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En clave humanitaria
Por Comité Internacional de la Cruz Roja
El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), organización imparcial, neutral e independiente... El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), organización imparcial, neutral e independiente, tiene la misión exclusivamente humanitaria de proteger la vida y la dignidad de las víctimas de los conflictos armados y de otras situaciones de violencia, así como de prestarles asistencia. El CICR se esfuerza asimismo en prevenir el sufrimiento mediante la promoción y el fortalecimiento del derecho y de los principios humanitarios universales. Fundado en 1863, el CICR dio origen a los Convenios de Ginebra y al Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, cuyas actividades internacionales en los conflictos armados y en otras situaciones de violencia dirige y coordina. Twitter: @CICR_DRMX (Leer más)
Casa ABBA, el hogar de los migrantes amputados en México
José Manuel, migrante, sabe que ha llegado a un lugar seguro, a un oasis en su camino, y que tiene 72 horas para tomarse un respiro. Está en Casa ABBA.
Por Alberto Cabezas
17 de diciembre, 2019
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José Manuel llega a Celaya un día cualquiera. Sabe más o menos que está en el centro de México, pero poco más de la ciudad. Alguien le orienta y logra llegar a un albergue. Golpea un portón metálico y otra persona le abre. Son desconocidos, pero se saludan. El segundo le invita a pasar. La persona migrante llega cansada, suelta su mochila y deja sus cosas a un lado. Da su nombre y le leen las reglas de la casa. Sabe que ha llegado a un lugar seguro, a un oasis en su camino, y que tiene 72 horas para tomarse un respiro. Está en Casa ABBA.

La asociación civil Casa ABBA fue fundada en 2015 por Ignacio Martínez Ramírez, un pastor cristiano que echó a andar este albergue en un punto estratégico de Guanajuato por el que cruzan miles de migrantes cada año con la pretensión de cambiar sus vidas.

“La Biblia dice de ayudar al otro, a los extranjeros”, señala Martínez para explicar por qué se le ocurrió un proyecto que, confiesa, le ha acarreado problemas de su propia comunidad por ser “muy ecuménico” al abrir sus puertas a los migrantes.

Martínez y sus colaboradores directos, Angie, la psicóloga Abril, no están solos. Cuentan con grupos de apoyo de San Miguel Allende que ayudan a atender sus necesidades y ofrecer mejores servicios cada vez: alojamiento seguro, comidas, ropa usada para quien lo necesite, privacidad para personas migrantes de la comunidad LGBT que están migrando. Hace un año, con el paso por México de miles de migrantes en caravanas, el albergue llegó a alimentar a más de quinientas personas cada día.

También ofrece un servicio de llamadas telefónicas gratuitas para que los recién llegados hablen con sus familiares. De ese modo les ayudan a reportarse con sus familias, indicarles su paradero, de ese modo, y a mitigar la incertidumbre sobre las circunstancias que vive la persona migrante. El servicio lo proporcionan los voluntarios de la Cruz Roja Mexicana.

Martínez quiere especializarse en ayudar a los migrantes amputados, quienes a menudo enfrentan una vulnerabilidad y un sufrimiento mayores a los de otros, y lo está consiguiendo. El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) y el Instituto Guanajuatense para Personas con Discapacidad (INGUDIS) de Silao firmaron una alianza en junio 2019 para que las personas migrantes que sufran una amputación a su paso por México reciban rehabilitación física y psicológica en Silao.

Antonio Herrera, voluntario de la Cruz Roja Mexicana, hace funcionar todo: lleva tres días a la semana a los beneficiarios a recibir sus terapias, y los devuelve después a Casa ABBA. Es un confidente de los migrantes, de muchos se ha hecho amigo, pendiente siempre de su bienestar, de lo que más les urge, de lo que necesitan.

Casa ABBA tiene sus retos, como los de cualquier organización humanitaria que trabaja en contextos difíciles, con inseguridad, con personalidades muy distintas entre los migrantes, pero también pone todo lo necesario para aliviar el camino de los migrantes y darles un espacio digno.

En su página de Facebook invita a que nadie se conforme “con menos de lo que desea”, llama a “tener siempre un nivel de dignidad por encima del nivel del miedo”, y recurre a una frase de Nelson Mandela para enfrentar las situaciones por difíciles que sean: “No hay camino fácil a la libertad en ningún lugar, y muchos de nosotros tenemos que pasar por el valle de la sombras de la muerte una y otra vez, antes de que alcancemos la cima de nuestros deseos…”.

Los migrantes tienen un gran aliado en Casa ABBA. El CICR y la Delegación de la Cruz Roja Mexicana y ese albergue trabajan juntos en Guanajuato y en 2019 la mayor parte de los más de cincuenta beneficiarios del programa de rehabilitación física en México pasaron por ABBA. Viven en el albergue durante los meses que tardan en recuperar su movilidad y sus fuerzas tras sufrir una amputación. Reciben una prótesis, y, cuando este proceso de varios meses concluye, están en mejores condiciones que cuando sufrieron sus accidentes para rehacer su vida de la mejor manera.

La psicóloga clínica Abril Martínez es voluntaria en ABBA. Hace su trabajo con entusiasmo porque ve en los migrantes, amputados o no, a personas que atraviesan situaciones difíciles “y mucha gente no se preocupa por ellos”.

Su labor está basada en la solidaridad y la empatía: “Si yo estuviera en otro país, sin nada, cómo me gustaría que me trataran, qué clase de persona me gustaría cruzarme en mi camino”, afirma.

Un migrante que pasa por ABBA, mujer, varón o niño, tiene ya muchos kilómetros en sus piernas. “Vienen enfermos, incluso confundidos de si seguir viaje o regresarse, y prácticamente están a la mitad de él”, explica una de las personas que más tiempo pasa con ellos, escuchándolos, y asistiéndoles, a veces ofreciéndoles asesoría legal.

En el último año, dice, “ha cambiado bastante el flujo, ha disminuido, pero los que llegan están el doble de dañados que antes por toda la situación que se vive ahora”, de una intensificación de los controles y la contención migratoria.

“Prácticamente los albergues del país estamos llevando todo el soporte migratorio. Realmente el gobierno los manda a nuestras casas, se apoya en nosotros. Entonces nosotros, como podemos, con donadores, con la sociedad civil, mantenemos la comida, damos el descanso, el acompañamiento que ellos requieren”, agrega.

Cuando se le pregunta cuál es la mayor satisfacción que ella, como voluntaria, siente, al trabajar con personas migrantes, no duda: “Es la fuerza que te transmiten: quizás los vemos muy mal, desgastados, trabajados, vulnerados, pero aun así (llevan consigo) su fortaleza para seguir adelante, para luchar por su familia, por sus sueños, se ve reflejado en esta casa cuando ellos parten”, añade.

Enseguida vienen a la memoria historias, más o menos duras, que ha sucedido entre las cuatro paredes de Casa ABBA, como cuando un migrante se reencontró con un hermano a quien no veía desde hace años, en el albergue.

“Y a pesar de que el hermano que encontró había sufrido amputaciones en sus piernas, aun así, el hermano le decía ‘Me alegro de encontrarte vivo, no sabía dónde estabas’. Entonces fueron lágrimas, pero de alegría, de ‘te encontré’, de amor”, añade la voluntaria.

“Siempre hemos visto que en ABBA se escriben historias de amor, también de tristeza, a lo mejor de desesperación, pero somos una familia, somos humanos, tenemos que apoyarnos y darnos el hombro, la mano”, concluye Abril.

José Manuel ha descansado dos días en el albergue y le toca reemprender su camino. Nadie le pregunta por sus planes ni por su destino final. Se va agradecido de la calidez con que le recibieron. Quizás los migrantes amputados tardarán un poco más en marcharse, pero no tengo dudas de que todos ellos también saldrán tras recibir un trato respetuoso y digno en ABBA.

@CICR_DRMX

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