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Entropista
Por Daniel Gershenson
Me llamo Daniel Gershenson. A falta de un término más exacto, podría decirse que soy emprended... Me llamo Daniel Gershenson. A falta de un término más exacto, podría decirse que soy emprendedor social. Me dedico a temas que hasta hace poco: antes del advenimiento de las redes sociales según [email protected], se consideraban ociosos. Presido dos ONG sin fines de lucro desde mediados del 2006: ALCONSUMIDOR, y ALARBO, AC. (Leer más)
Ciudad Mancera: adiós a los árboles
Prosigue la autofagia urbana, encabezada por el actual Jefe de Gobierno y sus promotores electorales, con cargo a la salud de sus inermes habitantes.
Por Daniel Gershenson
1 de junio, 2016
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La autodestrucción de la Ciudad de México continúa, sin que se pueda hacer nada para impedir la creciente degradación y exterminio -a nombre del ‘progreso’ cochisístico, con niveles alarmantes de contaminación, dobles hoy no circula y contingencias severas- de nuestro patrimonio ambiental. El más reciente capítulo de esta saga es la construcción del freeway o viaducto elevado y de cuota encargado de aniquilar innumerables especies (hermosas, útiles para combatir amenazas ecológicas) en Viaducto Tlalpan: un nuevo eslabón del monstruoso e inservible Segundo Piso iniciado por Marcelo Ebrard, cuya extensión hasta la caseta de Cuernavaca corre actualmente por cuenta de su sucesor –y precandidato del PRD, o seudo ‘independiente’ a la presidencia en 2018- Miguel Ángel Mancera.

La pesadilla de los trascabos y motosierras puede verse, en vivo, tiempo real y a todo color, en aquellos tramos donde ya se perfila este nuevo forúnculo urbano. Las fotos salen sobrando: son las mismas de la Supervía Oriente, o el Viaducto Bicentenario de Peña Nieto y sus compinches de OHL, o el deprimido de Mixcoac, o Mixhuca y la construcción del estadio para Alfredo Harp Helú… paisajes lunares que patentizan la vocación suicida de autoridades y ‘desarrolladores’ ecocidas.

Quedan pocas evidencias de una avenida plenamente arbolada en camellones, cuyos pirules, jacarandas, fresnos y truenos serán sustituidos por varitas, plantas y flores marchitas en los futuros bajopuentes, y el terregal que constituye la marca del ‘compromiso’ ambiental de la idiota útil del sexenio mancerista que ha expedido cientos de permisos para construir edificios rascuachielos, corredores culturales que son malles en vía pública regalados por el GDF y parques de bolsillo: ejemplos de nuestra increíble picaresca nacional.

La prensa alquilada, que ahora destaca la ‘incansable labor’ de Mancera a favor del medio ambiente (así lo definen trascendidos disfrazados de noticias en ciertos grandes diarios de México), en la alocución rentable ante colegas suyos durante múltiples giras que ayer u hoy lo ubicaban codeándose con ellos en capitales europeas, no abordará el tema de los crímenes contra las áreas verdes de la Ciudad de México. No es ninguna novedad ver cómo se placean nuestros delincuentes ambientales. Ebrard fue aventajado exponente del doble discurso ‘sustentable’.

La barbarie de Mancera y sus promotores electorales en la iniciativa privada encargados de sacrificar Árboles sanos en esta absurda guerra sin cuartel podría resumirse, en otro contexto (en el año sesenta, y aún ahora) con la intención del ejército norteamericano, en voz de un comandante al que le preguntaron por qué se iba a arrasar con una pequeña población vietnamita, percibida por el alto mando militar como enemigos declarados: para ‘salvar’ esos lugares es necesario destruirlos.

La esperada redención de los especuladores llegará cuando no quede ningún árbol capitalino en pie, y puedan ocuparse los espacios vacíos con anuncios espectaculares de todo tipo, junto con el consabido pasto y flores desechables de ornato, indudable negocio de algún cuadro progre de la Ciudad de México, que abundan en otras calles y avenidas.

El reportaje del diario máspormás sobre las talas aprobadas por la secretaria de Medio Ambiente Müller desde el inicio del sexenio de Mancera, maneja cifras muy bajas, proporcionadas por funcionarios que son juez y parte, quienes intentan contabilizar, justificándola, la pérdida neta de follaje o biomasa en el antiguo Distrito Federal desde el 5 de diciembre de 2012.

Tampoco se incluyen las talas clandestinas o sobradas en demasía, y que convierten al paisaje de la Ciudad de México en tierra yerma con especies aisladas que son ‘intervenidas’ vía mutilaciones salvajes.

Recorrer la ruina en la que se ha vuelto Viaducto Tlalpan u otras avenidas condenadas al cadalso es como pronunciar un lamento o treno por la ciudad en agonía. Endecha interrumpida por el chirriar de los bulldozer contratados para finiquitar la tarea. Pronto surgirán otros segundos pisos y supervías ominosas hacia ninguna parte.

No hay vuelta de hoja: tendremos que acostumbrarnos a la muerte propia -y a la de los pocos ecosistemas consolidados que aún quedan en la Ciudad de México- porque en el orden de prioridades, y a pesar de la contaminación y los problemas gravísimos de salud pública que reviste su prevalencia, lo importante es pagar favores politicos recibidos (o futuros) y emprender nuevas obras.

Se multiplican elefantes blancos descomunales, que de seguro van a servir para recompensar lealtades y robustecer fortunas de promotores y sus numerosos compinches.

La ‘solución vial’ que inducirá el tráfico, negando en los hechos avances parciales de transporte público y movilidad alterna, nos remite a la ilusión que anima a promotores de infraestructura corruptos y a aquellos políticos –de todas las tendencias y colores imaginables- que abren con entusiasmo la esclusa del tránsito coagulado por los siglos de los siglos, a cambio de coimas y porcentajes del negocio multimillonario.

No merecemos ser arrastrados por la corriente ecocida, y dejar que se repitan los errores de Freeways y Thruways estadounidenses de los años cuarenta del siglo pasado. Desastres cuyo destino, en casos de ciudades que sufrieron los estragos de estas carreteras durante décadas de implosión urbana, apuestan al verdadero rescate de la civilidad y las demuelen para que en su lugar se recuperen comunidades previamente expulsadas por el tráfico y la especulación.

Ésa, al final de este largo viaje de la noche hacia una noche todavía más oscura, es la misión del gobierno de DF electo en 2012 para que decidamos juntos. Pronto recibiremos la buena noticia de la postulación de Mancera por parte de las tribus amarillas, y el reparto de mascaras de oxígeno para colocarse en la cara durante trayectos a Cuernavaca en la nueva versión del Segundo Piso: enésimo ‘logro’ eminentemente inaugurable de Kid Avestruz y compañías privado-públicas, dedicadas al latrocinio en gran escala.

Y que se jodan los habitantes de carne y hueso, presentes y por venir; su descendencia, y sus Árboles.

Los Ángeles, California. Una infernal distopía, que ahora es mexicana. // Foto: Vía Flikie

Los Ángeles, California. Una infernal distopía, que ahora es mexicana. // Foto: Vía Flikie

México, DF: 2016. Absoluto urbanicidio en curso.  // Foto: Izq.mx

México, DF: 2016. Absoluto urbanicidio en curso. // Foto: Izq.mx

 

 

@alconsumidor

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