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Entropista
Por Daniel Gershenson
Me llamo Daniel Gershenson. A falta de un término más exacto, podría decirse que soy emprended... Me llamo Daniel Gershenson. A falta de un término más exacto, podría decirse que soy emprendedor social. Me dedico a temas que hasta hace poco: antes del advenimiento de las redes sociales según [email protected], se consideraban ociosos. Presido dos ONG sin fines de lucro desde mediados del 2006: ALCONSUMIDOR, y ALARBO, AC. (Leer más)
EU: eufemismos electorales
Los candidatos que han competido por la presidencia de EU han utilizado sucias artimañas para ganarle a sus contrincantes, algunas con exitosos resultados para sus promotores.
Por Daniel Gershenson
7 de noviembre, 2016
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Este martes 9 de noviembre se sabrá quién va a ocupar el lugar 45 en la lista del, o la próxima (y primera) presidenta de los Estados Unidos de su historia. Uno anticipa que sea Hillary Clinton: menor de los males si la comparamos con el falso billonario de cuello azul, narcisista magnate inmobiliario y candidato a Mussolini reloaded Donald Trump. Pero nada es seguro todavía.

Foto vía C-SPAN

Foto vía C-SPAN

Mares de tinta han circulado para desenmarañar el ciclo electoral que comenzó a principios de 2015, y que afortunadamente termina el martes. Se dirá que los insultos y las mentiras consuetudinarias del republicano, aunados a las tibias ofertas continuistas de la ex secretaria de estado, sinónimo viviente del statu quo –exitosísima lobbista y gestora de la fundación que ostenta el apellido de su marido problemático ex presidente Bill Clinton- reflejan el colapso relativo del ‘experimento americano’ que cumple 240 años de vida institucional y efectiva. Pero una victoria trampista sería catastrófica en todos los sentidos imaginables.

La campaña del deleznable personaje de Reality TV, en un entorno en el que las participaciones de titulares del Ejecutivo eran anecdóticas hasta la llegada del ídolo de películas ‘B’ Ronald Reagan, marca un antes y después que remite acaso a la Italia de Silvio Berlusconi.

Con antecedentes como el de Richard Nixon, y sus seis segundos de fama en el célebre Laugh-In de Rowan y Martin.

Sock it to Me??,

O el del gobernador de Georgia Jimmy Carter, participante del programa de concurso What’s my Line? en 1973, un año antes de la renuncia de Nixon por el escándalo de Watergate (y tres previos a su elección como presidente en el Bicentenario de su país):

Un simple mortal en busca de la nominación presidencial…

Cuesta trabajo rastrear los ‘inocentes’ orígenes de un término que podría ser la marca y sello de los comicios federales que están por finalizar el día de mañana.

La palabra es: Ratfucking. Un neologismo nixoniano que amerita menciones importantes en Todos los Hombres del Presidente escrito por los periodistas del Washington Post Bob Woodward y Carl Bernstein.

Es un vocablo que quizá signifique, mediante la contracción de la frase ‘ración militar’, sin referirse en primera instancia a la categoría de los roedores (sean éstos de cuatro, o dos patas): el Modus Operandi de elementos del Ejército norteamericano, que clandestinamente se allegaban Alimentos Listos para Comerse (en inglés: MRE, Meals Ready-to-Eat), y extraían el contenido azucarado; dejando, por incomible, el resto de la ración en su envase.

Se trató del robo de víveres enlatados, metamorfoseado en el idioma de las campañas publicitarias y políticas al ámbito de los embustes: las sucias artimañas que arrojan exitosos resultados para sus principales promotores.

En esa época de descubrimientos, ensayos y errores garrafales, pocos perfeccionaron tanto esta disciplina como Donald Segretti, miembro distinguido del Comité para Reelegir al Presidente Tricky Dick Nixon (CREEP), agrupación que consiguió una victoria aplastante en 1972, y que incubó métodos nefastos de hacer política que sobreviven a nuestros días. CREEP: engendro o revoltijo de veteranos de guerras sucias planeadas por la CIA, y empresa criminal que le costó la presidencia a Nixon.

 

Foto 2

Segretti, el Dirty Trickster fundacional, perfeccionó sus dotes de ratfucker mientras militaba –con otros colegas suyos, que eventualmente fueron contratados por la Casa Blanca- en organizaciones estudiantiles de la Universidad del Sur de California.

Durante el proceso previo a las elecciones de 1972, Segretti y su equipo se hicieron de papelería membretada, e inventaron señalamientos en el sentido de que el senador Henry ‘Scoop’ Jackson (posible rival de Nixon, demócrata de impecables credenciales halconíferas) había procreado años atrás un vástago con una joven menor de edad. A otros contrincantes demócratas como Edmund Muskie o el vicepresidente –y eventual candidato- Hubert Humphrey, se les acusaba –siempre anónimamente- de racismo, dipsomanía, y ‘conducta inmoral’.

El Department of Dirty Tricks: ese tristemente célebre equipo de los Plomeros de Nixon, es una institución que se remonta a los albores de la historia de los comicios en la Unión Americana: en específico a las elecciones del año 1800. Pero lo que hoy se practica, con presupuestos incalculables, es harto más alambicado.

Segretti estuvo en la cárcel algunos meses, dejó huella pero también futuros pasos relativamente desapercibido. Es un Don Nadie, después del ramalazo de Watergate.

No así, dos de sus alumnos aventajados. Karl Rove y Lee Atwater hicieron sus pininos encabezando contingentes de jóvenes universitarios del Grand Old Party en la época del furibundo paranoide Nixon. Fueron, como Segretti, College Republicans.

Harvey LeRoy “Lee” Atwater nació el 27 de febrero de 1951 en el Sur Profundo. Murió en Washington, centro del poder que él ayudó a conformar, el 29 de marzo de 1991.

De él, e ideólogos similares, dependió el triunfo de la racista Estrategia Sureña republicana de los años sesenta y setenta: la que atornilló en el poder a Nixon y –tras el interregno de Gerald Ford, y los cuatro años de Carter- culminó en la apoteosis conservadora que garantizó ocho años de Ronald Reagan y cuatro de Bush padre, junto con los ocho de Bill Clinton (seudo demócrata sureño; epígono joven y Lite del decrépito Reagan, actor segundón) y el mismo lapso, dos administraciones cataclísmicas, encabezadas por el pazguato George Bush Jr., y el Darth Vader de Wyoming Dick Cheney.

Llegó a la cima del partido republicano, antes de morir a los cuarenta años consumido por una terrible enfermedad.

¿Amanecer en América? Reagan y Atwater. Vía Politico

¿Amanecer en América? Reagan y Atwater. Vía Politico

Fue un animal político-electoral por excelencia. Fanático y guitarrista de Blues, pudo a grabar un disco con BB King y otros exponentes del género.   

Palomazo (y muecas ridículas) de Bush, Primero y Atwater. Tomado del blog Most Likely to Kill

Palomazo (y muecas ridículas) de Bush, Primero y Atwater. Tomado del blog Most Likely to Kill

Palomazo (y muecas ridículas) de Bush, Primero y Atwater. Tomado del blog Most Likely to Kill

El infame comercial sobre Willie Horton, afroamericano preso en Massachusetts que asesinó, con lujo de violencia, a una pareja tras haber obtenido permisos provisionales para salir de la cárcel, hundió al demócrata Michael Dukakis (ex gobernador de ese estado), en las elecciones de 1988 que ganó George HW Bush.

Para Atwater, el racismo de los años cincuenta tenía que ser matizado: volverse prácticamente una abstracción, aunque fácilmente comprensible por la masa republicana (blanca, antes demócrata pero que votó por Reagan en los procesos de 1980 y 84) para conservar su utilidad política.

Este extracto de una entrevista más larga, lo dice claro. Vocación torcida, que podría traducirse en una posible -aunque por fortuna, remota- victoria de Trump.

Turbios inicios. Karl Rove, esbirro y Svengali de Bush, Segundo.

Turbios inicios. Karl Rove, esbirro y Svengali de Bush, Segundo.

Llegó lejos Karl Christian Rove, nacido en Utah en 1950, contemporáneo de Atwater y perfeccionador de su mala obra ha sido el arquitecto de la desventura bushista, en su Segunda y peor Parte. Gracias a su know-how, el hijo mayor de Pappy pudo ganar dos elecciones estatales en Texas, y dos elecciones presidenciales. Se inició en la lid electoral, acusando a un candidato al Poder Judicial de Alabama, sin pruebas, de ser pederasta. Organizó una vasta –y por supuesto, anónima- campaña de rumores que sugería que Ann Richards, gobernadora tejana, popular demócrata enfrentada a Bush junior en 1994, era lesbiana y que ella favorecía ‘estilos homosexuales de vida’ (lo que esto quiera decir…) Hizo de los tres poderes de Texas, un trabuco republicano, sin oposición importante, que proyectó a su cliente al gobierno federal. Intentó lo mismo durante la gestión de GWB en Washington. Aún padecemos las consecuencias de su ambición desmesurada.

Apodado Turd Blossom (Flor de Mojón) por el cuadragésimo tercer presidente de los Estados Unidos George W. Bush, ha sido objeto de una biografía que contiene el siguiente subtítulo: El Sueño del Poder Absoluto.

Definitivo final. Bush y Rove en sus años de gloria. Miseria y porquería, para todos los demás.

Definitivo final. Bush y Rove en sus años de gloria. Miseria y porquería, para todos los demás.

En las elecciones primarias de 2000, en Carolina del Sur, Rove circuló panfletos acusando falsamente a John McCain, quien competía con Bush hijo por la nominación republicana, de haber tenido un hijo con una joven negra. En 2004, acabó con las aspiraciones presidenciales del demócrata John Kerry –héroe condecorado de la guerra de Vietnam, que Bush evitó enrolándose en la Guardia Nacional- cuestionando su patriotismo y enfrentándolo a grupos de veteranos financiados por el partido de sus amores. Vaya estuche de monerías.

Los Swift Boat Veterans for Truth, desmienten (por encargo de Rove, y compañía) los logros de Kerry.

El ratfucking al estilo de Rove se ha puesto de moda, en la campaña de Trump: esa recicla las insinuaciones que llevaron a la Casa Blanca (dos veces) a George Bush bajo la batuta del execrable alter ego y estratega Rove, y del que más tarde, en la campaña de 2008, sirvieron de modelo para que el equipo de la demócrata Clinton difundiera (por interpósitos medios y para realzar su aparente ‘extranjería’, como sucede en estos casos) una foto del candidato Obama enfundado en turbante y atavíos ‘exóticos’ que portó el demócrata, cuando era todavía senador por Illinois, durante una visita oficial a Somalia . Situación que produjo, por indirección, la caricatura de la revista New Yorker donde Michelle Obama, disfrazada de guerrillera) y su esposo (él, en rol de terrorista) intercambian fist-bumps bajo la atenta mirada de un cuadro de Osama bin-Laden.

El monigote-protagonista de El Aprendiz, y su muñequito. En la gráfica no se distingue bien cuál es cuál.

El monigote-protagonista de El Aprendiz, y su muñequito. En la gráfica no se distingue bien cuál es cuál.

La Vasta Conspiración Reaccionaria, prevista por Hillary en 1998, y que creció hasta adquirir las dimensiones de una ‘industria del escándalo’ durante la administración del primer Clinton (1993 al 2001) y mucho después, con sus delirantes hipótesis reconfiguradas por Fox News durante la presidencia del Obama, alcanza niveles insospechados de escandalismo.

Sus obras y resultados, producirán efectos electorales similares en Estados Unidos.

Me temo que también, en México.

 

Karl Rove –en la actualidad, comentarista especializado de la cadena conservadora Fox News– dizque rapeando; fallido intento por bailotear junto, y ante, sus numerosos admiradores de la prensa. Show en honor de los estenógrafos del jefe Shrub, y su pandilla de delincuentes de cuello blanco.

https://www.youtube.com/watch?v=VVn57D1XNho

Acá un documental sobre Rove; lo produjo en 2005 la PBS, televisión pública estadounidense.

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Increíble pero cierto.

Increíble pero cierto.

Los milagros sí existen. Los Cachorros de Chicago ganaron la Serie Mundial, por primera vez en 108 años (dos años antes de la irrupción revolucionaria; cuando Porfirio Díaz era presidente de México). Se acabó la maldición del macho cabrío, y el sufrimiento de Steve Bartman. Si la escuadra de los Cubs pudo  sacudirse la losa de perdedores que los acompañaba –uno desea que pase lo mismo con el Atlas FC, solitarios campeones del futbol mexicano en el remoto 1951- quizá puedan darse cambios positivos (que actualmente parecen inconcebibles) en nuestro país.

@alconsumidor

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