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Caravanas migrantes: ¿qué desató el aumento migratorio hacia México?
La emisión en enero pasado de tarjetas humanitarias, que permiten el libre tránsito por México, fue uno de los factores que generó un aumento en los flujos migratorios.
Cuartoscuro
25 de abril, 2019
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México está inmerso en el aumento del fenómeno migratorio. La titular de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, dijo que, en tan solo tres meses, hasta 300 mil migrantes entraron en seis caravanas a México para llegar a la frontera con Estados Unidos.

“No hubo una ‘caravana madre’, pero sí seis caravanas ‘madrecitas’”, mencionó Sánchez Cordero, para explicar que México enfrenta hoy los efectos de una tormenta perfecta provocada por un aumento “inédito” en el flujo de centroamericanos, africanos, y cubanos.

Esto, aunado a la falta de presupuesto y de personal en dependencias clave del nuevo gobierno, ha desencadenado el colapso del sistema de regularización migratoria y de asilo, y también el de detención, puesto que las estaciones migratorias del sur están desbordadas.

Ahora bien, de lo ocurrido en el verano de 2014 con un aumento significativo de los niños migrantes viajando solos hacia Estados Unidos-, ¿qué ha motivado este nuevo aumento “inédito” en el flujo migratorio? ¿Y por qué las caravanas se han multiplicado desde que en octubre de 2018 entrara la primera a México?

Las tarjetas humanitarias y el ‘efecto llamada’

Brenda Ochoa, directora del Centro de Derechos Humanos Fray Matías de Córdova, en Tapachula, que tiene contacto diario con migrantes que cruzan a México por la frontera sur, explica que hay varios factores que pueden explicar este aumento en los flujos.

Uno de ellos, tiene que ver con un “efecto llamada” que se fue generando lentamente desde, incluso, la pasada campaña presidencial, y que cobró más fuerza a partir del 1 de diciembre y la llegada del nuevo gobierno de López Obrador, quien públicamente ha dicho en varias ocasiones que habrá trabajo para los migrantes que lo deseen en la construcción del Tren Maya, uno de sus proyectos estrella para el desarrollo de la frontera sur mexicana.

“El nuevo gobierno llegó con una propuesta muy distinta en migración, con un enfoque basado en derechos humanos y no en un férreo control migratorio y policiaco, como sucedió en la administración de Peña Nieto. Y eso, obvio, generó la idea de un gran cambio, y también una gran expectativa no solo en la sociedad civil, sino en muchos migrantes que tienen la necesidad de salir de sus países”, expuso la activista.

Otro factor clave, añadió, fue la emisión de miles de tarjetas de visitante por razones humanitarias.

En enero pasado, las imágenes de agentes de migración otorgando estas tarjetas a los migrantes que ingresaron al país por el puente internacional entre México y Guatemala, y no clandestinamente arriba de rudimentarias balsas para cruzar el río Suchiate, fueron expuestas como el paradigma de la nueva política migratoria del gobierno de López Obrador.

Además, estas tarjetas, que tienen vigencia de un año, permiten al migrante transitar libremente por todo el país, e incluso le dan acceso a trabajo y a seguridad social.

Prácticamente, fue un sueño hecho realidad. Aunque solo duró un par de semanas, pues el 28 de enero el INM anunció que puso fin al programa, aunque el pasado martes, el comisionado de migración, Tonatiuh Guillén, dijo que se está reajustando.

“El otorgamiento extraordinario de las tarjetas por razones humanitarias provocó que muchas personas vieran una posibilidad real de escape de sus países, y de hacerlo, además, de manera segura, porque iban a poder transitar libremente por México”, apuntó Brenda Ochoa.

“Y esto, ayudó mucho a que se creara en el ideario del migrante la percepción de que iba a ser mucho más fácil acceder a México sin problema. Lo cual, como se vio en el operativo masivo del lunes pasado en Pijijiapan -cuando migración detuvo a casi 400 migrantes-, es una idea equivocada”.

Carlos Heredia, experto en temas de migración y académico del CIDE, coincidió en señalar que la entrega de esas tarjetas humanitarias generó “una gran expectativa” no solo en Centroamérica, sino también en los migrantes que buscan salir de Cuba, y de otros países como Haití, en el caribe, o Camerún, el Congo, Somalia, en África, o la India, en Asia.

“Estos migrantes de otros países también están escuchando que en México están dando tarjetas humanitarias, y que hay posibilidad de atravesar el país sin el riesgo habitual de las agresiones y violaciones a derechos humanos para llegar a la frontera de Estados Unidos. Y por eso se ha convertido en un fenómeno migratorio que va más allá de la región de Centroamérica”, puntualizó el académico.

Heredia dijo que, a pesar de haber sido cancelada, o aplazada, la emisión de tarjetas humanitarias, esa gran “expectativa” generada puede continuar incluso con el anuncio el pasado lunes de Segob de la emisión de otra tarjeta, la de visitante regional, a pesar de que es mucho más restrictiva que la humanitaria, ya que solo es válida por siete días, restringe el tránsito a los estados del sur de México, y no permite al migrante trabajar.

“Ahora puede estar la expectativa de que, al menos, van a acceder libremente a México y a transitar por la frontera sur”, agregó.

Los huecos en la política de asilo de EU

Otro factor importante que explicaría ese ‘efecto llamada’ se está dando desde Estados Unidos, planteó Carlos Heredia, y en la información que fluye hacia México y Centroamérica sobre el sistema de refugio estadounidense.

“Los migrantes, ya sea por la información que reciben de sus parientes o de otros migrantes, o bien por la información que llega a sus países, identifican que hay algunas lagunas, o huecos, en la política de asilo estadounidense”.

Por ejemplo, a las personas en Centroamérica se les dice que si viajan acompañados por menores de edad, en caso de ser detenidos por la Patrulla Fronteriza, solo podrían estar retenidos 48 horas porque un juez prohibió al presidente Donald Trump tener a los menores en jaulas. Y en parte, es cierto. Aunque ello no implica el acceso legal al país, sino que pasan a formar parte de una larga lista de espera para que el poder judicial estadounidense decida sobre cada caso que, en la mayoría de las veces, acaba con una deportación.

Sin embargo, estos huecos en la política de asilo, son utilizados por los traficantes de personas en Centroamérica y México para propagar mentiras, como que si migras con un menor de edad, las autoridades estadounidenses permiten automáticamente el acceso legal al país. Rumores que, como documentó Animal Político en la investigaciónMenores migrantes: México cierra las puertas a una generación que huye de la violencia’, ya desataron en un fenómeno migratorio en 2014, cuando miles de padres de familia en Centroamérica enviaron en masa a sus hijos a Estados Unidos.

Migrar en caravana

Por otra parte, otro cambio en el fenómeno migratorio actual tiene que ver con la forma de cómo están empezando a migrar cada vez más personas.

Carlos Heredia expuso que la migración está orientándose a una “migración colectiva”, como una respuesta a las agresiones del crimen organizado, la delincuencia común, y las autoridades mexicanas.

Ejemplos de lo anterior, desde luego, no faltan. Desde las matanzas en San Fernando, Tamaulipas, en 2010 y 2011, cuando un grupo del crimen organizado asesinó y enterró en fosas a 265 migrantes, a los cobros de cuota por subir al tren conocido como La Bestia, los secuestros masivos en las vías del ferrocarril, los asaltos en el monte de la delincuencia común, los asesinatos, violaciones, extorsiones, y un largo etcétera.

“Ante la inseguridad prevaleciente en el recorrido a través de México, los migrantes están adoptando la forma de caravana como una forma de protegerse. Es decir, optaron por la migración colectiva. Porque si en lugar de dos o tres migrantes, son 50, 100, o mil, es más difícil que los agreda el crimen organizado, o que los extorsione la autoridad”, apuntó Heredia.

La directora del Centro de Derechos Humanos Fray Matías de Córdova, Brenda Ochoa, añadió otros dos factores de por qué ahora los migrantes buscan transitar en caravana.

El primero es “poder llegar más lejos en territorio nacional”. Los migrantes van en grupo porque, al menos en las caravanas de octubre y noviembre, hubo tolerancia de las autoridades para dejar transitar a los migrantes. Incluso, hubo iniciativas puntuales de ofrecer transporte en autobuses para que los migrantes transitaran más rápido hacia Tijuana, en la frontera norte.

Situación que supuso un claro contraste con la militarización y el reforzamiento del control migratorio que, desde el verano de 2014, trajo el Programa Frontera Sur del gobierno de Peña Nieto, que minó de retenes el embudo del Itsmo de Tehuantepec -en un recorrido por la frontera sur, Animal Político documentó un retén de seguridad por cada 20 kilómetros-, y que también supuso un cerco a La Bestia para que los migrantes ya no usaran ese medio de transporte.

Y el segundo factor, añadió Brenda Ochoa, es que muchos migrantes, especialmente los que llevaban semanas varados en Tapachula en espera de regularizar su situación migratoria, o su petición de asilo, vieron en la caravana “una oportunidad de escape” para seguir su camino hacia el norte.

“Al no encontrar alternativas de trabajo para establecerse en Tapachula, ni respuesta institucional a su situación por el colapso de la Comisión de Ayuda a Refugiados (Comar), y el cierre temporal de la oficina del INM de regularización migratoria, muchos migrantes decidieron juntarse y continuar el camino en caravana”, explicó la activista, quien, no obstante, matizó que todavía muchos migrantes continúan accediendo por su cuenta al país.

Fray Tomás González, director del albergue La 72 de Tenosique, en Tabasco, añadió al respecto que el auge de las caravanas tampoco ha acabado con el tráfico de personas.

De hecho, el reforzamiento de la frontera de Estados Unidos ha elevado los costos que cobran los polleros por cruzar a migrantes.

“El viaje está costando ahora más de 10 mil dólares, por lo complicado que se ha vuelto pasar la frontera norte”, dijo el defensor de migrantes.

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