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Entropista
Por Daniel Gershenson
Me llamo Daniel Gershenson. A falta de un término más exacto, podría decirse que soy emprended... Me llamo Daniel Gershenson. A falta de un término más exacto, podría decirse que soy emprendedor social. Me dedico a temas que hasta hace poco: antes del advenimiento de las redes sociales según [email protected], se consideraban ociosos. Presido dos ONG sin fines de lucro desde mediados del 2006: ALCONSUMIDOR, y ALARBO, AC. (Leer más)
El violín de Joe, en el vendaval Donald Drumpf
Son escasos los verdaderos héroes ciudadanos. En tiempos complicados se cuentan con los dedos de la mano. Es una tragedia olvidar sus inmensos aportes.
Por Daniel Gershenson
13 de febrero, 2017
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¿Cómo esquivar los tentáculos del Mahahemoth trumpiano?

Los de ahora son tiempos aciagos, que requieren dosis extremas de participación social y grandes exigencias.

Como en anteriores oportunidades, los premios Óscar ofrecen una ventana posible -en la diversidad creadora y propositiva- que se traducen en rutas de escape al monolito trumpesco que busca imponer la Verdad Única e Inobjetable del Kukuxklanismo (encarnada en selectos e importantes operadores de la Casa Blanca: Steve Bannon o Jeff Sessions, por ejemplo), caminos que deberán plantear salidas al desastre de consecuencias imprevisibles.

Foto vía Wikipedia

En la categoría de cortometrajes destaca el trabajo dirigido por Kahane Cooperman, una exproductora del Daily Show, programa cómico-político que tuvo en Jon Stewart a uno de los críticos más certeros y mordaces de la era Bush Jr. Ahora y ya con Donald J. Trump a la cabeza de la intentona neofascista -desde el mismísimo centro de poder político en Washington, Distrito de Columbia- el filme Joe’s Violin, estrenado en 2016 vía el Festival Tribeca de Nueva York, es un alegato a favor de la memoria y solidaridad que se despliega en 24 minutos magistrales, conmovedores y sin desperdicio.

Vía página oficial del filme Joe’s Violin

La historia aborda el periplo vital de dos personajes, y el instrumento musical que los une. Joseph Feingold es arquitecto norteamericano en retiro, nacido en Polonia en 1923 que sobrevivió los embates de la Segunda Guerra Mundial; que fue enviado por el gobierno de Stalin a Siberia a los diecisiete años con su padre (su mamá y un hermano menor murieron en el campo de exterminio de Treblinka, y otro hermano sobrevivió como Joseph, pero en el campo de concentración y exterminio de Auschwitz); que fue repatriado a su país natal seis años más tarde, en 1946, donde tuvo que huir hacia un campo de personas desplazadas cerca de Frankfurt tras el pogromo en Kielce, perpetrado por polacos contra la población judía que buscaba sentar raíces en su patria, sin éxito, tras el final de la guerra; que compró un violín a cambio de una caja de cigarrillos, y que terminó donándolo –gracias a un programa de promoción del uso y disfrute de instrumentos musicales en escuelas públicas, con fondos reducidos, de la Unión Americana- a un colegio de niñas en una de las comunidades más empobrecidas de los Estados Unidos, en el borough o condado de Bronx.

Brianna, joven ejecutante. Imagen tomada del New York Post.

El relato paralelo pertenece a la alumna Brianna Pérez, hija de migrantes dominicanos; al Instituto para el Aprendizaje Global para Niñas, en la ciudad de Nueva York, elegida para hacer uso del violín epónimo durante su estadía en ese plantel, y dotada de una madurez y sensibilidad apabullantes. A La Canción de Solveig del compositor noruego Edvard Grieg (1843-1907), tomada de la música incidental de Peer Gynt (obra teatral de Henrik Ibsen nacido en 1828 y muerto en 1906), transcrita para violín, cuya letra fue enviada a Feingold por su madre cuando éste se encontraba internado en Siberia, y que la niña interpreta para Feingold más de siete décadas más tarde, en una secuencia imborrable.

Ensalza el filme la difícil experiencia migrante, y la intrínseca grandeza de espíritu de personajes como Joe, Brianna y Kokoe Tanaka-Suwan, educadora y violinista profesional; la directora musical de institución, y maestra de la dominicana.

En ese mismo orden de ideas, y sin mencionarlos necesariamente, las resonancias en Joe’s Violin evocan –para quien esto escribe- las incalculables aportaciones de otros migrantes y su descendencia, incluido el caso de Viet Thanh Nguyen, hijo de refugiados vietnamitas a los Estados Unidos, nacido también en ese país, escritor de una novela primeriza que obtuvo el prestigiado Premio Pulitzer.

O la de los pakistanos Khizr y Ghazala Khan, orgullosos padres musulmanes del capitán Humayun Khan, oficial del Ejército Americano muerto en combate en Irak, que defendieron el patriotismo y buen nombre de su hijo durante la Convención del Partido Demócrata, y a quienes el patán Trump insultó en los peores términos.

O al del eminente juez federal Gonzalo Curiel, de origen mexicano y responsable del caso del fraude de la seudo ‘Universidad’ de Trump; ofendido por el entonces candidato al cuestionar su ‘lealtad judicial a México’. O al de miles, millones más víctimas –reales y potenciales- del aspirante a Duce autóctono, en versión naranja y rabiosamente gringa.

La que gobierna Trump es una nación mayoritaria de migrantes que regresará, tarde o temprano, a la cordura colectiva.

Allá la transición tomará tiempo, sacrificios de toda índole y muchísimo esfuerzo de personas e instituciones. Eso aquí, donde nuestra transición interminable permanece trunca, es harto preocupante.

Para México, persiste la duda.

¿Estaremos preparándonos como es debido para enfrentar y encauzar -en democracia y transparencia, que aún son anhelos sin cumplirse- los profundos cambios que vienen?

***

BBC en Español

Son escasos los verdaderos héroes ciudadanos. En tiempos complicados se cuentan con, y salen sobrando, los dedos de la mano. Es una tragedia, añadida y múltiple, olvidar sus inmensos aportes. Hasta muy recientemente éste había sido el el caso de Roberto Kozak (1942-2015), un funcionario de organizaciones internacionales nacido en Argentina -de origen ucraniano- que se desempeñaba como representante en Chile del Comité Intergubernamental de Migraciones (CIM), con sede en Ginebra, cuando Augusto Pinochet y compañía operaron el golpe de Estado que derrocó al gobierno electo de Salvador Allende Gossens el día martes 11 de septiembre de 1973. Kozak, heredero genuino del legado de Raoul Wallenberg o el austriaco Oskar Schindler –en clave latinoamericana- de la Guerra Sucia en el Cono Sur (en su vertiente/pesadilla pinochetista) que al menos rescató treinta mil vidas de las garras del dictador. Un héroe injustamente olvidado, cuyo perfil detallado en inglés, publicado en 2016 en el diario Guardian, puede consultarse aquí.

Y para terminar y por añadidura, una breve entrevista con este hombre extraordinario, cortesía del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos de Chile.

 

 

@alconsumidor

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