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El Vaso Medio Vacío
Por Gerardo Esquivel
Economista. Profesor-Investigador de El Colegio de México. Síguelo en Twitter: @esquivelgerardo... Economista. Profesor-Investigador de El Colegio de México. Síguelo en Twitter: @esquivelgerardo (Leer más)
Perspectivas Económicas para 2011, el año de Jano
Por Gerardo Esquivel
10 de enero, 2011
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El 2011 será un año interesante en términos económicos para el país por al menos dos razones: por un lado, porque este año finalmente tendremos una mejor y más clara idea de cuál fue el verdadero impacto de la crisis en México y, por el otro, porque este año también tendremos una mejor idea de cuál será la nueva normalidad económica a la que nos estaremos enfrentando durante los años posteriores a la gran crisis económica reciente. En ese sentido, el 2011 será para México el año de Jano, el dios de la mitología romana que se caracterizaba por tener dos caras, una mirando hacia el pasado y otra mirando hacia el futuro, un año en el que sabremos qué impacto tuvo la crisis, pero también que es lo que podemos esperar hacia adelante.

Empecemos por el futuro y, más concretamente, por el tema de las expectativas de crecimiento de la economía mexicana. La expectativa más reciente de los analistas del sector privado es que la economía crezca 3.6% en 2011, mientras que la expectativa del gobierno hasta hace unos días era de 4.1%. Sin embargo, recientemente las autoridades económicas mexicanas anunciaron que este pronóstico será revisado a la alza y que podría llegar a ser hasta de 5% ya que, según ellos,la previsión original no incluía los potenciales efectos positivos del nuevo programa de estímulos fiscales en Estados Unidos.

Existen varios factores nacionales e internacionales que me hacen dudar que el crecimiento económico pueda ser tan favorable en el 2011 como lo anticipa el gobierno mexicano, o incluso como lo anticipa el consenso de los analistas privados. Por una parte, es un craso error usar el relativamente rápido crecimiento del 2010 (cercano al 5%) para extrapolar el posible crecimiento del año siguiente, sin detenerse a tratar de entender las razones de dicho resultado. Si el año pasado crecimos relativamente rápido, fue básicamente porque veníamos de una espectacular caída del PIB de 6.1% en el 2009 (la peor caída desde los 1930s, con excepción de la crisis de 1995), por lo que en el 2010 había una gran capacidad productiva ociosa que podía aprovecharse y reutilizarse relativamente fácil y con poco costo. Este año, y los que vienen, las cosas serán muy distintas. En ese sentido, uno de los factores que seguramente pesará más a la hora de limitar el crecimiento de la economía mexicana en el 2011, y en los años subsecuentes, será la falta de inversión que caracterizó a la recuperación económica del 2010. Y es que, de acuerdo al último dato disponible (con datos a Septiembre 2010), la inversión fija bruta en México aumentó únicamente en 1% en todo el periodo Enero-Septiembre 2010 con respecto al mismo periodo del año anterior. Esto quiere decir que hemos crecido únicamente utilizando la capacidad ya instalada y que no ha habido un aumento importante en nuestra capacidad de producir, por lo que es muy probable que ya en el 2011 empecemos a enfrentar limitaciones al crecimiento económico debido a este factor.

Además de este componente doméstico, también deben tomarse en cuenta algunos factores externos. Por un lado, las exportaciones, un importante elemento explicativo de la recuperación económica de 2010, posiblemente ya se han agotado como fuente de crecimiento para el próximo año. Lo anterior se debe a que la fuerte apreciación del peso que hemos visto en los meses recientes (recordemos que el tipo de cambio está en los niveles más bajos desde octubre de 2008), prácticamente ha eliminado la ganancia competitiva que habíamos obtenido gracias a la devaluación de la moneda mexicana a fines de 2008. Así pues, el mercado externo seguramente será mucho menos dinámico de lo que había sido hasta ahora. A eso habrá que agregarle el hecho de que la recuperación económica de Estados Unidos y Europa han sido más frágiles y lentas de lo que se anticipaba. En el caso de Estados Unidos, por ejemplo, la información de crecimiento del empleo en Diciembre de 2010 fue notablemente inferior a lo anticipado, lo que ciertamente limita las posibilidades de recuperación económica de ese país ya que su mercado interno sigue notablemente debilitado. Esta lenta recuperación económica de los países desarrollados es, por cierto, parte de la nueva normalidad post-crisis a la que deberemos irnos acostumbrando. Es decir, es previsible que el crecimiento de Estados Unidos (y otros países desarrollados) sea más modesto en los próximos años como resultado, entre otras cosas, de la pérdida de riqueza de los consumidores norteamericanos y de la imperiosa necesidad de la economía norteamericana de aumentar su tasa de ahorro.

Finalmente, otro factor que afectará las perspectivas de crecimiento para México en el corto plazo, será la dinámica alcista que se ha observado recientemente en los precios de los alimentos a nivel mundial. Esta tendencia contribuyó, entre otros factores, a que la inflación en México fuera relativamente alta en 2010 (4.4%) y a que el Banco de México incumpliera nuevamente, como ha ocurrido en 4 de los últimos 8 años, su meta de inflación objetivo (3% con un punto porcentual de margen de error, es decir, con un rango de inflación objetivo de entre 2 y 4%). Esta tendencia mundial en el precio de los alimentos tendrá dos implicaciones importantes para México, por una parte, afectará la capacidad de compra de los consumidores mexicanos (en particular, de los de menores ingresos, los cuales dedican un mayor porcentaje de sus ingresos a la compra de estos productos) debilitando aún más al de por sí débil mercado doméstico y, por la otra, pondrá un freno a la tentación que podría tener el Banco de México (y a la que ya ha hecho mención el Secretario de Hacienda en declaraciones recientes) de tratar de reducir las tasas de interés en un intento desesperado por detener la fuerte apreciación de la moneda mexicana, que está afectando severamente la competitividad de los productos mexicanos en el mercado mundial.

En síntesis, la poca inversión doméstica, una moneda notablemente apreciada, un contexto internacional difícil, un mercado interno aun débil y un banco central atado de manos se conjugan para anticipar, en mi opinión, un crecimiento económico menor a lo que muchos esperan no sólo para este año sino, lamentablemente, también para el mediano plazo.

Sin embargo, el dato económico más importante del 2011 no será el del crecimiento económico de ese año sino el de la magnitud, extensión y profundidad de la pobreza, cuyo dato para 2010 será dado a conocer por el Consejo Nacional para la Evaluación de la Política Social (CONEVAL) el próximo 29 de julio. Ese dato será muy relevante ya que nos permitirá tener una idea más precisa del fuerte impacto negativo de la crisis de 2008-09 en los niveles de bienestar en México. Podemos anticipar, desde ya, que el dato de pobreza por ingresos será sumamente discutido y que generará un gran debate nacional sobre el tema. Lo anterior se debe a que, on los datos conocidos hasta ahora, es previsible suponer un nuevo aumento en la tasa de pobreza que muy probablemente nos regresará a niveles muy cercanos a los del año 2000, lo que implicaría, en efecto, una década pérdida en la lucha contra la pobreza (periodo que, por lo demás, coincide exactamente con los periodos de gobiernos del PAN). También es previsible suponer que la tasa de pobreza patrimonial superará nuevamente el umbral del 50% del total, con lo que una vez más la mayoría de la población en México será considerada como pobre, a pesar de la existencia de una ola creciente de artículos y afirmaciones que señalan lo contrario.

En este sentido, los datos de pobreza del 2010 que se conocerán en la segunda mitad del 2011 podrían tener un efecto devastador no sólo sobre la política social que se ha seguido en México en los últimos lustros, la cual será indudablemente cuestionada, sino también sobre la credibilidad de un gobierno que se ha empeñado en presentar un panorama muy optimista de la situación económica y que repite de manera insistente que la crisis del 2009 ya ha sido superada y que no se ha detenido a pensar en las implicaciones que una crisis de la magnitud de la que sufrimos en el 2009 tuvo sobre los niveles de bienestar de los mexicanos.

Ojalá que, al igual que Jano, en algún momento nuestras autoridades económicas pudieran ser capaces de aprender a mirar simultáneamente hacia el pasado (para entenderlo y para aprender de él) y hacia el futuro (para planear mejor y para no repetir errores). Les confieso, sin embargo, que no soy muy optimista al respecto.

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