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Entropista
Por Daniel Gershenson
Me llamo Daniel Gershenson. A falta de un término más exacto, podría decirse que soy emprended... Me llamo Daniel Gershenson. A falta de un término más exacto, podría decirse que soy emprendedor social. Me dedico a temas que hasta hace poco: antes del advenimiento de las redes sociales según [email protected], se consideraban ociosos. Presido dos ONG sin fines de lucro desde mediados del 2006: ALCONSUMIDOR, y ALARBO, AC. (Leer más)
Indispensables árboles
En los últimos 5 años la tasa de cobertura arbórea perdida ha aumentado en razón de un 43%, al tiempo que los irremplazables bosques tropicales principales han sufrido una tala anual de 4.3 millones de hectáreas.
Por Daniel Gershenson
16 de septiembre, 2019
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A riesgo de sobreusar el cortapega (o cut and paste, como en ocasiones anteriores), y entendiendo que las nuevas prioridades nacionales de la Tetratransformación en curso sólo incluye la (todavía hipotética) siembra exclusiva de árboles frutales y maderables para ‘combatir frontalmente la devastación ambiental’ -palabras más o palabras menos, a cambio de proyectos nacionales de infraestructura y lucimiento personal 100 % ecocidas- comparto estas tajadas de la realidad extraídas de publicaciones inglesas, libremente traducidas por este servidor.

Una superficie equivalente a la del Reino Unido se pierde cada año en el mundo, la inmensa mayoría de bosques de lluvia tropical, con consecuencias funestas para el calentamiento global y la vida silvestre animal (…)

La tasa asciende a 26 millones de hectáreas anuales, de acuerdo a un estudio, habiéndose incrementado dramáticamente en el último lustro y a pesar de compromisos asumidos por gobiernos del mundo en el sentido de que pondrían todo su esfuerzo para revertir la reforestación y plantar millones de árboles (…)

Una declaración en ese sentido, firmada en Naciones Unidas en 2014, requería a los países miembros de la institución que redujeran la reforestación a la mitad para el 2020 al tiempo que restaurasen 150 millones de hectáreas de superficie forestal degradada.

Pero la tasa de cobertura arbórea perdida ha aumentado en razón de un cuarenta y tres por ciento desde la firma de este acuerdo, al tiempo que los irremplazables bosques tropicales principales han sufrido una tala anual de 4.3 millones de hectáreas desde entonces.

En las regiones de América Latina, el Sudeste asiático y el continente africano –donde se concentran las mayores zonas de bosques tropicales- la tasa anual de pérdida de cobertura aumentó considerablemente en el lapso que comprende los años 2014 al 18 (comparado con el periodo entre 2001 y 2013). Mientras la pérdida más grande se resintió en Latinoamérica, el porcentaje mayor pertenece a países de África, donde el incremento anual se duplicó de 2 a más de 4 millones de hectáreas perdidas sin remedio (…)

(Esto, sin tomar en cuenta los miles de incendios forestales alentados por la suicida política desarrollista del brasileño Bolsonaro, en 2019).

(…) la ola de grandes incendios recientes ha secado grandes areas del bosque, que se vuelven así aún más combustibles (…)

El bucle de retroalimentación negativa (Negative Feedback Loop) que podría resultar de este escenario y que tanto atemoriza a especialistas climáticos, amplifica los efectos del calentamiento. En el caso de los bosques, diseca a los árboles (volviéndolos más flamables) e incrementa la temperatura, los incendios y la acumulación consecuente de bióxido de carbono (…).

Y seguimos. Aquí un extenso -e indispensable- texto extraído de la página de la Bé Bé Cé, que ofrece puntual respuesta a la pregunta: ¿qué sucedería si la superficie de la Tierra se quedara sin árboles?

Los servicios arbóreos al planeta abarcan el almacenaje de carbono, la conservación de suelos y la regulación de ciclos del agua. Apoyan a los sistemas de alimentación natural y humana, y proveen casa y cobijo a incontables especies. Sin embargo, a menudo consideramos que los árboles son prescindibles: como una fuente exclusiva de lucro, o peor aún, como un estorbo al desarrollo humano. Desde que nuestra especie comenzó a practicar la agricultura hace aproximadamente doce mil años, la Humanidad ha eliminado casi 2,900,000,000,000 árboles, de acuerdo a un análisis publicado en 2015 por la revista Nature.  

La mayor parte de la deforestación ha sido reciente. Desde el inicio de la Era Industrial, los bosques han disminuido en un 32 %. La mayor parte de los tres trillones de árboles (tres, coma doce ceros) en los trópicos se pierde con gran rapidez, con la tala anual de aproximadamente quince mil millones de especies de acuerdo al estudio de referencia (y sin contar, por supuesto, con el efecto Bolsonaro mencionado arriba). En muchos lugares la pérdida se ha vuelto exponencial. Investigaciones apuntan a un incremento del ochenta y cuatro por ciento en incendios en el Amazonas, en comparación con el mismo lapso en 2018. La técnica de tala y quema ha aumentado notoriamente en países como Indonesia y Madagascar.

(…) si todos los árboles del mundo desaparecieran de súbito, también lo haría la mayor parte de su biodiversidad. La pérdida de hábitat es ya la causa principal de las extinciones en ciernes, así que la destrucción de los bosques que quedan serían catastróficas para plantas, animales y demás organismos, de acuerdo al ecologista brasileño Jayme Prevedello de la universidad estatal de Rio de Janeiro. “Las extinciones serían masivas para todos los grupos, tanto a escala local como global”.

La ola de extinciones se extendería más allá de los bosques, afectando a la vida silvestre que depende de árboles individuales. El año pasado, Prevedello y sus colegas encontraron que la riqueza de las especies aumentaba de 50 a 100 por ciento en aquellas áreas donde se encontraban árboles aislados, en comparación con sitios sin ellos. “Aún un solo árbol en un área abierta puede actuar como ‘magneto de la biodiversidad’, atrayendo y proporcionando recursos para una multitud de plantas y animales. Por consiguiente, aún la pérdida de árboles aislados tiene un severo impacto en la biodiversidad” (…)

(El artículo procede a enumerar una larga lista de consecuencias letales para prácticamente todos los ecosistemas del planeta). Continúa:

A escala global los árboles combaten el calentamiento causado por cambios climáticos mediante el almacenamiento de carbono en sus troncos, y la remoción de bióxido de carbono de la atmósfera. A la deforestación se le atribuye un total de 13% del total de las emisiones de este gas, de acuerdo al reporte de la IPCC divulgado en agosto, mientras que el cambio del uso de la tierra corresponde otro 23 % de las emisiones mortales. Si se acabaran todos los árboles de la Tierra, aquellos ecosistemas forestales se volverían únicamente fuentes de emisión de bióxido hacia la atmósfera, en palabras de Paolo D’Odorico, profesor de ciencias del medio ambiente de la Universidad de California en Berkely.

Con el tiempo, sobrevendría la liberación hacia la atmósfera de 450 gigatoneladas de carbón: más del doble de las ‘contribuciones’ de la Humanidad hasta el momento. Durante un cierto tiempo los efectos más catastróficos podrían ser atenuados por plantas más pequeñas y pastos, pero debemos considerar que –si bien es cierto- estas plántulas capturan el carbono más rápido que los árboles, también lo liberan a mayor velocidad. Eventualmente –quizá tras algunas décadas- estas especies no podrían impedir el calentamiento eventual. “La línea de tiempo dependería de dónde se encuentra uno, pues la descomposición sería más rápido en trópicos que regiones glaciales”, dice el profesor D’Odorico. “Pero cuando el bióxido de carbono ingresa a la atmósfera, realmente no importa de donde proviene”. 

Una vez detonada la bomba de tiempo del carbono por esta descomposición, la Tierra se transformaría en un planeta infinitamente más caliente, con temperaturas no vistas desde antes de la evolución de los árboles. Inmensas cantidades de carbono terminarían asimismo en los océanos, causando acidificación extrema y la muerte de prácticamente todas las formas de vida en su interior.

El sufrimiento de la Humanidad habría comenzado mucho antes de este desenlace catastrófico. El aumento súbito de la temperatura, junto con la ruptura del ciclo hídrico y la pérdida de sombra afectaría a la especie humana y al ganado por igual. La pobreza y la muerte sería el destino de cuando menos mil seiscientas millones de habitantes del planeta (…)

Los sistemas agrícolas sufrirían oscilaciones intolerables. Agricultural systems would likewise swing wildly out of whack. Cultivos de sombra declinarían de manera drástica, así como aquellos que dependen directamente de especies polinizadores que hacen de los árboles su hogar … con el tiempo, toda la tierra cultivable requeriría dosis cada vez más grandes de fertilizantes, y mayores índices de calentamiento acabaría con ella.  

En añadidura a estos cambios devastadores, tendríamos inconmensurables impactos a la salud humana. Los árboles despejan el aire mediante la absorción de agentes contaminantes y la captura de partículas tóxicas en sus hojas, ramas y tronco. Estudios proporcionados por el Servicio Forestal estadounidense calculan que los árboles en la Unión Americana contribuyen a remover 17.4 millones de toneladas de contaminación del aire cada año, un servicio ambiental equivalente a seis mil ochocientos millones de dólares (…)

Y en cuanto a otra índole de impactos, el reportaje de referencia admite quedarse corto.

Finalmente y aunque aislada, una nota positiva entre tantísimas pésimas. Hay atisbos de esperanza cuando se exalta (y por extension, se protege) a los Árboles Campeones de todo el mundo. Encomiable costumbre europea y norteamericana que -a diferencia de las execrables trumpistas, adoptadas a pie juntillas en el ámbito migratorio por el titular del Ejecutivo y su cuasi primer ministro y posible sucesor en el cargo– deberían, estas sí, ser replicadas en México.

Vía BBC. Premio al Árbol del Año en el Reino Unido, 2019: Grandes sicomoros y robles, en consideración.

***

Pero claro: falta ver si Trump repite en el cargo cuatro años. Por lo pronto ya tiene al Amazonas de los Estados Unidos, a saber: el Bosque Nacional Tongass de Alaska, en la mira.

 @alconsumidor 

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