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Hojas en el cenicero
Por Kalycho Escoffié
Actualmente dirige el Centro de Derechos Humanos de la Facultad Libre de Derecho de Monterrey. Ha... Actualmente dirige el Centro de Derechos Humanos de la Facultad Libre de Derecho de Monterrey. Ha participado en diversos litigios estratégicos con distintas organizaciones de derechos humanos y comunidades indígenas. Sus principales temas de trabajo son derecho a la vivienda, no discriminación y pueblos indígenas. Iba a ser escritor de ciencia ficción, pero se lastimó la rodilla. Twitter: @kalycho. (Leer más)
Australia no es una isla
El holocausto climático de Australia debiera ser motivo suficiente para que en México emprendamos un amplio debate acerca de Pemex y las responsabilidades de nuestro país en relación a las emisiones de CO2.
Por Kalycho Escoffié
6 de enero, 2020
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Si bien aún no es posible contar con cifras oficiales, la Universidad de Sídney estima que unos 480 millones de animales serían víctimas de los incendios que han abrasado 55 mil kilómetros cuadrados de Australia (una superficie similar a la extensión de Costa Rica). Aún no se tiene una aproximación de la cantidad de animales que habrían tenido que huir de sus sitios de origen, convirtiéndose en verdaderos desplazados ambientales. El recuento del daño no vendrá sino en las siguientes semanas, cuando sea posible medir no solo las pérdidas animales y humanas, sino las afectaciones ambientales que tendrán que enfrentar los sobrevivientes. Este holocausto climático debiera ser motivo suficiente para que en México emprendamos un amplio debate acerca de Pemex y las responsabilidades de nuestro país en relación a las emisiones de CO2.

Para el 2012, México se ubicaba como el país número 13 en emisiones de dióxido de carbono (CO2) a nivel mundial.1 A finales del 2019, el periódico británico The Guardian2 publicó datos proporcionados por el Climate Accountability Institute que posicionaban a Pemex como la novena empresa más contaminante del mundo, al generar 22 mil 645 millones de toneladas de CO2. La noticia se dio justo en un sexenio que ha optado por romantizar la labor de la paraestatal como si actualmente tuviésemos la misma carencia de información ambiental que sus predecesores en los años 70 y 80, cuando se dio el llamado “boom petrolero”.

Si bien el Gobierno de Australia es también directamente responsable de la catástrofe -particularmente por el reciente apoyo a la industria del carbón en ese país-, el aumento sin precedente de las temperaturas a nivel mundial tiene un origen igualmente global. Australia no es una isla. Ningún país del mundo lo es realmente. Los efectos del calentamiento global no entienden de fronteras territoriales, desnudándonos una vez más el mito de la soberanía de los países, según el cual cada uno posee un control absoluto de lo que ocurre en su territorio sin intervención externa. Las aterradoras imágenes de turbas de canguros huyendo entre cortinas de ceniza y humo o de animales endémicos calcinados, son también responsabilidad de México. Así como de Irán, Arabia Saudita, Estados Unidos, India, Brasil y otras naciones que se encuentran entre las principales emisoras de CO2 –por cierto, doce de las veinte empresas señaladas en la lista del Climate Accountability Institute son empresas estatales-.

Es indispensable que el actual gobierno federal señale cuáles son las medidas ya adoptadas y por adoptar para cumplir con los compromisos que el país hizo en el marco de la Conferencia sobre el Cambio Climático en París (COP 21) para la mitigación y adaptación ante el cambio climático para el período 2020-2030. Entre ellos estaba la disminución de las emisiones contaminantes en un 50% de las generadas en el 2000 y el lograr que 43 de cada 100 fuentes de energías sean limpias.3 El darle seguimiento a esos compromisos es urgente teniendo en cuenta que el 74.58% del total nacional de emisiones de gases de efecto invernadero de México provienen del transporte, la industria, el petróleo y la generación de energía.

El plan para terraformar Marte, si bien cada vez más viable y perseguido, sigue aún lejano hasta no contar con la tecnología suficiente. Pero los incendios ocurridos en el Amazonas, en África subsahariana, Siberia y Australia son ya una realidad. En esta isla terrestre en la que por el momento estamos condenados al naufragio, la contaminación del mar en Colombia es un desastre para Nicaragua, de la misma forma en la que la contaminación de los cenotes en la Península de Yucatán afecta a Belice o la pérdida de los glaciales en Groenlandia amenaza a Nauru y Tuvalu.

En este contexto, la falta de voluntad del Estado mexicano para reducir sus emisiones de CO2 no es exclusiva de la actual administración. Pero ésta sí se enfrenta a un contexto global en el que no es posible eludir responsabilidades con el escudo de la ignorancia que gozaron algunos gobiernos del Siglo XX. Y la apuesta energética que está emprendiendo no pareciera indicar un cambio de dirección.

@kalycho

 

1 Gobierno de la República. “Compromisos de mitigación y adaptación ante el cambio climático para el periodo 2020-2030”, 23 de septiembre de 2014, pág. 5. Disponible en formato digital a través de este enlace.

2 Disponible en formato digital a través de este enlace.

3 Gobierno de la República. “Compromisos de mitigación y adaptación ante el cambio climático para el periodo 2020-2030”, 23 de septiembre de 2014. Disponible en formato digital a través de este enlace.

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