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Entropista
Por Daniel Gershenson
Me llamo Daniel Gershenson. A falta de un término más exacto, podría decirse que soy emprended... Me llamo Daniel Gershenson. A falta de un término más exacto, podría decirse que soy emprendedor social. Me dedico a temas que hasta hace poco: antes del advenimiento de las redes sociales según [email protected], se consideraban ociosos. Presido dos ONG sin fines de lucro desde mediados del 2006: ALCONSUMIDOR, y ALARBO, AC. (Leer más)
El show apenas comienza
La ignorancia supina, sumada al odio, racismo y misoginia, se acoplaron a la incertidumbre económica de franjas sociales que apoyaron la campaña de Trump, y que no entienden que serán bajas colaterales directas de sus políticas públicas.
Por Daniel Gershenson
16 de enero, 2017
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A partir de este aciago viernes 20 de enero, el demiurgo del Trumpismo galopante tomará posesión y asumirá la investidura de jefe del Ejecutivo estadounidense; dejará de ser chiste, para tornarse tragedia: una política, idioma (¿y en no muy estricto sentido, religión?) oficial del gobierno estadounidense tras la partida del demócrata Barack Obama.

A la irrupción de este fenómeno (o Movimiento, de acuerdo a su líder moral), y a los cuatro años subsiguientes de su administración se le van a dedicar océanos figurativos de tinta. No es por tanto intención de este sitio, el día de hoy, reiterar lo que han argumentado en su contra –de forma prácticamente unánime- opinadores, [email protected] y colegas. Destaca, eso sí, una acendrada negación nacional ante el daño incalculable que sufrirá la población acá en México y el resto del planeta; también la falta de previsión de nuestros propios cuadros administrativos que no saben descifrar la relación inédita que implica una supuesta Pax Trumpiana de los sepulcros.

Sin que esto implique olvidar lo que viene, e incurrir en escapismos sin sentido crítico, hoy es preferible recomendar una obra que puede disfrutarse en plataformas y redes sociales. Un clásico semisecreto de la animación musical que permaneció fuera del radar entropístico, hasta que se efectuó una consulta reciente en el sitio llamado 366 Weird Movies.

Se llama Sita Sings the Blues (2008).

Es un proyecto personal de animación por computadora, concebido por la caricaturista y comiquera Nina Paley (@ninapaley) para defender –por lo menos, eso creo- el valor intrínseco del mestizaje cultural que para ella debe ser libre, y que es el aporte más replicable del mítico caldero o Melting Pot fundacional norteamericano.

‘La más grande historia de una ruptura, jamás contada’. Foto: vía Shadow Distribution

Aquí pueden consultarse su blog y la página Web de la obra.

Sita Canta el Blues es una divertida reflexión sustentada en pasajes del Ramayana, poema épico hindú de Valmiki, cuya trama principal aborda la historia del príncipe Rama de Ayodhya y su esposa Sita, (secuestrada en el transcurso del poema por el rey-demonio Rakshasa de Lanka); el musical planteado por Paley combina esta temática con la cultura popular estadounidense del torch song y la amalgama estilística del Music Hall. Tres estilos diferentes de animación fueron usados por ella en su viaje sentimental y autobiográfico, que se vuelve lección desenfadada de religión y feminismo. Tres figuras del teatro de sombras indonesio, encarnadas en tres entrañables personajes de la India que sirven como imperfecto ‘coro’, comentan el desarrollo de la acción. Un somero resumen no puede hacerle justicia al logro de Paley, que merece ser divulgado y conocido ampliamente.

Vía CD and LP

Por añadidura, la autora rescata del olvido a Annette Hanshaw (1901-85), cantante norteamericana de Blues en los años veinte del siglo pasado. Este descubrimiento viene aparejado con la invitación expresa, al final de su relato, para que consultemos su biografía profesional, y una selección exhaustiva de sus canciones.

Aquí, una charla Ted Talks de Paley, abolicionista del copyright al que ella considera una especie de ‘daño cerebral colectivo’.

Imagen tomada de la página Sita Sings the Blues

A Trump y al declive de valores que representa su irrupción en la política internacional, deberá enfrentársele con muestras contundentes de cultura digital como ésta que plantea Nina Paley, compartida en portales como Vimeo, y con Seder Masochism, trabajo en curso –que acepta aportaciones individuales– y que tiene contemplado concluir en 2018.

Otro trabajo paradigmático -infinitamente mejor conocido- y que sigue cosechando numerosas distinciones, es Hamilton: ópera hip-hop, lección histórica y comedia musical que es un producto tan híbrido como el de Paley cuyo guión, música y letra se debe a la inventiva del hijo de un migrante puertorriqueño. Lin-Manuel Miranda (@lin_manuel) se inspiró tras leer la magistral biografía sobre Alexander Hamilton, escrita por el historiador y periodista Ron Chernow, que fue publicada por Penguin Random House en 2004.

Hamilton/Miranda: su Grammy, y su público. Foto: Vía la revista Fortune

El suyo es un Hamilton (1755-1804), pero para todas las épocas: paupérrimo emigrante de la isla Nevis en las Islas Vírgenes británicas, que recaló en una de las trece colonias británicas en este continente; contradictorio self-made man que se convirtió en uno de los Padres Fundadores de la Patria (contemporáneo de figuras de la talla de Jefferson, Franklin, Madison, etc.), que fue jovencísimo edecán militar de George Washington durante la guerra de independencia de ese país; después, abogado distinguido, coautor de los Papeles Federales, y el primer secretario del Tesoro y uno de los funcionarios más importantes de toda su historia; sujeto de escarnio y escándalos que le costaron la posibilidad de aspirar a la presidencia. Víctima propiciatoria de errores propios y ajenos, muerto en un duelo a manos del exvicepresidente –y exsocio de Hamilton, cuando ambos ejercían la abogacía en Nueva York- Aaron Burr (1756-1836). La suya fue una vida intensa y novelesca, que podría ser llevada a Hollywood sin demasiado esfuerzo de imaginación. La imaginativa relectura que hace Lin-Manuel Miranda de su vida y desencuentros, multipremiada en Nueva York y de gira en teatros de Londres es fascinante, y ha acaparado, desde su estreno, la atención de la crítica y el público que atiborra los lugares donde se ha presentado.

Hamilton ya fue objeto de los tuitazos criminales de Donald Trump, cuando éste despotricó contra el elenco de la obra por el delito de decirle sus verdades a Mike Pence (segundo de a bordo trumpiano), durante el final de una función a la que asistió el ex gobernador de Indiana, y que puede verse en YouTube.

New York Times

A cuatro días que EEUU estrene a su peor presidente posible (con el mundo conteniendo el aliento), Sita y Hamilton se conciben como dos ejemplos de la cultura nueva, en versiones alternativa y mainstream respectivamente, que están hechas para trascender circunstancia, contrarrestar y plantar cara al presunto monolito trumpesco. Las secuelas del enfrentamiento están por definirse en cuanto comience de manera oficial, desde las entrañas de la Casa Blanca, el Capitolio y la Suprema Corte (a la que por cierto, le falta una vacante que llenará Drumpf, sin duda a favor del precario equilibrio conservador que interrumpió la muerte de Antonin Scalia, en febrero del año pasado), su peligroso mandato.

Above the Law

El Perfecto Idiota.

La ignorancia supina, sumada –multiplicada- al odio al prójimo (y el racismo, y la misoginia, entre otros muchos factores), se acoplaron a la incertidumbre económica de franjas sociales que apoyaron su campaña, y que no entienden que serían bajas colaterales directas de sus políticas públicas; esto, que lo irá a encumbrar el viernes entrante, podría degenerar en su Waterloo, o Watergate transfigurado.

Será el tiempo, y un examen detallado de lo que subyace a grandes empeños, como los de Nina Paley y Lin-Manuel Miranda, los que al final del día tengan la palabra.

 

@alconsumidor

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