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Evaluación y decisiones
Por CLEAR LAC - CIDE
En el Centro para el Aprendizaje en Evaluación y Resultados de América Latina y el Caribe, CLEA... En el Centro para el Aprendizaje en Evaluación y Resultados de América Latina y el Caribe, CLEAR LAC, nos dedicamos a promover la mejora de las políticas públicas mediante programas de formación en monitoreo y evaluación, investigación aplicada y difusión del conocimiento. CLEAR es una red global con seis centros en Asia, América y África, que promueve la toma de decisiones basadas en evidencia; buscamos que los gobiernos y las organizaciones mejoren su desempeño y logren mejores resultados para el beneficio de la población. CLEAR LAC es parte del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) desde 2012. (Leer más)
El malestar con la evidencia
El problema del nuevo sexenio no debería ser cómo deshacerse de la política pública basada en evidencia, sino cómo articular instituciones que faciliten una alianza entre evidencia y los mecanismos democráticos de toma de decisiones públicas.
Por Emil Salim Miyar
30 de agosto, 2019
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En la conferencia matutina del 17 de marzo de 2019, el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) “abolió” el modelo neoliberal en México para dar lugar a un proyecto posneoliberal. La orden de cancelación puede parecer contradictoria, si se contrasta con muchas decisiones de su gobierno.

Si bien AMLO ha apostado por la rectoría gubernamental del sector energético y ha decidido crear una empresa estatal que lleve internet gratuito a todo el país, las políticas de austeridad, el riguroso control del gasto público, el respaldo al T-MEC o la preferencia por programas de transferencias directas parecen apegarse al guion neoliberal.

Si el neoliberalismo se entiende únicamente como la limitación del poder público para dar mayor espacio al poder económico, AMLO no se presenta como un claro opositor. Él mismo ha propuesto separar con nitidez los asuntos privados de los públicos. Sin embargo, el neoliberalismo en México vino aparejado de la llamada tecnocracia, cuya característica distintiva es la utilización del método científico para el tratamiento de los problemas sociales. Esta segunda característica del neoliberalismo es la que parece incomodar más al presidente.

De hecho, el uso de evidencia científica para el diseño y modificación de políticas públicas es una de las principales banderas de esta corriente. La evidencia aumenta la probabilidad de éxito de una política, pues se sustenta en experiencias similares con resultados favorables. Sin embargo, la política pública basada en evidencia como la concebimos demanda una comprensión del lenguaje científico, que puede dejar fuera del proceso de políticas públicas a buena parte de la ciudadanía.

Entonces, los problemas públicos se convierten en asuntos técnicos y sofisticados que pueden eludir la discusión plural en privilegio de la objetividad de la ciencia. La evidencia científica acerca de un problema puede generar la apariencia de neutralidad al momento de realizar una política pública que lo atienda. Sin embargo, confundir el rigor metodológico de la evidencia disponible con la urgencia por atender un problema social es un ejercicio de priorización que desafía la supuesta neutralidad en la articulación de políticas públicas basadas en evidencia.

Si la ciencia fuera ley, el proceso deliberativo sería secundario o incluso innecesario en los asuntos públicos. Entonces, el malestar con la evidencia del nuevo gobierno radica en la despolitización de la esfera gubernamental.

La conquista del neoliberalismo sobre la política parece haber sido doble: una externa que disminuyó el ámbito de acción del poder público y otra interna que cambió la manera de conducir el gobierno. El proyecto posneoliberal de AMLO no está tan encaminado a que el ámbito político recupere el terreno perdido frente al económico, como a repolitizar el propio ámbito político dentro de las fronteras que le fueron trazadas durante el periodo neoliberal.

Es importante dimensionar adecuadamente el papel que tuvo la evidencia en los gobiernos anteriores. Aun cuando los principales funcionarios y secretarios de Estado de administraciones pasadas estuvieron abiertos al uso de evidencia, o incluso erigieron instituciones para fomentar su uso, las decisiones de política pública muy a menudo seguían compromisos políticos tan ajenos a la participación democrática como a la evidencia.

El problema del nuevo sexenio no debería ser cómo deshacerse de la política pública basada en evidencia, sino cómo articular instituciones que faciliten una alianza entre evidencia y los mecanismos democráticos de toma de decisiones públicas.

* Emil Salim Miyar (@EmilSalimMiyar) es coordinador de capacitación de @Clear_Lac.

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