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Entropista
Por Daniel Gershenson
Me llamo Daniel Gershenson. A falta de un término más exacto, podría decirse que soy emprended... Me llamo Daniel Gershenson. A falta de un término más exacto, podría decirse que soy emprendedor social. Me dedico a temas que hasta hace poco: antes del advenimiento de las redes sociales según [email protected], se consideraban ociosos. Presido dos ONG sin fines de lucro desde mediados del 2006: ALCONSUMIDOR, y ALARBO, AC. (Leer más)
El telonero de Trump
Oportunista y sin el menor escrúpulo, la de Stephen Miller es la cara visible del ‘movimiento’ diseñado para desmantelar conquistas social-democráticas que aún quedan en los Estados Unidos.
Por Daniel Gershenson
27 de febrero, 2017
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La carnicería americana planteada por Donald Trump en su discurso de toma de posesión tiene varios voceros; todos reprobables, pero casi ninguno tanto como un orate trumpista que lo mismo divulga su tóxica ‘ideología’, que redacta y pule sus incoherentes discursos.

Se llama Stephen Miller. Es consejero Senior en la Casa Blanca.

Tiene 31 años de edad.

Los medios que según el presidente norteamericano son enemigos del pueblo, recopilan compendios de las estupideces –pronunciadas por el bisoño asesor- que le han sido ampliamente recompensadas.

El tuit de las felicitancias que le corresponden al esbirro Miller, y a su ‘notable desempeño’ en programas dominicales.

Miller fue asistente del Procurador federal alabamense y apologista del Ku Klux Klan, Jeff Sessions, cuando éste aún despachaba en el Senado; antes, sirvió a la desquiciada excongresista Tetera de Minnesota, Michele Bachmann; hoy presume ser integrante del gabinete de cocina del magnate, que encabeza el ‘estratega’ –semitocayo de Miller- Steven Bannon.

De su cosecha son las órdenes ejecutivas vedando la entrada a los Estados Unidos de cualquier [email protected] de siete países con mayorías musulmanas; también, las baladronadas que acusan conspiraciones imaginarias (por ejemplo, de votantes ilegales que sufragaron en noviembre del 2016 a favor de Hillary Clinton en el estado de New Hampshire, ‘argumento’ parecido al que esgrimió Benjamin Netanyahu durante las elecciones en Israel de 2015, en el que se acusaba, en su página Facebook, al Partido Laborista y a ONG ‘de izquierdisa’ (sic) de llevar a manadas de árabes (sic) en camiones, para votar en su contra, fantasía paranoide que, debidamente asimilada por su público cautivo en redes sociales, aparentemente llevó a sus propios seguidores, ante esta amenaza imaginaria, a sufragar a favor del sempiterno primer ministro israelí obsequiándole su actual mayoría en el Knesset).

Oportunista y sin el menor escrúpulo, la de Miller –como la de su anterior jefe racista en el Senado, hoy xenófobo procurador Jeff Sessions y el actual Bannon, ideólogo fascisto-nacionalista y principal estrategista político de Drumpf– es la cara visible del ‘movimiento’ diseñado para desmantelar conquistas social-democráticas que aún quedan en los Estados Unidos, y que son atribuibles a la gestión de Franklin Delano Roosevelt. Un cierre de pinza que inició con la campaña del reaccionario republicano Barry Goldwater por la presidencia en 1964, y que alcanzó su cenit en las presidencias de Ronald Reagan, Bush padre y su hijo ya entrado el nuevo milenio.

El trumpiato requiere de funcionarios que traduzcan sus tonterías en política pública. Esa función la cumple, parcialmente, este hijo de un matrimonio liberal oriundo del estado de California que –aparentemente- descubrió su vocación tras la lectura de un tomo que rechazaba los controles en la compra, uso y distribución de armas de alto poder en la Unión Americana escrito por Wayne LaPierre, fanático jefe de la tristemente célebre Asociación Nacional del Rifle.

Esto dijo, en un programa de televisión del ‘enemigo’, por la cadena ABC:

Los poderes del presidente para proteger a nuestro país son muy sustanciales , y no serán cuestionadas”.

Contemplemos la ínfima calidad de la melcocha trumpiana, y -para el caso- la de su contraparte peñista con todo y Brain Trust mexiquense: Videgaray, Castillejos, Miranda Nava…

El patético dictadorzuelo Stephen Miller, en entrevista con George Stephanopoulos. Nótense los registros lastimeros de su voz impostada.

Circula un video de este filofascista de pacotilla, en donde Miller da muestras incipientes de una condición epidémica -e insuficientemente investigada- que define a la totalidad práctica del gabinete trumpiano, y en especial al patriarca: Assholery.

Un extracto puede verse en este enlace cuyo autor es Fernando Peinado, vía Fusion:

En el momento del discurso, Miller competía por un puesto en el gobierno estudiantil y era una figura tan polémica que las estudiantes le escogieron como protagonista del video.

Y esto fue lo que dijo el ojete consumado, para desmarcarse de otros candidatos a presidir a sus compañeros de generación:

Hola. Soy Stephen Miller. Algunos de ustedes saben quién soy yo, otros no”, se ve decir a Miller, sonriendo. “Pero no tenemos tiempo para eso ahora. Soy el único candidato que resalta aquí. Diré y haré cosas que nadie en su sano juicio diría o haría”.

“¿Acaso soy el único que está harto y cansado de que le digan que recoja la basura cuando ya tenemos bastantes conserjes a quienes pagan para hacerlo por nosotros?”.

A Miller le cortaron el micrófono casi de inmediato. En la grada algunos estudiantes se levantaron de sus asientos ofendidos y dispuestos a subir al escenario a enfrentarse con Miller, según recuerda Natalie Flores, una de las estudiantes en el público. En el video se ve a la presidenta de la Asamblea estudiantil, Coleen Yamamura-Clark, tratando de llevarse a Miller del podio. El consejero Don Hedrick y el vicepresidente estudiantil Justin Siplin le escoltaron fuera del escenario.

El diario estudiantil The Samohi reportó en su día que según los organizadores la causa del silenciamiento fue que Miller se había excedido de los 90 segundos asignados, pero en realidad otros oradores habían sobrepasado el límite sin haber sido callados, según estudiantes entrevistados por Univision Noticias. Según el diario, los discursos habían sido preaprobados por Hedrick, pero estudiantes consultados se sorprenden de que el exabrupto de Miller hubiera recibido luz verde y consideran que pudo haberlo improvisado.

“Era un comentario racista porque todos sabíamos que nuestros conserjes eran gente de color”, recuerda la exalumna Natalie Flores. Según los estudiantes, los conserjes eran en su mayoría latinos y negros.

Así arranca la carrera fulgurante de Stephen Miller hacia los centros del poder político en Washington.

Catorce años más tarde, el portavoz informal y trumpecito Miller fija posturas y se asume como leal cancerbero/perdonavidas de Trump, desde las entrañas de la Casa Blanca.

Uno interpreta la historia repetida, y se atreve a establecer similitudes evidentes con los anales del séquito de patiños de Mussolini. Caso Galeazzo Ciano (el Jared Kushner de su época, en la Italia del Duce), yerno del Duce -en su versión original- y ministro fascista de Relaciones Exteriores, o el de Roberto Farinacci (alias La Ladilla de Benito), ideólogo y enlace con movimientos europeos afines, y el del Ministro de Cultura Popular y propagandista incansable, Alessandro Pavolini.

Retrato de Ciano: funcionario, cómplice y yerno favorito. Foto: Arte Italia

La lista, como la de los compinches y parientes del Yeti anaranjado, es larga y harto deprimente.

Jared e Ivanka. Foto: NBC News

Enésima orden ejecutiva de Trump. Atrás suyo, los nefastos triunvires Kushner, Miller y Bannon. Foto: vía TheJournal.io

El clan Drumpf/Trompussolini. Foto: Forward


Benito Mussolini, con Bruno y Vittorio: dos de sus hijos aventajados. Encyclopaedia Britannica.

Algún biógrafo contemporáneo tendrá que ocuparse –imparcialmente, y a su manera- del extraño equipo de Trump, cuando se haya acabado la pesadilla (¿en 2021, o 2025 si mal nos va?) y generaciones futuras deseen abarcar los alcances perniciosos de la misma.

Por lo pronto y hasta nuevo aviso, Trump y sus compañeros de viaje surfean en el cruce de la política chatarra y el showbiz más truculento.

(Aquí otro extenso artículo sobre el hostigador Camisa Negra Miller, escrito por Peinado. Y por si fuera poco, un perfil de Miller vía Politico. ‘La gente del estilo de Miller siempre ha existido en los márgenes de la política; el ascenso de Trump le ha permitido colocarse en la vanguardia…’].

Recapitulemos. Entre otras labores, Miller ayudó a Bannon a maquilar los principales discursos de Trump en campaña; el que pronunció al cerrar la convención republicana en Cleveland, y el que inauguró su delirante gestión el 20 de enero pasado.

Su aporte refuerza, como lo demuestra a diario su líder moral, jefe máximo y patrón excelso, la renovada tiranía de las redes sociales con rostro inhumano.

Engrosa las filas de lacayos ‘útiles’ de Trump le acompañan su yerno Kushner, la impresentable Kellyanne Conway (acuñadora oficial del concepto o escuela de los hechos alternativos), y Reince Preibus, el pusilánime –e irrelevante- establishmentócrata republicano.

Dios los hace, ellos se juntan.

Como era de esperarse, el multimillonario ‘gladiador’ está pésimamente blindado por seguidores despreciables.

De Peña y compañía conocemos las mañas irremediables; les tenemos, hasta cierto punto, la medida tomada.

Por contraste, nos hace falta conocer mejor a las amenazas del trumpismo, y a sus causantes.

Foto: Chicago Tribune

La silueta del fanfarrón Trump, haciendo su entrada luchística durante la convención que oficializa su candidatura y la del homófobo Torquemada, fundamentalista protestante de Indiana, Mike Pence.

 

El Sepulturero de la WWE, alias Undertaker. Hielo seco y descarado plagio escenográfico del republicano. Foto: PW Pix

 

 

@alconsumidor

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