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Hojas en el cenicero
Por Carlos Escoffié
Carlos Luis Escoffié Duarte es miembro investigador del Centro de Estudios de Derechos Humanos d... Carlos Luis Escoffié Duarte es miembro investigador del Centro de Estudios de Derechos Humanos de la Universidad Autónoma de Yucatán. Litigante independiente en colaboración con distintas organizaciones de derechos humanos, entre ellas Techo México y el Colectivo de Comunidades Mayas de los Chenes. Trabajo temas de derecho a la vivienda, derecho a la verdad e igualdad y no discriminación. Iba a ser escritor de ciencia ficción pero me lastimé la rodilla. Twitter: @kalycho. (Leer más)
Del edificio Trevi a Xcumpich: la economía del desahucio en México
Los casos del Edificio Trevi y de Xcumpich nos muestran dos caras distintas de un fenómeno que se sostiene de legislación laxa, corrupción y especulación inmobiliaria. La economía del desahucio sigue extendiéndose en distintas regiones del país, a través de distintos mecanismos con los que intenta revestirse de legitimidad.
Por Carlos Escoffié
9 de septiembre, 2019
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Existe una silenciosa, pero agresiva crisis de vivienda en México. No únicamente por la situación precaria en la que habitan familias en asentamientos informales o comunidades indígenas, o la falta de políticas públicas para el acceso a una vivienda adecuada. Además, el maridaje entre especulación inmobiliaria, legislaciones laxas y corrupción, ha dado origen a una economía del desahucio. Los desalojos forzosos en el Edificio Trevi en Ciudad de México y en Xcumpich en Mérida son ejemplo de ello.

Al igual que en otras zonas de la Ciudad de México, el Centro Histórico ha sufrido distintos episodios de desalojos con el objetivo de vaciar edificios enteros de quienes le dieron vida por décadas. Cuando fue vendido el Edificio Trevi, por ejemplo, no se respetó el derecho de tanto (es decir, de preferencia en la venta) a sus habitantes. Una vez en manos de una inmobiliaria, comenzaron las presiones para que desalojaran el edificio, lo que se conoce como mobbing o acoso inmobiliario, prohibido en países como Estados Unidos.

El último desalojo del Edificio Trevi, a través de un procedimiento caracterizado por sus irregularidades, fue Carlos Acuña, uno de los principales líderes vecinales en la defensa contra los desalojos forzosos. “Quien me desalojó fue Banca Mifel con Público Coworking y empresas que no dan la cara. Rentas pagadas, contrato vigente, amparos para frenar juicios chuecos, este fue un ataque contra mí, por visibilizar el tema”, señaló Acuña en entrevista con Animal Político (22/08/2019).

El contexto de grupos con intereses económicos tras los desalojos forzosos no es exclusivo de la Ciudad de México. El caso de J.G. y A.V. en Mérida demuestra cómo la economía del desahucio está proliferando en otras entidades.

J.G. y A.V. son una pareja de indígenas mayas que llegaron a mediados de los años 80 a Xcumpich, que en aquel entonces era una comunidad a las afueras de la capital yucateca, en búsqueda de oportunidades laborales. Con el paso de las décadas, Mérida creció hasta tragarse Xcumpich y digerirla en una colonia al norte de la mancha urbana. Paralelamente, la especulación inmobiliaria comenzó a tomar la vacante que había dejado la caída de la industria henequenera.

En los últimos años, distintas personas presionaron a J.G. y A.V. para que vendan el terreno donde se encuentra su casa. Estando cerca de una importante zona comercial de la ciudad, en la cual se encuentra un importante centro de convenciones, su vivienda era un objetivo inmediato en el mercado inmobiliario. Sin embargo, nunca aceptaron ninguna oferta por la casa en la que vieron nacer, crecer y partir a sus hijos.

A finales de 2017, J.G. y A.V., ya adultos mayores, se enteraron de que había un juicio laboral en su contra, del cual nunca se les notificó y que se encontraba ya en espera de laudo (el cual en materia laboral es equiparable a una sentencia). Se les acusa de ser dueños de una cocina económica llamada “Los Girasoles”, la cual nunca existió, la cual se encontraría de estar en un terreno baldío a nombre de una persona distinta, a la cual no conocen. Se les acusa de haber despedido a trabajadores que nunca tuvieron, a quienes debían pagarles cantidades que ellos no debían, ni tenían.

El juicio se ha desarrollado ante la Junta Especial Número 4 de la Junta Local de Conciliación y Arbitraje en el Estado de Yucatán, de la cual se han acusado diversas irregularidades durante la gestión del pasado presidente de la misma. A la fecha, J.G. y A.V. siguen resistiendo, con la esperanza de que la nueva presidencia de la Junta Local ponga orden a un expediente con irregularidades y contradicciones que amenazan con despojarlos de su casa.

Los casos del Edificio Trevi y de Xcumpich nos muestran dos caras distintas de un fenómeno que se sostiene de legislación laxa, corrupción y especulación inmobiliaria. La economía del desahucio sigue extendiéndose en distintas regiones del país, a través de distintos mecanismos con los que intenta revestirse de legitimidad. El desalojo de Carlos Acuña y el juicio armado contra los señores J.G. y A.V. no son casualidad, sino que responden a sus perfiles: al primero, por ser líder vecinal en defensa del derecho a la vivienda; a los segundos, por ser vistos como “presas fáciles” al ser personas adultas mayores e indígenas mayas.

Durante el Siglo XX, las ciudades representaban para algunos sectores mecas de grandes oportunidades de crecimiento económico, profesional y de calidad de vida. No obstante, mientras ONU-Habitat señala que para 2030 un 60% de la población mundial residirá en áreas urbanas, vemos que las grandes urbes no hacen sino concentrar las desigualdades y demás problemas sociales que otrora permanecían –al menos visualmente- separados.

Además de combatir la impunidad y atender los vacíos y entuertos legales que facilitan los desalojos, es urgente dar un paso que entiendo tan complicado como urgente: comprender que el desarrollo inmobiliario basado en la especulación monetaria y no en las necesidades reales de vivienda está incrementando la desigualdad en nuestras ciudades, e incluso propiciando esa economía del desahucio. Cuando la vivienda es realmente asumida como un derecho humano, no hay indignación que tolere casos como los que se están viviendo a diario en el Centro Histórico de la Ciudad de México o en Xcumpich al norte de Mérida.

@kalycho

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