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Entropista
Por Daniel Gershenson
Me llamo Daniel Gershenson. A falta de un término más exacto, podría decirse que soy emprended... Me llamo Daniel Gershenson. A falta de un término más exacto, podría decirse que soy emprendedor social. Me dedico a temas que hasta hace poco: antes del advenimiento de las redes sociales según [email protected], se consideraban ociosos. Presido dos ONG sin fines de lucro desde mediados del 2006: ALCONSUMIDOR, y ALARBO, AC. (Leer más)
¿Amanece por fin, en la Larga Noche de Trump?
En su intento telefónico de extorsionar al novato líder de Ucrania, Volodymyr Zelensky, Trump finalmente se ha hallado de improviso con la horma de su zapato.
Por Daniel Gershenson
30 de septiembre, 2019
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Han sido un dolor de cabeza para presidentes demócratas y republicanos en los Estados Unidos, desde el siglo pasado. Obama les declaró la guerra como ningún otro de sus predecesores (salvo el execrable Richard Nixon, quien tuvo que renunciar en agosto de 1974, en gran medida, debido a la ingrata labor de estos funcionarios –y héroes- que delataron usos y costumbres mafiosas del gobierno energúmeno y prototrumpista del californiano Tricky Dick).

A últimas fechas y desde las entrañas mismas de la Casa Blanca, uno de ellos ha puesto en aprietos al republicano Donald Drumpf, aprendiz de mussolinete de Queens NY, que ahora asume el dudoso honor de convertirse en el cuarto presidente susceptible a ser sometido (posiblemente) a un proceso de Impeachment promovido por la fracción mayoritaria demócrata en la Cámara de Representantes estadounidense, junto con Andrew Johnson –sucesor del malogrado Abraham Lincoln, asesinado en 1865 cuando recién concluía la Guerra de Secesión en ese país- el susodicho Nixon y Bill Clinton. Son los Whistleblowers, que como Edward Snowden, hoy exiliado en Rusia, ponen en jaque a los poderes públicos establecidos (y en duda la continuidad del movimiento trumpero hacia las elecciones del año próximo).

En su intento telefónico de extorsionar al novato líder de Ucrania, Volodymyr Zelensky –popular comediante sin partido que primero interpretó al ficticio titular del ejecutivo en un programa televisivo, para luego lanzar su singular candidatura a la presidencia que obtuvo derrotando en segunda vuelta a uno de los hombres más acaudalados de esas tierras azotadas, como la nuestra, por la corrupción consuetudinaria- a efecto de descarrilar en definitiva la candidatura del exvicepresidente demócrata Joseph Biden para la presidencia en las elecciones venideras, Trump finalmente se ha hallado de improviso con la horma de su zapato.

El haber retenido el envío de cientos de millones de dólares en ayuda militar en su guerra caliente y soterrada contra la Federación Rusa, debidamente autorizados por el Congreso poco antes de realizarse el semimonólogo telefónico de Trump, parece erigirse en una suerte de mítica Gota que Derramó el Vaso.

Son nueve páginas escuetas, redactadas en la seca jerga burocrática de costumbre (o en burocratese: Denominación anglosajona de Origen), con claves que señalan abusos que podrían derivar en juicios políticos contra el presidente, y eventuales crisis constitucionales.

Sin afanes demasiado esotéricos, aquí se comparten algunos pasajes de la probable rapsodomancia gringa:

En el transcurso de mis responsabilidades oficiales he recibido información de parte de múltiples funcionarios de este gobierno en el sentido de que el presidente de los Estados Unidos utiliza el poder que le confiere su investidura para solicitar que un gobierno extranjero intervenga en los comicios federales del 2020. Esta intervención indebida incluye, entre otros factores, el presionar a este país extranjero para que se investigue allá a uno de los principales rivales políticos del Presidente. El abogado personal del presidente, señor Rudolph Giuliani, se ha convertido en pieza central de este empeño. El procurador general William Barr también parece estar involucrado.

A lo largo de los últimos cuatro meses (el documento dirigido al Senado tiene fecha de 12 de agosto de 2019), más de media docena de funcionarios estadounidenses me han informado de múltiples hechos relacionados con esta tentativa. Los datos aquí proporcionados me fueron comunicados durante diálogos cotidianos entre agencias gubernamentales. Es una rutina que funcionarios de gobierno compartan información a efecto de homologar políticas públicas y análisis.

Me preocupa sobremanera que estos actos constituyan riesgos a la seguridad nacional de los Estados Unidos, y que los mismos socaven los esfuerzos de dicho gobierno por impedir que gobiernos extranjeros intervengan en el proceso electoral norteamericano.

(…)

Temprano en la mañana del 25 de julio pasado, el presidente tuvo una comunicación telefónica con el presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky (…)

Múltiples funcionarios de la Casa Blanca que tienen conocimiento directo de esta llamada me han informado que, tras un intercambio inicial de cortesías, el presidente aprovechó el resto de la misma para impulsar sus intereses puramente personales. Es decir: buscó presionar al líder ucraniano para que éste tomara acciones conducentes a beneficiar al presidente en sus intentos por reelegirse en 2020. De acuerdo a estos funcionarios con acceso y conocimiento directo de la llamada en cuestión, el presidente exigió a Zelensky para que él hiciese lo siguiente:

  • Iniciar o continuar una investigación sobre las actividades del exvicepresidente Joseph Biden y su hijo Hunter;
  • Asistir en la investigación (en realidad, una teoría conspiranoica sin fundamento alguno) que ‘confirme’ que las dudas acerca de la intervención de servicios de inteligencia rusos en la pasada elección presidencial se originaron en Ucrania, con el reclamo específico de que Zelensky localice los servidores utilizados por el comité nacional del partido demócrata que fueron examinados por la firma Crowdstrike de seguridad digital (la misma que reportó el hackeo de las redes del partido demócrata en 2016: más basura demencial del trumpismo y sus [email protected]) y finalmente.
  • Reunirse y sostener diálogos con dos personas nombradas explícitamente por Trump como sus enviados personales para estos asuntos. A saber: el señor Giuliani (recordemos: asesor en seguridad capitalina durante la gestión del vicepresidente/primer ministro, actual canciller y probable sucesor de AMLO durante el Ebrardato 2006-2012 en el DF) y el titular del departamento de justicia William Barr, los cuales fueron mencionados por el presidente insistentemente (Rudy y Bill: mandaderos drumpfianos).

Los funcionarios de la Casa Blanca que compartieron esta información estaban profundamente consternados por lo que se planteó en esa llamada telefónica. Me comunicaron que ya existe un proceso aclaratorio en curso con abogados de la Casa Blanca para delinear los alcances de dicha llamada, debido de que el presidente pudo haber incurrido en abuso de poder (por lo pronto, ya se han tomado la libertad de trasladar el contenido de este explosivo telefonema a un servidor de acceso mucho más restringido).

***

(…) fueron aproximadamente una docena de funcionarios de la Casa Blanca tanto responsables de políticas públicas como oficiales de turno en el Salón de Situaciones de la Casa Blanca (el Situation Room)- los que escucharon detenidamente la llamada. Las personas que hablaron conmigo esperaban que ésta sería una conversación de rutina con el líder de otro país (evidentemente no fue así). Ignoro si alguno de estos funcionarios se encontraba presente al tiempo que el presidente realizó la llamada.

***

Una transcripción de este diálogo oprobioso y asimétrico –tanto como el que il duce greñudo sostiene con la plana mayor de la 4T mexicana: harina de otro costal- que fue difundido aún antes que el documento de queja por la Casa Blanca bajo la torpe premisa de que la versión aberrante de Trump saldría fortalecida, le otorga la razón al whistleblower de marras.

Lo que no pudo lograr la investigación exhaustiva del exdirector del FBI Robert Mueller sobre la influencia putiniana en las elecciones de 2016 que llevó a Trump a la presidencia, podría ser hecho consumado si acaso prosperan las pesquisas iniciadas por estas nueve modestas páginas que predicen –se vale soñar, en todo caso- el principio del fin de la Larga Noche republicana: palanca de papel y punto de apoyo que podría derrumbar, ahora sí, el frenético cacharro trumpista.

@alconsumidor

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