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Hojas en el cenicero
Por Kalycho Escoffié
Actualmente dirige el Centro de Derechos Humanos de la Facultad Libre de Derecho de Monterrey. Ha... Actualmente dirige el Centro de Derechos Humanos de la Facultad Libre de Derecho de Monterrey. Ha participado en diversos litigios estratégicos con distintas organizaciones de derechos humanos y comunidades indígenas. Sus principales temas de trabajo son derecho a la vivienda, no discriminación y pueblos indígenas. Iba a ser escritor de ciencia ficción, pero se lastimó la rodilla. Twitter: @kalycho. (Leer más)
FONATUR y el síndrome de Dr. Jekyll y Mr. Hyde
FONATUR da por un hecho que el Tren Maya usará las vías del tren existentes, que la gente será reubicada y hasta en qué tipo de casas. ¿Qué es, entonces, lo que FONATUR dejará que los 3,286 hogares afectados decidan?
Por Kalycho Escoffié
3 de mayo, 2021
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El Tren Maya requerirá desplazar a 3 mil 286 hogares que habitan al margen de las vías del tren que existen en la Península de Yucatán desde hace más de 70 años. El Fondo Nacional de Fomento al Turismo (FONATUR) ha asegurado que esto no implicará la violación de los derechos humanos de las personas afectadas y que éstas tendrán siempre la última palabra. Desgraciadamente, esto no es así. Jiménez Pons y compañía han hecho uso de un discurso de “policía bueno/policía malo” –o como el título de este artículo sugiere, de “Dr. Jekyll y Mr- Hyde”- para disfrazar de traslado consentido lo que en realidad es un desalojo.

FONATUR asegura que el Tren Maya no generará desalojos ni desplazamiento porque todo se hará en consenso con los pueblos y barrios ubicados en el delta ferroviario. Además, asegura que no habrá desalojos porque se les darán nuevas viviendas. Todo esto sería garantizado por el llamado “Proceso de Relocalización Consensuada”, para el cual se contrató la consultoría de ONU-Habitat.

No obstante, su discurso afirma lo que niega. FONATUR da por un hecho que el Tren Maya usará las vías del tren existentes que atraviesan todo el territorio de Campeche y gran parte del de Yucatán. Eso no está a discusión para ellos. También da por hecho que le dará nuevas casas a la gente que deba ser “reubicada”, razón por la cual ya eligió algunos de los predios en los que construiría las nuevas viviendas. Por cierto, ya se tienen también los diseños de estas nuevas casas, los cuales tampoco fueron consultados con la gente afectada. ¿Qué es, entonces, lo que FONATUR dejará que los 3 mil 286 hogares afectados decidan? Pareciera que la única decisión que se les reserva es la de convencerse de que todo lo ya decidido es para su beneficio. Y esto es lo que ha levantado alarmas entre las miles familias afectadas por los inminentes desalojos –el adjetivo “inminente” no es mío: así lo han dicho autoridades como el coordinador del Tren Maya en Campeche, Ramón Arredondo Anguiano, en declaraciones públicas de diciembre de 2019-.

Paralelamente al discurso de consenso con el que FONATUR se dirige a medios y a la sociedad en general, con las personas sujetas al desalojo aplica la estrategia de “policía bueno/policía malo”. Por un lado, en público y en privado se les asegura que no se hará nada con la fuerza, que todo será consensuado y con apego a sus derechos humanos. Por otro, en público les acusa de ser personas “invasoras” y “paracaidistas” –aunque esto sea falso- y en privado les subraya constantemente que “es ilegal” que sus casas estén ahí –lo cual es también falso- por lo que deberían agradecer que les ofrecen casas nuevas y no denuncias. En este contexto, recientemente se filtró en un artículo de Mauricio Flores los nombres de personas que presentaron amparos contra los desalojos del Tren Maya en Campeche -información a la que solo podían acceder quienes participan en los juicios-  acusándolos de conspirar contra el Gobierno Federal.

En 1930 inició la construcción de las vías del tren, atravesando pueblos y barrios de Campeche y Yucatán. Muchos terrenos fueron expropiados y muy pocos fueron indemnizados. En aquél entonces no existían los estándares urbanísticos, de protección civil y de derechos humanos de hoy día. Es por eso que resulta particularmente grave que Jiménez Pons y compañía se empecinen en utilizarlas en lugar de reubicar el trazo para el Tren Maya. Contrario a lo que implícitamente pregonan, no hay nada de consensuado en “el derecho a obedecer”.

@kalycho

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