¿Por qué ya hay vacuna para COVID y no para el SIDA? Esto explican científicos
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¿Por qué ya hay vacuna para COVID y no para el SIDA? Esto explican científicos

Los altos costos de desarrollar una vacuna, y la diversidad genética del VIH, son los principales factores que hacen tan diferentes los avances en la creación de esta vacuna frente a la de COVID-19.
13 de diciembre, 2020
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Las investigaciones para encontrar una sustancia que ayude a nuestro cuerpo a protegerse del SARS-CoV-2 no son las únicas que alcanzaron la última fase de investigación clínica. 

Este mes también se conoció que uno de los  prototipos de vacuna contra el VIH, virus que provoca la enfermedad SIDA, logró llegar a la fase 3, la etapa en que se identifica si realmente una vacuna es segura y eficaz. 

Al escuchar eso, surgen preguntas como: ¿por qué una vacuna contra COVID pudo desarrollarse en 9 meses, y una vacuna contra VIH ha tomado más de 30 años de investigación? 

En redes sociales puedes encontrar especulaciones o teorías de la conspiración, pero justo la idea de este texto es combatirlas y explicarte cuáles son las diferencias entre las dos enfermedades, y cuál es el reto específico de desarrollar vacunas para cada una de ellas.

Para ello, Animal Político platicó con el doctor Carlos Magis Rodriguez, académico de la Facultad de Medicina de la UNAM, y con el infectólogo Uri Torruco. Esto es lo que nos platicaron:

Las diferencias entre los virus que provocan SIDA y COVID

Cuando se habla de SIDA frente a COVID, lo primero que tenemos que entender es que aunque ambas son enfermedades causadas por un virus, no funcionan igual, no se transmiten de la misma manera y afectan al organismo de manera distinta. 

“El virus del VIH (virus de la inmunodeficiencia humana) es un retrovirus que funciona diferente que otros virus. Es un virus que se conoce como tal desde los (años) ochentas, aunque se sabe que el virus del VIH circula en el mundo desde 1930”, señala Magis Rodriguez. 

Para que un virus pueda multiplicarse, tienen que duplicar sus moléculas y producir muchas para crear nuevas partículas virales. Algunos virus están hechos de ADN y otros de ARN. El ADN contiene la información genética y el ARN es el que permite que la información sea comprendida por las células.

Lo común es que del ADN se fabrique ARN, pero los retrovirus lo hacen al revés y crean ADN a partir de ARN.

El infectólogo Uri Torruco explica que los retrovirus ingresan a las células y liberan su material genético, pero en vez de generar sus propias proteínas de ARN generan una copia de ADN, que se mete al núcleo de la célula infectada y ahí se queda para toda la vida. 

“Es cómo si de un árbol tú hicieras palillos, y el retrovirus es como si de los palillos tu hicieras un árbol”. 

Este proceso causa muchos errores genéticos, según describe un artículo disponible en la plataforma Elsevier, sobre “Características virológicas del VIH”.

El VIH ataca y debilita al sistema inmunitario. Uri Torruco nos explicó que en general nuestra respuesta inmune tiene dos caminos: el camino que depende de los anticuerpos que son proteínas pequeñas, y de las células representadas por los linfocitos.

En una infección común como la causada por el SARS-CoV-2, nuestro cuerpo identifica que no es normal la presencia de este virus,  lo que hacen las células de defensa es comerse al virus y  se quedan con un pedacito —a esto se le llama antígeno—, con el que pueden reconocer al coronavirus para siempre y atacar cada que regrese.   

En el caso de la COVID-19 el antígeno es la proteína spike o proteína S. Las células toman ese pedacito y se lo presentan a los linfocitos.  “Los linfocitos son como una especie de  supervisores, ven el cachito, toman nota y pasan la información a otro tipo de linfocitos que producen proteínas dirigidas específicamente para atacar a ese pedacito de virus”, explica Torruco. 

Pero con el VIH esto no funciona así, pues los anticuerpos  solo detienen temporalmente al virus y no todos los anticuerpos que se producen  son capaces de destruir al virus, principalmente porque el virus muta demasiado y aunque los anticuerpos lo busquen ese antígeno ya es diferente. 

Niveles distintos de transmisión y letalidad 

Una de las principales diferencias entre ambos virus, es que el VIH es de difícil transmisión, mientras que el COVID se transmite con mayor facilidad.Por un lado, la COVID-19 se transmite principalmente por las gotículas virales que una persona infectada expulsa al realizar acciones cotidianas como hablar, toser, estornudar o exhalar: estas gotas con carga viral pueden ser inhaladas por alguien que no esté enfermo y quedarse en los objetos que luego una persona sana toca. 

Mientras que el VIH solo se transmite a través de ciertos líquidos corporales —la sangre, el semen, el líquido preseminal, las secreciones rectales, las secreciones vaginales y la leche materna— por lo que solamente hay riesgo de transmisión durante la realización de actividades muy especificas, como las relaciones sexuales sin protección. 

La letalidad también es muy distinta. Esto se evidencia en las cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que señalan que “si no se trata, la enfermedad causada por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) tiene una tasa de letalidad cercana al 100%”.

Mientras que en el caso de la COVID-19, la misma OMS señala que las estimaciones de la letalidad de los casos son muy variables según el país: de menos del 0.1% a más del 25. La variación se debe a varios factores, cómo la metodología con la que cada país registra sus cifras, hasta el número de pruebas que se aplican. 

La diferencia reside en que ya existe un tratamiento con más del 90% de efectividad para VIH, pero no existe uno así para la COVID. 

Por ejemplo, los Centros para el Control de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, señalan existe una combinación de dos medicamentos para el VIH (tenofovir y emtricitabina), que se vende bajo el nombre Truvada® y ha sido aprobada como terapia de uso diario de PrEP para ayudar a prevenir que las personas VIH negativas contraigan el VIH de sus parejas sexuales o de las personas VIH positivas con las cuales comparten drogas inyectables.  

“Los estudios han demostrado que la PrEP reduce el riesgo de contraer el VIH en las relaciones sexuales en aproximadamente un 99% cuando se toma de manera sistemática”, señalan.

¿Por qué es tan difícil crear una vacuna contra VIH?

El VIH es un virus que puede ocasionar una infección, y el desarrollo de una enfermedad conocida como SIDA. Una persona es diagnosticada con SIDA cuando desarrolla muchas infecciones, como resultado de un daño en el sistema inmunitario que no puede contrarrestarlas. A estas se les conoce como infecciones oportunistas.

La mutación del virus del VIH y que su objetivo sea precisamente el sistema inmune son dos de los principales factores que hacen tan difícil diseñar una vacuna, tal y como se explica en el artículo publicado en The Lancet, sobre los resultados obtenidos de dos proyectos de vacuna contra VIH en sus dos primeras fases del ensayo clínico.

Uri Torruco señala que una de las  propuesta de vacuna contra VIH más exitosa nació en 2009, de ahí se hicieron estudios extra de los cuales se obtuvieron anticuerpos neutralizantes y se comenzó a explorar la misma técnica que, por ejemplo, Astrazeneca está aplicando con su propuesta de vacuna contra COVID. 

Esto se hace a través de los adenovirus, que son como cascarones a los que se les inserta el antígeno del virus que se quiere combatir . “Es como un caballo de troya”, dice Torruco. 

Además, aunque el SARS-CoV-2 es un virus que hace menos un año no conocíamos, existen muchos otros coronavirus que circulan e infectan humanos desde hace mucho tiempo. Esto ayudó a los investigadores a entender el virus de una manera más rápida. 

Los coronavirus son tan antiguos que “sus ancestros se remontan al siglo IX a.C. y han sido varios los brotes que han ido surgiendo a lo largo de la historia”, según describe Redacción Médica. Aunque fue hasta la década de los 90 cuando se identificaron los primeros familiares comunes del coronavirus.

El financiamiento, un factor importante en el desarrollo de las vacunas 

El reto para desarrollar una vacuna, no sólo implica el entender y lograr diseñar un mecanismo que logre ayudar al sistema inmune a defenderse del virus, de una forma segura. 

También se necesita una gran inversión económica que permita desarrollar por completo la investigación, y en el caso de cada enfermedad hay distintos montos de financiamiento, ya sea de fondos públicos o privados. 

En el caso del VIH y SIDA, además de la complejidad que mencionamos sobre la mutación del virus, un elemento a considerar sobre el financiamiento es que, si bien no hay una vacuna, ya se han logrado tratamientos para tratar la enfermedad, con hasta 90% de efectividad.

“El problema que tenemos es que cualquier empresa tecnológica que se dedique a vacunas puede estar mucho tiempo investigando sin ninguna garantía de éxito, y eso implica muchos recursos. Lo que cambió con COVID es que el desarrollo tiene recursos que otros proyectos no han tenido”, señala sobre el desarrollo de las vacunas el doctor Magis Rodriguez. 

Por ejemplo, los fondos con los que se pretende financiar la vacunación contra COVID-19 han sido otorgados por distintas instancias, como el Banco Mundial, fundaciones como la de Bill y Melinda Gates, y los gobiernos de países como el Ministerio de Sanidad en España.

Incluso se creó COVAX, una iniciativa de colaboración mundial en la que participa México para acelerar el desarrollo y la producción de pruebas, tratamientos y vacunas contra la COVID-19 y garantizar el acceso equitativo a ellos. Está codirigido por la Alianza Gavi para las Vacunas (Gavi), la Coalición para la Promoción de Innovaciones en pro de la Preparación ante Epidemias (CEPI) y la OMS. 

Como ya hemos mencionado, antes de que una vacuna sea aprobada y llegue a la población es necesario que acredite ser segura y eficaz en ensayos clínicos que se realizan en 3 fases. Por ello, Magis recalca que “hacer una vacuna y salir a probarla es costoso, si uno no tiene certezas de que va a obtener un resultado no lo hace. Hay muchos problemas económicos”. 

Uri Torruco narra que en el caso de esta nueva propuesta de vacuna contra VIH se está aplicando un nuevo modelo de negocios, en donde las alianzas de dinero público y privado alimentan el proyecto, y no sólo asume los costos una sóla empresa. 

Estos proyectos de vacuna contra VIH liderados por Lindsey R Baden obtuvieron financiamiento de: Institutos Nacionales de Salud, Fundación Henry M Jackson para el Avance de la Medicina Militar y el Departamento de Defensa de EE. UU., Instituto Ragon de MGH, MIT y Harvard, Fundación Bill y Melinda Gates y Janssen Vaccines & Prevention.

No es la primera vez que hay una vacuna candidata contra VIH

El doctor Carlos Magis explica que no es la primera vez que se intenta desarrollar una vacuna para prevenir el contagio de VIH. “En 2009 hubo una propuesta que mostró una efectividad de menos de 40%”, señala el investigador.

Un artículo de Shokouh Makvandi-Nejad, disponible en British Society for Immunology, narra que entre 1988 y 2003 se realizaron muchas vacunas y ensayos clínicos para encontrar una vacuna que proteja del VIH, pero no fueron exitosos. Fue hasta 2009 cuando el ensayo RV144 impulsado por investigadores tailandeses mostró una eficacia del 31.2% en la prevención de la infección por VIH.

Como no tenía una efectividad significativa ese proyecto no culminó. Sin embargo, desde 1996 los investigadores encontraron una combinación farmacológica que, en palabras de Carlos Magis, podía “cambiar la ecuación de letalidad del VIH”. 

“Cuando aparecen los medicamentos cambia todo, les dan una esperanza de vida a las personas de VIH similar a de las otras personas”, señala el investigador.

“El tratamiento como prevención dice que tomando medicamentos uno no se infecta, es casi como una vacuna —aunque no lo es—. En VIH a esto le decimos Profilaxis preexposición (o PrEP) que básicamente es tomar un medicamento, que les da a las personas que están en riesgo una protección y el 94% no se infecta. Y el problema entonces es que una vacuna tendría que ser mejor que este 94%”, señala. 

Usan PrEF las personas que tienen prácticas más riesgosas. Pero si una persona, por ejemplo, no tiene parejas sexuales o está en una relación estable y única pareja sexual, no necesitan tomarlo. 

De acuerdo con la Clinica Mayo, el mayor riesgo de contraer el VIH/SIDA se da cuando tienes relaciones sexuales sin protección, cursas una infección de transmisión sexual, o usas drogas intravenosas.

El desarrollo de las vacunas contra VIH ha ayudado a acelerar el desarrollo de una vacuna contra COVID-19

“Lo que se avanza en una enfermedad sirve para prevenir otras y lo que avanzamos en términos de vacuna de COVID de RNA, probablemente puestas en otras enfermedades nos permita tener otras vacunas”, dice Carlos Magis. 

Este es el caso de la vacuna candidata que investiga la empresa Johnson and Jhonson. En un comunicado, la farmacéutica reconoció que su propuesta de vacuna contra el SARS-CoV-2 es posible “gracias al trabajo de la compañía para desarrollar vacunas potenciales para otras enfermedades infecciosas, como su vacuna contra el VIH”, que está en investigación.

La propuesta de vacuna contra VIH que están evaluando contiene lo que se denominan inmunógenos en mosaico, y se administran a través de un adenovirus. Uri Torruco explica que, cuando produces una vacuna, normalmente solo escoges un antígeno. En la vacuna de mosaico de VIH hay muchos antígenos, por eso se le llama mosaico. 

El infectólogo resalta que las nuevas tecnologías que se están explorando para la vacuna de COVID-19, como las de ARN mensajero, podrían ayudar a los desarrolladores a crear una nueva alternativa para vacunas contra VIH.

“Aquí no se inyecta ningún antígeno. Sólo te inyectan el ARN y tu célula produce el antígeno que a su vez va a provocar la respuesta inmune”, señala el especialista.

Esperanza de vida 

Carlo Magis dice que “una vacuna contra COVID es indispensable porque alcanzar inmunidad de grupo va a costar mucho tiempo y va a costar muchos muertos en el camino”; mientras que “una vacuna contra VIH es ideal, pero estamos pensando que podemos acabar con VIH sin vacuna, detectando a todos, dándole tratamiento a todos. Con Covid no podemos pensar eso”. 

El académico destaca que tener una vacuna contra VIH ayudaría a reducir los miles de nuevos casos de VIH que se registran en México de manera anual. Tan sólo en 2019 se notificaron 17 mil 172 nuevos casos diagnosticados, y desde 1983 hasta el 2020 han muerto 109 mil 927 personas por esta enfermedad, según cifras de la Secretaría de Salud.  

Una vacuna contra VIH no funcionaría para quienes ya viven con el virus, que en México se calcula son 187 mil 873  personas, aunque como ya te mencionamos, la ciencia ha tenido avances, para que tengan tratamientos. 

El académico señala que muchas de las vacunas que conocemos es lo que nos han permitido aumentar nuestra esperanza y calidad de vida. Sin el desarrollo de las vacunas seguiríamos muriendo de enfermedades como la viruela o la polio, las cuales estamos casi a punto de erradicar a nivel mundial.

 

 

 

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