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Entropista
Por Daniel Gershenson
Me llamo Daniel Gershenson. A falta de un término más exacto, podría decirse que soy emprended... Me llamo Daniel Gershenson. A falta de un término más exacto, podría decirse que soy emprendedor social. Me dedico a temas que hasta hace poco: antes del advenimiento de las redes sociales según [email protected], se consideraban ociosos. Presido dos ONG sin fines de lucro desde mediados del 2006: ALCONSUMIDOR, y ALARBO, AC. (Leer más)
Reliquias
Aurelio Nuño Mayer es el súbito favorecido por el dedo Presidencial, una especie de Kim Kardashian autóctono (guardando las proporciones, pero con similar propósito de ‘pedagogía’ showbiz), con cobertura intensiva y sospechosa unanimidad en medios impresos y electrónicos.
Por Daniel Gershenson
1 de diciembre, 2015
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Será muy difícil, proeza casi imposible, deshacernos de atavismos y supersticiones cívicas que se incubaron hace décadas durante la consolidación de la Edad de Oro del PRI y siguen invadiendo el imaginario colectivo mexicano ahora que cursamos su Edición de Plata (con herederos cleptócratas aventajados, y presentes en la totalidad de los partidos representados en Legislaturas, gobiernos estatales y municipios colonizados por la ‘Filosofía’ del Agandalle).

Su principal exponente nacional ha quedado desnudo, figurativamente hablando. El zar o emperador de las telecomunicaciones no lleva ropa, y las galerías se desgañitan aplaudiendo sus exacciones, porque -eso sí- nos jode con precios altos y pésimo servicio, pero es es orgullosamente mexicano. Después de la reciente y atinadísima aparición del libro Slim, de Diego Osorno (editorial Debate, 2015), el cual desmenuza algunos aspectos de la vida y obra del mexicano más rico del mundo, candidato aventajadísimo que año con año disputa el campeonato mundial de la ultrarriqueza con Bill Gates y Warren Buffett en las páginas de Forbes y Fortune (las AMB, CMB u OMB de los rankings plutócratas), será difícil mantener el apoyo acrítico a sus pretensiones de ser un Creso local. La obra de Osorno constituye un repaso concienzudo, aporte esencial que arroja datos y pistas que permiten descifrar mejor la carrera fulgurante de Slim, y aquellos vínculos a lo largo de su carrera que convierten al personaje en epítome de la oligarquía cuya influencia rebasa las fronteras de países que en la enloquecida Era Neoliberal le quedan, francamente, chicos.

El dueño de Telmex, América Móvil y cientos de empresas más se yergue como lo más cercano a un dios, en su mítica y personalísima apoteosis. No se detallan los doce trabajos de Heracles o las proezas de Jasón y los Argonautas, pero sí sus correlatos modernos: la obtención de ventajas indebidas, por ejemplo, tras la compra del monopolio estatal que significó el arranque de su emporio delirante y la casi inmediata metamorfosis en trampolín de las Grandes Ligas privatizadoras, sin organismos reguladores o estadistas de la talla de Teddy Roosevelt: alguien que (en las postrimerías de la época de los Robber Barons) hizo valer el espíritu de leyes que acotaron la influencia perniciosa de esos Goliats desmesurados. Capítulo olvidado, aún en Estados Unidos, de una historia que aquí no dejará huella de repetirse otro capítulo sexenal del priato para 2018.

Religión rigurosamente empresariada. Marcial Maciel y Carlos Slim. // Foto vía Imagen 21

Religión rigurosamente empresariada. Marcial Maciel y Carlos Slim. // Foto vía Imagen 21

El Conductor de la Legión departe con el Ingeniero de Almas Humanas (versión México siglo XXI). // Foto: Vows of Silence

El Conductor de la Legión departe con el Ingeniero de Almas Humanas (versión México siglo XXI). // Foto: Vows of Silence

Una religión secular, digna de Slim y sus acólitos es lo que planteó a principios de siglo un compañero en la empresa donde yo trabajaba. Portaba siempre un portafolio desvencijado que contenía el objeto mágico o talismán que, me explicaba, lo sacararía eventualmente de penurias económicas: una amarillenta misiva mecanografiada y en inminente riesgo de desintegrarse, pero con cifras tachadas acompañado de rúbrica y la firma de Carlos Slim Helú. ‘Te juro que es de su puño y letra’, decía mostrándola ceremoniosamente y con excesivo cuidado: como si el contacto visual de un lector intruso le pudiese restar potencia al documento que iba dirigido a su persona pero era más fuerte la necesidad de presumir el texto referido.

Le perdí la pista al receptor de la carta de Slim, aunque dudo que se haya convertido en multimillonario por efecto de la misma. Tal vez en el ámbito de la baja política mexicana, alguien tocado por la fortuna y la cercanía con el gran elector de Atlacomulco, sí corra con suerte.

Fotogénesis de Aurelio Nuño Mayer. // Captura de pantalla Google Images

Fotogénesis de Aurelio Nuño Mayer. // Captura de pantalla Google Images

La dupla Kim-Kanye. // Captura de pantalla Google Images

La dupla Kim-Kanye. // Captura de pantalla Google Images

Aurelio Nuño Mayer es el súbito favorecido por el dedo Presidencial: especie de Kim Kardashian autóctono (guardando las proporciones, pero con similar propósito de ‘pedagogía’ showbiz), con cobertura intensiva y sospechosa unanimidad en medios impresos y electrónicos.

Devenimos audiencia cautiva: [email protected] [email protected] de Nuño haciéndole el favor a sus porristas -y desde su particular punto de vista- a la sociedad agradecida, atreviéndose a usar transporte colectivo, en este caso el Metro, rumbo a una cita con el destino en el Senado. Nuño departiendo con la chiquillada de las escuelas que visita, compartiendo anécdotas de su propia infancia. Nuño anticipando el rumbo de una hipotética gestión, mediante sentencia a maestros refractarios y el uso de la fuerza pública federal en el remache de la reforma educativa pregonada por su jefe Peña desde el inicio del Pacto por México (negociado por el actual titular de Educación Pública y reciente protagonista, por decreto, de sus quince minutos o meses, o años de fama post warholiana).

¿Va a convertirse Aurelio Nuño en continuador de la Restauración del PRI, como Felipe Calderón lo fue, durante su interminable sexenio para el olvido o la Corte Internacional de Justicia, de los dislates foxistas en el Interregno del PAN? La apuesta mediática apunta a la eventual obtención de índices de reconocimiento similares a los de políticos aventajados en el reconocimiento popular, comprimiendo la labor que le tomó siete años al ex gobernador, candidato y presidente Enrique Peña Nieto en un solo trienio. Por el momento y hasta nuevo aviso, quedan atrás en el circo de múltiples pistas Miguel Ángel Osorio y Luis Videgaray; cuando menos, hasta que surja una nueva contraorden que vuelva a proyectarlos o destape a otros favoritos.

El plutócrata Slim que se dice víctima, y Nuño superstar; ambos, rescoldos de una premodernidad tecnificada que no osa decir su nombre. Las matracas digitales que proclaman al Nuño Redentor, y los daños verificables de un monopolio indigno al que le sobra fuelle institucional, con altas posibilidades de incrustar a alguno de sus vástagos en los anales del Salino-berlusconismo con ribetes confesionales, son epifanías empresariales y apariciones religiosas con las que tendremos que seguir contendiendo.

Parece que las condiciones están dadas, para que la política ficción adquiera añadida realidad. ¿Peregrinaremos en el camino hacia nuevas reliquias, las que produzcan Slim, y Nuño en ruta de futura y acelerada kardashianización?

 

@alconsumidor

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