraviados, son aquellos incapaces de reconocer algún avance y que reniegan de todo, aunque lo tengan enfrente, aunque la realidad se los demuestre una y otra vez, los que nunca usan una cifra sino un eslogan o, aún más fácil, una descalificación. Son los que escriben y publican en la prensa marginal o en la prensa militante y que participan en foros con escasa o nula cobertura e impacto mediático. Son los que prefieren predicar a los conversos y que, al hacerlo, implícitamente renuncian al debate y al intercambio de ideas. Su notoria incapacidad para discutir y debatir con argumentos los inhabilita como interlocutores de una contraparte que de por sí no se muestra muy dispuesta o interesada en escucharles. Por ello sus reclamos suelen ser ignorados, con lo que el agravio crece y la brecha entre unos y otros se expande aún más.

Frente a esta polarización de la opinión pública, entre los que siempre e inequívocamente ven el vaso medio lleno y aquellos que simplemente se niegan a ver el vaso, considero que es necesaria una perspectiva que aborde los problemas de una manera distinta, una que reconozca lo que se ha logrado pero que al mismo tiempo ponga el énfasis en lo que falta por hacer. Esa visión, según yo, es la perspectiva del vaso medio vacío. Por supuesto, no es que no haya opinadores o analistas que ya caigan dentro de esta categoría o que asuman esta perspectiva. Por supuesto que los hay, tanto en la prensa escrita como en los medios electrónicos, estos son, sin embargo, una clara minoría. Más aún, dado que plantear posiciones de este tipo suele ser un poco más complejo de lo que resulta cualquiera de las otras dos opciones, las opiniones de estos grupos no permean fácilmente en el debate público, por lo que el impacto de este grupo de opinadores es incluso menor al de su de por sí escasa participación en el debate nacional.

Hay quienes creen que la diferencia entre ver un vaso medio lleno y verlo medio vacío es equivalente a la diferencia entre el optimismo y el pesimismo. Yo difiero de esa interpretación. Considero que la principal diferencia entre unos y otros es en la perspectiva que se tiene de lo que aún falta por hacer. El que ve el vaso medio lleno a menudo se muestra contento con ello, adopta un tono conformista y tiende a volverse condescendiente con la situación actual. Por ello, ésta visión suele favorecer al status quo y es tan bien aceptada por el gobierno en turno. Por otro lado, los que ven el vaso medio vacío, deben ser capaces de reconocer los avances logrados, pero sin dejar de enfatizar lo que aún falta por hacer, es decir, se plantean metas más ambiciosas y, en ese sentido, suelen ser más exigentes. Este blog pretende abordar los temas precisamente con dicho enfoque, el que ve al vaso medio vacío, y de ahí el título del mismo. Este enfoque, por lo demás, debe ser capaz, simultáneamente, de sostener sus posiciones con buenos argumentos y con cifras claras. Ese es, pues, el reto y la perspectiva que asumiremos al empezar con este nuevo espacio.

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