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¿Qué es la resistencia a los antibióticos y por qué puede agravarse con la COVID-19?

La resistencia a los antimicrobianos es un problema de salud pública que ya existía desde antes de la pandemia, pero en medio de la emergencia sanitaria las autoridades temen que esto pueda agravarse.
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1 de julio, 2020
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Una de las cosas que más hemos repetido en esta pandemia es que automedicarse, principalmente con antibióticos, está contraindicado. Pero ¿por qué? La respuesta sencilla es que todavía no existe ningún fármaco que haya probado su eficacia contra el virus que causa la COVID-19, según refiere la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Sin embargo, el uso inadecuado de antibióticos y otros medicamentos no es algo nuevo. De hecho ha derivado en un problema de salud pública reconocido a nivel mundial: la resistencia a los antimicrobianos. 

¿Qué es la resistencia a los antimicrobianos? 

La resistencia a los antimicrobianos o farmacorresistencia, no es algo que genere el cuerpo humano. En realidad es la capacidad que adoptan las bacterias, virus y algunos parásitos para impedir que los antimicrobianos como antibióticos, antivíricos y antipalúdicos actúen contra ellos. Es decir, los patógenos se vuelven resistentes a las medicinas.

De acuerdo con la OMS la resistencia surge por la mutación del microorganismo o por la adquisición del gen de resistencia. Se trata de un proceso natural. Los patógenos son atacados con medicamentos, los más resistentes sobreviven y transmiten esa resistencia a las nuevas generaciones de virus o bacterias. 

“El fenómeno es muy preocupante porque las infecciones por microorganismos resistentes pueden causar la muerte del paciente, transmitirse a otras personas y generar grandes costos tanto para los pacientes como para la sociedad”, dice la OMS. 

Esto hace que los tratamientos médicos habituales se vuelvan ineficaces y las infecciones persisten. Es un problema porque muchas enfermedades pueden volverse incontrolables, y con los viajes y el comercio mundial, estos patógenos resistentes se esparcen por todo el mundo. 

El problema es tal que en 2016, la OMS refirió un informe de Jim O’Neill en donde se estimó que ese año podrían atribuirse 700,000 muertes a la resistencia a los antimicrobianos en el mundo, y que la cifra anual ascendería a 10 millones de muertes en los próximos 35 años (2050).

Esto sucede por el uso inadecuado o el abuso de los medicamentos. Por ejemplo, al tomar antibióticos para tratar infecciones causadas por un virus, y no por una bacteria, o por no concluir completamente con el tratamiento. La OMS advierte que esto también sucede por medicamentos de mala calidad, prescripciones erróneas y  deficiencias en la prevención y el control de las infecciones. 

Además de “la falta de empeño de los gobiernos en la lucha contra estos problemas, las deficiencias de la vigilancia y la reducción del arsenal de instrumentos diagnósticos, terapéuticos y preventivos también dificultan el control de la farmacorresistencia”.

¿Cómo puede agravar la pandemia este fenómeno?

Según la OMS “el uso de antibióticos contra la COVID-19 podría incrementar la resistencia a estos medicamentos de importancia crítica”. Tedros Adhanom, director de la Organización Mundial de la Salud, advirtió, el 1 de junio, que el mundo está perdiendo su capacidad de usar medicamentos antimicrobianos ante la creciente tasa de resistencia. 

Tedros Adhanom dijo que “la pandemia de la COVID-19 ha llevado a aumentar el uso de antibióticos, que a la postre conducirá a mayores tasas de resistencias bacterianas que afectarán a la morbilidad y la mortalidad durante la pandemia y después”.

“En el escenario de la pandemia la utilización inadecuada de antibióticos se ha expandido y vamos a ver las consecuencias casi inmediatamente. Puedo suponer que más del 90% de los pacientes están recibiendo uno o más antimicrobianos innecesariamente, porque para tratar COVID-19 no deberíamos de utilizar antibióticos en primera instancia”, dijo el doctor Samuel Ponce de León, coordinador del Programa Universitario de Investigaciones en Salud (PUIS) de la UNAM en un video foro. 

El especialista explicó que el incremento a la resistencia antimicrobiana lleva a infecciones recurrentes, graves y mortales; prolonga las estancias hospitalarias; aumenta los gastos médicos y dificulta el tratamiento de diversas infecciones como, por ejemplo, la neumonía, tuberculosis, salmonelosis o gonorrea.

Según el doctor Ponce de León, “la forma más común de resistencia antimicrobiana es la resistencia de las bacterias a los antibióticos. Éstos sólo funcionan contra infecciones bacterianas y no se recomiendan para tratar COVID-19 ni sus síntomas”. 

La OMS explica que el virus que causa la COVID-19 pertenece a una familia de virus llamados Coronaviridae mejor conocidos como coronavirus.  Los antibióticos no funcionan contra los virus, sí contra las bacterias.

Sin embargo, la OMS aclara que algunas personas que enferman de COVID-19 también pueden desarrollar una infección bacteriana. En este caso un médico puede recomendar el consumo de estos medicamentos.

Pero, según el último informe sobre el manejo de la enfermedad de la Organización Mundial de la Salud (OMS), sólo el 8% de los pacientes con COVID-19 ha sufrido una infección secundaria por bacterias que necesitó un tratamiento con antibióticos.

 ¿Qué podemos hacer para frenar el problema? 

En el mismo video foro, la doctora María Enriqueta Baridó Murguía, presidenta de la Asociación Mexicana para el Estudio de las Infecciones Nosocomiales A.C (AMEI), recalcó la importancia de combatir la resistencia antimicrobiana, así como de prevenir infecciones nosocomiales mediante la identificación de riesgos modificables, desarrollo de políticas hospitalarias y mejores prácticas; así como educación y capacitación de personal de salud y pacientes.

La OMS recomienda a la población en general, evitar consumir cualquier medicamento, especialmente antibióticos, si no fue prescrito por un profesional de la salud. Es necesario concluir los tratamientos, aún cuando el paciente ya se sienta mejor. 

Si por alguna razón sobran antibióticos, no se deben consumir sin que haya sido prescritos, ni se deben compartir con otras personas. 

Lo más importante es prevenir las infecciones para no tener que usar antibióticos. Esto se puede lograr con un lavado constante de manos, evitar contacto con personas enfermas y tener el cuadro de vacunación completo.

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