¿Sirven en México las apps de geolocalización para identificar casos de Covid-19?
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Apps para geolocalizar casos de COVID-19: ¿cómo funcionan y sirven en México?

En México, muchas de las aplicaciones que muestran casos de Covid-19 por medio de geolocalización hacen promesas engañosas.
7 de junio, 2020
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La pandemia de COVID-19 trajo consigo usos de las tecnologías móviles que nos maravillan por su alcance y su capacidad de incidencia real en la crisis sanitaria.

Con las aplicaciones tecnológicas de geolocalización llegaron muchas dudas sobre el uso de estas herramientas en otros países y su efectividad. Y por supuesto, esto también trajo debates sobre la privacidad, la transparencia y la seguridad digital.

En México, muchas de estas apps proponen mapas y radares que no son realmente suficientes para identificar ni calcular el riesgo por COVID-19 que hay en zonas determinadas.

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Hasta el 4 de junio de 2020, es imposible de calcular con las variables que ofrece públicamente el gobierno. Y, por lo tanto, la promesa de este cálculo resulta engañosa para la población.

Para explicarlo, en El Sabueso analizamos diferentes factores.

Apps que localizan casos de COVID-19 a través de cuestionarios y radares o mapas

“¡Descarga esta app y descubre el riesgo de contagio de COVID-19 cerca de ti!” o “Llena este cuestionario y entérate de cuántas personas con coronavirus hay a tu alrededor” son algunas de las frases que se mueven en redes sociales.

Las cadenas con estos textos se acompañan de links para descargar aplicaciones. Algunas, eso sí, más seguras que otras, pero todas con el objetivo de decirle al usuario a cuántos metros tiene un paciente COVID-19.

Estas aplicaciones funcionan a través de realizarle uno o varios cuestionarios a quienes las descargan. Los cuestionarios buscan determinar la vulnerabilidad a complicaciones por COVID-19 o identificar síntomas característicos. En caso de que los usuarios den resultados sospechosos de COVID-19, aparecerán en los radares o mapas de las apps, utilizando su geolocalización o su ubicación aproximada.

Pero estas aplicaciones, con radares y mapas de geolocalización, no pueden decir a ciencia cierta cuántas personas contagiadas de SARScov2 hay en el entorno inmediato de una persona.

En primer lugar, no existe información pública que pueda respaldar el mapeo de una cantidad determinada de casos por cuadra, por manzana o por colonia. Y en segundo, estas aplicaciones basan su efectividad en la cantidad de personas que tengan acceso a ellas y la honestidad de sus usuarios.

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Sin información oficial que legitime sus radares

Los datos oficiales en los estados del país, hasta la fecha de esta publicación, se manejan en su mayoría por alcaldía o municipio. Es decir, que ningún caso reportado a través de una de estas apps puede ser verificado como cierto usando los datos abiertos que ofrece el gobierno.

En el caso de la Ciudad de México, la decisión de no publicar las cifras de COVID-19 por colonia, se basa en la protección a los datos personales y la estrategia para evitar episodios de violencia o discriminación.

Al respecto, Animal Político consuLtó al Director General de Gobierno Digital de la Agencia Digital de Innovación Pública (ADIP), Eduardo Clark:

“Hay algunos datos que por su naturaleza y su sensibilidad no son posibles de difundir de manera más particular y desagregada: la referencia de las personas que tengan sospecha de COVID-19 o bien confirmación. Son datos a los que tenemos acceso y balanceamos —de acuerdo a la Ley de Datos Personales de la Ciudad y del país— qué tanto podemos publicar que no vulnere a personas y el derecho que tienen a que su información no sea pública.”

La ADIP considera que la publicación de los datos por colonia o pueblo podría hacer identificable a las personas que padecen COVID-19 y sus domicilios.

“Si bien hay muchos lugares, muchas colonias, muchas calles que pueden tener muchos casos, abrir esos datos como los que abrimos (edad, comorbilidades, síntomatología) puede hacer identificable a la gente. Si hay una colonia en la que hay una sola persona que es COVID positivo, a la hora de que nosotros pusiéramos eso en una base de datos, ese dato es muy fácil de identificar hacia una persona en particular.”

La honestidad y el Efecto Campanita

Al basarse en cuestionarios, este tipo de aplicaciones y su efectividad dependen de la honestidad de las personas que la descarguen. Al mismo tiempo, qué tan atinados sean los resultados que muestren sus radares o mapas, depende de cuánta gente responda los cuestionarios.

Es decir, si una persona descarga la app, responde el cuestionario y no muestra síntomas de COVID-19, no aparecerá en el radar como caso sospechoso. Pero si su vecino se contagió de SARScov2 y no tiene descargada la app o mintió en el cuestionario, jamás lo sabrá.

Esto no significa que las aplicaciones estén mal hechas a nivel técnico o que “no sirvan”. Simplemente quiere decir que su descarga tendría que ser masiva para que los resultados que muestran sean una representación fiel o cercana a la realidad. Esto se llama Efecto Campanita.

Este término surge de la historia de Peter Pan, en la que Campanita está mortalmente herida, pero dado que las hadas son impulsadas por la creencia, los personajes puede curarla demostrando que creen en las hadas.

En ese sentido, para que una app de este tipo muestre resultados certeros, el país completo tendría que creer que una cierta aplicación es funcional, descargarla, responder el cuestionario con honestidad y actualizarlo si presenta síntomas o se expuso a un caso sospechoso o confirmado de COVID-19.

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Pero en un país con más de 125 millones de habitantes, sin una disposición oficial (e incluso con una) que obligara a los ciudadanos a tener una app determinada y responder con honestidad, esto no sería posible.

“Mientras un porcentaje muy bajo de la población esté usando este tipo de aplicaciones, es muy poco probable que una te dé resultados confiables. Además, esto genera un falso sentido de seguridad y certidumbre que queremos evitar”, agrega Clark.

Entonces, ¿cómo funciona en otros países y por qué aquí no lo hacemos?

Los casos de Corea del Sur, Singapur y hasta Inglaterra han sido destacados por medios de comunicación como diferentes ejemplos destacables del contact tracing y su efectividad para rastrear casos de COVID-19 y notificar a los ciudadanos de posibles riesgos. Esto se hace a través de diversas estrategias digitales y busca evitar los contagios a través de identificar sus fuentes.

En otros países, la mayoría de estas iniciativas funcionan a través de la teconología Blutooth Low Energy (BLE), que usa señales Bluetooth para conectarse cuando los propietarios de teléfonos inteligentes estén cerca unos de otros. Cuando alguien desarrolla síntomas de COVID-19 y esta información es actualizada en las aplicaciones, se puede enviar una alerta a otros usuarios que han estado en contacto con esa persona.

Esto significa que la funcionalidad del BLE está en su capacidad para rastrear el contacto de unas personas con otras y tratar de detener los contagios.

¿Por qué no usamos BLE en CDMX?

Hasta ahora, las autoridades en la Ciudad de México no tienen contemplada esta alternativa por cuestiones de privacidad de datos personales, pero no descartan que en un futuro se pueda proponer.

“Son aplicaciones altamente intrusivas en los datos que resguardan porque el poder guardar direcciones de dispositivos puede dar información sobre dónde estuvieron las personas. El gobierno tiene que cotejar el costo-beneficio que significa tener esos datos resguardados bajo nuestro poder.

“Porque aún con las buenas intenciones que tengamos, el gobierno -al igual que cualquier otra institución en el mundo- siempre es susceptible a filtraciones o al mal uso de la información que resguarda.

“Por eso, nosotros creemos que en este momento en particular, el costo de generar sistemas de monitoreo BLT que resguarden esa información en bases de datos del gobierno supera el beneficio que podríamos tener de tener apps que le demos a la ciudadanía.”, agrega Eduardo Clark.

Además, de acuerdo con él, los datos oficiales no tienen el propósito de rastrear los contactos de las personas.

“Al menos en la CDMX, nuestra plataforma cumple un propósito muy diferente a la de las demás aplicaciones del mundo. Cumple un propósito de evaluación de riesgos, más que un tema de monitoreo de la población en sí y dónde está. Los sistemas que hemos buscan proporcionar una herramienta que le permita a la gente no saturar los servicios personalizados de atención a la población para entender su nivel de riesgo y dudas”, comenta Clark.

El funcionario añade que los datos abiertos por el Gobierno de CDMX sirven a dos objetivos: transparencia y política pública.

“Un tipo de datos los abrimos bajo la esperanza y el conocimiento de que hay mucho talento de análisis de datos que nos puede ayudar a encontrar cosas que quizá nosotros -por alguna razón no vemos-. Para crear valor por parte de los ciudadanos; la otra es que también lo hacemos como un acto de transparencia proactiva digital: para que la ciudadanía nos haga rendir cuentas.”

BLE en otros estados

Otras entidades de la República, como Nuevo León, han presentado apps para rastrear casos de COVID-19 a través de tecnología BLE.

En mayo pasado, en una conferencia de prensa, el secretario de Salud de Nuevo León, Manuel de la O Cavazos, presentó una aplicación de rastreo de contactos, similar a las que ya explicábamos de Singapur.

En su presentación, de la O Cavazos comentó que se trata de “un programa voluntario y cien por ciento anónimo, los usuarios pueden dejar sus datos de contacto en caso de desearlo y no requiere su geolocalización”.

Con esto, es importante tomar en cuenta el Efecto Campanita nuevamente. Si bien la información ofrecida por la aplicación presentada en Nuevo León puede ser mucho más atinada que la proporcionada por apps basadas únicamente en cuestionarios, al ser una iniciativa voluntaria, su reflejo de la realidad se ve comprometido por la cantidad de personas que descarguen y usen esta herramienta.

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