Uso de cubrebocas evoluciona, mientras en México se cuestiona su eficacia
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Uso de cubrebocas evoluciona en el mundo, mientras en México aún se cuestiona su eficacia

En México las autoridades de Salud federal han cuestionado la efectividad de los cubrebocas, mientras estudios en el mundo e instituciones como los CDC destacan su utilidad para enfrentar la pandemia.
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Por Arturo Daen y Samedi Aguirre
3 de febrero, 2021
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Las recomendaciones sobre el cubrebocas no han dejado de cambiar en otros países en un intento por mejorar la protección contra el virus que provoca la COVID-19: con medidas como usar tecnologías KN-95 de forma obligatoria ante las nuevas variantes del coronavirus, o recurrir a una mascarilla doble o materiales más eficaces. Pero en México las autoridades de Salud, al menos a nivel federal, no han actualizado los lineamientos sobre su uso, e incluso aún se cuestiona su efectividad.

Desde el mes pasado el director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIH, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos, Anthony Fauci, dijo que por “sentido común” usar doble mascarilla ofrece más protección, tanto para evitar que personas con el virus lo transmitan, como para que personas sanas no se contagien.

“Esa es la razón por la que ves a la gente haciendo un doble enmascaramiento o haciendo una versión de un N95”, mencionó a NBC News. 

En Europa, en tanto, se abrió la discusión sobre el uso de las mascarillas KN-95 o FFP2, luego de que Austria las hiciera obligatorias —en lugar de las de tela o algodón, que son las que comúnmente han usado las personas—, asegurando que tienen mayor efectividad ante el temor de nuevas variantes del coronavirus, que pueden ser más contagiosas e incluso más letales.

Tras conocerse lo que implementó ese país, también hubo cuestionamientos en la propia Austria y otras naciones, como Alemania, respecto al costo de ese tipo de mascarillas, el hecho de que su reutilización es limitada, qué tan bien podía utilizarlas un ciudadano común, y en cuanto a si su uso debería enfocarse en el personal médico de primera línea, que combate la COVID.

Sin embargo, no se puso en duda que el uso de cubrebocas es parte de las medidas que deben aplicarse para tratar de frenar los contagios, como lo han señalado diversos estudios científicos, entre ellos el del Centro Mario Molina, y otros más enumerados por los CDC estadounidenses y la propia OMS, en su guía más reciente, algunos ya revisados por pares y otros aún en proceso.

En la página oficial de Salud de México y la sección específica de Coronavirus, en tanto, no aparece destacada una guía sobre los cubrebocas. Hay que entrar a la pestaña de medidas de prevención y ahí es donde aparece el personaje de Susana Distancia, solo recomendando usar cubrebocas desechables tricapa, en el caso de personas con síntomas, y de tela, cuando se trata de asintomáticos que no pueden guardar sana distancia. 

No se habla de su uso generalizado para toda la población como medida para evitar contagios. Y ese ha sido el discurso oficial también de autoridades de Salud. 

El subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, dijo este martes que “el famoso cubrebocas sigue siendo un instrumento mayormente útil para no expulsar partículas líquidas que conllevan al virus”, pero que su utilidad seguía siendo muy limitada “para protegernos a quienes lo usamos”. 

Es decir, para proteger a personas sanas de un contagio, por gotículas que emita alguien más. 

Cuestionada por Animal Político, Salud federal dijo que López-Gatell basa esa afirmación en un estudio que presentó la Organización Mundial de la Salud y otro en el que participó el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), aunque no enviaron los documentos o un enlace para descargarlos. 

En Facebook hay una publicación del INSP, del 30 de abril, en la que se asegura que los cubrebocas no son “para proteger a quien lo usa”, sino a la gente que está alrededor, y en su gráfico se citan al Centro de Información para Decisiones en Salud Pública y tres textos científicos, también de abril. Ninguno de ellos, de Dalia Stern, Kar Keung Cheng y Trisha Greenhalgh, descartó entonces que los cubrebocas pudieran proteger a personas sanas. 

Coincidieron en señalar que hacían falta estudios en general, sobre la efectividad de cubrebocas de tela para reducir contagios, pero al menos los de Cheng y Greenhalgh apoyaban el uso de cubrebocas por sus potenciales beneficios, mencionando que “la búsqueda de evidencia perfecta” podía ir en detrimento de una buena política pública, y que “la ausencia de evidencia de efectividad en ensayos clínicos sobre uso masivo de mascarillas no debía equipararse con evidencia de ineficacia”.

En una revisión a la última guía sobre cubrebocas de la OMS, publicada en diciembre de 2020, el organismo internacional refirió que continuaba “evaluando la evidencia sobre la efectividad del uso de diferentes mascarillas y sus posibles daños, riesgos y desventajas”. 

En el apartado sobre uso comunitario, mencionó que los estudios que hay hasta ahora arrojan datos científicos “limitados e inconsistentes” sobre la efectividad de los cubrebocas para proteger a personas sanas a nivel comunitario, sin embargo, no descartó su uso y su ayuda en el intento para frenar la epidemia, dependiendo del material con que estén hechos y su tecnología.

Los CDC estadounidenses, en tanto, emitieron en noviembre pasado una nueva guía —citando al menos 45 estudios—, en la que aseguraron que los cubrebocas, además de evitar que alguien con SARS-Cov-2 lo propague al toser, hablar o estornudar, también protegen a una persona sana de un contagio.

“Los estudios demuestran que los materiales de las mascarillas de tela también pueden reducir la exposición de quienes las usan a gotitas infecciosas a través de la filtración, incluida la filtración de gotitas finas y partículas de menos de 10 micrones”, dijeron los CDC.

“La efectividad relativa de filtración de varias mascarillas ha variado ampliamente entre los estudios, en gran parte debido a la variación en el diseño experimental y los tamaños de partículas analizados. 

Varias capas de tela con mayor número de hilos han demostrado un rendimiento superior en comparación con las capas individuales de tela con menor número de hilos, en algunos casos filtrando casi el 50% de las partículas finas de menos de 1 micra”, agregó.

Usar cubrebocas es “una calle de dos vías”, declaró al respecto el doctor Anthony Fauci durante una entrevista para MSNBC en noviembre pasado. 

“Los datos recientes ahora han demostrado que, de hecho, también existe el beneficio adicional de protegerlo de las gotas y los virus que se le presentan”, dijo el inmunólogo. Sus máscaras te protegen. Y tu máscara también te protege”, agregó. 

También en Estados Unidos, un estudio realizado por una veintena de científicos y publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America, ya con revisión por pares, mencionó que los cubrebocas de tela podían dar una buena protección para personas sanas, para que no les transmitan el coronavirus, “pero los resultados variarán según el material y el diseño, la forma en que se utilicen y el entorno en el que se utilicen”. 

Otro estudio, de la científica Monica Gandhi, habló de que quienes portan mascarillas tendrían menos riesgos de casos graves, porque al usarlas sería menor la carga viral de un posible contagio. 

Víctor Manuel Rodríguez Molina, de la Facultad de Medicina de la UNAM, mencionó que el cubrebocas “es una barrera inicialmente de nosotros hacia los demás, pero también puede ayudar ligeramente para el caso contrario”, que es que esos aerosoles no lleguen a nuestras vías respiratorias, por tanto “es recomendable para todos, no nada más para el enfermo”. 

Así han cambiado las recomendaciones en el mundo… mientras en México

Al menos en los primeros cinco meses de la epidemia, organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) se mostraron cautelosos respecto a hacer una recomendación generalizada del uso de cubrebocas.

En marzo la OMS advertía sobre una escasez de equipo de protección, de elementos como las mascarillas o cubrebocas, en medio del temor por la epidemia y las compras de pánico, por lo que hizo el llamado de que solo fueran usados por personas que ya tenían la enfermedad y el personal médico.

Un mes después, en abril, los CDC estadounidenses recomendaron el uso de cubrebocas de tela, de forma voluntaria entre la población.

Luego la OMS en junio -aunque aún señalando que faltaban más estudios para  comprobar su eficacia-, hizo una actualización de su guía y sí recomendó el uso generalizado de mascarillas, aunque de tela, sobre todo en sitios donde hubiera “una transmisión generalizada y sea difícil el distanciamiento físico, como en el transporte público, en tiendas o en otros entornos confinados o abarrotados”.

Con el paso del tiempo y se obtuvo más evidencia científica, la OMS fue más enfática en su recomendación. El director de la Organización, Tedros Adhanom Ghebreyesus, comenzó a decir en agosto que los cubrebocas eran “herramientas clave” para detener el virus que provoca COVID. 

“Además de desinfectante de manos, llevo una mascarilla conmigo todo el tiempo y la uso cuando estoy en lugares donde hay muchas personas”, mencionó entonces.

Ahora mismo, cuando revisas la página de la OMS, dice que “las mascarillas son esenciales para eliminar la transmisión y salvar vidas”.

Sobre por qué no se recomendó usar mascarillas desde el inicio de la epidemia, la Clínica Mayo explicó en diciembre del año pasado que, al menos en los primeros cinco meses de la emergencia sanitaria en el mundo, todavía no se sabía qué tan contagiosa era la gente infectada con COVID-19 antes de tener síntomas, ni que algunas personas que tienen la COVID-19 son asintomáticas. 

“Estos descubrimientos llevaron a organizaciones de salud pública a cambiar radicalmente de opinión en cuanto al uso de las mascarillas. La Organización Mundial de la Salud y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos (CDC) ahora incluyen usar mascarillas en sus recomendaciones para hacer más lenta la transmisión del virus”, señaló.

En un punto en el que ha insistido la OMS, desde junio, es que si bien las mascarillas o cubrebocas ayudan a enfrentar la epidemia, su uso por sí solo no basta, ya que debe mantenerse el distanciamiento físico y medidas como el lavado de manos, para evitar contagios.

En el caso de México, desde los primeros casos de COVID en marzo de 2020 y a lo largo del año de epidemia el tema de los cubrebocas ha generado debate por situaciones como que el presidente Andrés Manuel López Obrador no lo ha utilizado de forma continua, solo en momentos como el de abordar un avión, cuando se lo exigen. 

El subsecretario de Salud Hugo López-Gatell —vocero de la estrategia federal contra el coronavirus—, ha mencionado en reiteradas ocasiones que los cubrebocas podían dar una sensación de “falsa seguridad” a la población, al darles la idea de que con uso podían descuidar otras medidas de prevención. 

El 25 de mayo, en los días en que México tuvo su primer ‘pico’ de casos COVID, se observó por primera vez en la epidemia al subsecretario usando un cubrebocas. Entonces negó ser enemigo de las mascarillas, aunque dijo que en los tres meses previos de emergencia sanitaria no lo había recomendado porque la prioridad era decirle a la gente que se quedara en su casa, y hablar entonces de cubrebocas o “elementos auxiliares de dudosa efectividad” hubiera creado confusión. 

Meses después, en diciembre pasado, cuando el país se encaminaba a la segunda ola de casos superando los registros de mayo y junio, López-Gatell insistió en señalar la “falsa seguridad” que podían ofrecer los cubrebocas. Esa “falsa seguridad” es uno de los riesgos que señaló la OMS en su actualización de diciembre, sobre el  uso de cubrebocas en personas sanas a nivel comunitario; aunque la Organización también menciona la contraparte, los posibles beneficios, como darle a la gente la sensación de que contribuye a detener el virus, e impulsar con su uso el comportamiento preventivo, medidas de higiene, no tocarse la cara, la nariz y la boca. Además, claro, de reducir la transmisión de gotículas, que pueden contener el virus.

El martes pasado, el subsecretario también repitió que no hay evidencia de que los cubrebocas protejan a los portadores de los mismos. Esto, mientras organismos como los CDC, a los que en mayo de 2020 se refirió como “los muy prestigiados centros de control de enfermedades de Estados Unidos”, sí hablan de que puede existir dicha protección.

Cubrebocas doble, ¿funciona?

En la búsqueda de adoptar medidas que ayuden a prevenir los contagios, se comenzó a recomendar el uso de doble cubrebocas. Esta práctica fue visible durante la ceremonia de toma posesión de Joe Biden, en Estados Unidos, por ejemplo. Y hay científicos que respaldan esta práctica, al menos desde enero de este año. 

En este comentario médico, las científicas Mónica Gandhi y  Linsey  Marr recomiendan usar mascarillas quirúrgicas o una mascarilla de tela de al menos dos capas, con un alto número de hilos para protección básica. 

Pero para una “máxima protección”, ellas dicen que el público en general puede usar una mascarilla de tela encima de una mascarilla quirúrgica. De esta forma, “la mascarilla quirúrgica actúa como filtro y la máscara de tela proporciona una capa adicional de filtración mientras mejora el ajuste”. 

Linsey Marr, experta en transmisión de virus del Instituto Politécnico y Universidad Estatal de Virginia, y co-autora del texto, explicó a The New York Times que “si combinas varias capas, comienzas a tener una eficiencia bastante alta”. 

Por el momento, los Centros para el Control de Enfermedades de Estados Unidos no se han pronunciado al respecto. 

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