La pobreza energética afecta a 46 millones de personas en México
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Cuartoscuro/Archivo

Sin luz o refrigeración: la pobreza energética afecta a 46 millones de personas en México

Uno de cada tres hogares en México no pueden cubrir sus necesidades energéticas, de acuerdo con académicos y especialistas.
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16 de enero, 2022
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Sin iluminación, refrigeración o confort térmico: esta es la realidad para millones de personas en México que viven en pobreza energética, que es la imposibilidad de satisfacer alguna o todas las necesidades relacionadas con el uso de la energía.

Académicos que han analizado el tema calculan que este fenómeno, el cual afecta directamente el acceso a los derechos humanos, impacta hasta al 36.7% de todos los hogares, lo que equivaldría a 46.6 millones de personas. 

Y es en este panorama que especialistas consultados por Animal Político consideran que es necesario que el gobierno investigue y atienda este tipo de pobreza, especialmente ahora que se discute la reforma energética impulsada por el presidente Andrés Manuel López Obrador.

“La pobreza energética en México evidencia que hay un gran problema de desigualdad social. La energía es fundamental para el bienestar y calidad de vida de las personas”, comenta Rigoberto García-Ochoa, investigador de El Colegio de la Frontera Norte.

El acceso a la energía es un catalizador de derechos, y sin él nos quedamos truncos en nuestra capacidad de desarrollarnos como personas, familias, comunidades, como país en general”, coincide Ana Lilia Moreno, coordinadora del programa de Regulación y Competencia en México Evalúa.

¿A qué se le llama pobreza energética?

Hasta el momento, no existe una definición definitiva del término pobreza energética, como señala la Comisión Europea. A pesar de ello, esta autoridad la reconoce como un problema generalizado en la región, pues entre 50 y 125 millones de personas no cuentan con confort térmico, como un sistema de calefacción o ventiladores. 

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En México, un estudio de García-Ochoa y Boris Graizbord, publicado en la revista Economía, Sociedad y Territorio, define a la pobreza energética como la carencia de al menos uno de los servicios o bienes económicos que se consideran básicos para satisfacer las “necesidades humanas fundamentales”.

Según este texto, las seis necesidades son: iluminación, entretenimiento, calentamiento de agua, cocción de alimentos, refrigeración de alimentos y confort térmico en la vivienda.

Utilizando esta metodología, encontraron que el 36.7% de los hogares en el país carecen de al menos uno de los servicios o bienes económicos necesarios para cubrir estas necesidades.

En entrevista con Animal Político, García-Ochoa explica, sin embargo, que no hay una definición estándar de la pobreza energética: en algunos países se mide analizando el porcentaje de los ingresos que se dedican al pago de energía.

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“Yo no estoy de acuerdo con eso, porque creo que la pobreza energética es algo mucho más amplio”, dice el académico de El Colegio de la Frontera Norte.

“Desde mi análisis, la pobreza energética es la privación de los equipos que brindan los servicios de energía culturalmente normalizados, aceptados, en un en un espacio y tiempo determinado”, añade.

En un reporte publicado recientemente, la organización México Evalúa también explora las distintas formas de evaluar la pobreza económica y, siguiendo el trabajo de García Ochoa, proyecta que aproximadamente 46.6 millones de mexicanos no tienen un acceso pleno a energéticos de calidad, ya sean combustibles o electricidad.

Esta metodología permite dimensionar el fenómeno de una manera más amplia y sin limitarse únicamente al número de hogares con acceso a luz eléctrica, que asciende al 99%, según el más reciente censo del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

“El acceso a la infraestructura es el más común de los indicadores. Es fácil de medir: cuánta es la infraestructura, qué población está relacionada con esta infraestructura y cómo está conectada”, comenta Moreno, autora del reporte de la organización. 

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Sin embargo, esto no implica que sean los únicos hogares en situación de pobreza energética, “puede ser mucho mayor la la cifra si tomamos otro tipo de dimensiones que tienen que ver con la calidad de los energéticos, la capacidad de pago, la continuidad del servicio o la logística para acceder a él”.

“Las personas que tienen menores ingresos tienen muchas dificultades para acceder a los energéticos. A veces tiene que ver con logística: personas que consumen gas LP en cilindros requieren de una cadena que tenga una última milla, que es quien te lleva el cilindro a su casa”, comenta la especialista. 

“En el caso de la electricidad, hay lugares en México con comunidades que están aisladas, están a más de 4 km de distancia de la red de distribución de electricidad, por lo que tienen dificultad de acceso”, agrega. 

Otro ejemplo de pobreza energética, según Ochoa-García, son las niñas, niños y adolescentes que tuvieron que estar confinados en su casa, estudiando por internet, pero sin tener acceso a una computadora o a la red.

“Ese tipo de cosas es lo que no se ve cuando solamente analizamos el acceso a la energía eléctrica”, señala.

El panorama mexicano

Como te mencionamos anteriormente, la estimación de los especialistas es que uno de cada tres hogares en el país no pueden cubrir sus necesidades energéticas.

Según la investigación de Ochoa-García y Brizberg, las principales carencias son el confort térmico, seguido de la refrigeración eficiente y la cocción de alimentos.

A su vez, el trabajo de México Evalúa muestra que las personas con menores ingresos son quienes dedican el mayor porcentaje de estos a pagar por electricidad y combustibles, llegando hasta el 7.82%, mientras que los más ricos destinan únicamente el 1.86%.

El hecho de que ningún decil sobrepase el 10%, explica el reporte, no es necesariamente un dato positivo

“Una de las explicaciones podría ser que como los deciles de menor ingreso son los que utilizan más leña, no les genera mucho gasto, ya que ésta puede ser un energético gratuito o relativamente barato. Otra explicación posible es que el costo de oportunidad de consumir energéticos es muy grande, por lo que la gente con menor ingreso simplemente decide no pagar energéticos para satisfacer otras necesidades”, señala.

La organización también encontró que 4.8 millones de hogares –que representan el 11.3% del total en México– cocinan con leña o carbón en el país.

Sin embargo, advierte que sólo una cuarta parte cuenta con una chimenea o un ducto para expulsar el humo del hogar, por lo que 3.6 millones de hogares viven en condiciones que implican altos riesgos de intoxicación.

En el mismo sentido, México Evalúa señala en su informe que la pobreza energética “permanece oculta debajo de políticas públicas indiferenciadas para todos los mexicanos” y que, si bien se le nombra en el Programa Sectorial de Energía 2020-2024, existe una falta de reconocimiento generalizada: “está oculta en el marco normativo y en el discurso político”.

Pobreza energética y reforma

Los especialistas consultados consideran que la pobreza energética es un tema que debe discutirse desde el Congreso, y más en el contexto de la iniciativa de reforma presentada por el presidente López Obrador para dar prioridad en la generación a la Comisión Federal de Energía.

“Es muy importante este debate, aunque desafortunadamente esta reforma que nos propone el Ejecutivo no tiene en la estructura del texto, la exposición de motivos, ni en el articulado, una centralidad en el consumidor-ciudadano”, comenta Moreno.

Incluso, dice la especialista de México Evalúa, de aprobarse la reforma energética podría afectar el Fondo de Servicio Universal Eléctrico (FSUE), que tiene como propósito financiar las acciones de electrificación en las comunidades rurales y urbanas marginadas, y depende del Mercado Eléctrico Mayorista.

A su vez, García-Ochoa menciona que “una reforma energética por supuesto debería incluir este y otros muchos temas. El problema es que la reforma energética actual está solamente enfocada a si es el Estado o el sector privado el que debe manejar la energía”. 

Para mí no es una reforma energética. Lo que tendríamos que ver es cuántas emisiones se generan, qué tan productivos somos en México para para usar la energía, qué tan eficientes somos, cómo usamos la energía y luego ahí entra también el tema de la pobreza energética: cuántos hogares en México realmente tienen acceso a todos los servicios de energía”, añade el académico.

 

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