close
Suscríbete a nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Entropista
Por Daniel Gershenson
Me llamo Daniel Gershenson. A falta de un término más exacto, podría decirse que soy emprended... Me llamo Daniel Gershenson. A falta de un término más exacto, podría decirse que soy emprendedor social. Me dedico a temas que hasta hace poco: antes del advenimiento de las redes sociales según [email protected], se consideraban ociosos. Presido dos ONG sin fines de lucro desde mediados del 2006: ALCONSUMIDOR, y ALARBO, AC. (Leer más)
Trumputinístico
El espectáculo continúa. Así transcurren los anales contemporáneos –y abreviados- de la entropiya (así mismo: en su versión transliterada rusa), lejos de los confines trumpescos.
Por Daniel Gershenson
17 de septiembre, 2018
Comparte

En el seno de la serie realisto-mágica en lo que se ha convertido una buena parte de la política internacional, y de la crónica Vertical del Poder en el mundo, un sitio de privilegio le corresponde desde 1999 (fecha de su encumbramiento) al neo Zar de todas las Rusias Vladimir Putin. Su mando no deja de consolidarse; luego entonces, aumentan las oportunidades, en su tierra y fuera de ella, de ejercer su peculiar protagonismo.

En su afán por colocar esta marca en las conciencias de sus gobernados, ahora el Líder Moral Perpetuo (heredero directo de las glorias perdidas de la antigua Unión Soviética; continuador -dentro de la ruptura que significó el achicamiento del Imperio, tras el fin de la Primera Guerra Fría- de la escuela establecida por los postestalinistas Jrúschov, Brezhnev, Andropov, Chernenko y quien cerró el telón, Gorbachev) estrena un mega Show de televisión que inaugura nuevas fases del Culto a su Personalidad, ideado y producido por uno de sus principales canales-portavoz: el estatal Rossiya-1 TV.

Rusia. Moscú. Putin se llama el programa de marras; nace con el objetivo expreso –se supone- de deleitar a los seguidores -y compañeros de viaje- mediante el acompañamiento a todas y cada una de las aventuras emprendidas por este hombre ‘al que le temen los osos’ y ‘que ama no sólo a la niñez’, sino a toda su grey con un afecto profundo, sincero e inconmensurable (de acuerdo al testimonio interesado de Dmitri Peskov, su portavoz de carne y hueso y participante en el primer capítulo de la serie), respetando –así lo declara el funcionario maravillado- el riguroso esquema putiniano de trabajo con fidelidad y sin ninguna distorsión.

Aquí puede verse un brevísimo extracto de esta novedad.

¿Qué quiso hacer Putin con las bayas rojas ?’, cuestiona al público el conductor y Maestro de Ceremonias de RMP: programa exclusivo.

Respuesta arbitraria y obligada, como en todo lo demás que tenga que ver con su voluntad y persona: Lo que le vino en gana.

Y aquí, el producto completo, en ruso y sin subtítulos, pero con suficiente idioma corporal del protagonista como para hacernos aprehender sin problema la trama y el fondo, aún a aquellos que desconocemos por completo ese hermoso lenguaje.

Diario puntual del Caudillo hiperactivo. Plática de Putin con jóvenes; excursiones recónditas diversas, y comentarios solemnes de sus propios allegados para humanizarlo: no vaya a creerse que el ex cuadro de la KGB es un superhombre, como si del evento deportivo del siglo -o filme taquillero- se tratara.

Al actual presidente norteamericano seguro le va a calar esta muestra televisiva de propaganda amorosa (para nada, Omarosa) e incondicional. ¿Encargará entonces el de la greña naranja, que se haga un remake -con cámaras y micrófonos de su adorado Fox News– a efecto de convencer a propios y extraños que de la entraña de la Nación Drumpf también surgen encomios televisivos similares, con pausas comerciales incluidas? Vaya reto el del estadounidense; el de igualar

-¿superar?- las superlativas alabanzas rusas a Vladimir Putin: domador de naciones, buzo de aguas profundas; cazador de altos vuelos, caballista sin camisa y permanente apaciguador (Peskov dixit) de bestias salvajes.

La cuestión es que, para efectos prácticos, lo que sucede ahora en ese país y todos los que comparten –de una forma u otra- su óptica, el Trump Show no requiere de equipo alguno para desplegarse (ni de locutores que describan sus peripecias, ni hazañas que lo equiparen), pues transcurre sin interrupción las 24 horas, siete días a la semana y doce meses al año desde que el susodicho tomó posesión el 20 de enero de 2017. Terminará tal vez, cuando le toque regresar, por fuerza o de grado, a su casa.

Ambas escenificaciones, la rusa y norteamericana, se complementan. Habría que postularlas las dos fases de un perverso Continuum mediático de natruraleza trumputinística.

¿Por qué no se les ocurrió algo así a los empleados y seguidores a ultranza de EPN, tan cerca de la irrelevancia y a unas semanas de entregar en definitiva el poder? ¿Hubiese valido la pena o el escarnio, una versión tropicalizada? ¿Acaso México. DF. Peña?

Aún es tiempo de acometer la titánica tarea. Total: gastar partidas remanentes de ‘comunicación’ para realzar el proyecto sexenal de autovalidación mexiquense es un deber, en tiempos agónicos del PRI (devuelto a su condición posmilenaria de zombi) y de perdones anticipados o avales a Paquidermos Blancos: muestras adicionales e inmundas cerezas del ídem pastel, confeccionado con obras corruptas y ecocidas del Peñato, que serán materia de hipotéticos Shows de despedida, bajo la conducción de las tapaderas peñistas de siempre; amenizados por La Gaviota, en su papel de actriz invitada.

 

¿Rossiya. Moskvá. Putin: un producto exportable?

 

@alconsumidor

¡Gracias por leer! Ayúdanos a seguir con nuestro trabajo. ¿Cómo? Ahora puedes suscribirte a Animal Político en Facebook. Con tu donativo mensual recibirás contenido especial. Entérate cómo suscribirte aquí. Consulta nuestra lista de preguntas frecuentes aquí.
Comparte