Reconstrucción estadounidense: doctrina Trump - Animal Político
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Entropista
Por Daniel Gershenson
Me llamo Daniel Gershenson. A falta de un término más exacto, podría decirse que soy emprended... Me llamo Daniel Gershenson. A falta de un término más exacto, podría decirse que soy emprendedor social. Me dedico a temas que hasta hace poco: antes del advenimiento de las redes sociales según [email protected], se consideraban ociosos. Presido dos ONG sin fines de lucro desde mediados del 2006: ALCONSUMIDOR, y ALARBO, AC. (Leer más)
Reconstrucción estadounidense: doctrina Trump
Escribió en 1775 el ensayista y crítico inglés Samuel Johnson que el patriotismo es el último refugio de los bribones. Trump y su pandilla de rufianes perfeccionan este axioma. El jeque inmobiliario y mitómano ha concebido el embuste sistematizado como su eje casi único de gobierno.
Por Daniel Gershenson
6 de marzo, 2017
Comparte

Para descifrar al Mentiroso en Jefe, y al nativismo excluyente que lo singularizan a él y a su círculo más íntimo de asesores y parientes, es aconsejable acercar la vista al filme Birth of a Nation (1915) –en muchos sentidos, antítesis del churro Plan Nueve del Espacio Exterior– del director sureño y creador David Wark Griffith (1875-1948), vía Archive.org.

‘Una institución americana’ … Vía blog Art Attack

‘Supremo espectáculo de todos los tiempos’ … Google Images

La película, que dura más de tres horas, sólo es conocida por oídas; su proyección en salas -y estudio intensivo- se limita a circuitos especializados, pero fue sin ninguna duda el trabajo que, por su refinada técnica y lenguaje cinematográfico novedoso, logró conceder el sitio de excepción que presume Hollywood en el imaginario colectivo, exportable a todos los rincones del mundo. Forma inspirada y deleznable contenido: una receta paralela a la que utilizó Leni Riefenstahl, directora de la apología hitleriana Triunfo de la Voluntad (‘producida por órdenes del Führer’), en la época de la consolidación nazi de 1935.

Dixon el racista. Vía blog Árboles Muertos y Mucha Tinta

El melodrama en el que se basa la obra de Griffith es su interpretación de una novela publicada en 1905 por el segregacionista (y sureño, como él) Thomas Frederick Dixon, Jr. (1864-1946), cuyo epitafio lo define como Abogado-Ministro-Autor-Orador-Dramaturgo-Actor. Dixon nace un año antes de la contundente derrota de la Confederación de estados esclavistas que se habían separado de la Unión Americana, provocando la Guerra Civil, y vivió en su natal Carolina del Norte durante el periodo de la Reconstrucción implementada por el Congreso de mayoría republicana (el partido de Abraham Lincoln, quien emancipó de los esclavos de esos territorios en 1863), y que aprobó enmiendas constitucionales que garantizaban derechos civiles de poblaciones afroamericanas ante el rechazo de los blancos que habían sido los principales beneficiarios de la Institución Peculiar. Muere un año después del fin de la Segunda Guerra Mundial y el inicio de la Pax Americana.

Lleva por nombre The Clansman, y el subtítulo Romance Histórico del Ku Klux Klan; una adaptación para el teatro realizada por el autor el mismo año, precede a la película de Griffith por una década. Fue un éxito totalmente rebasado por la versión cinematográfica, que colocó a este último en el panteón de los directores indispensables de cine y a la obra en el principal recurso para reclutar nuevos miembros al Klan, después de décadas de irrelevancia.

Para Dixon, y luego Griffith, la irrupción del KKK significa un acto ‘redentor’ del modo de vida esclavista sureño, y la reimposición del orden, progreso y supremacía anglosajona a costa de las libertades obtenidas -con suma dificultad, en el Sur- por las y los esclavos liberados. Mediante el terror y la intimidación, estas bandas de criminales enfundados devuelven al Partido Demócrata el dominio de esa región americana, que perdura hasta que Richard Nixon y su Estrategia electoral Sureña de 1968 le arrancan el control para depositarlo en la corriente Republicana más reaccionaria.

‘Éste es un gobierno de los blancos’, ‘peor que la esclavitud…’ Blog de Michelle Henry

La triple KKK devuelve a los afroamericanos a una condición de ciudadanos de tercera clase, abandonados por el gobierno federal -a partir del triunfo de Rutherford B. Hayes en tramposa elección de 1876, y el retiro definitivo de tropas federales de la zona en 1877. Garantiza la separación de razas, institucionalizada por la Suprema Corte en 1896 con la doctrina ‘Separada pero Igual’, y eventualmente incuba, en una de sus vertientes del Trumpofascismo, a la rehabilitación neoracista hoy en boga, y que pregonan sin empacho el estratega Steve Bannon y el resto de su camarilla.

Los doce años que abarcan la época de la Reconstrucción Norteamericana, con sus tentativas (fallidas) por incorporar a los antiguos esclavos y sus familias a los ámbitos de la política y la economía en plano de igualdad con los blancos, son un pretexto ideal para justificar los atropellos sin cuento –pasados y actuales- que soportan franjas vulnerables de la población, y que con el ascenso del neoyorquino y compañía se han vuelto ‘respetables’ y ‘permanentes’.

Las supercherías que plantea Nacimiento de una Nación encontraron eco en la Academia durante mucho tiempo, hasta bien entrado el siglo veinte; poseen incluso el indebido nombre, y la dudosísima reputación, de ‘Escuela de Pensamiento’: la Dunningista.

Los blancos del sur, sin embargo, percibieron a la Reconstrucción de una forma totalmente distinta. No utilizaron términos como ‘triunfo’ o ‘victoria’; para ellos, fue una época de corrupción y maldad. Se le conocía como ‘Era Trágica’. William Archibald Dunning alegó que la Reconstrucción consistió en ‘un esquema radical, motivado por odio a la población sureña blanca, y que pretendía imponer el gobierno corrupto de los negros, scalawags y carpetbaggers ’. La obra más conocida de Dunning (La Reconstrucción Política y Económica), de 1907, narra a detalle los esfuerzos de los blancos en el Sur durante la Reconstrucción … sus seguidores abordan la ‘invasión’ del gobierno federal, en esa época, y la pérdida de poderes estatales y el maltrato hacia los blancos en la Etapa Trágica.

Noten la semejanza con los reclamos de Trump, y el apoyo –tácito, o activo- de la Mayoría Silenciosa en noviembre pasado.

¿Podría acaso, en las actuales circunstancias de avasallamiento republicano en Congresos federales y entidades políticas, ser rebasada por las sandeces que propalan Bannon, Stephen Miller, Jefferson Sessions o algún otro espontáneo e idiota útil (ojo, alfombra Videgaray) del Trumpiato?

Hoy reviven los mismos conceptos, respetabilizados por Trump y de la mano de su realidad alternativa nacional.

Escribió en 1775 el ensayista y crítico inglés Samuel Johnson (ciento cuarenta años antes del estreno de Birth of a Nation, y doscientos cuarenta y dos previos al inicio de la pesadilla trumpera) que el patriotismo es el último refugio de los bribones. El embustero naranja y su pandilla de rufianes modernizan y perfeccionan este axioma. El jeque inmobiliario y mitómano ha concebido el embuste sistematizado, como su eje casi único de gobierno.

Nos tendremos que volver trumpólogos: adentrarnos en sus caprichos recurrentes, la nada oculta fuente de racismo o su misoginia.

Preocupa que su gestión, a seis semanas de la toma o asalto de la misma, posea un tufo de anacronismo; como si el Ejecutivo fuese la venganza de los sureños resentidos que añoran tiempos superados, y que sienten tenerlos al alcance la mano.

Los Padres Fundadores Washington, Jefferson y Madison (los tres, hijos predilectos del estado de Virginia) eran plantadores agrarios, con su complemento de esclavos. (Para consultar la lista de presidentes americanos propietarios de esclavos, aquí una lista).

Woodrow Wilson, amigo y compañero universitario de Thomas Dixon, fue testigo privilegiado del estreno de Birth of a Nation en la Casa Blanca. A él se le atribuye la reseña ‘es como ver escrita la Historia con relámpagos’. Se esmeró, durante su presidencia, en separar a las razas en su desempeño en oficinas del gobierno federal.

Cortesía University Press Club. ‘La segregación no es humillación, sino beneficio; así debería ser considerada por ustedes, caballeros’ W. Wilson, vigésimo octavo presidente de los Estados Unidos.

El Segregacionismo o Apartheid a la Americana dejó de ser un peligro latente, eliminado del mapa por las victorias de Barack Obama en 2008 y 2012.

Para entender el fenómeno Trump, no basta con ser espectadores incrédulos del filme de Griffith. Podemos revisar, en el ámbito de los comicios presidenciales, la biografía y candidatura en 1948 del político centenario Strom Thurmond (1902-2003), acérrimo enemigo de las minorías y de los avances en derechos civiles afroamericanos. (Por cierto: obtuvo 39 votos electorales en esos comicios). O la de George Wallace (1919-98), ex gobernador alabamense cuyo lema –tomando posesión del cargo, en 1963- fue ‘Segregación, ahora; Segregación, mañana; Segregación, para siempre’.

O la trayectoria del pre-Bannon Lee Atwater, y su pupilo aventajado Karl Rove (eminencia gris electoral y de políticas públicas rupturistas, junto con las catástrofes internacionales alentadas por el vicepresidente Dick Cheney y sus Vulcanos, que hicieron la guerra vs. El Otro, el ‘enemigo existencial’, desde su particular óptica: el sujeto musulmán). 

El apoyo incondicional, y el posterior júbilo de la triple K al enterarse de los resultados en los comicios de noviembre 2016, no es un simple asunto para el chascarrillo o la anécdota. Existen precedentes cercanos.

No fue casualidad que la campaña presidencial exitosa de Ronald Reagan en 1980 arrancó en Philadelphia, Mississippi, condado de Neshoba: el mismo lugar donde fueron asesinados tres jóvenes voluntarios –Andrew Goodman, Michael Schwerner, James Chaney, dos blancos norteños, un afroamericano- que ofrendaron sus vidas para incorporar a ciudadanos negros en edad de votar a las listas electorales.

Las arengas e indirectas racistas, encarnadas en el término dog whistle politics, y únicamente audibles para el que quiera entenderlas porque ocupan frecuencias de silbatos caninos, se han vuelto estridentes en nuestros días debido a la caja de resonancia tuitera de Trump, Fox News, Breitbart y sus múltiples simpatizantes y allegados.

Jeff Sessions, exsenador por Alabama y actual Procurador de Justicia; fiel y vociferante comparsa de Trump, quien lo rescató del basurero. Punta de lanza del Supremacismo blanco, versión siglo XXI. Politico.com

El discurso del precandidato Trump que consideraba a los migrantes mexicanos como violadores, ladrones y criminales, lo ubicó en el mapa electoral con ventaja sobrada sobre sus contrincantes republicanos.

.

La victimización, el miedo, la exclusión y el odio atizados por la extrema derecha norteamericana se han vuelto ‘convencionales’.

Griffith saludando a la posteridad. AP Photo.

En suma. Birth… y las innovaciones retrógradas en técnicas y estilos que damos por sentado a más de un siglo de su estreno, y que desembocan en las reivindicaciones negacionistas del ‘Líder del Mundo Libre’, es un componente lejano -pero muy aplicable- a nuestros convulsos tiempos.

El heredero Drumpf. Foto: LA Times

 

@alconsumidor

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.