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Hojas en el cenicero
Por Carlos Escoffié
Carlos Luis Escoffié Duarte es miembro investigador del Centro de Estudios de Derechos Humanos d... Carlos Luis Escoffié Duarte es miembro investigador del Centro de Estudios de Derechos Humanos de la Universidad Autónoma de Yucatán. Litigante independiente en colaboración con distintas organizaciones de derechos humanos, entre ellas Techo México y el Colectivo de Comunidades Mayas de los Chenes. Trabajo temas de derecho a la vivienda, derecho a la verdad e igualdad y no discriminación. Iba a ser escritor de ciencia ficción pero me lastimé la rodilla. Twitter: @kalycho. (Leer más)
Joker: cómo enfocar la discriminación
El Joker aporta, entre otras cosas, un intento de empatía que no alcanza el punto de reflexión en el que debiéramos estar.
Por Carlos Escoffié
7 de octubre, 2019
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Las mejores películas no se arruinan por conocer algunos de sus detalles antes de verlas. El cómo se cuenta algo siempre será más relevante que el qué. No obstante, por respeto a la persona que lee, debo advertir que algunas de las brevísimas anotaciones que quisiera hacer sobre la película Joker pueden ser consideradas spoilers. De cualquier forma, más que un análisis detallado de escenas y giros, estas líneas son algunas reflexiones sobre la discriminación hacia las personas con enfermedades mentales.

Como señala Daniela Salazar en su artículo “¿Cuál es la enfermedad mental del Joker?” publicado en Animal.mx, muchas películas tienden a estigmatizar las enfermedades mentales al “villanizar” a quienes viven con ellas, como sucedería con Joker de Todd Phillips. Callie Ahlgrim señala en su artículo en Insider cómo el director habría tratado de empatizar con la situación del personaje, pero fallaría en la ejecución vinculando su estado de salud mental con la violencia que ejerce.

James Moore en su artículo publicado en Independent acusa a la película de ser “una burla” a las personas que viven con alguna enfermedad mental. Incluso señala, con toda razón, que los síntomas de violencia en la película son posibles únicamente en un país con fácil acceso a las armas.

Coincido de forma general con esas y otras críticas publicadas desde el estreno. No obstante, considero que la película pudo haber superado ese error de haber insistido con un enfoque que sostuvo de manera inconstante. Si atendemos a los distintos detalles presentados, la transformación de Arthur en el Guasón no se deriva de su salud mental –al menos no únicamente-, sino del ambiente en el cual tiene que sobrevivir: se trata de una persona que fue víctima de abuso, sin más red de apoyo que la relación con su madre, con una desconfianza profunda hacia los demás, sujeta a diversos episodios de discriminación y violencia, abandonada por las instituciones gubernamentales –tanto en su desinterés al atenderlo como al realizar recortes en salud-, y en una sociedad con un tejido social cercenado.

En este sentido, Arthur no representaba a cualquier persona que vive con una enfermedad mental. Articulistas como James Moore han referido sus experiencias personales para señalar que normalmente las personas con enfermedades mentales no atendidas suelen “explotar” en sí mismos y no hacia los demás. Y es verdad. Pero las experiencias personales que comparten como común denominador la posibilidad de acceder a la atención médica y contar con redes de apoyo omiten el hecho de que muchas otras personas en la misma situación no tienen el mismo campo de oportunidades para sobrevivir.

Potencialmente, la película plantea que no fue la enfermedad mental el origen del quiebre de Arthur en el Guasón, sino el sistema en el cual él se encontraba. Incluso antes de abordar el tema de su salud, la historia comienza mostrándonos las agresiones a las que estaba sujeto por el simple hecho de trabajar como payaso publicitario en una ciudad secuestrada por la violencia y la desconfianza mutua. Sin embargo, el desarrollo pareciera abandonar su compromiso con la integridad del personaje y el sistema en el cual se desarrolla, reforzando algunos estereotipos.

Si bien considero que la película es, a pesar de todo, valiosa para analizar el tema de salud mental si es enfocada de la manera correcta, ningún análisis en un artículo de opinión podrá nunca menguar el mensaje con el que saldrá del cine la gran parte del público que ha tenido escaso contacto con el tema. Y es difícil –por no decir imposible- saber cuál es el mensaje que domina en esta vorágine de interpretaciones.

Las películas, junto con otras manifestaciones artísticas, son las principales fuentes de nuestra educación emocional y nos crean imaginarios acerca del lugar que cada persona tiene en la sociedad. El primer contacto de mucha gente con temas de salud mental no necesariamente son experiencias interpersonales o fuentes de información confiable, sino alguna representación en películas, series o novelas.

Hacer representaciones de grupos históricamente discriminados en el cine nunca es fácil. Las películas son fotografías de reflexiones e imaginarios siempre en constante transformación y cuestionamiento. El Joker aporta, entre otras cosas, un intento de empatía que no alcanza el punto de reflexión en el que debiéramos estar. Pero la afinación que faltó en el guión quizá pueda darse en el debate público que se ha generado por la indudable atención mediática: el verdadero villano es un sistema que logra depositar la culpa en características aisladas de los individuos. Como lo es el hecho de vivir con una enfermedad mental.

@kalycho

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