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Hojas en el cenicero
Por Kalycho Escoffié
Actualmente dirige el Centro de Derechos Humanos de la Facultad Libre de Derecho de Monterrey. Ha... Actualmente dirige el Centro de Derechos Humanos de la Facultad Libre de Derecho de Monterrey. Ha participado en diversos litigios estratégicos con distintas organizaciones de derechos humanos y comunidades indígenas. Sus principales temas de trabajo son derecho a la vivienda, no discriminación y pueblos indígenas. Twitter: @kalycho. (Leer más)
La vida formal y la vida vivida
No es una pugna entre “vida sí” y “vida no”, sino una discusión para adoptar reglas generales para sociedades diversas en las que no todas las personas entendemos la vida de la misma manera.
Por Kalycho Escoffié
11 de octubre, 2021
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Estas semanas el derecho a la vida ha estado en el centro de la agenda pública. Por un lado, por las recientes decisiones de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) sobre el derecho a la interrupción del embarazo y la objeción de conciencia; por el otro, debido al caso de Martha Sepúlveda, colombiana cuyo procedimiento de muerte asistida fue cancelado de último momento este sábado. Para evitar falsas disyuntivas en ambas discusiones creo que debemos distinguir entre la defensa de la vida formal y la defensa de la vida vivida.

Más allá de los enfoques médico, jurídico y sociológico con los que podemos abordar estos debates, hablar de la vida tiene una carga espiritual ineludible. Con “espiritual” no me refiero necesariamente a “religiosa” sino relacionada a nuestra forma de entender lo que atestiguamos y lo que existe (o no) más allá de nuestros cuerpos. Todas nuestras valoraciones se ven influenciadas por cómo entendemos la existencia humana y la muerte. Por eso la solución no está en decidir qué modelo ético es el que debe ser obedecido sino cómo garantizar que cada persona viva de acuerdo con el suyo. No es una pugna entre “vida sí” y “vida no”, sino una discusión para adoptar reglas generales para sociedades diversas en las que no todas las personas entendemos la vida de la misma manera.

Por supuesto que no se trata de debates sencillos. Por supuesto que existen muchas aristas a considerar en ambos casos. Por supuesto que muchas personas que deciden interrumpir su embarazo u optar por la eutanasia se cuestionan miles de veces acerca de esos puntos (y aun así deciden hacerlo). Pero quienes acusan de la existencia de una supuesta “cultura de la muerte” están buscando garantizar contra toda voluntad la existencia de una vida formal en detrimento de la vida vivida: esa en la cual la gente disfruta, pasa tristezas, tiene placeres y miedos, y en la que deben tomar decisiones complejas. Defender la vida es también defenderla del sufrimiento injustificado en casos extremos (siempre que la decisión sea adoptada por la persona de forma libre e informada).

Hace unas semanas se dio una campaña en medios y redes sociales acusando que la SCJN quería “obligar al personal médico a realizar abortos”, cuando en realidad todas las ministras y todos los ministros del tribunal coincidieron desde el inicio que debía garantizarse el derecho a la objeción de consciencia. El debate era sobre cuáles debían ser las modalidades para garantizar su ejercicio. Ya sea por una mala fe o por la decisión de no informarse, algunas personas justificaron la difusión de información tergiversada con tal de evitar que otras personas interrumpan su embarazo. Y creo que esa es la diferencia de defender la vida en lo formal y la vida como algo que es vivido, sentido, celebrado y sufrido por las personas.

La narrativa de quienes tratan de presentar estos debates como una pugna de “vida sí” y “vida no” plantea la existencia de conspiraciones internacionales que buscan desintegrar a la sociedad éticamente homogénea. Lo que no quieren reconocer sus militantes es que la sociedad en la que habitan realmente es diversa y que la comparten con personas que no coinciden con su forma de entender la vida y la muerte. Culpar y estigmatizar a quienes consideran el aborto o la eutanasia como una opción es obligar a disfrutar la vida a través de un único modelo ético, aunque se padezca en el intento. Y es olvidarnos del valor de la vida de quienes evitan sufrirla.

@kalycho

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