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Entropista
Por Daniel Gershenson
Me llamo Daniel Gershenson. A falta de un término más exacto, podría decirse que soy emprended... Me llamo Daniel Gershenson. A falta de un término más exacto, podría decirse que soy emprendedor social. Me dedico a temas que hasta hace poco: antes del advenimiento de las redes sociales según [email protected], se consideraban ociosos. Presido dos ONG sin fines de lucro desde mediados del 2006: ALCONSUMIDOR, y ALARBO, AC. (Leer más)
Trump, demiurgito rascuache
¿Quién se animará cuando todo esto se acabe, a retratar con justicia los estúpidos tropiezos del Ciclón Naranja que hoy ocupa la Casa Blanca?
Por Daniel Gershenson
22 de julio, 2019
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Irrealismo mágico, made in USA.

(Demiurgo: “… Puede entenderse como un hacedor u organizador de la realidad…”).

¿Quién se animará cuando todo esto se acabe, a retratar con justicia los estúpidos tropiezos del Ciclón Naranja que hoy ocupa la Casa Blanca? ¿Cuál podría ser en un futuro hipotético, la versión estadounidense alternativa de El Otoño del Patriarca, y Yo El Supremo, y El Señor Presidente o El Recurso del Método en recensiones WASPamericanas? ¿Serán –a diferencia de las obras cumbres del género, mencionadas arriba– viles mamotretos indigeribles, solipsísticos, herméticos y caucásicos?

Capítulo aparte merecería un examen prosaico de la política exterior mexicana del momento, actuando hoy como servicial facilitadora del Trumpismo, algo así como si el exalcalde capitalino, actual procónsul y canciller innombrable fuese legislador del Freedom Caucus, o quizá fiel funcionario policiaco del estado republicano más acendrado y nativista: de Idaho o Wyoming, digamos, en su papel de reencarnación del mismísimo Joe Arpaio, excherife racista (y delincuente señalado), que pasó por ser precandidato republicano al Senado por Arizona tras ser perdonado por obra y gracia del actual presidente norteamericano.

¿El sheriff Ebrard, trampolineando por Washington, Trump Tower y Mar-a-Lago, para hacerse -por cualquier medio a su alcance- de la candidatura oficial 2024-30, vía un aval de la Primera Familia de los Estados Unidos?

Del margen que se vea, ya no hay poder humano que detenga al deleznable Donald, hoy liberado de “ataduras políticamente correctas” –o lo que esto quiera decir en la jerga Ersatz de sus groupies y portadores de Fox News: Pravda del Trumpiato y Ministerio extraoficial de Propaganda- y en ruta directa de colisión contra todo que se interponga en sus planes de volver a ser reelecto en los comicios federales del año entrante. Que vuelvan las cuatro congresistas demócratas –jóvenes, progresistas- del Squad o Equipo (de tez oscura, todas ciudadanas norteamericanas), “a su lugar de origen“. ‘¡¡Envíenlas de vuelta (¿a dónde: Nueva York, Cincinnati, Minnesota, Michigan?]!!”. Que el rugido de la turba que entiende el sentido nada oculto de sus racistas bravatas tuiteras, durante un mítin de precampaña en Carolina del Norte, no preocupa mayormente al magnate de Nueva York. Todo se vale en su mundo bizarro. Las congresistas son odiadoras que no aman suficientemente a su país, ese imaginario al que cada vez más corteja en su afán por allegarse votos supremacistas blancos que él corteja con asiduidad.

Un redactor del Guardian se hace una pregunta retórica. A saber, si -en virtud de pronunciamientos previos del duce americano, despotricando contra el legado de Obama, o aún anteriores- no merece la expulsión de su propio Olimpo de pacotilla.

Aquí, en traducción aproximada, un menú de retazos verbales del consabido y principal jinete Trumpocalipta:

Miré los distintos tipos de enfermedades que padecía nuestro país. Fuese en temas fronterizos, o fuese en seguridad, o de ley y orden o la ausencia de los mismos (la atropellada prosa es del original). La idea de La Grandeza Americana (en mayúsculas, claro); la idea de nuestro país como líder del mundo libre y del que no lo es, se ha esfumado. No soporto observar lo que le sucede a nuestro gran país. Este enredo demanda, de manera urgente, liderazgo. (Extraído de uno de sus libros de autoayuda).

Las madres y sus hijos atrapados en la pobreza en nuestras ciudades; las fábricas esparcidas como lápidas a todo lo largo del paisaje de nuestra nación; un sistema educativo que rebosa recursos monetarios, pero que deja a nuestros jóvenes y hermosos estudiantes sin conocimientos; y el crimen y las pandillas y las drogas que han robado demasiadas vidas humanas, y que roban a nuestro país de tanto potencial sin realizar. La carnicería americana termina aquí, y termina ahora. (Tomado de su discurso inaugural).

El gobierno de EEUU posee deudas equivalentes a más de la tercera parte de la cantidad total del mundo, y nos sorprendemos que China y la OPEP se carcajean de nosotros… 

Gracias, @BarackObama, que rechazó el oleoducto Keystone XL. Por eso, China se ha convertido en el principal proveedor petrolero de Canadá. !Vaya que los chinos se burlan de nosotros!

Peleemos como demonios, y detengamos esta enorme y asquerosa injusticia. El mundo se ríe de nosotros. (De su línea de tiempo oficial en Twitter).

Al bufón sideral le está quedando menos incómodo (si alguna vez l ha sido) el atuendo y disfraz –con su complemento: la enfermiza parafernalia verbal e ideológica que lo caracteriza: corbata elongada; nada de camisas pardas, o negras- del nazifascismo tempranero: el de Mussolini apenas iniciada la década de los veinte, o Schiklgruber justo tras el Putsch de 1923 en Munich, guardando proporciones y por ejemplo. Con elementos puritanos hipócritas añadidos, pues es tan transparente la condición Drumpfesca de cobarde ontológico consumado, que no le cuesta ningún trabajo desdecirse para luego volver a la carga de sus provocaciones (que para sus seguidores y zombis, siempre serán “sinceras”).

Pasa por ofrecer popotes rojos de plástico (de a quince dólares por decena, y nada de especímenes ecológicamente responsables, que ésas las ofrezca el odiado y “traidor” partido de enfrente), y que tienen grabado su apellido, o lemas de su campaña para la reelección; o mantener en circulación los Clorpirifos, veneno que ocasiona daños neuronales permanentes en poblaciones infantiles, pero cuya prohibición riñe con su decálogo libertario, y el de sus epígonos (ver Jair Bolsonaro y su defensa a ultranza del rapto del Amazonas que -no olvidar, alega el Trump brasileño- “es nuestro”).

En resumidas cuentas: cuidado con cumplirle -a ciegas; sin ponderar consecuencias- caprichos puntuales a Trump (como sucede ahora, en temas de tránsito y migración, en México). El asesor de seguridad nacional del momento, John Bolton: arrogante y fanático oscurantista –con su característico mostacho blanco de escobeta- para quien no hay conflicto bélico que le disguste, parece haber entrometido al gobierno británico (con pleno conocimiento de causa) en un berenjenal con su contraparte iraní (el de los barcos petroleros en aguas mediterráneas, y en el Golfo de Ormuz) del que difícilmente saldrá el prestigio inglés ileso. Aún menos, cuando el trumpotarate© y Príncipe del Caos Boris Johnson se erija prontísimo, pero ya, en primer ministro del Reino Unido.

***

Y para terminar, otro capítulo del voluminoso libro de la resistencia. El caso de [email protected] guaraníes que buscan rescatar a la Stevia, edulcorante de moda obtenido de una planta sudamericana que podría encontrarse en franca vía de extinción, de las filosas garras del monstruo Coca-cola (en inglés, vía Metafiltro).

@alconsumidor

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