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Entropista
Por Daniel Gershenson
Me llamo Daniel Gershenson. A falta de un término más exacto, podría decirse que soy emprended... Me llamo Daniel Gershenson. A falta de un término más exacto, podría decirse que soy emprendedor social. Me dedico a temas que hasta hace poco: antes del advenimiento de las redes sociales según [email protected], se consideraban ociosos. Presido dos ONG sin fines de lucro desde mediados del 2006: ALCONSUMIDOR, y ALARBO, AC. (Leer más)
El depredador en el Antropoceno
Todo pasa y nada sucede. Disminuirá el escándalo de la tala ilegal de árboles en CDMX hasta que surjan nuevo casos que ocupen la efímera atención de la opinión pública. Uno teme que la actual guerra sin tregua va a seguir, hasta que se acaben los árboles de sombra que ‘estorban’.
Por Daniel Gershenson
13 de mayo, 2019
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La hoy Ministraficante®, ex Magistraficante® de Influencias Yasmín Esquivel Mossa (esposa de José María Riobóo, constructor predilecto del presidente López Obrador y primer consejero en asuntos relacionados con obra de infraestructura elefantiásicos) ya entregó resultados inmediatos –y negativos, por supuesto- de su incursión inicial en la Suprema Corte. El proyecto que heredó de su predecesora Luna Ramos rechaza modificar el actual etiquetado –responsabilidad directa de la ‘autorregulación’ interesada de la industria- en comida chatarra, refrescos, &c. Le ha ayudado, sin duda, servir a los peores intereses (los suyos propios; los de su cónyuge, su familia y las grandes empresas de ‘desarrollo’ que en los hechos son sepultureras oficiales de la Ciudad de México) durante su paso como presidenta del Tribunal Contencioso Administrativo.

La abierta complicidad de Esquivel Mossa se premia con creces. El ecocidio institucionalizado de las ‘desarrolladoras’ como Fibra Uno (promotora de Mitikah), es fenómeno incontenible. Los responsables directos de la tala de aproximadamente sesenta árboles adultos y sanos, ya han sido liberados. Aquí no pasa nada. Circulando, por favor. La empresa de marras (valor reciente en Bolsa: $25.65 pesos, M.N.) se defiende, con el ‘argumento’ de siempre: son medidas de ‘mitigación y saneamiento’, avaladas por el gobierno. Además, plantará tres árboles por cada unidad derribado (¿de qué tamaño, qué tan viables, con cuáles características que de verdad mitiguen la pérdida neta ambiental?; si acaso los llega a colocar patéticas ‘sustituciones’ chafas, y a juzgar por antecedentes recorridos: Supervías, Torres, &c., serán plántulas o varitas esmirriadas). El estadio de béisbol en Ciudad Deportiva, ‘cimero’ Elefante Blanco ecocida subsidiado por el mandamás mancerista que actualmente despacha en el Senado, es ejemplo extra de tráfico de influencias, compadrazgo e irresponsabilidad ecologicoide que son orgullosa norma oficial en México y otros lados. Empresas y gobiernos que avalan el saqueo de nuestro acervo ambiental a cambio de coimas, porcentajes en el negocio y –por supuesto- apoyos electorales.

Todo pasa y nada sucede. Disminuirá el escándalo hasta que surjan ultrajes similares, que ocuparán la efímera atención de la opinión pública, hasta que se descubran talas adicionales, sin que se abatan estas prácticas suicidas con leyes y autoridades que funcionen. Uno teme que la actual guerra sin tregua va a seguir, hasta que se acaben los árboles de sombra que ‘estorban’.  

Vayamos más alto y más lejos. ¿Importará algo, el que organismos como la Intergovernmental Science-Policy Platform on Biodiversity and Ecosystem Services (IPBES), publiquen inquietantes voces de alerta?

 

El boletín de la organización no oculta riesgos o responsabilidades.

La Naturaleza declina globalmente, a velocidad sin precedente en la Historia, con tasas aceleradas de extinción de especies e impactos sociales graves en todo el mundo. Ésta es la conclusión a la que ha llegado un nuevo reporte de la Plataforma Intergubernamental de la Biodiversidad y Servicios de Ecosistemas (IPBES, por sus siglas en inglés), cuyo resumen fue aprobado en sesión plenaria la semana pasada en París.   

‘La evidencia de este examen global, desde la perspectiva de distintas esferas del conocimiento, presenta un panorama ominoso’, revela su director Sir Robert Watson. ‘La salud de los ecosistemas de los que depende la especie humana se está deteriorando más rápido que nunca. Erosionamos los cimientos de nuestras economías, formas de vida, seguridad alimentaria, salud y calidad de vida en todo el planeta.’

‘Asimismo, el reporte nos señala que no es demasiado tarde para hacer la diferencia, pero sólo si realizamos cambios en todos los niveles, del local al global. Únicamente a través de modificaciones transformacionales drásticas, podrá todavía conservarse, restaurarse y usarse sosteniblemente la Naturaleza: es la clave para cumplir otras metas globales. Al hablar de este tipo de cambios, nos referimos a una reorganización fundamental y sistémica de factores tecnológicos, económicos y sociales que incluyan paradigmas, valores y metas.’

Los Estados miembros de la plenaria reconocen que por su propia condición, el cambio necesario requerido va a enfrentar oposición de aquellos intereses relacionados con el estatu quo; empero, podrá ésta ser superada desde la perspectiva del Bien Común.  

El presente estudio global de la biodiversidad y los servicios de ecosistemas es el más  exhaustivo de todos los tiempos. Es el primer reporte intergubernamental con estos alcances, y suplementa la evaluación de ecosistemas del milenio de 2005 mediante la introducción de formas novedosas de valorar evidencias.

Cuenta con la participación de 145 expertos de cincuenta países, quienes a lo largo de tres años obtuvieron insumos de otros 310 autores. El reporte abarca cambios ocurridos desde hace medio siglo, y ofrece un amplio retrato de la relación entre los caminos del desarrollo ecónomico y su impacto directo en la Naturaleza. También ensaya una gama de escenarios posibles para las décadas venideras.

Por primera vez a esta escala, y asentándose en una revisión sistemática de aproximadamente quince mil fuentes científicas y de gobierno, el reporte abreva del conocimiento local de pueblos originarios, refiriéndose en lo particular a temas que les son relevantes.  

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Aproximadamente un millón de especies animales y vegetales se encuentran al borde de la extinción, dentro de algunas décadas si no se actúa con decisión para protegerlas.

La abundancia de especies autóctonas en la mayoría de los hábitats terrestres ha disminuido cuando menos en una quinta parte desde el año 1900. Más del cuarenta por ciento de las especies anfibias, así como una tercera parte de los coralinos y más del 33% de todos los mamíferos en los océanos se ven amenazados.

Las cifras son demoledoras. Hay que repetirlas obsesivamente; a ver si se nos graban, y actuamos antes de que sea demasiado tarde.

75% del entorno terrestre se ha alterado ‘con severidad’, por obra y gracia de la acción humana. El porcentaje correspondiente a los océanos, es de 66 por ciento.

Aproximadamente sesenta mil millones de toneladas de recursos renovables y no renovables son extraídos por año: casi el doble de la cifra para 1980.

Ochenta y cinco por ciento de los humedales que existían en el mundo al arranque del siglo XVIII, ya no existían cuando empezaba el XXI. En términos porcentuales, la pérdida es tres veces mayor que su equivalente forestal, de por sí gravísima.  

Un 9% de especies terrestres el mundo no cuenta con hábitats estables, que garanticen su supervivencia a largo plazo. Cuarenta por ciento de especies anfibias se encuentran en inminente riesgo de extinción. Lo mismo sucede con la tercera parte de los corales, tiburones y especies afines, y mamíferos en el océano en riesgo. El porcentaje es de 25% en el caso de especies terrestres, de agua dulce y vertebrados marinos; idéntica situación aplicable a grupos de plantas e invertebrados que han sido objeto de estudio profesional.    

Más cifras de infarto. Cuando menos seiscientas ochenta especies vertebradas extintas debido a acción humana, desde el siglo XVI. La proporción de insectos es de 10%, a estas alturas del partido.

La abundancia promedio de especies autóctonas en la mayor parte de biomas terrestres, ha disminuido desde 1900 en una quinta parte.

Un 3.5% del total de especies de aves domésticas ya habían desaparecido en 2016. Síntomas de una reducción de integridad en hábitats terrestres del mundo a causa de pérdidas del mismo y el deterioro generalizado que perfila las marcas del Antropoceno.

Efectos negativos adicionales del cambio climático; casi una mitad de los mamíferos terrestres, y la cuarta parte de las aves cuya distribución podría sufrir afectaciones en ese sentido. Seis por ciento de animales ungulados (de pezuña), que podrían desparecer –o en su caso- sobrevivir únicamente en cautiverio- si no se instrumentan medidas drásticas de conservación.

23% de áreas terrestres que han visto una reducción productiva ocasionada por la degradación en la misma. Pérdidas del valor anual de producción agrícola de cultivos que dependen por entero del polen, que podrían ascender a más de medio trillón de dólares. Cinco punto seis gigatones de emisiones anuales de bióxido de carbono, retenidas/captadas/‘secuestradas’ en ecosistemas terrestres o marítimos: sesenta por ciento de las emisiones globales de combustibles fósiles.

Once por ciento de la población mundial con problemas severos de desnutrición.

Una expansión de cien millones de hectáreas para propósitos de agricultura desde 1980 hasta el dos mil (y que incluye cuarenta y dos millones de hectáreas de tierras ganaderas en Latinoamérica , y 7.5 millones en el Sudeste asiático, concentrando el 80% en el cultivo de aceite de palma): la mitad de esta cifra, en detrimento de  bosques tropicales antes intactos.

Un veinticinco por ciento de la superficie terrestre libre de hielo, utilizada para la ganadería. El mismo porcentaje de emisiones de gas invernadero causadas por el desbroce de tierras y la subsecuente fertilización y producción de cultivos, con la producción de alimentos de origen animal contribuyendo al 75% de esta cifra.

Cien mil millones de dólares que proveen los países de la OCDE para la consecución de políticas agrícolas que dañan al medio ambiente.

33% de una reserva pesquera mundial, de la que se dispuso a niveles insostenibles, en 2015. Cincuenta y cinco por ciento de la superficie oceánica utilizada para el uso intensivo de pesca industrial. Disminución del tres al diez por ciento de la producción neta primaria del mar ocasionada por el cambio climático, hacia fines del presente siglo. De tres a veinticinco por ciento de pérdida de biomasa pesquera, en escenarios respectivos de calentamiento global bajo y severo. 33 por ciento de la pesca total en 2011, obtenida por medios ilegales, no reportados o con nula regulación. Una población de cien a trescientos millones de habitantes en zonas costeras bajo riesgo por pérdida de protecciones a su hábitat. Cuatrocientas zonas muertas con índices hipóxicos (bajos en oxígenos), a causa del uso de fertilizantes industriales, equivalentes a 245 mil kilómetros cuadrados de superficie.  

Una expansión agrícola del cincuenta por ciento, a costa de los bosques. La reducción neta del 7% de bosques intactos, del año 2000 al 2013, en países en desarrollo. Un seis por ciento de pérdida de cobertura forestal en un cuarto de siglo (de 1990 al 2015). La causa principal: el ‘clareo’, tala y cosecha ilimitada de madera. Un diez a quince por ciento de extracción ilegal.

Diecisiete mil registros de explotación minera a gran escala, en 171 países distintos, administrados mayoritariamente por 616 consorcios gigantes. Aproximadamente seis mil quinientas instalaciones para la extracción de petróleo y gas en los océanos: 53 países. Trescientos cuarenta y cinco mil millone de dólares de subsidios a combustibles fósiles, equivalentes a cinco trillones de dólares (a la usanza estadounidense) en costos integrales que incluyen el deterioro de la Naturaleza. El carbón equivale a un 52% de los subsidios después de impuestos; el petróleo, un 33% aproximado y el gas natural, más o menos diez por ciento.  

Y hay más. Las zonas urbanas han crecido en función de cien por ciento en el mundo desde 1992. Se contemplan construir 25 millones de kilómetros de vías asfaltadas para el 2050. Existen cincuenta mil presas grandes (mayores, como mínimo, de quince metros), diecisiete millones de reservorios aproximadamente. La población mundial ha aumentado en un 105% desde 1970, con distribuciones regionales disparejas. El ingreso per capita es en promedio cincuenta veces más grandes en países desarrollados, si se le compara con sus contrapartes menos desarrolladas. Existen en el mundo, ahora, aproximadamente dos mil quinientos conflictos ocasionados por la escasez de combustibles, agua, tierra y alimentos. Casi mil activistas ecológicos y [email protected] [email protected] fueron asesinados entre 2002 y 2013.

Unas 821 millones de personas enfrentan inseguridad alimentaria en el continente asiático, y el africano. Un cuarenta por ciento de la población mundial carece de acceso a agua potable. De trescientas a cuatrocientas toneladas de metales pesados, solventes, desechos tóxicos y demás residuos industriales son vertidos a océanos y ríos. 80% de aguas residuales se descarga (sin tratamiento alguno) al medio ambiente. La contaminación de plásticos se ha incrementado diez veces desde 1980. Los océanos han sufrido incrementos de nivel promedio de dieciséis a veintiún centímetros desde 1900. La diferencia en temperaturas globales de 2017, comparadas a las de niveles en la etapa previa a la Revolución Industrial, fue de un grado Celsius.

El incremento del 100% en emisiones de emisiones de gas invernadero desde el fatídico 1980 (año en el que el republicano Ronald Reagan se impuso al demócrata Jimmy Carter en las elecciones de los Estados Unidos; sumándose el primero, eventualmente, a las dudosas ‘reformas’ privatizadoras del Thatcherismo en el Reino Unido), ha  aumentado la temperatura global promedio en por lo menos 0.7 grados Centígrados.

Una vigésima parte de las especies en el mundo, que podría desaparecer si la temperatura aumenta dos grados. La cifra se dispara al 16%, si el aumento es de 4.3 grados. Aunque la suma sea apenas de 1.5 a 2 por ciento, proyecciones del rango de especies terrestres anticipan ‘profundas disminuciones’, en palabras del estudio de marras.  

73% de indicadores desarrollados y utilizados por pueblos originarios y comunidades locales señalan tendencias negativas en la Naturaleza y sus contribuciones a la población.

Una sola de estas cifras, sería motivo de pánico. La acumulación de las mismas (y otras igualmente preocupantes), es motivo de alarma y un llamado a la acción colectiva.

Pero también hay propuestas concretas contenidas en el documento.

Este reporte presenta una gama de acciones para garantizar la sostenibilidad mediante soluciones transversales en agricultura, silvicultura, sistemas marinos  y de agua dulce, zonas urbanas, energía, finanzas y muchas otras. Recupera la importancia de la adopción de acercamientos en ámbitos como la administración integrada e intersectorial que tomn en cuenta las compensaciones que entraña la producción de alimentos y energía, la infraestructura, el manejo responsable del agua, zonas costeras y la conservación de la biodiversidad. conservation.

Un elemento clave para las políticas sustentables del futuro es la evolución de sistemas financieros y económicos, a efecto de construir una economía global sustentable, desterrando paradigmas actuales de crecimiento.

Y aquí es donde habrá que ver –si se permite el coloquialismo- de qué lado masca la iguana

 

@alconsumidor

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