La tragedia griega - Animal Político
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
El Vaso Medio Vacío
Por Gerardo Esquivel
Economista. Profesor-Investigador de El Colegio de México. Síguelo en Twitter: @esquivelgerardo... Economista. Profesor-Investigador de El Colegio de México. Síguelo en Twitter: @esquivelgerardo (Leer más)
La tragedia griega
Por Gerardo Esquivel
21 de junio, 2011
Comparte

La situación que enfrenta Grecia y el resto de Europa no es nada sencilla. Durante mucho tiempo Grecia incurrió en excesos fiscales y durante todo ese tiempo hubo bancos que estuvieron dispuestos a financiar dichos gastos. Ahora, Grecia está claramente sobreendeudada y tiene severos problemas económicos que se derivan, primero, de la crisis financiera mundial de 2008/09 y, segundo, de los fuertes ajustes fiscales que ese país se ha visto obligado a realizar en el 2010 y en lo que va de 2011. La situación económica, política y social es muy complicada y Grecia está al borde tanto de la moratoria (es decir, de declararse incapaz de pagar su deuda pública) como del estallido social.


Varios países europeos, algunos bancos acreedores, el FMI y el Banco Central Europeo (BCE) proponen prestarle más dinero a Grecia como solución (es decir, se trataría de un nuevo rescate financiero del país). Esto, por supuesto, podría ayudar –temporalmente, al menos– a los bancos acreedores, pero no necesariamente resolvería los problema que enfrenta Grecia. De hecho, es muy probable que los agrandaría ya que, para otorgarles este nuevo préstamo, los promoventes de dicha propuesta le exigen a Grecia que antes su Congreso apruebe un plan de privatización de gran escala y mayores ajustes fiscales (recortes de gasto y aumentos de impuestos). Lo anterior, de llevarse a cabo, sin duda profundizaría aun más los problemas sociales y seguramente conduciría a nuevas movilizaciones públicas en contra de las acciones del gobierno y en protesta por la difícil situación económica y el elevado nivel de desempleo en todo el país (ver cuadro).


Esta opción, la favorita del Banco Central Europeo, de los bancos acreedores y de muchos gobiernos de la región, es vista como una posible solución en la medida en que le da mas tiempo al gobierno griego para realizar los ajustes fiscales y, sobre todo, porque evitaría la moratoria de pagos (es decir, el default), la cual, de presentarse, podría llevar a una situación de pánico financiero en toda Europa. El problema con esta medida, sin embargo, es que una vez más podría resultar insuficiente (como lo fue el primer rescate financiero del año pasado) y que no resuelve de fondo los problemas de la falta de competitividad del país. Es decir, el problema con este escenario es su poca viabilidad, además, por supuesto, de los altos costos políticos, económicos y sociales en los que debería incurrir Grecia para poder llevar a cabo los ajustes necesarios.

Una alternativa obvia es simplemente el default, quizá acompañado de un abandono del Euro y la creación de una nueva moneda (lo que implicaría también una devaluación, que ayudaría a reestablecer al menos temporalmente la competitividad del país). Esta situación, similar a la de Argentina en el 2002, sería quizá la más razonable en el corto plazo para los políticos griegos y quizá para el país en su conjunto, y eso es lo que ha llevado a varios analistas como Dani Rodrik y Eduardo Levy-Yeyati a sugerirla. Este escenario, sin embargo, seguramente iría acompañado de quiebras de los bancos más expuestos a la deuda griega e incluso de un posible efecto de contagio a otros países de la región altamente endeudados como Irlanda y Portugal, lo que podría desatar el pánico en toda la región (es lo que ya se conoce con el nombre de “El momento Lehman“).

Una variante de esta alternativa es la que sugiere una reestructuración de la deuda, en la que todos los acreedores son forzados a tomar pérdidas y se establecen nuevas condiciones y plazos para la deuda griega. Esta variante se enfrenta a la oposición del Banco Central Europeo (que trata de evitar el pánico que se podría generar) y de los bancos acreedores (que no están dispuestos a perder una parte de sus recursos fácilmente). En favor de estos actores juega el hecho de que las empresas calificadoras han dicho que cualquier intento de reestructuración, incluso si fuera voluntario, sería visto y tratado como un default, por lo que los riesgos asociados a la reestructuración serían equivalentes a éste. En ese sentido, el hecho de que los costos de una decisión de este tipo se pudieran expandir rápidamente a toda Europa la convierten también en una opción poco viable.

Así pues, parece que estamos ante puras malas opciones: el default directo (con todas las consecuencias negativas que ello acarrearía), una reestructuración negociada que de todos modos podría ser tratada como un default (lo cual no es necesariamente cierto, pero la amenaza allí está), o un nuevo rescate financiero que de cualquier manera no garantiza que se evite el default y que quizá simplemente postergaría (y aumentaría) el problema en el futuro.

Esto es, en esencia, lo trágico de la situación, ya no hay buenas opciones, cualquier opción es mala y alguien tiene que perder: los acreedores, Grecia y su población, toda Europa o, peor aún, todos los anteriores.

Precisamente por ello es necesario buscar una solución que minimice las pérdidas y que sea compatible con los incentivos de todos los actores. Por eso, considero que la solución más viable desde una perspectiva político-económica es una mezcla de una reestructuración y un rescate (algo similar a la que propone Daniel Gros aunque con una ligera variante), es decir, creo que lo mejor que podría pasar es que los gobiernos europeos rescaten a Grecia, pero sin tratar de imponerle demasiados costos adicionales (esta es la variante clave, para que les convenga a los griegos, quienes de otra manera quizá optarían por el default directo). Lo anterior implicaría rescatar a los bancos acreedores a traves de un Fondo de Rescate Europeo que se encargaría de comprarles sus bonos de deuda griega con un descuento relativamente pequeño (así se salvaría la mayoría de los bancos acreedores, aunque compartirían parcialmente las pérdidas). En segundo lugar, sería necesario que dicho Fondo, es decir, el nuevo propietario de la deuda griega, le ofrezca un descuento adicional e importante a Grecia (en otras palabras, que le ofrezca una reducción importante en el monto de la deuda, lo que implicaría que el grueso del costo del rescate lo estarían asumiendo los países europeos), extender los plazos de la deuda y mejorar las condiciones de la misma (incluyendo una reducción importante de la tasa de interés). Todo esto evitaría el default explícito, el contagio bancario y le daría un espacio de maniobra a los políticos griegos para enfrentar la situación política actual. Cualquier otro escenario tendría altas probabilidades de resultar en un desenlace trágico, tanto para Grecia como para el resto de la economía europea.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.