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Entropista
Por Daniel Gershenson
Me llamo Daniel Gershenson. A falta de un término más exacto, podría decirse que soy emprended... Me llamo Daniel Gershenson. A falta de un término más exacto, podría decirse que soy emprendedor social. Me dedico a temas que hasta hace poco: antes del advenimiento de las redes sociales según [email protected], se consideraban ociosos. Presido dos ONG sin fines de lucro desde mediados del 2006: ALCONSUMIDOR, y ALARBO, AC. (Leer más)
Trumpetito en sentido contrario
La transición trumpiana: del Make America Great Again en 2016, hacia el inevitable Keep América Great Again para 2020.
Por Daniel Gershenson
7 de octubre, 2019
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Keep America Great (Again)“.

Mantengamos la Grandeza de América es el lema de campaña de Trump para las elecciones presidenciales de noviembre del año próximo, en cuanto inicie formalmente el proceso de selección de candidatos en los primeros meses de 2020; podría resumirse la muletilla (para el caso del republicano, quien busca repetir en el cargo otro cuatrienio) con las siglas KAG o KAGA que ya adornan algunas cabezas de sus allegados con gorras color rojo de rigor (y que en estricta justicia, deberían ser anaranjadas: como es costumbre divago). Precio de venta, veintinueve dólares noventa y cinco centavos; especial de descuento, quince.

Para efectos actuales, estas letras confirman el sesgo verbal escatológico del presidentete norteamericano –en ambos sentidos del término: como función excrementicia, junto a la vertiente teológica (de seguro inadvertida por Drumpf, pero de todos modos presente bajo la superficie del discurso: Vulgata de la biblia trumpesca) que se vincula con el Fin de los Tiempos– exhibido en tuits tomados de su cuenta; también, en muestras de oratoria de campaña, o en charlas y declaraciones semioficiales con su gabinete y reuniones en la Casa Blanca con legisladores.

Para que no se pierda el sentido. Denuesto redactado por nuestro niñulto, en mayúsculas.

No es la primera vez en la historia de la presidencia estadounidense, ni será la última, en la que efluvios y feculencias se suman al (cuasi) ‘debate’ en medios de circulación masiva. Las grabaciones realizadas por Richard Nixon durante su gestión como jefe del Ejecutivo y que finalmente lo hundieron, obligándolo a renunciar en 1974, abundan en descalificativos parecidos a los de Trump. El presidente demócrata Jimmy Carter se ufanó de que iría a ‘patearle el trasero’ a su entonces rival: el entonces senador Ted Kennedy’s durante las elecciones primarias de 1980. Cuatro años antes, Norman Mailer escribió una semblanza de Carter, donde el georgiano no objetaría el uso del vocablo radioactivo ‘fuck’, para esas épocas antediluvianas, en la plaza pública (recordemos que esto fue hace más de cuatro décadas; el léxico de la política como Show Business y las redes sociales ha sufrido cambios radicales, y expresiones ‘riesgosas’ de antaño se tornan anacrónicas: casi pintorescas).

A Dick Cheney, vicepresidente y Darth Vader de la fórmula republicana que ganó dos veces las elecciones (en 2000, con marrullerías en el estado de Florida ; en 2004 por efecto del miedo parcialmente derivado de la Guerra contra el Terror inaugurada en 2001 por George Bush, Jr.), se le atribuye el haber espetado un sonoro y muy público ‘Go Fuck Yourself’ -tarea de suyo complicada, por no decir imposible- al senador demócrata Pat Leahy cuando éste tuvo el atrevimiento de criticar su relación con Halliburton, corrupta empresa contratista vinculada a la reconstrucción de Irak tras la invasión decretada por su jefe Bush chico, cuadragésimo tercer presidente.

La prehistoria, 2011. Trump el merolico de carnaval (como lo definía entonces el presidente Barack Obama, objeto principal de la campaña iniciada por el magnate, quien sostenía que el demócrata no había nacido en EEUU, y que sus simpatías religiosas –presuntamente musulmanas- no eran ‘patrióticas’) despotrica en Las Vegas despotrica con palabras soeces. Con una probada de lo que vendría tras su victoria en 2016, dedicada en particular a la República Popular China: Escuchen, madrefócas https://bit.ly/2OqLORq. Les vamos a aplicar un impuesto del veinticinco por ciento.

Trumpetito, captura de pantalla de la cuenta de Twitter @Sheila.

Trump dijo que ‘drenaría el pantano’ en el que, desde su peculiar perspectiva, se había convertido la vida política del gobierno federal que ahora él encabeza. Lo único que ha logrado con creces, a casi tres años de su toma de posesión, es enturbiar -por órdenes siderales de magnitud- el albañal ya existente.

Un ladrillote más en el Muro de la miseria humana: el desgobierno de Trump prohíbe el acceso al país del que se cree Amo y Señor, a [email protected] migrantes que deseen ingresar a la Unión Americana pero no puedan pagar su cuidado de salud.

La proclama indica que se prohibirá el ingreso de inmigrantes al país a menos que adquieran un seguro de salud menos de 30 días después de entrar, o que cuenten con los suficientes recursos financieros para cubrir cualquier gasto médico. La medida entrará en vigor el 3 de noviembre.

Novísimo logro o ‘acierto’ de Stephen Miller, despreciable ex Telonero, hoy asesor principal en la materia para la Casa Blanca, y la cuadrilla de los trumperos cobardes de siempre.

***

En fin, que los dislates y volteretas verbales del susodicho por alguna razón me recuerda –en clave Mundo Bizarro, ni duda cabela saga del mecánico y aviador Douglas (Wrong Way: Sentido Contrario) Corrigan (1907-95). Esta fue, a grandes rasgos, su enorme proeza. Él había participado en el ensamblaje del Espíritu de San Luis, avión que utilizó Charles Lindbergh para cruzar el Océano Atlántico en mayo de 1927. Con esa misma ilusión grabada en el espíritu, pero mucho menos recursos materiales a su disposición, armó en los años treinta una avioneta a retazos en extremo destartalada. La usó para realizar un vuelo individual a Brooklyn desde California, en julio de ese año, con escalas en Arizona, Nuevo México, Texas, Arkansas, Kentucky, Virginia del Oeste y finalmente el estado de Nueva York. Tenía prohibido emular la hazaña de Lindbergh, debido –entre otros factores- a la paupérrima del cacharro al que había bautizado Sunshine. Solicitó luz verde para efectuar vuelo de regreso. Obtuvo licencia Corrigan de repetir ese vuelo, en dirección contraria. Todo indica que comprendió la orden de autoridades aeronáuticas, pero de improviso (por equivocación, según él: el día del despegue estaba muy nublado y sus instrumentos no funcionaban como era debido, o eso alegó después el piloto) agarra viada hacia el Océano Atlántico para finalmente –por puritito error, sostiene Sentido Contrario hasta el fin de sus días- aterrizar milagrosamente en un aeródromo de Dublín, capital de la República de Irlanda, veintiséis extenuantes horas después.

Conmoción mundial. Llega la fama. Regresa Sentido Contrario a la Gran Manzana, ciudad que le dedica uno de sus famosos desfiles en el Cañón de los Héroes, con multitudes entusiasmadas y toneladas de confeti.

En sentidos estrictos muy personales, Donald J. Trump es el anti Wrong Way Corrigan. Uno espera que no caiga el rayo en idéntico lugar dos veces: que el desenlace de los comicios que el orate ganó en 2016 –aunque siga sin entender cómo- no vuelva a darse a su favor, otra vez, el año entrante.

El advenimiento repentino de un Cisne Negro fue más que suficiente. Dos consecutivos, no los aguanta (creo) nadie.

@alconsumidor

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