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Evaluación y decisiones
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El elusivo problema de la seguridad pública
El problema de la política contra el narcotráfico no pasa única ni principalmente por articular cuerpos armados para combatir el poder bélico del narco, ni por la instrumentación de más políticas de combate a la pobreza.
Por Emil Salim Miyar y Niwin Monserrat Ángeles
12 de febrero, 2020
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Los problemas retorcidos y perversos (wicked problems, como se les conoce en inglés) no pueden ser definidos de manera tajante. Cada intento de solución termina con una nueva manera de entenderlo, como si se tratara de un problema distinto. Al mirar un problema retorcido, cada observador encuentra un objeto distinto. Diferentes definiciones del problema implican diferentes alternativas de solución. ¿Es posible atender un problema cambiante?

Existen diversas maneras de definir el problema de seguridad pública. Por muchos años, las principales acciones en materia de seguridad pública en México lo definieron como un asunto criminal que puede solucionarse por medio del enfrentamiento bélico. La Cuarta Transformación articuló la Guardia Nacional, pero su discurso en materia de política de seguridad también sugiere que se trata de un problema íntimamente ligado con la pobreza y propone ampliar los esquemas de desarrollo social y económico (Jóvenes Construyendo el Futuro y Sembrando Vida, por ejemplo) para aminorarlo. Es decir, plantea que la inseguridad es una consecuencia de la pobreza y la desigualdad.

Durante el mes de enero del presente año se publicaron dos artículos periodísticos relacionados con la inseguridad en México que son de particular interés para esta columna. El primero de ellos, escrito por Ricardo Raphael, se titula “No es pobre la geografía de la violencia”. El autor niega que exista una correlación entre violencia y pobreza como asegura la Cuarta Transformación. Más bien, sentencia “la disputa del crimen organizado mexicano es por la riqueza del país, no por su pobreza”, pues los siete estados con mayor número de desaparecidos pertenecen al grupo de las 10 entidades federativas más ricas del país y también son de los estados con mayor igualdad de distribución del ingreso.

El segundo artículo se titula “Morir es un alivio: 33 narcos explican por qué fracasa la guerra contra la droga” y fue escrito por Karina García Reyes. El enfoque de García Reyes es sumamente novedoso porque estudia el fenómeno de la inseguridad desde la óptica de los perpetradores, no desde la perspectiva de las víctimas ni de las autoridades. Por medio de entrevistas a 33 exnarcos busca comprender las causas de ingreso al narcotráfico.

A grandes rasgos, la autora encuentra tres grandes explicaciones discursivas que apuntan hacia la exclusión social sistémica. Primero, afirma que el discurso binario de la guerra contra el crimen organizado, que distingue tajantemente entre “ellos” y “nosotros”, produce la autopercepción de algunos sujetos como desechables en la sociedad civil. Segundo, el “discurso del narco” naturaliza la pobreza, responsabiliza a cada individuo de su condición y lo orilla a pensar que su solución es individual. Consecuentemente, la vía más fácil para salir de la pobreza es enlistarse en las filas del crimen organizado sin importar los riesgos porque el individuo supone que es desechable y que no tiene nada que perder. Finalmente, García Reyes apunta que la violencia es aprendida en casa y quienes se enfilan en el narco tienen un fuerte resentimiento contra sus padres por la violencia que infligieron sobre sus madres.

¿Qué podemos aprender de la definición del problema de seguridad a partir de posturas tan contrastantes? De entrada, que nos enfrentamos a un problema retorcido que puede ser comprendido desde diferentes perspectivas. Puede ser un problema criminal que se combate con el uso de la fuerza, un problema de pobreza mitigado con programas de trasferencias monetarias o un problema de exclusión social sistémica.

Un problema retorcido puede hacer que se confunda la complejidad social con la complejidad técnica de su solución. La falla de la política de seguridad no está principalmente en la implementación deficiente, sino en la definición del problema que excluye. La postura de las víctimas de un crimen y la de los perpetradores dibujan problemáticas completamente distintas. No se trata de un asunto como un monopolio cuya solución es clara, pues siempre se asume que la postura del consumidor es la correcta –disolver el monopolio y generar condiciones de competencia. Quizá la pieza faltante es la perspectiva de los perpetradores.

Desde este planteamiento, el problema de la política contra el narcotráfico no pasa única ni principalmente por articular cuerpos armados para combatir el poder bélico del narco, ni por la instrumentación de más políticas de combate a la pobreza. Un elemento esencial sería considerar las implicaciones sociales que las acciones de combate frontal al crimen y disminución de la pobreza generan en las identidades de ciudadanos que se asumen como desechables.

Es difícil imaginar que un problema retorcido tendrá una definición clara como sucede con los problemas lineales. Sin embargo, es importante considerar que la definición de problemas de esta naturaleza puede ser enriquecida con métodos novedosos que permitan tener un cambio de perspectiva.

* Emil Salim Miyar es coordinador del área de Capacitación de @Clear_Lac y Niwin Monserrat Ángeles Aguilar es responsable de gestión de cursos.

Las ideas aquí expresadas son responsabilidad exclusiva de sus autores; no representan la postura institucional de CLEAR LAC ni el CIDE ni deberán atribuirse a estas organizaciones.

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