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Entropista
Por Daniel Gershenson
Me llamo Daniel Gershenson. A falta de un término más exacto, podría decirse que soy emprended... Me llamo Daniel Gershenson. A falta de un término más exacto, podría decirse que soy emprendedor social. Me dedico a temas que hasta hace poco: antes del advenimiento de las redes sociales según [email protected], se consideraban ociosos. Presido dos ONG sin fines de lucro desde mediados del 2006: ALCONSUMIDOR, y ALARBO, AC. (Leer más)
Trump: la verdadera venganza de Chucky
Aún no comienza su gestión, y ya justifica los peores escenarios planteados por sus detractores ante los nombramientos que planea en áreas claves del gobierno federal.
Por Daniel Gershenson
12 de diciembre, 2016
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Ahora sí. Sin vueltas de hoja, el destino tan temido se nos impone como un vértigo: efectivamente, Donald Trump será presidente. Y su numerosa familia, motivo de interminables radiografías chismográficas que consumirán hipótesis diversas: ¿cuándo incursionará su hija Ivanka en la política? ¿Qué atuendos lucirá Melania –‘esposa trofeo’ por excelencia- en la toma de posesión en Washington? ¿Combinarán Donald Jr. y Eric la labor de asesoría de su padre en la Casa Blanca, con la dirección paralela de sus múltiples empresas? ¿Para cuándo tiene previsto Drumpf inaugurar su ‘hermoso’ Muro? ¿Presenciamos el advenimiento de una dinastía tan duradera como la de los Kennedy y los Bush?

Surge pues, la Trumpología como ardua disciplina que concentrará mentes y afectos en las redes y la vida real.

La respuesta efectiva a todas y cada una de estas cuestiones (y otras muchas por venir) implicará reponerse del golpe seco, y entender el fenómeno descrito: la caricatura de ‘estadista’, inserto en la crudelísima realidad.

Trump, como encarnación en el mundo real del muñequito Chucky

Dos hijos de una misma matriz generadora de memes. ‘Seperados  al nacer’. Foto vía Memepile

Dos hijos de una misma matriz generadora de memes. ‘Seperados al nacer’. Foto vía Memepile

Trump, respuesta puntual al ficticio Charles Lee Ray (a), El Estrangulador de Lakeshore

Troll malévolo. Vía el blog Bored Panda

Troll malévolo. Vía el blog Bored Panda

Aún no comienza su gestión, y ya justifica los peores escenarios planteados por sus detractores. Ha nombrado a desmanteladores profesionales de instituciones (sus enemigos declarados), para encabezar áreas claves del gobierno federal.

Que pase a mejor vida lo que aún subsiste del Estado de Bienestar, conducido en sus inicios por Franklin Delano Roosevelt como respuesta a esa debacle llamada Gran Depresión, en los años treinta y cuarenta del siglo pasado.

¿Vamos entonces a enfrentar al Trumpismo (tanto al externo, como el que se anida sin problemas dentro de nuestras fronteras) con las herramientas de siempre, o usaremos recursos genuinamente democráticos -y reglas de convivencia civilizada- que nunca se han intentado en México?

Porque esto representa, en clave posmoderna.

El Triunfo de la Voluntad. Documento fílmico para nuestro tiempo, tomado del dominio público en Archive.org. Propaganda nazi de su Congreso del Partido del Reich de 1934, dirigido por Leni Riefenstahl y modernizado por plataformas de moldeo de opinión pública tipo Fox News (y portales afines de la eufemística ‘derecha alternativa’, encargados de diseminar sus versiones de la posverdad y numerosos enlaces que subsisten por obra y gracia de los implacables imperativos del clickbait. Carnada o cebo de clics generadora de fabulosos ingresos).

Y en el rol protagónico, una paradoja viviente. Un adolesciano, peor que cualquier chavorruco: el presidente más vetusto en la historia de los Estados Unidos. Rebasando al que lo era, Ronald Wilson Reagan, por seis meses cuando menos.

Y acá unas citas selectas del presidente Trump, en el espíritu del Libro Rojo de Mao, tomadas de su ‘Art of the Deal’ [Mi Luchita, el libro de autoayuda que lo ayudó, tiempo después de su publicación, para llegar a la presidencia]; interpretaciones diversas del verbo del magnate, compartidas como buenas noticias por sus escritores fantasma.

Globitos de la nueva tira cómica, vía el Washington Post, que va a ser La Posverdad Incómoda durante los próximos cuatro años. Y la de la prensa manipulada: los Chumps de Trump, a quien catapultaron hasta ascender la cima del poder.

Vía el Washington Post:

Algo que he aprendido de la prensa es que siempre está en busca de buenos temas: entre más sensacionales, mejor. Es parte de su naturaleza; puedo entenderlo. El punto es que si eres un poco diferente, o un poco escandaloso, o si realizas cosas que son distintas o controvertidas, la prensa escribirá sobre ti. Siempre he hecho las cosas de una forma un poco diferente; la controversia no me molesta, y mis negociosos han tendido a ser ambiciosos. Logré mucho también cuando era joven, y he elegido vivir con cierto estilo. El resultado es que la prensa siempre ha querido escribir sobre mí. 

No estoy diciendo que los periodistas me aprecian. A veces escriben cosas positivas, y a veces cosas negativas; pero desde el punto de vista de los negocios, los beneficios de que hagan notas sobre mí son mucho mayores que las desventajas. Es muy sencillo. Si pagara una inserción en el New York Times para hacerle publicidad a uno de mis proyectos, el costo podría ser de $40 mil dólares; en todo caso, a la gente no le convence la publicidad. Pero si ese mismo periódico dedica un artículo breve a alguno de mis negocios, no me cuesta nada y vale mucho más que esos cuarenta mil… Lo chistoso es que hasta una nota crítica, que me perjudique en lo personal, puede ser valiosísima para mi negocio. ‘Television City’ es un ejemplo perfecto. Cuando compré el terreno en 1985, muchas personas desconocían de la existencia de ese predio. Luego anuncié que ahí se edificaría el inmueble más alto del mundo. De inmediato se convirtió en un evento para los medios: el New York Times puso la noticia en su primera plana; CBS lo anunció en su noticiero vespertino, y George Will escribió una columna sobre el proyecto en la revista Newsweek. Todos los críticos de arquitectura sostuvieron opiniones al respecto; los principales columnistas de periódicos, también. A nadie le gustó la idea de construir el edificio más alto del mundo, pero recibimos mucha atención, y ese dato por sí solo crea valor… muchos reporteros tienen poco interés en propuestas de desarrollo como la mía. Únicamente buscan el ‘ángulo’ sensacional.

No mientas: usa sólo la distracción [misdirection, en el original; es decir, una malversación en el peor sentido del término – DG]

Cuando hablo con periodistas, lo hago de frente. Trato de no engañarlos o ser demasiado defensivo, porque estas dos estrategias son la mejor garantía de meterse en problemas con la prensa. En lugar de eso, trato de enmarcar una respuesta positiva, aunque implique ‘moverles el piso’. Si me preguntan qué efectos negativos podría acarrear la construcción del edificio más grande del mundo en la zonas aledañas, prefiero contestar que los neoyorquinos se merecen un inmueble con estas características, y el ‘gancho’ a la ciudad que significa tenerlo. Cuando me preguntan por qué construyo sólo para los ricos, les respondo que no es este sector de la población el único que se beneficia de mi proyectos. Les explico que le doy trabajo a miles de personas que estarían desempleadas, y amplío la base de contribuyentes con cada nuevo proyecto. También les recuerdo que la Torre Trump ayudó al renacimiento de Nueva York.

El ultimo elemento de mi autopromoción es la bravata. Apelo a la fantasía popular. La gente no siempre piensa a lo grande, pero se emocionan con los que sí lo hacen. Un poco de exageración da buenos resultados. La gente acepta lo que es más alto, más grandioso, o espectacular…

Lo llamo hipérbole verídica. Es una forma inocente de la exageración, y un instrumento muy efectivo de promoción.  

Tanto, que así fue como Trump ganó las elecciones. Un horror sin paralelo. La cuenta regresiva mantiene su curso. Algo incierto verá la luz este veinte de enero de 2017.

Y no podremos, por lo pronto, apagar la tele o cambiarle al canal.

 

@alconsumidor

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