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Entropista
Por Daniel Gershenson
Me llamo Daniel Gershenson. A falta de un término más exacto, podría decirse que soy emprended... Me llamo Daniel Gershenson. A falta de un término más exacto, podría decirse que soy emprendedor social. Me dedico a temas que hasta hace poco: antes del advenimiento de las redes sociales según [email protected], se consideraban ociosos. Presido dos ONG sin fines de lucro desde mediados del 2006: ALCONSUMIDOR, y ALARBO, AC. (Leer más)
El vociferante enemigo Drumpf
Hay elementos comunes que hermanan a Trump con predecesores de entreguerras del siglo pasado. Semejanzas y diferencias que tendremos que descifrar para que no nos arrolle.
Por Daniel Gershenson
30 de enero, 2017
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Número de veces que Trump mencionó a la Constitución de los Estados Unidos, en su discurso de toma de posesión: 0.

Número de veces que mencionó al Imperio de la Ley, o la Ley en general: 0.

Número de veces que pronunció la palabra Democracia: 0.

Número de veces que habló sobre la Libertad: 0.

Sobre la Igualdad: 0.

Menciones a la Justicia1, al referirse específicamente al presidente de la Suprema Corte, John Roberts.

(Vía Dahlia Lithwick, artículo de la revista Slate).

 

A diez días de haber asumido la presidencia, el abominable Yeti Drumpf pugna sin freno alguno hacia la reafirmación –por lo que respecta al peñismo- de una condición mexicana que se ubique entre las categorías de Estado títere, o ente clientelar.

Sin asignarle demasiada intencionalidad a un personaje que desdeña los sistemas –biógrafos suyos como el recién fallecido Wayne Barrett o Mark Singer han ilustrado la relación superficial de Drumpf con el ámbito de las ideas– sí pueden de todos modos postularse tentativas similares a las de dictadorzuelos como António de Oliveira Salazar (pero en el caso del norteamericano, infinitamente más dañinas para la superviviencia de la especie humana).

¿Cuánto se asemejan sus planteamientos radicales, a la creación –de las cenizas del Bill of Rights y la Magna Carta que él juró defender este 20 de enero- de un Estado Novo anglosajón -sazonado con elementos tomados del Apartheid sudafricano que prosperó oficialmente de 1948 hasta principios de los noventa, entre otros elementos- como el del sátrapa Salazar en Portugal, pero con el estilo propio del energúmeno que busca adueñarse con parientes y amigos, de la inmensa plantación sureña que a su entender se llama México? ¿Avasallando (en plan de capítulo inicial, y buscando aplicar la misma fórmula a otras partes del mundo) al factor humano: los sectores vulnerables consideradas cosas, de desecho, tanto como el medio ambiente, y la fauna en franco peligro de extinción?

Antes. Salazar en su despacho. Nótese la foto del Duce en el escritorio. Foto: Getty Images.

Nació Antonio de Oliveira Salazar en 1889, en Beira Alto, en el seno de una familia de terratenientes que hubieran preferido que Antonio fuera sacerdote. Intentó serlo, permaneciendo en el Seminario de viseo casi una década, pero eligió matricularse en la Facultad de Economía de la Universidad de Coimbra; después fue profesor en ese mismo plantel. Luego, a invitación expresa de integrantes del gobierno, su Ministro de Finanzas. Luego, presidente del Consejo de Ministros. Fundó el Estado Novo, y fue Cabeça imprescindible del Estado fascista hasta su muerte en 1968. La democracia llegó a ese país en la Revolución de los Claveles, seis años después.

Ahora. Pesadilla en la Avenida Pensilvania, Washington DC. Foto: Conservative Treehouse.

¿Cómo se parece su creación antediluviana al Trumpismo, hoy en ciernes y cada vez más arraigado?

Poco qué añadir a una respuesta hipótetica, salvo por este repaso parcial y aterrorizante:

* El Estado Novo poseía un lema para mostrar resumidamente su ideología y doctrina: “Deus, Pátria e Família”, idéntico al lema franquista “Dios, Patria y Familia” (el America First, o Make America Great de su tiempo).

* Autoritarismo gubernamental. El régimen alegaba estar limitado por el Derecho y por la moral católica (en el caso de los EEUU, mayoritariamente protestante); no se definía como totalitario al estilo fascista o nazi, pero sí estaba sostenido por una dictadura donde la voluntad del Líder Supremo (Trump) era la fuente final de las decisiones gubernamentales; la oposición política estaba severamente prohibida (u hoy día, amurallada).

* Era contrario al liberalismo político, a pesar de la existencia de una Asamblea Nacional (con funciones legislativas) y de una Cámara Corporativa (con funciones meramente consultivas), con restringida libertad de expresión. No obstante, la Cámara y la Asamblea sólo representaban a los sectores que apoyaban al régimen organizados en la União Nacional, partido único fundado por Salazar en 1931 y apoyo del Estado Novo. La unanimidad era la tónica de estos órganos (aunada a la captura judicial, proveída por la reafirmación de una mayoría conservadora en la Suprema Corte en cuanto Trump nomine a algún juez idóneo).

* El Gobierno controlaba el poder Ejecutivo y Legislativo. Puede decretar decretos-ley que se sobreponen a las leyes aprobadas por la Asamblea Nacional (¿quién dijo Órdenes Ejecutivas?), y a la vez los poderes del Gobierno están fuertemente centralizados y reforzados en las manos del presidente del Consejo de Ministros ya que era él quien por su solo arbitrio decidía los destinos de la Nación.

* El culto al líder Manuel de Oliveira Salazar, quien era representado como un jefe paternal [] “casado con la Nación”. En tanto Salazar no era militar sino un político académico , podía mostrarse sin las poses militaristas de sus congéneres Francisco Franco, Benito Mussolini o Adolf Hitler; aunque Salazar no promovía un culto de la personalidad en torno a sí, permitía que sus subordinados lo mencionasen como el “Ungido de Dios”, “Salvador de la Patria” o “Redentor de la Nación”.

* Una ideología con un fuerte componente religioso […] parecido al tradicionalismo de la España franquista.

* Un servicio de censura previa de las publicaciones periodísticas, emisiones de radio y televisión, nacionales y extranjeras, prohibiendo toda crítica a la doctrina e ideología del Estado Novo y defendiendo “la moral y las buenas costumbres”.

* El régimen se apoyaba en la propaganda política fundando el Secretariado de Propaganda Nacional, el SPN para difundir las “buenas costumbres”, la doctrina y la ideología defendida por el Estado Novo.

* Se apoya también en las organizaciones juveniles (la Mocidade Portuguesa fue la más famosa) para imponer entre los jóvenes la ideología defendida por el régimen: obedecer y respetar al «jefe», insistiendo en la lealtad absoluta al Estado Novo .

* Una policía política represiva

* El sistema educativo estaba controlado (una educación nacionalista e ideológica) y centrado en la exaltación de los valores nacionales (el pasado histórico, el gran Imperio, la religión, la tradición, las costumbres, etc.), en la enseñanza y difusión de la ideología estatal a los jóvenes; el régimen desconfiaba especialmente de las personas con corrientes políticas diferentes pero dotadas además de un nivel educativo alto. .

* Un proyecto nacionalista y colonial que pretende mantener a la sombra de la bandera vastos territorios dispersos por varios continentes.

* El régimen era muy conservador, intentando controlar la modernización y evitar la globalización, porque Salazar temía que estos dos fenómenos destruirían los valores religiosos, culturales y rurales de la nación…

* Una fuerte tutela sobre el movimiento sindical, prohibiendo en la práctica todos los sindicatos y buscando organizar a los operarios y patrones de cada profesión en corporaciones, organizaciones controladas por el Estado que pretenden conciliar armoniosamente los intereses de los trabajadores y la patronal. Una meta de ello era prevenir así la lucha de clases y la agitación social’.

Aquí hay elementos comunes que hermanan a Trump con predecesores de entreguerras del siglo pasado. Semejanzas y diferencias que tendremos que descifrar con arrojo, inteligencia e imaginación para que la tromba Trump no nos arrolle.

¿Si una administración suya puede parecerse a la del portugúes –pero con renovadas aspiraciones hegemónicas, y ojivas nucleares- entonces la de Putin puede considerarse, a cien años del triunfo de la Revolución Soviética, una contraparte parecida a la del español Francisco Franco?

“Orgullosamente solos” (Orgulhosamente sós).

“Todo por la nación, nada contra la nación”.

Tras semana y media de Trumpismo desatado, lemas salazarianos ya se adivinan en el demagogo, Líder de la derecha alternativa y anfitrión distinguido de la Casa Blanca.

Y apenas vamos comenzando.

 

@alconsumidor

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