Desalar el agua del mar: propuesta ante la sequía, aunque con impacto ambiental
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Desalar el agua del mar: propuesta ante la sequía que considera NL, aunque con impacto ambiental

La sal no se destruye, solo se transforma en salmuera. Si no se maneja adecuadamente se convierte en un riesgo para la vida oceánica y los ecosistemas marinos
14 de agosto, 2022
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Quitarle la sal al agua del mar para que sea potable. Parece una solución a la problemática de la escasez que México y otros países atraviesan. Y aunque es posible convertir agua salada en agua apta para el consumo humano, paradójicamente esto implica acciones que —si no se planean y ejecutan adecuadamente— podrían afectar al ambiente y aumentar el problema. 

Por ejemplo, 16,000 plantas desalinizadoras del mundo descargan 142 millones de metros cúbicos de salmuera al día. Es decir, agua hipersalada. Suficiente en un año para cubrir Florida bajo 30 centímetros de salmuera, según una investigación respaldada por la ONU.  

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Esa es sólo una de las razones por las que el doctor Héctor Miguel Aviña Jiménez, investigador del Instituto de Ingeniería de la UNAM, señala que la desalinización del agua sí es una alternativa para saciar la demanda en lugares donde el acceso es limitado, pero detalla que lo importante es eficientar los recursos, y tomar decisiones técnicas y no políticas.

Lo que implica planear y disponer de la salmuera resultante tratando de afectar al ambiente lo menos posible. 

A decir del doctor Alberto Burquez, investigador del Instituto de Ecología de la UNAM, instalar plantas desaladoras se ha vuelto la solución tecnocrática habitual, como las que ya existen en Baja California Sur o las que se planean construir en Sonora. 

Tan sólo en 2007, el Instituto Mexicano de Tecnología del Agua (IMTA) ya contabilizaba 435 plantas desaladoras en México. 

“En nuestra sociedad se entiende mucho a tener soluciones directamente asociadas con la tecnología de tal manera que no atendemos la problemática ni social, ni económica, sino que buscamos una solución tecnológica que nos pueda resolver rápidamente el problema”. 

Precisamente, hay autoridades como el gobernador de Nuevo León que siguen apostando a este tipo de tecnologías.

“Para mí la que será la del futuro: la fuente inagotable de la desalinización del agua. Y aquí a cientos de kilómetros poder traer de la laguna madre de Matamoros agua potable a la ciudad de Monterrey”, dijo Samuel García en un mensaje que publicó en sus redes sociales. 

¿De qué se trata el proyecto de Nuevo León? 

Dentro del nuevo Plan Maestro que el gobierno de Nuevo León presentó recientemente para garantizar el agua hasta el 2050, está la construcción de una desaladora. Pero ésta se encuentra entre los proyectos a largo plazo, a iniciarse en el 2027. 

Se detalla que se trata de una “propuesta binacional que implicaría la construcción de una planta desaladora en Texas, que después se podría trasvasar hasta Nuevo León”. 

Actualmente, y ante la crisis de agua, el gobierno de Texas ya ha donado pipas con agua desalinizada a Nuevo León, según dijo Samuel García. 

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Aunque todavía no está en el portal del plan maestro, el gobernador de Nuevo Léon ya había señalado que también está explorando la posibilidad de construir una desaladora en la Laguna Madre de Matamoros, Tamaulipas. 

Hasta ahora no hay un proyecto ejecutivo, presupuesto, ni planes de la obra, según dijo el Secretario de Medio Ambiente de Nuevo León, Alfonso Martínez Muñoz, a medios locales. Pero el funcionario dijo que planea presentar todos los detalles en breve.

Considerando lo anterior, el investigador del instituto de Ecología de la UNAM detalla que ya ha habido intentos de instalar desaladoras en México y han sido muy exitosas en muchos lugares; esto si no se toma en cuenta el costo de las contingencias asociadas, y los impactos ambientales y sociales. 

En este caso destaca que, además del proceso de desalación y toda la inversión que significa, debe considerarse el costo ambiental del traslado del agua desde Matamoros, hasta Monterrey, posiblemente por medio de pipas. Lo que implica consumo de gasolina y emisiones de CO2. 

En este sentido, el ingeniero Aviña menciona que lamentablemente para Nuevo León no está en la costa, y tendrían que trasladar el agua por varios kilómetros, lo que puede encarecer el proceso y generar afectaciones. 

Aviña opina que si se llega a realizar dicho proyecto, esto implicaría solventar cuestiones políticas y ambientales. Aunque no descarta que instalar una desaladora en Tamaulipas para llevar agua Monterrey sea una buena alternativa, siempre y cuando se planee y ejecute adecuadamente. 

¿Cómo funciona una desaladora? 

La superficie del planeta está cubierto 70% por agua. Por eso, hablar de escasez puede sonar sorprendente; pero la verdad es que el 97% del agua disponible en el mundo es  salada. Y sólo el 30% del agua dulce que existe está disponible para el consumo humano, el resto sigue congelada, según cifras de Agua.org.  

Sin embargo, beber agua salada —del mar o de otras fuentes con intrusión salina— no es una opción. Pues el alto contenido de sales y minerales puede traernos afectaciones a la salud que van desde deshidratación, hasta hipernatremia, que consiste en una concentración alta de sodio en la sangre, según detalló el médico Leonel Martínez a Ojo Público

Así que el objetivo de las desaladoras justamente es reducir la cantidad de sales y minerales dañinos para el organismo, y convertirla en agua potable.

Aviña Jiménez explica que existen muchas maneras de desalación, pero la más utilizada a nivel mundial es un proceso de filtración por medio de lo que se llama ósmosis inversa.

“Requiere un filtro al que se le llama membrana y energía eléctrica para mover el agua a cierta presión, para que ésta pueda dividirse, por así decirlo, entre agua dulce y agua que va a contener las sales”.

Otra de las formas de quitarle la sal al agua es mediante procesos térmicos, tal y como funciona el ciclo del agua. 

Aviña Jiménez explica que esto consiste en calentar el agua salada hasta que comienza a evaporarse. Ese vapor de agua no contiene sales, así que se condensa y luego se convierte en agua apta para el consumo humano. 

Podríamos decir que es como formar nubes de lluvia de manera artificial. 

El doctor Burquez señala que los países del medio oriente son un ejemplo de este tipo de proyectos. Donde hay una alta disponibilidad de petróleo, pero baja disponibilidad de agua

“Pones un oleoducto que va a la planta desaladora que brinda energía para elevar las presiones. Entonces por un lado entra energía en forma de gases y por otro lado sale agua potable.” 

El problema, dice el investigador, es que esto conlleva un costo económico que implica el gastar energía para elevar presión; y por otro lado el costo ambiental que es disponer de estas salmueras.

De acuerdo con la investigación respaldada por la ONU, “las plantas de Medio Oriente, que operan en gran medida con agua de mar y tecnologías de desalinización térmica, normalmente producen cuatro veces más salmuera por metro cúbico de agua limpia que las plantas donde dominan los procesos de membrana”.

La sal no se destruye, solo se transforma en salmuera

De acuerdo con Aviña, el quitarle la sal a una parte del agua hace que estos minerales se concentren en la otra parte del agua, y una de las cosas que se puede hacer con esa salmuera es  llevarla al lugar donde cosechan sal. 

Ahí pueden poner a evaporar toda esa agua al sol, y las costras que quedan es la sal que se procesa para consumo humano. 

Según Aviña, lo que hacen las plantas que están cerca del mar es regresarla al mar, pero intentando diluirla lo más rápido posible para tratar de mitigar el impacto que pueda tener en los ecosistemas.

Sin embargo, la investigación respaldada por la ONU describe que casi el 80% de la salmuera se produce a menos de 10 km de la costa, y suelen descargar salmuera residual sin tratar directamente al medio marino.

Esto se convierte en un riesgo para la vida oceánica y los ecosistemas marinos. Pues a decir de Edward Jones, uno de los investigadores del estudio, los desbordamientos de salmuera agotan el oxígeno.

“La alta salinidad y los niveles reducidos de oxígeno disuelto pueden tener un impacto profundo en los organismos bénticos, lo que puede traducirse en efectos ecológicos observables a lo largo de la cadena alimentaria”, señala.

Una tercera forma de disponer de esa salmuera es meterla  en pozos de reinyección playeros. “La arena sirve como un filtrado para que cuando llegue al mar ya llegue con menos salinidad”, explica el ingeniero.

Entonces, ¿es una solución? 

Para el doctor Burquez, “la problemática más grave asociada es que se busca una solución tecnológica cuando hay acciones mucho más sencillas que tienen que ver con la planeación a largo plazo, con la gestión gubernamental, con la gobernanza, la igualdad, la utilización correcta de los recursos y el mantenimiento de los sistemas de potabilización y distribución del agua”.

El académico explica que, por ejemplo, en el sistema de distribución de agua potable en México, “es una red que está fracturada y que está perdiendo una barbaridad de agua”. Y señala que Nuevo León no se escapa de esto. 

La Comisión Nacional del Agua calcula que en México se pierde el 51% del agua, debido a fugas en los sistemas de captación y distribución.

“Creo que no representa una solución inmediata a esta problemática de sequía, la cual se está enfrentando en este momento todo el norte de México y el sudoeste de los Estados Unidos”, dice Burquez, quien señala que “las soluciones tecnológicas sí alivian el problema en ese momento a un costo enorme en muchos sentidos, pero no es algo que vaya a resolver el problema”. 

“Las soluciones a largo plazo tienen qué ver con la gestión social, tienen que ver con la planeación, con el cuidado ambiental y el uso eficiente y cuidadoso de los recursos”, destaca.

Aviña coincide, pues dice que “es una alternativa, no quiere decir que sea la mejor alternativa, pero es una de las tantas que se puede tener para poder tener agua en regiones donde no se tiene”, como es el caso del norte de México.

Aunque Aviña destacó que esto aplica siempre y cuando se intente eficientar todos los recursos necesarios para la desalación, y se planee la mejor manera de disponer de la salmuera tratando de tener el menor impacto ambiental. 

¿Qué hacemos?

De acuerdo con Burquez, “la forma más sencilla y barata de resolver el problema del agua es haciendo más eficiente la agricultura”. 

El investigador del Instituto de Ecología explica que “un ahorro del 10% en las aguas de irrigación representa duplicar el abasto de agua para la población.” 

Aviña destaca que mientras no se tenga una cultura de uso eficiente del agua, o de la energía eléctrica, todo se va a seguir complicando. 

“Yo creo que lo primero que se tiene que hacer es hacer un uso eficiente del agua, y ver las alternativas que se pueden dar”. 

Por ejemplo, reciclando el agua mediante plantas de tratamiento, recolectando el agua pluvial y evitar que se mezcle con las aguas sanitarias.

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