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Por Daniel Gershenson
Me llamo Daniel Gershenson. A falta de un término más exacto, podría decirse que soy emprended... Me llamo Daniel Gershenson. A falta de un término más exacto, podría decirse que soy emprendedor social. Me dedico a temas que hasta hace poco: antes del advenimiento de las redes sociales según [email protected], se consideraban ociosos. Presido dos ONG sin fines de lucro desde mediados del 2006: ALCONSUMIDOR, y ALARBO, AC. (Leer más)
Mal de muchos...
Venalidad y estupidez judicial se dan tanto en México como Canadá y Estados Unidos, con jueces que acentúan la justicia selectiva y la preservación malsana de la cultura del privilegio.
Por Daniel Gershenson
19 de septiembre, 2016
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consuelo de tontos. Si en México abundan representantes del Poder Judicial fatuos, venales, corruptos e indescriptiblemente ignorantes, no están exentos otros lugares de esta calamidad que deseamos –cuando menos, en el discurso- emular sin éxito. Cosa de ver el singular caso del misógino juez federal canadiense Robin Camp, quien en estos días enfrenta un proceso que podría derivar en su destitución definitiva.

Insensible, falto de empatía y moralmente estúpido: así ha sido calificado por la opinión pública y especializada. Foto vía blog Ne’er do well Hall of Infamy

Insensible, falto de empatía y moralmente estúpido: así ha sido calificado por la opinión pública y especializada. Foto vía blog Ne’er do well Hall of Infamy

Camp es un ex abogado sudafricano, nacido en 1952, que migró con su familia a Canadá a finales del siglo pasado. Ejerció esa profesión como litigante en su país de origen; se convirtió en juez y asumió en 2012 en su tierra adoptiva la titularidad del Tribunal de Violencia Doméstica en la provincia de Alberta. Fue responsable de dictar una sentencia absolutoria en la causa que podría costarle el trabajo, y que se desahogó en 2014.

Fue una violación perpetrada por un sujeto en situación de calle, que entonces tenía 19 años. La víctima -también indigente- de veinticuatro, fue considerada por el juez ‘acusada’ a lo largo de todo el proceso, que concluyó con la exoneración del delincuente y el acoso incesante a la víctima.

Algunas preguntas del juez canadiense a la mujer, fueron las siguientes:

¿Por qué no se cuidó ella de mantener las piernas cerradas? Dado que el evento se efectuó encima de un lavabo, ¿por qué no intentó hundir su trasero (sic), para así evitar una efectiva penetración?

Robin Camp absolvió al agresor, recomendándole ser más gentil con las damas, evitando así enfrentar problemas similares futuros para él y sus amigos. Su conclusión: ‘Tenemos que entender que el sexo y el dolor a veces van de la mano (sic)’. Los abogados de la víctima consiguieron apelar la sentencia, y el magistrado se encuentra actualmente en la cuerda floja.

Diversos medios y plataformas en redes se pronuncian contra estos vicios nada ocultos -y taras atavísticas- que acentúan la justicia selectiva y la preservación malsana de una alta cultura del privilegio. De la decisión que tomen los representantes de la rama judicial del gobierno canadiense, dependerá el grado de confianza que le otorgue la ciudadanía sometida a escenarios similares.

Brock Turner abusó de su víctima cuando ella se hallaba en la intemperie y totalmente inconsciente. Foto: Vía ABC News

Brock Turner abusó de su víctima cuando ella se hallaba en la intemperie y totalmente inconsciente. Foto: Vía ABC News

El juez Aaron Persky, para quien el depredador Turner no merecía afrontar las consecuencias de sus actos en la cárcel. Foto: Washington Times

El juez Aaron Persky, para quien el depredador Turner no merecía afrontar las consecuencias de sus actos en la cárcel. Foto: Washington Times

A este caso se suma el del afluente violador Brock Turner, Porky norteamericano y nadador caucásico del equipo de la Universidad de Stanford, liberado hace un par de semanas tras purgar apenas la mitad de una sentencia -de suyo excesivamente benévola, pues pudo haber sido de hasta catorce años- impuesta por el juez Aaron Persky del condado de Santa Clara (‘la prisión será traumática para él’) y cuyo padre abogó en su descargo justificando la conducta de su hijo durante esos ‘veinte minutos de acción’ (sic), que desde su punto de vista, no ameritaban cárcel. Boys will be boys, en la jerigonza de la corrección política angloparlante. Tal parece que en el catálogo de ultrajes de índole variada, la violación y el estupro son patentes exclusivas e irrenunciables de la neoaristocracia WASP del dinero (y sus sucursales mexicanas).

El juez Camp, acompañado de su esposa Maryann y su hija Lauren-Lee. Foto: THE CANADIAN PRESS / Jeff McIntosh

El juez Camp, acompañado de su esposa Maryann y su hija Lauren-Lee. Foto: THE CANADIAN PRESS / Jeff McIntosh

El juez Camp, acompañado de su esposa Maryann y su hija Lauren-Lee (víctima, esta última y hace algunos años, de una violación no denunciada), ‘adyacencias femeninas voluntarias’, término acuñado por la editorialista Heather Mallick del Star de Toronto. Al juez lo apoyan, en su tentativa por redimirse y conservar el puesto, ‘adyacencias’ académicas adicionales: una juez, una experta en diversidad sexual (sic) y una sicóloga. Ellas alegan que a Camp le aquejan déficits en problemas de conocimiento, no de carácter (sic).

En el escenario canadiense las apuestas parecen inclinarse, entre los conocedores del tema que han seguido -de cerca y a detalle- las incidencias del proceso, hacia una eventual resolución que regrese a Robin Camp a su puesto; sólo mediaría, según los cálculos, una reprimenda gremial y la promesa de tener un poco más de cuidado a la hora de tomar decisiones similares.

Sería éste un abalorio adicional, en la cuenta y legado del nefasto ex primer ministro conservador Stephen Harper, que gobernó Canadá a partir de 2006 y hasta 2015.

Y la cuenta que incluye la trayectoria del actor y comediante Bill Cosby, acusado de drogar y violar a decenas de mujeres. Y la de Roger Ailes, veterano reaganista y creador del concepto Fox News –canal conservador por excelencia, el más taquillero en la televisión de paga norteamericana- recientemente separado de la dirección general por acosar sexualmente a varias conductoras de sus noticieros; hoy asesor estrella del candidato Donald Trump. O Jacob Zuma, corrupto presidente de Sudáfrica que libró, hace algunos años, la acción de una justicia amañada que lo exoneró de cargos graves que incluían la violación de una conocida suya.

Y, en otro orden, la de la indulgencia ante los despojos institucionales del aprendiz de Harper, Enrique Peña, quien aún supone que el embrollo de su casa blanca, y todos los demás abusos (los de él, y su gavilla), se solucionan (borrón y cuenta nueva) con una falsa disculpa; concesiones simbólicas suficientes como para pasar a asuntos de importancia capital como son el tránsito del cuestionadísimo Tomás Zerón, de PGR hacia la secretaría técnica del Consejo Nacional de Seguridad; o el inminente banderazo en la carrera por la presidencia de México en 2018.

Venalidad y estupidez judicial demuestran su cabal salud en nuestras latitudes, con ejemplos como el de fósil Edgar Elías Azar, que encabeza en forma vitalicia el Tribunal Superior de Justicia del DF (el autodenominado empleado del jefe de Gobierno), o la execrable Yasmín Esquival Mossa, #Magistraficante de Influencias ratificada mayoritariamente por la Asamblea Legislativa local, conducto principal de trinquetes de constructores e inmobiliarios y actual cónyuge de José María Riobóo, uno de los contratistas de obra pública favoritos de Marcelo Ebrard, López Obrador y Miguel Ángel Mancera, neoregente de la Ciudad de México.

Ambos, como Camp el canadiense y el norteamericano Persky, togados badulaques y canallas.

 

@alconsumidor

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