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Entropista
Por Daniel Gershenson
Me llamo Daniel Gershenson. A falta de un término más exacto, podría decirse que soy emprended... Me llamo Daniel Gershenson. A falta de un término más exacto, podría decirse que soy emprendedor social. Me dedico a temas que hasta hace poco: antes del advenimiento de las redes sociales según [email protected], se consideraban ociosos. Presido dos ONG sin fines de lucro desde mediados del 2006: ALCONSUMIDOR, y ALARBO, AC. (Leer más)
Trampas de la oligocracia
Como en México, los gobiernos ladrones florecen y se multiplican en Europa Oriental y en Eurasia, donde la hemorragia inclemente de recursos naturales crea beneficios exclusivos para los déspotas-gerentes que los administran.
Por Daniel Gershenson
4 de julio, 2016
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Las gobiernos ladrones no florecen y se multiplican únicamente en regiones como México. Basta con revisar lo que ocurre con simultaneidad en Europa Oriental, o Eurasia: en Moldavia, o Azerbaiyán. Tenemos a Kazajastán, o en innumerables satrapías africanas (Guinea Ecuatorial, por ejemplo), donde la hemorragia inclemente de recursos naturales crea beneficios exclusivos para los déspotas-gerentes que los administran, como en Zimbabwe del eterno Robert Mugabe o la Angola de José Eduardo dos Santos.

En México el tema del combate a la corrupción ocupa mentes y plumas de la comentocracia, con prolijas disquisiciones sobre las virtudes y defectos de ordenamientos diseñados para combatir, ideal y frontalmente (en términos sobreutilizados por sus modificadores, en las dos Cámaras) la corrupción y la impunidad, los dobles flagelos –reza el cliché socorrido- que aquí son el ADN del sistema, y que engendran las crisis crónicas (o callejones sin salida) que padecemos.

En este país prosperan plutócratas conocidos como Slim, Azcárraga, los Salinas (el ex presidente y el magnate de TV Azteca), Baillères, o Larrea; en otros, capturados por personajes similares, asumieron el poder, oficialmente, el nocivo Enrico Berlusconi de Italia y el monopolista tailandés Thaksin Shinawatra. Petro Poroshenko, uno de los oligarcas ucranianos más connotados, tomó posesión como presidente el 4 de julio de 2014, hace exactamente dos años. Pero el caso del principal accionista -en los hechos- de Moldavia, república situada entre Ucrania y Rumania que fue parte de la Unión Soviética hasta su fundación en agosto de 1991 (durante el colapso de la Cortina de Hierro) demuestra nuevos niveles de captura total del Estado, en nuestros tiempos, por parte de intereses delincuenciales.

Mapa de la República de Moldavia. Incluye al este el territorio de Transnistria (autoproclamada ‘territorio independiente’), actualmente en disputa. // Foto: vía Ezilon

Mapa de la República de Moldavia. Incluye al este el territorio de Transnistria (autoproclamada ‘territorio independiente’), actualmente en disputa. // Foto: vía Ezilon

Líder oligarca indiscutido. // Foto: Vía Jamestown.org

Líder oligarca indiscutido. // Foto: Vía Jamestown.org

Vladimir Plahotniuc (a) El Titiritero (con ‘T’ mayúscula incluida) nace en Pitusca, minúscula comuna ubicada en la distrito moldavo de Calarasi, el primero de enero de 1966. Él es causante del tránsito moldavo de una forma de pluralismo oligárquico que apenas concluye, hacia una hegemonía total subordinada a su persona y la de sus negocios, lícitos o no, en una ex república soviética que el 27 de agosto próximo cumple apenas un cuarto de siglo de vida independiente. Otorga, cuando se lo piden, poquísimas entrevistas fuera de los medios de su propiedad o bajo su control directo.

Foto: Point.md

Foto: Point.md

En esto estriba, según él, la clave de su singular éxito: el haber cultivado vínculos de amistad en la Nomenklatura desde muy joven, durante el ocaso del comunismo en Moldavia y después. Se le atribuyen dotes especiales, al haber consolidado su incipiente fortuna mediante amplios nexos con el crimen organizado en dos modalidades: proxenetismo y tráfico de personas. Cuenta con dos pasaportes, uno moldavo y otro rumano, y se identifica en este último con otro nombre o alias. Tal vez posea documentos oficiales rusos que acreditarían una triple nacionalidad, aunque este dato pertenece al entorno de los rumores incorroborables. Fue parlamentario y actualmente es dueño de una franquicia electoral llamada Partido Democrático de Moldavia. Tiene tanto peso específico en los asuntos económicos moldavos, que su riqueza podría ser equivalente a la tercera parte del Producto Interno Bruto.

En opinión de expertos moldavólogos: Plahotniuc concentra más poder político y empresarial en sus manos, a escala no vista a lo largo de la historia moderna de Moldavia. Controla, él solo, el Poder Judicial y las instituciones que deberían encargarse de combatir la corrupción; también domina la Corte Constitucional, las estructuras económicas y los medios, y ha subordinado al congreso y aquella parte del aparato del Estado que actuaba bajo las órdenes de Filat…

Vlad Filat, antes y en la mexicanísima ‘plenitud del p*nche poder’. // Foto: AP / Yves Logghe

Vlad Filat, antes y en la mexicanísima ‘plenitud del p*nche poder’. // Foto: AP / Yves Logghe

Su contrincante en los negocios y rival político, Vlad Filat, era propietario del otro partido/franquicia grande: el Liberal Democrático de Moldavia. Llegó en un principio más lejos que Plahotniuc, al desempeñarse como Primer Ministro, hasta que –en una maniobra urdida por su Alter Ego– fue arrestado y apresado en 2015. Participó en múltiples desfalcos y pretendió obstaculizar el ascenso sideral de su acérrimo enemigo, quien ambiciona convertirse en el próximo presidente de Moldavia. Purgará una condena de nueve años en la cárcel, que acaba de ser ratificada por la Corte de Apelaciones (controlada, qué duda cabe, por Vladimir Plahotniuc).

Filat, defenestrado y derrotado, después. // Foto: Moldova.org

Filat, defenestrado y derrotado, después. // Foto: Moldova.org

Los dos Ivanes, enfrentados, tuvieron mucho qué ver en el ‘Robo del Siglo’, un fraude monumental de mil millones de dólares en una de las naciones con mayores índices de pobreza en Europa, producto de préstamos bancarios impagables a empresas insolventes controladas por Ilan Shor, uno de los aliados de Plahotniuc. Shor, un joven de 29 años que se autoincriminó como artífice principal de este escándalo, casado con una actriz, cantante, modelo y personalidad de la tele rusa y moldava muy popular, recién ha sido electo alcalde de la ciudad de Orhei.

Ilan Shor, delincuente de cuello blanco. Actualmente, con fuero. ¿Suena familiar? // Foto: Politico.com

Ilan Shor, delincuente de cuello blanco. Actualmente, con fuero. ¿Suena familiar? // Foto: Politico.com

Foto ¿oficial?, de su boda. ¿Existirán en Moldavia, las revistas del corazón? Perfecte.md

Foto ¿oficial?, de su boda. ¿Existirán en Moldavia, las revistas del corazón? Perfecte.md

Si Plahotniuc obtiene su nuevo cometido, será en parte porque el gobierno de los Estados Unidos -fiel al axioma rooseveltiano que se articuló para justificar la dictadura de Anastasio ‘Tacho’ Somoza (1896-1956) en Nicaragua: ‘Podrá ser un hijo de perra, pero es NUESTRO hijo de perra’- ya externó de alguna forma su beneplácito. Será un bandido a gran escala el Titiritero, pero tiene vocación ‘europeísta’, y ha prometido resistirse a la influencia del tercer Vladimir en este cuento: Putin, el neozar ruso.

Con Victoria Nuland, subsecretaria para Europa del Departamento de Estado. Plahotnuic estuvo de gira en la capital estadounidense, en junio pasado. // Foto: Intellinews

Con Victoria Nuland, subsecretaria para Europa del Departamento de Estado. Plahotnuic estuvo de gira en la capital estadounidense, en junio pasado. // Foto: Intellinews

Seis leyes anticorrupción en Ucrania, que no han servido para gran cosa (de acuerdo a los despachos de prensa).

Moldavia presume sus instituciones de paja ante la opinión pública internacional, con versiones moldavas de Virgilio Andrade; cuenta con un Centro Nacional Anticorrupción y una Comisión Nacional de la Integridad. Una Corte de Cuentas, y el Centro de Gobernanza Electrónica, además de el Departamento de Investigaciones de Fraude adscrito al Ministerio de Asuntos Internos que –sorpresa- también controla Plahotniuc.

De acuerdo al portal empresarial de anticorrupción, financiado por la Unión Europea, el entorno en Moldavia es todo menos promisorio. El poder judicial funciona bajo indebidas presiones privadas y de gobierno, con fiscales y jueces venales; con servicios públicos deficientes, y una inexistente administración de la tierra y los impuestos; aduanas porosas, y una total ausencia de regulación efectiva en la asignación de contratos públicos, y una legislación que alienta el pago de coimas y la extorsión institucionalizada. La sociedad civil, que sí se ha movilizado a lo largo de la breve historia de Moldova, se enfrenta a múltiples retos y males: ninguno tan nocivo como el de Vladimir Plahotniuc, posible candidato a la presidencia de un país del que ya es principal beneficiario.

Plahotniuc preside, desde las sombras, un Estado Policiaco donde la opacidad, el amiguismo y la extorsión generalizada son la norma, tal como lo define un reciente artículo en The Hill. El índice de Corrupción de Transparencia Internacional, reitera la catástrofe.

Octobre de 2015. Chisinau, capital de Moldavia. // Foto: EPA / Dumitru Doru.

Octobre de 2015. Chisinau, capital de Moldavia. // Foto: EPA / Dumitru Doru.

Hasta ahora, las manifestaciones organizadas por sectores ciudadanos independientes (ver: Dignidad y Verdad), han puesto el dedo en la llaga pero surten efectos limitados en la búsqueda de justicia y transparencia en aquel lugar. Como en México.

Observémonos muy bien en la imagen distorsionada del espejo moldavo.

Nos mantenemos mucho más cerca de la simulación institucional, pésimamente orquestada en ese país, que de los cánones internacionales que nos permitirían abandonar la órbita de los Estados capturados por cárteles de toda índole.

Como hizo en la Guerra Fría el gobierno norteamericano -con la plétora de dictadores que garantizaban Orden, Progreso y una guerra total contra ‘interferencias marxistas’- el espectro de un renovado capítulo de la Gran Rusia y sus aspiraciones putino-oligárquicas matizan el peligro de capos al estilo de Vlad Plahotniuc, y los cómplices que acompañan a estos nefastos personajes en distintas partes del mundo.

La dacha (versión mexicana) de Videgaray en Malinalco, o la Casa Blanca de la actual pareja presidencial (que comparada con el palacete del zar Putin, francamente deja a los virreyes transexenales mexicanos en relativa desventaja), persistirá en el temario anecdótico. ¿Continuarán los problemas de fondo; sobrarán oportunidades de enriquecimiento inexplicable para nuestros tatamandones de la alta política enredada con los negocios, y viceversa?

La apuesta más pesimista es que se replicarán las compras de departamentos VIP –ver la familia Murat en los Estados Unidos- o vastas inversiones inmobiliarias del estilo de las del diputado José Bernardo Quezada Salas del PANAL (@jbquezadasalas); infinidad de chances futuras para nuestros polítiempresarios. Activos incluibles en compendios tipo Panama Papers (estrictamente bajo el radar, alejados de la mirada colectiva), del mañana.

En el pináculo del poder y la fama. // Foto: MetroMag

En el pináculo del poder y la fama. // Foto: MetroMag

Serán inversiones devastadoras, que recordarán –aquí, en esta especie de Moldavia mexicana- al Titiritero Plahotniuc.

 

@alconsumidor

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