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En clave humanitaria
Por Comité Internacional de la Cruz Roja
El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), organización imparcial, neutral e independiente... El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), organización imparcial, neutral e independiente, tiene la misión exclusivamente humanitaria de proteger la vida y la dignidad de las víctimas de los conflictos armados y de otras situaciones de violencia, así como de prestarles asistencia. El CICR se esfuerza asimismo en prevenir el sufrimiento mediante la promoción y el fortalecimiento del derecho y de los principios humanitarios universales. Fundado en 1863, el CICR dio origen a los Convenios de Ginebra y al Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, cuyas actividades internacionales en los conflictos armados y en otras situaciones de violencia dirige y coordina. Twitter: @CICR_DRMX (Leer más)
El medio ambiente: víctima silenciosa de los conflictos armados
Se estima que, en los últimos 60 años, el 40% de los conflictos armados no internacionales han estado vinculados de alguna manera con una pugna por los recursos naturales.
Por Eric Tardif
6 de noviembre, 2020
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Los conflictos armados y la degradación ambiental siempre han estado estrechamente ligados, causando a menudo sufrimientos directos para las poblaciones civiles. Se estima que, en los últimos 60 años, el 40% de los conflictos armados no internacionales han estado vinculados de alguna manera con una pugna por los recursos naturales.

Desde 2001, la Asamblea General de las Naciones Unidas ha establecido que cada 6 de noviembre se conmemorará el Día para la prevención de la explotación del medio ambiente en la guerra y los conflictos armados.

Son muy conocidos los casos del daño causado por el uso extensivo de herbicidas, el bombardeo de instalaciones petrolíferas o la deforestación exacerbada por años de conflicto en algunas partes del mundo. Derivado de situaciones en las que se producen acontecimientos de ese tipo, pueden resultar afectados – a veces por múltiples generaciones – además de las poblaciones civiles, el ganado y otros animales, la flora, y el equilibrio ecológico de una región en su conjunto.

El derecho internacional humanitario (DIH) – cuerpo normativo aplicable durante los conflictos armados – reconoce que algunos daños al medio ambiente son una consecuencia inevitable de los conflictos, pero ese daño no puede ser ilimitado, por lo que prevé también disposiciones que protegen el medio ambiente natural.

En particular, el DIH prohíbe los ataques directos contra el medio ambiente, considerado un bien civil, por lo que debe quedar exento de los ataques llevados a cabo durante las hostilidades. Una excepción podrían ser los raros casos en que se haya convertido en un objetivo militar, por ejemplo, en ciertos circunstancias cuando los combatientes se apoderan de áreas rurales y boscosas, que brindan cobertura y funcionan como bases.

Por ello, el DIH también exige que las partes en conflicto tengan en cuenta la posibilidad de daños ambientales al momento de decidir si llevar, o no, a cabo un ataque o al tomar acciones que convierten el ambiente en objetivo militar.

Las hostilidades pueden también causar daños ambientales de forma indirecta: se estima que, durante los 15 años que duró la guerra civil de Mozambique, la población de elefantes del parque nacional Gorongosa pasó de 2.000 a 200, ya que su carne se utilizó para alimentar a los soldados y su marfil se vendió para financiar la compra de armas, municiones y suministros. De hecho, se ha considerado que, desde 1990, por lo menos 35 conflictos han sido financiados en parte a través de la explotación de recursos naturales.

En vista de lo anterior, el Comité Internacional de la Cruz Roja publicó en septiembre pasado sus Directrices sobre la protección del medio ambiente natural en conflictos armados, que son una actualización de un documento originalmente publicado en 1994. En ellas, se presentan reglas del DIH ya existentes que buscan proteger el medio ambiente, las cuales son acompañadas de un comentario que desglosa su alcance.

Las Directrices buscan servir de referencia para los órganos estatales, los actores no estatales que son partes en un conflicto armado y demás actores que pudieran estar en posición de influenciar el comportamiento de las partes enfrentadas.

Todos los ejemplos aquí reseñados recalcan la necesidad de un mejor respeto de las reglas del DIH aplicables en la materia. Entre las acciones que podrían emprender las partes en un conflicto armado para prevenir el daño al medio ambiente encontramos: difundir las reglas del DIH pertinentes e incorporarlas en la capacitación y doctrina militares; evitar ubicar tropas o material militar en ecosistemas frágiles o áreas protegidas; mapear áreas de importancia ecológica en las que no deberán realizarse operaciones militares; designar tales áreas como zonas desmilitarizadas y fomentar el intercambio de buenas prácticas sobre el tema a través de conferencias y foros.

El medio ambiente no puede seguir siendo una víctima silenciosa de los conflictos armados contemporáneos. En este sentido, un paso importante será la entrada en vigor del Tratado sobre la prohibición de las armas nucleares en enero próximo, que constituirá una herramienta más del DIH de la que dispondrá la comunidad internacional para protegerlo.

* Eric Tardif es asesor jurídico en la Delegación Regional del Comité Internacional de la Cruz Roja para México y América Central.

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