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El Vaso Medio Vacío
Por Gerardo Esquivel
Economista. Profesor-Investigador de El Colegio de México. Síguelo en Twitter: @esquivelgerardo... Economista. Profesor-Investigador de El Colegio de México. Síguelo en Twitter: @esquivelgerardo (Leer más)
¡No más! ¡Ya basta ... de simplificaciones!
Por Gerardo Esquivel
21 de enero, 2011
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La semana pasada, un grupo de caricaturistas encabezados por Eduardo del Río (Rius), iniciaron y promovieron activamente una campaña bajo un doble lema: ¨No más sangre” y “Ya basta de sangre”. La campaña, de acuerdo a sus organizadores, pretendía “despertar la conciencia ciudadana” y que le permitiera a la población “manifestar pacíficamente su descontento y frustración”. Desafortunadamente, esta campaña, aunque seguramente bien intencionada, fue rápidamente desvirtuada por algunos (unos cuantos) de sus propios promotores quienes en su discurso o en sus cartones mezclaban frases como “la guerra de Calderón” o “los 30 mil muertos del gobierno”, etc.

La campaña, que tuvo un relativo éxito mediático y social, fue rápidamente seguida por una fuerte oleada de críticas de parte de varios analistas y periodistas. Así, algunos la equipararon con una declaración voluntarista típica de los concursos de belleza, otros vieron en ella una clara intencionalidad política dirigida a linchar mediática y políticamente al Presidente, otros más la consideraron como una “indignación miope”, hubo otros que la criticaron porque no condenaba a los criminales sino al gobierno y hubo incluso quienes la calificaron como una campaña basada en el rencor.

Es cierto que la campaña era algo simplona y falta de profundidad; es cierto que, al menos para algunos, la campaña tenía una cierta intención política; es cierto, asimismo, que la campaña carecía de una propuesta concreta. Y sin embargo, es cierto también que la contra-campaña simplificó y caricaturizó (¡machetazo a caballo de espadas!) la idea original de la propuesta de Rius y compañía. Es decir, había algo en el trasfondo de la campaña que la mayor parte de sus críticos simplemente obviaron: el hartazgo de la población con la situación actual, la frustración frente a la falta de resultados de la estrategia contra el narco, la desesperación frente al inusitado incremento de la violencia de los últimos meses y la sensación inevitable de que la estrategia debe revisarse y modificarse. Eso fue, en última instancia, lo que motivó la campaña y lo que está en la percepción de una parte importante de la población mexicana.

¿Qué la campaña no criticaba a los criminales? Es cierto que no lo hacía explícito, pero es obvio que se les condena. Ni modo que no. ¿Qué los crímenes los cometen los criminales y no el gobierno? Oh, Perogrullo, ¡cuánta razón tenéis! Todo eso, sin embargo, es completamente irrelevante en esta discusión. Lo verdaderamente importante es que el gobierno y algunos de sus panegiristas siguen empeñados en defender una estrategia que claramente no ha funcionado y que, por alguna razón no del todo clara, la violencia ha aumentado fuertemente, sobre todo en aquellos estados en donde se han llevado a cabo operativos conjuntos.

Por ello, y porque mucha gente empieza a percibir que la estrategia no fue diseñada apropiadamente, no sorprende saber que una mayor parte de la población considera que es el gobierno, y no los delincuentes, el responsable de la situación de violencia que afecta a varias zonas del país. Así es, una encuesta reciente del Gabinete de Comunicación Estratégica revela que el 43% de la población considera que las autoridades son los principales responsables (no autores, obviamente) de la violencia que se está dando en el país, mientras que sólo el 35% considera que los responsables son los delincuentes. En lugares como el D.F. (48% y 30%, respectivamente) o Cd. Juárez (49% y 26%, respectivamente), los resultados son aún más contundentes. Tampoco sorprende saber que en esa misma encuesta dos terceras partes de la población consideran que el crimen organizado es el que está ganando esta guerra (78% en Cd. Juárez) y que menos de una quinta parte de la población considere que es el gobierno el que está triunfando.


¿Qué quiere decir lo anterior? Que es hora de que el gobierno reflexione sobre la estrategia actual. Que empiece por reconocer que lo que más afecta e importa a la ciudadanía en este momento es el tema de la violencia y no el de los capos del narcotráfico (que no es lo mismo, aunque muchos no quieran verlo así). Que se debe continuar el combate al narcotráfico, sí, pero de una manera más inteligente, menos confrontacional. Que el combate a las organizaciones del narcotráfico debe hacerse atacando donde más les duele, es decir, en la parte financiera. Que la estrategia debe redirigirse a perseguir, detener y juzgar a los responsables de la violencia en el país, así como a reducir el tráfico de armas hacia el país. Pero, sobre todo, que esto debe hacerse respetando el estado de derecho. Que de nada sirve combatir a la violencia criminal con la fuerza bruta del Estado y que se deben respetar los derechos humanos. De no hacerlo así, seguiremos inmersos en esta ola de violencia y, lo que es peor, en el proceso podríamos seguir debilitando a nuestro de por sí menguado estado de derecho.

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