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Evaluación y decisiones
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En el Centro para el Aprendizaje en Evaluación y Resultados de América Latina y el Caribe, CLEA... En el Centro para el Aprendizaje en Evaluación y Resultados de América Latina y el Caribe, CLEAR LAC, nos dedicamos a promover la mejora de las políticas públicas mediante programas de formación en monitoreo y evaluación, investigación aplicada y difusión del conocimiento. CLEAR es una red global con seis centros en Asia, América y África, que promueve la toma de decisiones basadas en evidencia; buscamos que los gobiernos y las organizaciones mejoren su desempeño y logren mejores resultados para el beneficio de la población. CLEAR LAC es parte del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) desde 2012. (Leer más)
La agenda 2030: un motor de engranes imprescindibles
La Agenda 2030 reconoce desde su concepción que no hay forma de que los gobiernos por sí solos puedan lograr esta visión de futuro tan ambiciosa y transformativa sin contar con la participación de todos.
Por Rosa Isabel Islas Arredondo
8 de octubre, 2020
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Han pasado exactamente cinco años de la Declaración de la Agenda 2030, aquella en la que 193 países se comprometieron a poner en marcha un plan de acción en favor de las personas, el cuidado del planeta y la prosperidad mediante una alianza de colaboración, entre países y al interior de los mismos, con el único propósito de que para 2030 contemos con un mundo mejor, con paz, con igualdad y con una alimentación adecuada.

Para ello se definieron 17 objetivos bastante claros y básicamente irrefutables de su relevancia, mismos que, como la propia declaración lo recalca, son de carácter universal, integrado e indivisible y donde se conjugan tres dimensiones del desarrollo sostenible: económica, social y ambiental. Es en este carácter, a mi parecer, donde radica su gran bondad, pero también su gran complejidad.

La Agenda 2030 presupone la necesidad de llevar a cabo una colaboración efectiva a nivel internacional, pero también al interior de cada país, pues se reconoce desde su concepción que no hay forma de que los gobiernos por sí solos puedan lograr esta visión de futuro tan ambiciosa y transformativa sin contar con la participación de todos -parlamentos, instituciones públicas, organizaciones de la sociedad civil, el sector privado, la academia y la ciudadanía en su conjunto-. Por tanto, el gran reto es lograr que todos los actores se apropien de la ruta, y estén dispuestos a trabajar en equipo, pues si no se va junto, no se va. Básicamente, la Agenda deberá funcionar como un motor – de desarrollo sostenible e incluyente- en donde cada actor será un engrane imprescindible.

Ante este reto, en México durante estos cinco años se han trazado los caminos para lograr la colaboración necesaria a todos los niveles y en todos los sectores, y contar así con los engranes necesarios para que este motor trabaje sin fallas. Es así que, por ejemplo, a nivel nacional se cuenta con Órganos de Seguimiento e Instrumentación en todas las entidades federativas, y en algunos con importante representación municipal, un Consejo Nacional de la Agenda 2030 con la participación de las organizaciones de la sociedad civil, la academia, el sector privado, así como representantes de los gobiernos federal y estatales, y un Comité Técnico Especializado para coordinar la generación de indicadores, entre otros instrumentos de coordinación.

Los engranes se están creando, falta entrelazarlos mejor y ajustar el motor. Para ello, no hay mejor manera de aceitarlo que a través de un flujo constante de información, de lo que está funcionando y también de lo que no, para poder hacer los ajustes de tuercas que se requieran de manera oportuna, para que a lo largo de la década restante caminemos a buen paso y sin mayores retrasos.

Es aquí, donde el seguimiento y examen, como lo señala la Declaratoria, o a lo que nosotros llamamos monitoreo y evaluación, cobra gran relevancia. Sin embargo, aun cuando existe consenso sobre su importancia, al momento de ponerlo en práctica es cuando las complejidades se hacen más visibles, principalmente por el carácter de la Agenda antes descrito: integrado e indivisible.

La complejidad radica, me parece, en la manera en la que nos han enseñado a analizar y resolver problemas con base en evidencia. Es probable que durante toda nuestra educación académica y laboral nos hayan enseñado a pensar en cadena, es decir, a estructurar preguntas que deberán ser resueltas siguiendo primordialmente la lógica causal, donde A lleva a B y B lleva a C, y enfocarnos en el promedio, pues ahí se concentra la mayoría. Y si el problema es más complejo que eso, más vale asumir que todo es constante y enfocarnos en una cosa a la vez.

Sin embargo, no hay nada más alejado de esa concepción que la Agenda 2030, pues como decía antes, ésta es un motor en donde para analizar si un engrane está funcionando no se pueden mantener fijos los otros, pues simplemente no podremos ver el motor en marcha. Entonces, los métodos de análisis que hemos aplicado tradicionalmente para analizar problemas públicos, no parecen ser suficientes, y la información en el promedio tampoco lo será si lo que queremos es “No dejar a nadie atrás”.

Debemos trasladarnos a lo “complejo”, a lo “sistémico”, a ver la distribución completa de los problemas más allá de los promedios, dar seguimiento a poblaciones y regiones, visibilizar las brechas y los rezagos, analizar todo desde una red y no desde una cadena, debemos ser capaces de establecer hipótesis en donde las relaciones son multidireccionales, en positivo y negativo, y por tanto, generar evidencia “neteada”, en donde el análisis costo–beneficio del accionar sea claro y responda al beneficio de toda la sociedad, y no solo al de un engrane o donde esté la mayoría.

La calidad y oportunidad de la información dependerá entonces de que todos los engranes entiendan, lo antes posible, que son parte de este motor, y que informar al resto de las fallas o logros alcanzados es algo más que un acto de “buena práctica”, representa una responsabilidad fundamental para que el esfuerzo realizado logre los resultados esperados.

Por tanto, el monitoreo y la evaluación en el marco de la Agenda 2030 se tendrá que reinventar. Los engranes están, solo falta entrelazarlos mejor y ajustar el motor.

* Rosa Isabel Islas Arredondo (@Isabel2530) es Economista por El Colegio de México.

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