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El Vaso Medio Vacío
Por Gerardo Esquivel
Economista. Profesor-Investigador de El Colegio de México. Síguelo en Twitter: @esquivelgerardo... Economista. Profesor-Investigador de El Colegio de México. Síguelo en Twitter: @esquivelgerardo (Leer más)
Ya, en serio, ¿por qué se ha reducido la migración a Estados Unidos?
Por Gerardo Esquivel
15 de julio, 2011
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Damien Cave, reportero de The New York Times, publicó el 7 de julio un artículo sobre la migración de mexicanos hacia Estados Unidos que ha llamado enormemente la atención en nuestro país (aquí pueden ver la versión en español). El artículo se basó en la descripción de una tendencia clara, la notable disminución reciente en el número de migrantes mexicanos (sobre todo de los ilegales), y en una interpretación controversial de las causas de dicho fenómeno: la aparente mejoría en las condiciones de vida en México que han hecho menos atractiva la opción de emigrar de manera ilegal al vecino país del norte.

Como era de esperarse, el artículo fue la delicia no sólo de las autoridades mexicanas (que gustosamente reenviaban y recomendaban el artículo en Twitter), sino también de muchos de los analistas que suelen ver el vaso medio lleno. Lo que revelaba este artículo era, según algunos de ellos, la confirmación inequívoca de que México es ya un país de clase media y que, como tal, ya no requiere que sus ciudadanos viajen a otro país para encontrar condiciones de vida dignas, puesto que aquí las cosas han mejorado a tal punto que eso ya no es necesario. Algunos inclusive fueron más allá y afirmaron que, tal y como ellos lo pronosticaron hace tiempo, en un futuro no muy lejano Estados Unidos incluso nos va a suplicar que les enviemos más gente, porque nadie querrá irse a trabajar allá de manera voluntaria.

Nadie niega que en los últimos años haya habido avances en las condiciones de vida de la población en México. Es cierto que ahora más hogares cuentan con piso firme, refrigerador, lavadora o con mayor acceso a electricidad y agua potable. También es cierto que las oportunidades de educación han aumentado a lo largo del territorio nacional. Sin embargo, creer que eso es lo que ha detenido la migración ilegal de mexicanos hacia los Estados Unidos es absurdo, es no entender cuáles son los determinantes fundamentales de la migración internacional y es no entender cómo funcionan los mercados laborales. Es el reflejo, en última instancia, de no entender lo más básico de un análisis simple de oferta y demanda de trabajo. Para entender mejor el fenómeno migratorio, veamos primero las cifras y luego pasemos a las interpretaciones.

El hecho, ese sí incuestionable, es que la migración de mexicanos a los Estados Unidos se ha reducido notablemente, y que quizás se ha detenido por completo (al menos temporalmente). Esto, sin embargo, no es un fenómeno del todo nuevo. De acuerdo al número más reciente del excelente boletín  Situación Migración Mexico que publica Bancomer, esta situación se ha venido presentando al menos desde 2008, año a partir del cual el número de migrantes mexicanos en Estados Unidos se ha estabilizado en alrededor de 11.9 millones, lo que  es prácticamente el doble de los que había en ese país en 1994.

 

Así, la pregunta clave es ¿por qué se detuvo súbitamente la migración de mexicanos hacia Estados Unidos a partir de 2008? ¿Fue porque a partir de entonces mejoraron las condiciones de vida de los mexicanos como parecen suponerlo varios analistas? ¿O fue porque a partir de entonces cambiaron drásticamente las condiciones del mercado laboral norteamericano? La respuesta más o menos obvia para cualquier observador de la situación económica de México y del mundo debería ser la segunda opción. Sorpresivamente, pocos de los analistas que han celebrado el artículo del NYT han siquiera mencionado a la crisis económica norteamericana como un posible factor explicativo de la caída en la migración mexicana. Y es sorprendente porque la extensión y profundidad de la crisis norteamericana se ha traducido, en particular, en una caída importante en la demanda por trabajadores poco calificados y, por ende, en una caída en la demanda por el tipo de trabajo que caracteriza a buena parte de los migrantes mexicanos ilegales.

Para tratar de dilucidar si lo que ha ocurrido es una caída en la demanda por los trabajadores migrantes mexicanos (que es lo que supone la hipótesis del párrafo anterior) o una reducción en la oferta de los trabajadores mexicanos (cómo suponen los analistas del vaso medio lleno), veamos la evolución de la tasa de desempleo de los trabajadores de origen hispano (la mayor parte de los cuales, son de origen mexicano) en Estados Unidos. Si el problema fuese una caída en la oferta, uno esperaría ver una menor tasa de desempleo y/o un mayor salario. Si el problema es del lado de la demanda, uno esperaría un aumento en la tasa de desempleo y/o un menor salario. La siguiente gráfica muestra la tasa de desempleo para la población de origen hispano de 1980 a 2011:

La gráfica ilustra de forma clara que ha ocurrido un cambio importante en el mercado laboral norteamericano de 2007 a la fecha: la tasa de desempleo para el segmento de población relevante se disparó desde mediados de ese año y se ha más que duplicado desde entonces, ya que pasó de menos del 5% en 2007 a casi el 12% en 2011. Más aún, el desempleo de los trabajadores de origen hispano es el más alto desde 1992 y se ha mantenido en niveles muy elevados durante ya cerca de dos años.

La situación es incluso peor cuando nos enfocamos en el segmento más específico de los trabajadores jóvenes, es decir, aquellos que tienen de 16 a 19 años de edad. Este segmento es relevante porque es uno de los más dinámicos dentro de los migrantes mexicanos primerizos.

Como se puede ver en la gráfica anterior, la tasa de desempleo para este grupo de la población también ha crecido de manera acelerada a partir de 2007 y se ubica actualmente en cerca de 30% (la línea roja es la tasa de desempleo observada sin ajustar por estacionalidad y la línea negra es el promedio móvil de 6 meses). Lo anterior quiere decir que 3 de cada 10 jóvenes de origen hispano en Estados Unidos están desempleados, por lo que las oportunidades para que un joven migrante mexicano recién llegado a ese país pueda colocarse en el mercado laboral son sumamente bajas. Esto, sin embargo, es el resultado de una menor demanda generalizada en la economía estadounidense y no tiene nada que ver con una mejoría en las condiciones de vida de los mexicanos.

A lo anterior habría que agregar un par de fenómenos adicionales que sin duda han influido en desalentar a potenciales migrantes mexicanos: por un lado, la mayor violencia en la zona norte del país que hace aún más riesgoso el poder llegar siquiera a la frontera con Estados Unidos y, por el otro, un aumento importante en los costos económicos para poder cruzar la zona fronteriza. Este último factor captura en parte el incremento en la vigilancia en la zona fronteriza por parte de las autoridades norteamericanas, aunque en algunas otras partes es simplemente el resultado de una mayor participación y control territorial por parte del crimen organizado. Estos factores han dado lugar a un incremento importante en el costo del cruce fronterizo para los migrantes que en la actualidad ya llega a $3,000 dólares de acuerdo a las cifras proporcionadas en el mismo artículo del NYT, por lo que para muchos potenciales migrantes mexicanos es casi imposible intentar siquiera cruzar de manera ilegal hacia los Estados Unidos.

En ese sentido, si cada vez es más riesgoso llegar a la zona fronteriza, si cada vez es más costoso y complicado cruzar la frontera norteamericana, y si la probabilidad de encontrar un empleo en Estados Unidos es relativamente baja, es natural que la migración mexicana a Estados Unidos se haya reducido a partir de 2007 o 2008 y no en otro momento. Además, la tendencia en la tasa de desempleo de la población de origen hispano en Estados Unidos apoya la hipótesis de que se trata de una caída en la demanda por este tipo de trabajadores y no de una caída en la oferta de éstos. Por lo tanto, los factores detrás de la caída en la migración mexicana se encuentran predominantemente en Estados Unidos y no necesariamente en una real o supuesta mejoría en el nivel de vida en México.

Por lo anterior, también es incorrecto empezar a especular sobre una posible mejoría en las condiciones laborales de los mexicanos en Estados Unidos o de una convergencia salarial entre ambos países, ya no digamos el suponer que pudiera ser cierto que pronto Estados Unidos nos va a empezar a suplicar que les enviemos más trabajadores mexicanos porque nadie quiere ir allá de manera voluntaria. Por supuesto que sería deseable que la reducción en la migración fuera el resultado del éxito económico de México, pero no es esta la situación, como lo revelan las recientes cifras sobre la evolución de la pobreza laboral en el país. Por ello, en este caso como en muchos otros, se aplica la máxima de Gómez Morín: “que no haya ilusos, para que después no haya desilusionados.”

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