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Por Daniel Gershenson
Me llamo Daniel Gershenson. A falta de un término más exacto, podría decirse que soy emprended... Me llamo Daniel Gershenson. A falta de un término más exacto, podría decirse que soy emprendedor social. Me dedico a temas que hasta hace poco: antes del advenimiento de las redes sociales según [email protected], se consideraban ociosos. Presido dos ONG sin fines de lucro desde mediados del 2006: ALCONSUMIDOR, y ALARBO, AC. (Leer más)
Después del naufragio
Una victoria de una alianza opositora en las elecciones para gobernador del estado de México en 2017 le quitaría al PRI su principal fuente de sufragios, a un año casi exacto de las presidenciales de 2018.
Por Daniel Gershenson
13 de junio, 2016
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Tierra a la vista. Si algo demostraron los comicios del 5 de junio, es que el PRI perdió la percepción generalizada de ser un partido invencible. La misión opositora (de asumirse como tal) sería entonces quebrar la relación incestuosa entre el tricolor con sus rémoras verdes y panales. ¿Cómo? Procurando restarle votos en los importantísimos comicios de 2017: Coahuila y el estado de México.

Este último será escenario de una crucial batalla por corazones y mentes electorales. Se jugarán casi todas las canicas de reserva que aún tiene el presidente y sus vasallos, para intentar una réplica de las cifras que lo llevaron a Los Pinos: más de diecinueve millones de votos, equivalentes al 38% de los sufragios contados entonces. Abusando del cliché: con más de doce millones de votantes potenciales, que podrían inclinar la balanza en 2018 a favor del candidato aún desconocido del PRI, la de Edomex será la Madre de todas las Batallas venideras. Y Coahuila un cerrojazo, demoledor, al Moreirismo caciquil.

¿Unirán fuerzas en Edomex el PAN y el PRD, a efecto de desbancar a Alfredito del Mazo Maza (hijo de exgobernador, primo de EPN; hoy diputado federal y casi seguro candidato mirrey, heredero del clan atlacomulca que ya produjo -para desventura nuestra- a Enrique Peña Nieto?

Foto: Edomex al Día

Foto: Edomex al Día

Por las buenas o las malas, el PRI frenó ya las aspiraciones de sus verdaderos enemigos: las huestes lopezobradoristas en las estatales de Zacatecas y Veracruz (en esta última entidad, con el sorprendente ascenso de un candidato neófito que estuvo a punto de quedarse con la gubernatura: el académico Cuitláhuac García Jiménez; frenando a la casta de los Monreal, en el primer caso). ¿Qué papel jugará Morena en el señorío eruvielista?

El nuevo mapa. Equilibrio de poder en entidades federativas. // Foto: vía El Economista/INE

El nuevo mapa. Equilibrio de poder en entidades federativas. // Foto: vía El Economista/INE

El proceso comicial en dos años podría asemejarse al de 1997: el del vacío relativo poder del PRI, representado en el tramo final del sexenio de Ernesto Zedillo tras haber perdido éste la mayoría legislativa en las intermedias de 1997.

Se vale soñar.

De acuerdo al INE, ésta fue la cifra de electores registrados para el proceso del 7 de junio de 2015, en el Estado de México:

Hombres: 5,255,341

Mujeres: 5,768,295

Total: 11,023,636 

La principal prioridad de los partidos pactistas, si va en serio su nueva tarea de disputar al PRI el poder en 2018, es pulverizar el control priísta en ambas entidades reduciendo su número de electores cautivos. Quien salga favorecido por el dedo presidencial de Peña (que ahora parece inclinarse en dirección del incompetente apparatchik hidalguense Miguel Ángel Osorio Chong, cuyo delfín acaba de prevalecer en el proceso electoral de esa entidad, habiendo dividido con éxito la votación opositora que unida hubiese obtenido la victoria –sumando los sufragios panoperredistas- de manera holgada), contará con esta reserva mexiquense para llegar a la cima de los 29 o 30% que podrían hacer la diferencia, nuevamente, en un proceso al que le urge una segunda vuelta.

Morena por lo pronto sigue siendo una incógnita. ¿Votarán en 2018 las mayorías por AMLO y un partido que carece de estructura nacional, cuando en el norte se ha vuelto a imponer el panismo?

En 2015, la lista nominal fue de ochenta y tres millones quinientos mil votantes. Los resultados de la elección intermedia fueron los siguientes:

Elecciones intermedias de 2015. // Foto: Wikipedia

Elecciones intermedias de 2015. // Foto: Wikipedia

2015: Resultados en el Congreso. // Foto: Wikipedia

2015: Resultados en el Congreso. // Foto: Wikipedia

Si el partido en el poder pierde las plazas de Coahuila (actualmente feudo de los Moreira) y el multicitado Edomex (con su impresionante caudal de votos: trece millones de votantes potenciales de acuerdo a cifras de 2015, aumentables ¿en qué porcentaje?), hacia 2018 se verían reducidas (al menos, en el papel) las posibilidades reales que tiene aún ahora, en el ocaso del sexenio, de operar a sus enteras anchas.

Su reserva disminuiría, en terminos relativos, a las siguientes entidades bajo su gobierno: Campeche, Chiapas (por interpósito ‘partido’, el nefasto ‘Verde’), Colima, Guerrero, Hidalgo, Jalisco, Nayarit, Oaxaca, SLP, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala, Yucatán y Zacatecas. Quince entidades por mérito corruptor propio, y un satélite concedido a sus esbirros y parientes del PVEM.

¿Cuántos votos representa este reducido núcleo para el PRI, en 2018?

De creerse a pie juntillas su incesante publicidad pagada, con cargo a la población del estado que mal gobierna, Eruviel Ávila Villegas asume que tiene merecimientos suficientes para disputar La Grande con los miembros del gabinete peñanietista.

Elecciones para gobernador del Estado de México, 1999: Montiel. // Imagen: Wikipedia

Elecciones para gobernador del Estado de México, 1999: Montiel. // Imagen: Wikipedia

2005. Peña Nieto. // Imagen: Wikipedia

2005. Peña Nieto. // Imagen: Wikipedia

Los números inflados de 2011. Ávila. // Imagen: Wikipedia

Los números inflados de 2011. Ávila. // Imagen: Wikipedia

Una victoria de la alianza PAN-PRD le quitaría al otrora invencible partidazo tricolor su fuente principal de sufragios, a un año casi exacto de las presidenciales de 2018.

Si pierde el PRI las estatales en Edomex, será un adiós a las aspiraciones presidenciales de Eruviel y a los resultados cuasi soviéticos que lo empujaron a la gubernatura (casi sesenta y dos por ciento, como en los viejos tiempos que buscan revivir Peña Nieto y camarilla). Una alianza coyuntural daría al traste, así fuese de forma parcial, con la voluntad restauradora del ex ‘imbatible’.

Está en manos de esta oposición –oportunista y servil, cuando firmó el Pacto por México al inicio del sexenio, pero mínimamente consciente de lo que se juega en dos años- el nivelar la cancha de juego el año próximo, cuando tengan lugar los procesos estatales de referencia.

Llegaría entonces en peores condiciones el candidato del PRI a las federales: un personaje que si opta Peña por clones o ‘continuadores’ a ultranza –piénsese, por ejemplo, en Osorio Chong, Meade o Nuño- tendería a Trumpificarse; que tendría por fuerza, las mismas posibilidades –de pocas a nulas- que el republicano posee hoy en la carrera presidencial en contra de la demócrata Hillary Rodham Clinton.

Presidenciales de 2006. // Imagen: Wikipedia.

Presidenciales de 2006. // Imagen: Wikipedia.

Algo nos dice que viviremos una especie de reversión a la media, con resultados semejantes a los de 2006. Un proceso muy cerrado, con probables candidatos adicionales que dispersarán el voto hacia otras fórmulas que –en otras circunstancias- mantendrían el voto duro del PRI.

2012, Apoteosis del Peñismo mexiquense, hoy en franca decadencia. // Imagen: Wikipedia

2012, Apoteosis del Peñismo mexiquense, hoy en franca decadencia. // Imagen: Wikipedia

Si Coahuila y el estado de México son arrebatadas al PRI, las reglas mapachiles se resquebrajarían. Ante una dilución del control de virreyes incondicionales del priísmo, se abre la rendija de oportunidad: una chance de que no se repitan las trapacerías que derivaron en la actual restauración peñista.

En todo caso, y como planteaba uno antes: se vale, como mínimo, soñar.

A medio camino entre la férrea disciplina en entidades clave, como en 2012 (el tope, difícilmente alcanzable por más acceso tenga este partido a tarjetas Soriana: 19,158,592) y la deriva madracista de 2006 (donde el PRI obtuvo casi diez millones de votos menos), la votación en 2018 –a treinta años del fraude de Salinas, y a medio siglo de Tlatelolco- se antoja demasiado reñida como para que Peña, Osorio, Nuño y compañía se erijan vencedores, con un triunfo inobjetable.

Con mapaches ex priístas en administraciones clave las de Veracruz y Puebla entre otros estados que ya no pertenecen a la órbita del ex partido invencible, su porcentaje se irá a la baja. Paradójicamente, y por deleznable que parezca, contribuiría esta correlación de fuerzas, en condiciones idóneas y con un poco de suerte, a una posible derrota priísta.

Revisando los números redondos de la última elección presidencial:

Campeche 149 mil

Chiapas 933

Colima 123

Guerrero 530

Hidalgo 517

Jalisco 1,362

Nayarit 221

Oaxaca 555

SLP 428

Sinaloa 551

Sonora 430

Tlaxcala 184

Yucatán 440

Zacatecas 338

La suma equivale a un techo aproximado de casi siete millones de votos.

Osorio Chong, ¿probable Labastida de Peña Nieto, para el 2018? // Foto: Revista Cúpula

Osorio Chong, ¿probable Labastida de Peña Nieto, para el 2018? // Foto: Revista Cúpula

Con las entidades en juego el año próximo: Coahuila y el Estado de México en manos de no priístas, acaso se reducirían en ambas los descarados agandalles; como mínimo se redireccionarían hacia otras opciones.

Por eso, los trece millones de votos barajables en esos dos estados son tan importantes.

Las condiciones objetivas del tablero siguen favoreciendo al peñismo, pero los momios ya no son los mismos de la víspera. Es factible, con un poco de voluntad y esfuerzo colectivo, que termine de nueva cuenta la noche del PRI. El tiempo y la pericia de las partes que parecen haber cedido a sus tentaciones iniciales, junto a la emergencia de candidaturas con arrastre propio (López Obrador en Morena; algún externo que encabece una imaginable coalición panrredista) y la sociedad activa, capaz de sacudirse su actual letargo, tendrán la última palabra.

 

@alconsumidor

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