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Por Daniel Gershenson
Me llamo Daniel Gershenson. A falta de un término más exacto, podría decirse que soy emprended... Me llamo Daniel Gershenson. A falta de un término más exacto, podría decirse que soy emprendedor social. Me dedico a temas que hasta hace poco: antes del advenimiento de las redes sociales según [email protected], se consideraban ociosos. Presido dos ONG sin fines de lucro desde mediados del 2006: ALCONSUMIDOR, y ALARBO, AC. (Leer más)
Trump declara el Estado de Guerra
La de Trump podría ser una versión americana, neofalangista, del fascismo europeo de entreguerras. Le tocará implementar sus seudo ‘ideas’ nativistas ‘de avanzada’ durante 4 años que van a parecer eternos.
Por Daniel Gershenson
23 de enero, 2017
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A diferencia de los vacuos rituales retóricos de inicio de gestión sexenal que ocupan los pies de página de nuestra historia presidencial, los discursos de toma de posesión en los Estados Unidos han llegado a servir como pivote inicial para que los jefes entrantes del Ejecutivo (hasta el momento, cuarenta y cinco varones, cero mujeres) reconcilien visiones encontradas, para que también resuman líneas probables de gobierno y se aboquen a ensayar, en el ejercicio original de sus facultades, visiones futuras. En ciertas ocasiones, sus palabras incluso habrán servido para marcar cambios de fondo, y de época.

El puño cerrado que llegó a la Casa Blanca. Foto vía Slate.

Se tenía previsto que Trump iba a romper, y para mal, todos los moldes. Se recordará su discurso cuasifascista del Capitolio una suerte de rehabilitación del peculiar concepto –uno que comparte el magnatelítico con sus principales asesores, y parientes- del Volk estadounidense.

Por decreto trumpesco, en el Limbo quedaron los compromisos e ideales enumerados por presidentes previos, y que pueden consultarse vía el invaluable portal Bartleby.

Aquí habla el republicano Abraham Lincoln (1809-65), enfrentando la Guerra de Secesión, cuyo factor decisivo fue su victoria en los comicios de mil ochocientos sesenta:

No debemos ser enemigos. Aunque la pasión los haya tensado, no debemos romper nuestros lazos de amistad. Las cuerdas místicas de la memoria, extendiéndose desde cada campo de batalla y tumba de patriotas hasta cada corazón vivo y piedra de chimenea a lo largo de esta amplia tierra, aún podrán ampliar el coro de la Unión, cuando éste sea tocado, como seguramente sucederá, por los mejores ángeles de nuestra.

Un exhorto adicional concluye esta alocución, pronunciada en similares circunstancias tras ser Lincoln reelecto cuatro años más tarde, a unos cuantos meses de su trágico asesinato:

Con malicia para nadie, con caridad para todos; con firmeza en la justicia como Dios nos ha otorgado que la veamos, laboremos para terminar el trabajo que nos convoca, y para curar las heridas de la nación; para cuidar a todo aquel participante en las batallas, y por su viuda y su huérfano. Para hacer todo lo que logre y atesore una paz justa y duradera entre nosotros, y con todas las naciones.

En 1933, el demócrata Franklin Delano Roosevelt (1882-1945) tuvo que enfrentar una crisis monumental que para cierta opinión pública –la que hoy día navega en los meandros fétidos de la Posverdad– se antojaba inmanejable en ausencia de recursos autoritarios. Así anunciaba, el trigésimo segundo presidente, el sentido incluyente de su mandato:

Estoy seguro de que mis compañeros americanos esperan que, con mi llegada a la presidencia, me dirija a ustedes con la sinceridad y decisión que amerita la actual situación nacional. Éste es el momento preeminente para decir la verdad: toda la verdad, de forma franca y decidida. No debemos resistir al ímpetu de encarar honestamente las condiciones que hoy enfrentamos. Esta gran nación se mantendrá como lo ha hecho hasta ahora; revivirá, y prosperará de nuevo. En principio, permítanme aseverar mi creencia firme que la única cosa que debemos temer es al miedo mismo: al terror sin nombre, irracional e injustificado que paraliza los esfuerzos necesarios para convertir el repliegue en avance. En cada hora oscura de nuestra vida nacional, un liderazgo franco y vigoroso se ha unido a la comprensión y apoyo de la gente que son necesarios para obtener la victoria. Estoy convencido que, nuevamente, ustedes darán ese apoyo a nuestro liderazgo en estos tiempos críticos.

1961. En plena Guerra Fría, John Fitzgerald Kennedy (1917-63) evocó el advenimiento de una generación nueva con estas frases optimistas, y multicitadas:

Comencemos de nuevo, recordando que la civilidad no es indicio de debilidad y que la sinceridad siempre estará sujeta a la prueba. No negociemos nunca a partir del miedo. No temamos la negociación.

En la larga historia del mundo, a contadas generaciones se les ha concedido el papel de defensoras de la libertad en los momentos de máximo peligro. No me achico, o encojo ante esa responsabilidad: le doy la bienvenida. No creo que ninguno de nosotros estaría dispuesto a cambiar lugares con otras generaciones. La energía, la fe, la devoción que traemos a este empeño iluminará a nuestro país y a todos los que le sirven; seguramente, el reflejo de esta llama iluminará al mundo entero […]

Entonces, mis compañeros americanos: no pregunten qué puede hacer su país por ustedes. Pregúntense que pueden ustedes hacer por su país.

Mis compañeros ciudadanos del mundo: no se pregunten qué puede hacer la Unión Americana por ustedes; pero sí, qué podemos hacer juntos por la libertad del hombre.

Finalmente: si son ciudadanos de los Estados Unidos o ciudadanos del mundo, pidan de nosotros los mismos estándares de fuerza y sacrificio que nosotros les exigimos a ustedes. Con una sana conciencia, como nuestra única y recompensa segura, con la historia que constituirá el juez final de nuestros actos, encaminémonos para encabezar la tierra que amamos, pidiendo su bendición y su ayuda a Dios en el conocimiento que su labor debe verdaderamente ser la nuestra.

  1. Barack Obama (1961):

Sabemos que nuestro legado múltiple es motivo de fuerza, y no de debilidad. Somos una nación de cristianos y musulmanes, judíos e hinduístas –y de no-creyentes. Estamos conformados por cada lengua y cultura, derivada de todos los rincones de esta Tierra; y precisamente porque hemos probado el caldo amargo de la Guerra Civil y la segregación, y emergido de ese oscuro capítulo más fuertes y más unidos, no podemos sino creer que los odios antiguos algún día pasarán. Que las líneas tribales pronto se disolverán. Que conforme el mundo se siga encogiendo, nuestra humanidad en común seguirá revelándose. Y este país jugará su papel, anunciando una nueva era de paz.

Otra vez Obama, ahora en 2013:

Nuestra tarea generacional, hoy, es continuar lo que iniciaron los pioneros. Nuestra jornada no será completa sino hasta que nuestras esposas, nuestras madres e hijas puedan ganarse la vida en términos equivalentes a su esfuerzo. No estará completa hasta que nuestros hermanos y hermanas homosexuales sean tratados con igualdad bajo la ley. No finalizará hasta que se acaben las esperas ciudadanas interminables a la hora del sufragio; hasta que encontremos mejores formas de darle la bienvenida a los migrantes que aún ven en nuestro país a la Tierra de las Oportunidades. Hasta que brillantes estudiantes e ingenieros se incorporen a nuestra fuerza de trabajo, en lugar de ser expulsados de nuestra patria. Hasta que los niños –de las calles de Detroit y las Colinas de Appalachia, hasta los callejones silenciosos de Newton- sepan que los cuidaremos, y amaremos, y los mantendremos libres de daño alguno.

Lo peor, por mucho, se produce hasta al final. Donald J. Drumpf, nacido en 1946 y por consiguiente el más viejo -y sin lugar a dudas, el peor preparado de cuanto presidente ha tenido Estados Unidos durante 24 décadas de historia- articula de esta forma su declaración formal de guerra, desde el Capitolio, el 20 de enero pasado.

‘Su mano va en la Biblia… ’ . Cartón de Chan Lowe, vía Agencia Tribune

En los cimientos de nuestra política se anidará la lealtad total a los Estados Unidos de América, y gracias a nuestra lealtad a nuestro país, redescubriremos nuestra lealtad recíproca […]

No debe haber temor: estamos protegidos, y siempre lo estaremos. Estaremos protegidos por los grandes hombres y mujeres de nuestro ejército y policía. Y lo que es aún más importante, estaremos protegidos por Dios.

Debemos pensar a lo grande y tener sueños aún más grandes. En América entendemos que una nación pervivirá mientras ésta se esfuerce y aspire. No aceptaremos más politicos que sólo hablen y no actúen, quejándose siempre sin hacer nada al respecto. La hora del discurso vacío ha terminado. Llegó la hora de la acción.

Vía The Inquisitr.

¿Contendrá esta nueva dirección en el gobierno, requisitos de juramentación pública de lealtad al líder, como se vio durante su campaña electoral en la ciudad de Orlando?

El molde. Foto: Keystone / Getty Images.

Por vía de semejanza, comparemos la perorata de Trump con el llamado fascista hacia ‘acciones concretas’, surgido en tiempos y ámbitos italianos.

Rare Historical Photos.

La guerra no puede emprenderse sin odiar al enemigo todos los días, a toda hora; difundiendo el odio y volviéndolo parte integral de nuestro ser. Debemos deshacernos de una buena vez de sentimentalismos falsos. Estamos enfrentados a bestias y bárbaros. El Imperio Romano, benévolo en la victoria, fue despiadado cuando su existencia estaba en juego. Debemos entonces pelear con el mayor vigor posible en contra de esas influencias que buscan debilitar el espíritu de un pueblo capaz de producir sólo las cosas más lindas. Benito Mussolini, 1942.

Foto: AP / Brynn Anderson.

Como en el Capitolio, en su llegada triunfal. Fistpump de Trump en evento de la WWF: lucha gringa, y lección aprendida. (Y por cierto: la cónyuge de Vince McMahon, dueño de la franquicia luchísitica, se ha incorporado al gabinete trumpesco como responsable del Buró de las Empresas Pequeñas).

Podría ser la de Trump una versión americana, neofalangista, del fascismo europeo de entreguerras. Una copia de Franco o del dictador António de Oliveira Salazar (1889-1970) y su Estado Novo que -desde la tecnocracia académica y el fervor religioso- asumió el poder absoluto en Portugal durante treinta y seis años. Al magnate antiintelectual le tocará implementar sus seudo ‘ideas’ nativistas ‘de avanzada’ durante cuatro años que van a parecer eternos. O cuatro más, si los integrantes del Colegio Electoral vuelven a favorecen a Trump con su voto en los comicios de 2020.

1946. Nace el aprendiz de Duce. De esa fecha es esta imagen de un ProtoTrump: el Ungido de Dios y Salvador de la Patria Salazar, Portada de Time Magazine, vía blog Durruti’s Flames.

Con tropiezos predecibles, y mucha rabia, comienza la hora del multimillonario Trump: Confidence Man, conquistador y oligarca, y de la caterva de lacayos encargados de aterrizar su ‘ideología’.

Foto: Chip Somodevilla / Getty Images.

Será una larga, horrenda, e inédita aventura, de pronóstico decididamente reservado.

 

@alconsumidor

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